lunes, junio 16, 2008

EL INCIDENTE cinematográfico en la carrera de M. Night Shyamalan


El público que contempla una película de M. Night Shyamalan se divide en dos: los que se declaran fans de sus películas y esperan cada uno de sus estrenos con impaciencia (entre los que me encuentro), y los que únicamente consideran interesante su primer gran éxito comercial (El sexto sentido).
Por qué a los del primer grupo nos interesa tanto su cine es algo difícil de explicar. Sabemos que se trata, en gran medida, de una atracción por una manera de entender el cine fantástico y el suspense que parece heredada de Hitchcock y del primer Spielberg pero, asumiendo también que todas las tramas del director/guionista se sustentan sobre un premeditado giro final que es ya marca de la casa.
Quizá por eso, creo que “El incidente” es al mismo tiempo una película típica de Shyamalan y al mismo tiempo un punto de inflexión en su filmografía.
Reconozcamos que hoy por hoy, ya no hay nadie que cuando se sientE a ver una de sus películas y no esté esperando ese giro final que da un nuevo sentido a toda la historia y que, para los que no aprecian nada más que ello en su cine, representa el motivo final por el que eligieron entrar a verla cuando meditaban con sus amigos o parejas a la puerta del cine. Así pues, ¿qué ocurre con sus películas cuando se elimina este desenlace espectacular de la ecuación?
Este riesgo asumido por el director, probablemente en un desesperado intento por no verse obligado a mantener la pauta que le hizo famoso, es la principal novedad que aporta “El incidente” a su filmografía. El resto de lo que encontramos en la película tiene mucho de su personalidad, cuajada y bien conocida por los que le seguimos; personajes en crisis sentimental, situaciones que ponen a prueba sus relaciones, algunos momentos escalofriantes y una o dos secuencias de suspense magníficamente planificadas y resueltas.
Sin embargo, si en la reciente “La niebla” podíamos hablar de una película que partiendo de una situación típica del cine catastrófico alcanzaba un alto nivel en su desarrollo y culminaba con un fantástico desenlace, en “El incidente”, las expectativas que nos forjamos con su planteamiento no hacen sino decaer para disolverse completamente en un final que, quizá precisamente en esta película, sí que pedía a gritos un giro de ciento ochenta grados.
Lo peor de todo esto es que, inevitablemente, el boca a boca destruirá rápidamente la carrera comercial de una película que, a pesar de lo atractivo de su trailer, viene precedida por el anterior fracaso del director (La joven del agua, película que a mí personalmente me pareció realmente interesante y recomendable aunque se vendió como lo que no era) y pondrá en serios aprietos la continuidad fílmica de un director interesante. Y es que M. Night Shyamalan ya no puede permitirse otro fracaso de taquilla. La búsqueda de financiación para poder levantar “El incidente” le llevó de puerta en puerta de las majors americanas hasta que 20th aceptó con la condición de que apareciera un socio capitalista que financiara una parte importante del proyecto. Y es que, mal que nos pese, para directores como Shyamalan, autores en definitiva que como Spielberg o Zemeckis pretenden casar calidad con taquilla, fallar ante el público puede suponer el final de su carrera.
Pero volvamos a “El incidente”. ¿Por qué no acaba de funcionar? El planteamiento es el que ya intuimos desde el trailer. Una crisis apocalíptica, a priori a nivel estadounidense, en la que una extraña toxina hace que la gente decida autodestruirse con los medios que tenga en ese momento a su alcance. Tan original planteamiento da lugar a algunas secuencias terroríficas en las que vemos suicidios de todo tipo a cada cual más espectacular o extravagante. También algunos menos sangrientos pero mucho más inquietantes (más propios de Shyamalan) como el de la pistola del policía que va pasando de mano en mano.
El problema de la película comienza cuando, una vez planteada esta situación, se centra la atención en un pequeño grupo de personajes capitaneados por la pareja protagonista. Hasta aquí la fórmula de la película catastrofista estaba servida y funcionaba bien. Sabemos que, a pesar de que lo que ocurre con la dichosa toxina, lo peor está por llegar con los enfrentamientos que se puedan producir ante una crisis semejante cuando cada uno de los personajes que tratan de escapar antepongan su propia vida a la de los demás (lo que ocurre en La niebla pero también en Amanecer de los muertos y demás películas similares). Pues resulta que Shyamalan decide prescindir de ese desarrollo (que no por seguir la fórmula podría ser menos efectivo) y opta por ir eliminando rápidamente a todos los que acompañan a los tres protagonistas para convertir la película en una suerte de “La guerra de los mundos” de Steven Spielberg. El problema es que en “El incidente” no hay la parafernalia técnica que había en la película de Spielberg. sino que la amenaza que persigue a los protagonistas es invisible. Así pues, nos encontramos con un segundo bloque fílmico que se reduce a tres personas corriendo por el campo y mirando atrás perseguidos por… nada.
¿Es por ello “El incidente” una mala película? A mi entender no. Sin embargo es una película que no colma las expectativas depositadas en ella, lo cual la convierte en un film mediocre ni que sea por comparación con algunas de las propuestas similares que venimos recibiendo durante estos últimos años. Un desperdicio, una ocasión perdida.
De hecho, la sensación que me produjo la película una vez concluyó fue muy parecida a la que tiene el grupo protagonista cuando se refugia en una gran casa en mitad de la campiña y ésta resulta ser una vivienda de muestra donde, a pesar de lo bella y ampulosa que parece, no es más que un decorado donde incluso la vajilla y los refrescos sobre la mesa son de pega.
Pero como ya dije al principio, yo soy fan Shyamalan y no acabaré esta crítica sin defender la película aunque sea por esos momentos interesantes que también contiene; el desenlace de la trama del personaje que interpreta John Leguizamo, la ya célebre secuencia de los obreros de la construcción precipitándose al vacío (magnífico el uso de sonido), la visita de los protagonistas a la casa en la que se han aparapetado un grupo de desconocidos armados y de gatillo fácil,…

