
Martyrs era probablemente la película más esperada del Festival de Sitges. Presentada ya en otros certámenes como el de Toronto, la brutalidad y violencia que desprendían sus imágenes venía precedida ya por los avisos agoreros de la propia organización de éste Sitges 2008. Y a fe que han dado en el clavo.
A pesar de que ningún dia de la semana se ha hablado más del Festival en los medios que el de la ya famosa cancelación de Repo! por temor a la piratería, Martyrs también ha conseguido su cupo de fama gracias a que, al parecer, alguien entre el público no pudo conseguir retener el desayuno en el estómago. Además, la organización habla de decenas de personas abandonando la sala y, si a eso le sumamos que habían colocado una ambulancia en la puerta del auditorio “por si acaso”, ya tenemos el pastel servido.
En el fondo, todo un puro espectáculo montado para provocar al espectador y que al Festival le viene muy bien como publicidad. Pero expliquemos qué es Martyrs.
Aunque la película se presenta inicialmente como la historia de una venganza (la de una joven que de niña fue secuestrada y agredida brutalmente), pasada una hora de metraje la historia se torna un "torture porn" al uso. Y lo digo así de claro: TORTURE PORN.
El director del film, Pascal Laugier, pretende hacernos creer que su film es una especie de profundo e intelectual tratado sobre el dolor y el sufrimiento y, en rueda de prensa, incluso tuvo el desparpajo de decir que se sentía mal cuando la gente aplaudía su película. Sin embargo, lo que hay en Martyrs es tan solo la búsqueda de una excusa para rodar lo que tantas veces hemos visto ya en el cine de horror, es decir, la enésima tortura a una chica joven. Aquí la excusa es que una especie de secta pretende averiguar si, a través del dolor físico, se puede de alguna manera trascender o incluso transmutar a un estado de conciencia distinto, como si se tratara de una epifanía o algo de carácter místico. Pero es curioso… tan cultos investigadores del alma no han encontrado mejores maneras de causar daño que las que hemos visto, sin ir más lejos, en la mediocre Hostel de Eli Roth. No se les ocurre envenenar a la joven, no se les ocurre hacerla enfermar o drogarla, o pasar hambre, etc,… No, tiene que ser lo de siempre: tandas de puñetazos, desollamientos, mutilaciones… Y por si todo esto fuera poco cliché del torture porn (insisto), no falta la silla a la que la chica está atada y lo mejor de todo, ¡que la víctima tenga que ser precisamente una chica joven! Y aun tienen el descaro de decir para justificar esto que esta transmutación de la que hablaba antes parece que solo funciona con las mujeres jóvenes. ¡El colmo! Y se sorprende el señor director de que la gente aplauda cuando acaba su película... Mire, tan solo hay dos motivos para aplaudir Martyrs, el de alegría porque por fin acabó o el de regocijo por haber disfrutado de lo visto (osea que le aplaude el mismo tipo de público que hace sonar las palmas cuando en Audition la chica la emprende a clavar agujas en los ojos de su víctima). Aplausos de alivio de los que no han disfrutado con la violencia representada de forma tan gráfica y aplausos de agradecimiento de esa porción (grande) de público habitual en Sitges que busca la atrocidad definitiva. ¿Para sorprenderse o avergonzarse? Usted sabrá que ha hecho la película, señor Laugier.
Lo más gracioso de todo es que en la rueda de prensa a algún iluminado se le ocurrió mencionar a Foucault como posible influencia del director, entiendo que por sus pensamientos y reflexiones sobre el uso del poder aunque, vayan a saber, ¡lo mismo era sencillamente porque también era frances! En fin, para alucinar.
Pero no me malinterpreten. Martyrs consigue lo que se propone, que no es aleccionar al espectador ni hacerle reflexionar ni nada parecido, por más que Laugier quiera hacernos creer que sí. Martyrs consigue ponernos los pelos de punta y apartar la mirada de la pantalla para tratar de sobrevivir al horrible espectáculo que nos presenta (básicamente en su tramo final). En este sentido, su película es tremendamente efectiva y para los amantes de este tipo de cine una auténtica joya, como lo pueda ser la ya mencionada Hostel o la ganadora del año pasado A l’interieur o la famosa serie de mediometrajes Guinea Pig, por mencionar algunas.
Además, Martyrs viene a sumarse a la que ya puede ser considerada la Generación del Horror en Francia, que durante los últimos cuatro o cinco años parece haber engendrado un movimiento similar al de los gialli en Italia en los setenta y que ya cuenta con sus propios directores destacados, empezando por Alexandre Aja al que podríamos considerar el iniciador del movimiento con su Haute Tension.
Horror, sí. Gore, por supuesto. Esto es, como dicen los americanos, "a violence celebration". ¿Una película profunda para reflexionar y blah, blah…? ¡A otro perro con ese hueso, señor Laugier!