domingo, junio 01, 2008

LA NIEBLA, de Frank DARABONT, de H.P. LOVECRAFT y de un tal Stephen KING


Cualquiera que siga la obra de Stephen King y, por extensión, la de las adaptaciones de sus películas al cine, está acostumbrado a las decepciones.
Las novelas del “maestro del terror” son cada vez más infumables y su pase a la gran pantalla desastroso. Probablemente sonará a tópico pero desde que, hace ya muchos años, dejara a un lado sus adicciones, se mudara de una caravana a una lujosa casa y dejara de ser un paria tratando de colar cuentos en publicaciones especializadas para convertirse en la niña bonita de las editoriales, Stephen King no ha levantado cabeza. Sus obras han dejado de causar asombro y se han convertido en material de consumo masivo por su lectura fácil (aunque a veces reiterativa y plomiza) y por su cohorte de seguidores que, según parece, son capaces de perdonarle hasta el mayor de los bodrios.
Pero como decía, si malas son sus últimas novelas, peores aún las películas que de ellas proceden. Lejos, muy lejos, quedan ya Carrie (Brian de Palma), La zona muerta (David Cronenberg), El resplandor (Stanley Kubrick) o El misterio de Salem’s Lot (Tobe Hopper). Una época en que su pluma atraía a los mejores directores de cine, deseosos de plasmar en imágenes la imaginación del escritor.
Ahora, en cambio, mencionar a Stephen King es hablar de telefilms, de miniseries de dos capítulos en antena 3, de lanzamientos “direct to dvd” o de algún guión colado en la serie de moda sobre fenómenos paranormales del momento.
Pero por suerte, un admirador de la obra de King, talentoso guionista además y con buen ojo para la cámara, ha conseguido que sus únicas tres películas (hasta el momento) se hayan basado en obras del escritor de Maine y además sean grandes y hermosas producciones dignas de ser apreciadas, mucho más allá que como películas de género.
Frank Darabont, no solo consiguió convertir "Cadena Perpetua" en una de las mejores (si no la mejor) película carcelaria de la historia del cine, sino que repitió proeza con "La milla verde" (que además tenía la dificultad adicional de introducir elementos sobrenaturales en la trama) colocando a ambas películas en la carrera por los más prestigiosos premios de su año.
Probablemente por eso, Frank Darabont haya tenido que ser quien resucite de nuevo lo mejor del terror creado por King adaptando al cine uno de los relatos que se incluían en "Skeleton crew", un conjunto de cuentos inédito en nuestro país y publicado en Estados Unidos a mediados de los años ochenta.
Si estás interesado en ver La niebla, lo mejor que puedo recomendarte es que dejes de leer aquí mismo. Cuanto menos sepas sobre de qué trata más la disfrutarás. Me temo que incluso una foto rebuscada en Internet podría aguarte un poco la fiesta.
Sí debes saber, no obstante, que poco o nada tiene que ver esta historia con la que llevarA al cine John Carpenter bajo el mismo título en castellano, “La niebla”, a pesar de que en ambos casos este fenómeno atmosférico tenga, obviamente, una importancia capital en el desarrollo de la película.

Sin ahondar demasiado en las causas de la aparición de esa extraña niebla (ni falta que hace), la película busca colocar a un grupo heterogéneo de personajes en un espacio cerrado y esperar a ver qué sucede aplicando una presión constante desde el exterior a base de ataques inesperados y una temperatura interna en aumento merced a las tensiones que se establecen entre distintas personas, grupos y, finalmente, facciones.
Si en "Amanecer de los muertos" (Zack Snyder) un reducido grupo de personajes se encerraban en un espacioso centro comercial mientras eran asediados por zombies caníbales, aquí, el pequeño supermercado da cobijo a muchos, demasiados personajes, que además ni siquiera pueden ver exactamente de qué se están ocultando o contra qué se enfrentan. Precisamente porque esa niebla que da título a la película tan solo nos deja entrever el horror, realizando así la doble función de cortina material y mental, salvaguardando la integridad física y la cordura de los que no quieren averiguar qué se oculta en su interior.
Frank Darabont hace un excelente trabajo con los actores a excepción, tal vez, de con el protagonista que aparece con la misma expresión cinrcunfleja durante prácticamente toda la película. Mención aparte se merece el trabajo de Marcia Gay Harden quién tiene que levantar al personaje más polémico y problemático de la película. Personaje que además suena mucho a sospechoso habitual en las novelas de Stephen King.
En los aspectos técnicos, destacaría sobretodo las tomas de lo que hay en la niebla, especialmente cuando no se ve claramente, pues sin duda esta película es una de las mejores muestras de que en el terror, es mucho mejor sugerir que mostrar. Como ejemplo, funciona mucho mejor la secuencia del motero que decide adentrarse en la niebla atado con una cuerda que la expedición, narrada de forma mucho más explícita, a la farmacia. Y como colofón a todo ello, no me gustaría olvidar la fantástica y sobrecogedora imagen de esa entidad primigenia e indescriptible que aparece hacia el final de la película y que sin duda surgió de la ávida lectura de relatos del genio de Providence, H.P. Lovecraft; un plano, para la historia del cine fantástico.
Por supuesto no puedo olvidarme tampoco del arriesgado y desgarrador final de la película que fue un cambio introducido por Darabont sobre la historia original y que rubrica perfectamente la fatal ironía en que se convierte el film.
Y dejo aquí esta crítica y no entro a valorar los aspectos socio-políticos en los que se incide (sin duda deliberadamente) en la película. No olvidemos que se trata de un film post 11S lo cual, queramos o no, dota de una segunda lectura a, prácticamente, todos los films americanos que nos vienen llegando desde tan triste efeméride. Pero como he dicho, no entro en ello, y me quedo tan solo con la narración esencial de la película, con una nueva vuelta tuerca a las películas de asedio y con una de las mejores adaptaciones de Stephen King que se han hecho en muchos años.

lunes, mayo 19, 2008

SPEED RACER Y EL CINE DEL FUTURO


Parece claro que existe un numeroso grupo de críticos que se niegan a aceptar que la época dorada de Hollywood ya es historia y que el cine, como técnica, continúa avanzando sin tener que pedirles permiso.
Está claro que, estos mal llamados críticos cinematográficos, se dirigen a las salas de cine con su pase de prensa de preestreno con la crítica ya escrita de casa según lo que han oído, lo que han leído o lo que les parece el póster de la película. O mejor aún, según quién se encuentre detrás de la cámara.
Admito, que yo mismo cuando ví el trailer en televisión de Speed Racer me quedé un poco parado. A pesar de que las imágenes que habían pasado ante mis ojos estaban llenas de frescura, aquellas mismas imágenes dejaban claro que se trataba de una imaginería puesta al servicio de una historia enfocada al público infantil. O, para ser justos, enfocada a todos los públicos (lo cual quiere decir que debería poder gustar tanto a grandes como a pequeños). Ese enfoque, que en principio no tendría por qué afectar a mi capacidad de juicio, reconozco que si interviene a la hora de seleccionar qué voy a ver y qué no. Lo que me convenció finalmente fue que tanto los intérpretes como el director(es) no fueran especialistas en ese género sino, muy al contrario, fueran solventes profesionales capaces de adaptarse a cualquier tipo de proyecto.
Es curioso que lo que a mí me llamara la atención para pagar mi entrada, el hecho de que los artífices de esta curiosísima adaptación de un anime al cine sean los Wachowski Bros, lejos de ser tomado como un punto a favor por los críticos de los que hablaba antes, tuvo más bien el efecto contrario en ellos. Así pues, no cuesta nada encontrar en las críticas a Speed Racer puyas hacia la trilogía de Matrix tildándola de pretenciosa, de sobrevalorada, etc,… Los mismos críticos que en su día dijeron de aquella que era mala porque no la entendían, ahora quizá avergonzados, lanzan la piedra como venganza ante su ignorancia y su pasmo ante lo nuevo.
Pero esto ya no hay quien lo detenga. Los Wachowski bros, Peter Jackson, David Fincher, Zack Snyder y sobretodo Robert Zemeckis (que tiene mucho más mérito por ser alguien de una generación anterior a la de los otros) ya han sentado las bases de lo que será el cine del futuro. Sencillamente se trata del fin de la artesanía. La desaparición de los oficios cinematográficos tal y como los entendemos hoy. Se trata del ordenador como único instrumento para diseñar, rodar y montar una película.

Cuando las películas tenían que montarse literalmente con tijera y pegamento, la llegada de los ordenadores y los programas de edición de video fue muy bien recibida. Cuando esos mismos ordenadores sirvieron además para que se desarrollara una industria de los efectos especiales que hiciera más creíble algunas secuencias en la gran pantalla, hubo algún rumor de fondo pero en general se permitió su entrada como una concesión al espectáculo. El avance digital, no obstante, no había hecho más que comenzar. Porque ahora cualquiera con un ordenador y una cámara digital graba y monta sus cortometrajes y esa universalización tecnológica ha conseguido que se reduzcan los tiempos y los presupuestos de rodaje del cine de hoy. Así pues ¿cuál es el problema?
El problema está en que hasta hace poco esa tecnología no había suplantado a los conceptos artísticos del cine. No había suplantado al diseño de vestuarios, ni al de decorados, ni a los cámaras, ni al director de fotografía, ni por supuesto a la interpretación.
Pero eso ya se ha acabado.
Sin los ordenadores sería imposible imaginar hacer una película como El señor de los anillos. Una adaptación de semejante obra tan solo era viable en forma de dibujos animados. Determinados movimientos de cámara que un director puede considerar la mejor forma de expresar el tono de una determinada secuencia no podrían llevarse a cabo si no fuera simulándolos con un ordenador. Pero, y he aquí la cuestión, ¿es necesario tener un motivo para hacer cualquiera de estas cosas ayudándose de la tecnología digital? ¿No basta con considerarla el medio más idóneo o aquél con el que se encuentra más cómodo un director?
Hoy por hoy a nadie se le ocurriría coger una vieja cámara de los años cuarenta y tratar de rodar al estilo de Von Steinberg. Quién lo hiciera sería tratado de bicho raro o tendría que enmarcar su película dentro de eso que llaman homenajes. Ahí está el ejemplo del fracaso de crítica y público de El buen Aleman. Entonces, si está claro que el progreso ha dejado aquello atrás, por qué nos negamos a asumir que dicho progreso continúa sin detenerse.
Una de las mejores películas que he visto en los últimos meses no es sino la recreación infográfica de la inmortal leyenda de Beowulf. Me refiero a la adaptación a la gran pantalla que llevó a cabo Robert Zemeckis y que se estrenó hace apenas unos meses. En ella, incluso los actores han sido digitalizados para estar acordes con el mundo en el que tenían que moverse. ¿Por qué hacerlo así? ¿Por qué no rodar la película con los actores reales y en localizaciones reales? Y yo contesto. ¿Y por qué no hacerlo?

Speed racer no es una película convencional. Desde la entradilla de los logos de productora y distribuidora ya nos damos cuenta de que sus responsables han tratado de sumergirnos desde el primer segundo en un mundo muy peculiar. Básicamente, se trata de un auténtico chapuzón en un anime colorista y luminoso, en un dibujo animado, como cuando éramos niños y veíamos aquella series e imaginábamos que éramos los protagonistas (no en vano en la película el hermano pequeño del protagonista y su mascota protagonizan una secuencia en la que imaginan que están dentro de la serie de dibujos que ven).
Por eso la película tiene un tono decididamente infantiloide que la hace asequible a todos los públicos (a pesar de contener una secuencia un pelín dura para los críos como es la de la tortura al piloto asiático a manos de los mafiosos).
Cierto es que, tanta infografía y tanta cámara inquieta, satura al espectador y que las carreras de coches podrían estar mejor rodadas. Son tan vertiginosas (especialmente las que tienen lugar en circuito cerrado) que los coches parecen patinar en lugar de rodar y la pista se retuerce como una serpiente haciendo que perdamos por completo el sentido de la orientación sumergiéndonos en una espiral de color y luz que probablemente nos coloca más cerca de una experiencia alucinógena que cinematográfica.
Pero aun con sus pegas, que las tiene, uno no puede apartar de si la idea de que se encuentra ante algo fresco y especial. Por decirlo claramente. Ante una película con un look que no había visto en ninguna otra. Algo de lo que pueden presumir muy pocos films (Matrix, 300 o la más antigua y pionera Tron, son algunos ejemplos).

No quiero terminar este artículo sin pasar por alto que la mayoría de críticos han hecho especial hincapié en que todos esos efectos están al servicio de una historia muy simple o de un guión poco sólido. Sin embargo, la cartelera está llena de historias simples y guiones absurdos y no parece importarles demasiado. Es como si, ante la nueva ola, buscaran un parapeto y lo encontraran en el argumento. ¿Lo hacen mal los actores? No… ¿Está mal planificada? No, pero… ¿El montaje está mal? Al contrario es brillante y novedoso utilizando esos primeros planos de los actores como cortinillas pero aun así… ¿Bueno pues qué le pasa? La historia, que es muy simple.
Ellos son simples. Ellos son historia.

jueves, abril 17, 2008

Uwe Boll no es nuestro Ed Wood

No tengo por costumbre utilizar el copy-paste en esta casa pero, después de haber oído y leído la noticia creo que es mejor citar literalmente la fuente que relatar lo dicho. Ahí va:

Uwe Boll pide firmas de apoyo contra la propuesta de que no dirija más películas
Afirmó que se marcharía del mundo del cine si se recaudaban un millón de firmas



EFE
LOS ÁNGELES (EEUU).- El director de cine Uwe Boll ha reaccionado a las más de 150.000 firmas en Internet en contra de que siga dirigiendo películas y pidió rúbricas a su favor. Además, tuvo tiempo para insultar a otros realizadores de Hollywood desde su porsición de "único genio en este jodido negocio".

En un vídeo publicado en la página web de su próximo filme, 'Postal', el realizador alemán aparece explicando los motivos de su comparecencia, apenas unos días después de que dijera que dejaría de dirigir películas si alguien recababa un millón de firmas para apoyar la propuesta de que no esté más detrás de las cámaras.

Ahora, al probar la buena acogida que tuvo el reto, ha decidido contraatacar. "Espero otro millón de firmas a mi favor", dijo Boll. "Espero que alguien ahí fuera la haga (la petición) y que todos la firmen".

Después de esa pequeña explicación, el director no duda en atacar sin piedad a otros compañeros suyos de la industria del entretenimiento, a quienes considera que realizan una labor "de mierda". "Miren, no soy un jodido retrasado como Michael Bay y otras personas involucradas en el negocio, o como Eli Roth, que hace las mismas películas de mierda una y otra vez", afirmó el director.

"Si realmente se fijan en mis películas, verán mi verdadero genio", agregó Boll, que no dejó pasar la ocasión para publicitar su próximo trabajo: "Si van a ver el 23 de mayo 'Postal' comprobarán que ofrezco una película que nadie ha entregado en los últimos diez años".

Boll, dos veces candidato al Razzie (el anti-Óscar) como peor director, por 'Alone in the Dark' y 'BloodRayne', consideró que 'Postal' es "mucho mejor que toda esa mierda de crítica social de George Clooney que llega a los cines cada fin de semana".

"Debéis despertar y ver lo que soy en realidad. El único genio en todo este jodido negocio. Adiós", concluyó.


Así que ya lo sabeis. Acabemos de una vez con este tipejo que, no solo es uno de los peores directores de la historia del cine que está arruinando adaptaciones de juegos que podrían dar mucho de si, sino que además se ha revelado como un faltón y un fanfarrón que no merece más que mi desprecio.

Si quieres añadir tu firma para que deje de rodar películas pincha aquí.

viernes, abril 11, 2008

Valorar el cine aunque no nos guste


Hace mucho tiempo que quería escribir una entrada como ésta. Y ahora que ya lo he hecho, viendo el resultado, no es que me sienta del todo satisfecho pero probablemente, para quedar en paz conmigo mismo, debería llenar varias hojas y seguramente nadie se aventuraría a leerlo.
El por qué me he decidido finalmente quizá haya venido provocado por haber mencionado en mi post anterior a Michael Moore, lo cual me ha hecho recordar los dias de Farenheit 9/11. No lo se. En cualquier caso allá va:

Es buena. Es mala. Me ha gustado. No me ha gustado. Le doy cinco estrellas. Le doy una bolita. Es una obra maestra. Es un bodrio infumable. Es buenísima. Es una puta mierda. Etc.
Todas estas expresiones y muchísimas más se utilizan para valorar la calidad de una película. Sin embargo, no todas son válidas. Lamentablemente en esto del cine se tiende a confundir lo que nos gusta o lo que no nos gusta con lo que es bueno o malo, algo que no se hace en ningún otro orden de la vida. A mí, por ejemplo, los vehículos que fabrica la marca Mercedes no me gustan especialmente pero, no puedo negar que son buenos coches. Coches de calidad. Cualquier experto en motor me lo diría.
Calificar las películas como buenas o malas según si nos han gustado o no es pasarse por el arco del triunfo todos los criterios de calidad que seguiríamos al analizar cualquier otro producto. Pongamos por caso alguien a quien no le gusten las películas de terror. Automáticamente consideraría malas cientos de películas entre las que se incluyen algunas auténticas joyas del séptimo arte (El exorcista, El resplandor,…). Más aún, pensemos en alguien a quien no le guste ver violencia en el cine, o alguien a quien solo le gusten las comedias románticas…
El gusto es subjetivo pero no tiene nada que ver con la calidad de un film que puede medirse de una forma objetiva como un todo, pero también como la suma de sus partes. No admito discusión en esto y no me sirve lo de recurrir a que “estamos hablando de arte”. No. No todo el cine es arte ni pretende serlo. De la misma manera que no todo lo que se escribe es literatura ni lo pretende.
Gran parte del problema de valoración la tienen también los premios que, mal que me pese, muchas veces no responden a criterios puramente cinematográficos sino al momento político o social que se vive en el mundo en el momento en que se celebra el certamen en cuestión. Esto es especialmente apreciable en los festivales no especializados. ¡Cuántas veces ha pasado que una película que gana chorrocientos premios es después olvidada mientras que, las grandes perdedoras de ese mismo año perduran en el tiempo!
Ejemplos: Fahrenheit 9/11 no es una buena película. No aporta nada nuevo al lenguaje cinematográfico ni utiliza sus recursos con gran habilidad ni es un derroche de estilo. Ni siquiera es un buen documental. Es tendencioso, panfletario y sensacionalista. Sin embargo, a mí y a mucha gente nos gusta y además ganó en Cannes, probablemente el certamen cinematográfico de mayor prestigio en todo el mundo. Los motivos de esta victoria y del por qué mucha gente la considera una buena película son obvios: atacaba directamente a Bush, un personaje al que medio mundo odia.
Esta misma reflexión podría hacerse sobre Una verdad incómoda.
Pero no nos detengamos en los documentales. Vayamos a por una película y además una película nuestra: Mar adentro.
Premiada, taquillazo, tenida por lo que en España se puede considerar buen cine y comprometido. Pero en el fondo, no es una buena película. En realidad, probablemente sea la peor película que ha dirigido Alejandro Amenábar. Carece del nervio y del riesgo de sus anteriores producciones. Su planificación se reduce a plano y contraplano en conversaciones interminables que pretenden ser trascendentes, apoyadas en los poemas en off del protagonista y en una música que no deja de subrayar cada escena con grandilocuencia, como si se nos estuviera explicando la mayor tragedia jamás contada. No obstante, como indicaba antes, una película no es solo un todo sino también la suma de sus partes y, Mar adentro, tiene también sus virtudes; los actores están estupendos (aunque como dijo Gasset, lo del acento gallego de Bardem era un poco ridículo). Probablemente funcionaría mejor como obra de teatro que como cine.
Es precisamente esa valoración por partes lo que nos permite leer el cine a distintos niveles y llegar a concluir que, films como 30 dias de oscuridad, lejos de ser una obra maestra, sí contienen momentos de buena realización, por ejemplo. Y no necesitan tratar de ninguna cuestión social trascendental ni de hacer crítica expresa al momento político actual para ser valorada en justicia. En justicia cinematográfica. En montaje, en puesta en escena, en interpretación, en uso de la luz, en planificación,…
Otro gran error a la hora de valorar una película es hacer hincapié únicamente en la historia que se nos narra.
La historia es tan solo una parte más. Una parte de una parte (el guión).
Pensemos en otro film de éxito; Matrix. A muchos de sus fans les pareció original la historia pero, en realidad, la historia es lo menos original de la película; trama mesiánica (lo del elegido redentor está ya en la Biblia además de en mil películas como puedan ser Dune, Mad Max más allá de la cúpula del trueno, etc), relación discípulo-maestro (que sin ir más lejos lo tienes en Star Wars, en El nombre de la rosa y en mil películas más), chico conoce chica (sin comentarios) y el bien contra el mal (aquí los hombres contra las máquinas, que tampoco tiene nada de original y sino que le pregunten a Kubrick o a James Cameron).
Lo que vende Matrix, lo que la convierte en una película fundamental del cine moderno (de la postmodernidad, en realidad) es su uso de los recursos cinematográficos, entre ellos el haber utilizado una nueva y prodigiosa forma de rodar escenas de acción y lucha (el ya célebre bullet-time) así como el uso del color para distinguir realidad de realidad virtual, el ritmo, el montaje, la ingeniería de sonido,…
La historia es tan solo una parte más.
Si cuando vamos al cine solo nos interesa la historia es que no hemos evolucionado mucho desde que oíamos a nuestra mamá cuando nos contaba un cuento para dormirnos.
O quizá sea que en realidad no nos gusta el cine.
Tan solo ver películas.

domingo, abril 06, 2008

Muerte de cuatro genios

Hace pocos años, cuando estaba en radio, me sorprendió al regreso de unas vacaciones la muerte del músico y compositor Michael Kamen. Recuerdo que en aquel momento sentí una extraña mezcla de sensaciones; por un lado tristeza y por otro una especie de rabia. Ello se debió a que me había enterado de la noticia bastantes dias después de que sucediera debido a la escasa trascendencia que, para los medios generalistas, tenía este personaje.
El pasado mes de marzo he estado de vacaciones y, a mi regreso, me he enterado de la muerte de tres genios, al que hay que sumarle la muerte de Charlton Heston ayer. Debido precisamente a que no estuve en mi casa y que desconecto bastante cuando voy de vacaciones, ignoro si la noticia de los otros tres fallecimientos ha sido sonada o no, pero en cualquier caso me gustaría tener aquí un pequeño recuerdo para cada uno de ellos.
En primer lugar, Anthony Mingella. El director y productor que se hallaba detrás de clásicos modernos como son "El talento de Mr. Ripley" y, sobretodo "El paciente inglés". Un director de corte clásico que recuperó para mi generación el aroma de los dramas eternos al estilo "Memorias de Africa".
En segundo lugar Rafael Azcona. Un grande de nuestro cine. Un guionista en cuyo currículo figuran tantas y tan buenas películas que parece mentira que todo surgiera de la pluma de un solo hombre. Desde "El verdugo" hasta "Belle Epoque". Su vida es la historia del cine español.
En tercer lugar, y la más sentida para mí, la del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. El hombre tras "2001 una odisea del espacio" y con cuya muerte nos quedamos ya prácticamente huérfanos todos los amantes de la literatura ci-fi. Sin Frank Herbert, sin Philip K. Dick, Asimov y a hora sin Arthur C. Clarke tan solo nos queda Bradbury de aquella fantástica generación de escritores del futuro y lo extraterrestre.
Desconozco si la muerte de Clarke dará un impulso o enterrará definitivamente la idea de David Fincher de adaptar su novela "Cita con Rama"; un proyecto del que lleva hablándose demasiado tiempo.
Y, como decía al principio, aquí debería terminar esta entrada pero, lamentablemente, la parca se nos ha llevado a otro grande: Charlton Heston.
Por desgracia mucha gente joven recordará a este estupendo actor por su aparición en "Bowling for Columbine" y su defensa de la enmienda americana que otorga el derecho a poseer armas a sus ciudadanos. Sin embargo, y más allá de su postura política, Heston forma parte de la historia del cine moderno gracias a interpretaciones inolvidables en películas de toda índole. Desde "Los diez mandamientos" hasta "El planeta de los simios" pasando por "El ultimo hombre vivo", "El cid", "Sed de mal", "Ben Hur", "Cuando el destino nos alcance" y hasta "En la boca del miedo".
En la famosa película de Michael Moore se recogía un corte de Heston blandiendo un rifle y citando al presidente Abraham Lincoln cuando dijo que solo se lo arrebatarían de sus frías manos muertas. Todos los que encontraron en él al malo de la película supongo que estarán contentos.

lunes, marzo 17, 2008

LA CRIATURA PERFECTA Y RISE; Vampiros de pacotilla



Es curioso que, habiendo visto recientemente dos auténticas joyas cinematográficas como son "Pozos de ambición" y "No es país para viejos" acabe dedicando el post de esta semana a dos bodrios como "La criatura perfecta" y "Rise, cazadora de sangre", pero así es. Supongo que resulta más fácil o seductor hacer una crítica para despellejar que para alabar. O quizá es que sencillamente estoy contagiado por la semana vampírica que Dude ha puesto en marcha en su blog.
Entremos en materia.

La criatura perfecta trata de un mundo alternativo ambientado en clave retrofuturista en el que vampiros y humanos conviven en armonía. Los vampiros son tratados como seres místicos y forman lo que llaman "La hermandad" y los humanos los adoran como ángeles y les ceden amablemente su sangre vía transfusión. Todo se tuerce cuando uno de estos hermanos decide beber directamente de la botella, quiero decir del cuello, sucediéndose una serie de crímenes por toda la ciudad que La hermandad no desea que tengan demasiada publicidad.
Hasta aquí tenemos un argumento no carente de cierto atractivo a pesar de estar ya visto en la aceptable "Legado de sangre", con la que además comparte la trama detectivesca en clave de buddy movie con policía humano que tiene que aceptar de compañero a un vampiro.
Acepto que las pocas imágenes de ese mundo retrofuturista con el que se adorna la película son atractivas (coches de los años cincuenta, zepelines que cruzan el cielo nocturno, edificios góticos mezclados con barrios que parecen salidos de la pluma de Chales Dickens...) pero no bastan para lavar la pobre producción que envuelve el film. Los actores, pese a no hacerlo del todo mal, carecen también de todo atractivo. No ya porque no sean primeros nombres (tan solo Safren Burrows destaca algo en ese aspecto) sino porque los personajes apenas tienen algo que decir en una película que no se sabe si pretende ser de acción con cierta inspiración en "Underworld" o si persigue cierta profundidad con un discurso sobre la aceptación del diferente en la sociedad y bla, bla... En cualquier caso, no encuentra su sitio y resulta ineficaz en ambas vertientes.
En fin, la recomiendo ver de noche. Sobretodo si os cuesta coger el sueño.

Sobre Rise cazadora de sangre... pues nada. Una gran decepción. Películas como ésta son las que hacen que "30 dias de oscuridad" destaque a pesar de sus muchas carencias.
Aunque la historia de la periodista que se mete donde no debe y acaba convertida en vampira vengadora contiene algún plano de cierta intensidad (como el de su renacer vampírico o el de su primera alimentación con víctima, el vagabundo)la trama se desarrolla de un modo mecánico estilo videojuego. Lucy Liu se pasea por la película yendo de malo en malo a los que se despacha con tanta facilidad que cuesta imaginar como vampiros tan incompetentes llevan tanto tiempo sobre el mundo sin haber sido eliminados por su propia torpeza.
Para colmo, al director de la faena no se le ocurre otra cosa para dar cierta intensidad visual al montaje que incluir flashes de tanto en tanto en plan visiones de la protagonista, probablemente el recurso más utilizado en el cine de terror de estos últimos cinco años. Y no contento con eso se lanza a las referencias, guiños, homenajes o como queráis llamarlos a otras películas como son el poncho que luce la Liu en plan spaguetti western o las pequeñas cuchillas con las que los vampiros deguellan a sus víctimas igual que en la magnífica "El ansia".
Lo peor, no obstante, está aún por llegar en forma de final, en el que imagino que se pretende dejar abierta la posibilidad de una continuación. No me quiero ni imaginar lo que puede ser hacer de Rise una franquicia. Como si no tuviéramos ya bastante con Guardianes de la noche y Blade.

Si a pesar de lo explicado seguís teniendo ganas de ver una película de vampiros recordad que siempre nos quedará "Cronos", "La adicción" o la ya mencionada "El ansia". Por decir algunas.


PD: Si aun no conoces The last ones pásate y únete a nosotros en esta aventura en forma de novela-blog. Ya hemos completado el primer capítulo y nos embarcamos en el segundo.