
Vamos a ver… ¿por dónde empiezo?
Estaba claro que esta película iba a levantar polvareda, no solo en el Festival sino también en Internet. Su explosiva mezcla de sexo y violencia no iba a dejar a nadie indiferente y así ha sido pero, más allá de la fácil provocación a la que puede abocar una combinación tan antigua como ésta, ¿es a “A serbian film” una película que valga la pena ver? ¿Tiene algo más que ofrecernos?
Hace dos años “Martyrs” hizo saltar por los aires los límites de la violencia en el Festival. La tendencia hacia el más difícil todavía en atrocidad se había ido forjando pocos años antes con la irrupción en nuestro país de las películas de Takeshi Miike, especialmente “Ichi the killer” y “Audition”, había continuado con el desembarco del horror francés en "A l'interieur" y “Haute tension” coronando finalmente la cima de lo soportable con el film, también francés, de Pascal Laugier. Sin embargo, el año pasado esta tendencia tomó un rumbo distinto. Sin abandonar en absoluto la crudeza de algunas de sus secuencias, films como “Canino” o la más extrema "Kinatay" optaban por una temática alejada de la sangre por la sangre y el horror por el horror, para utilizar esta violencia como medio para exponer una temática concreta, para enviar un mensaje sobre el que reflexionar. Llegados a este punto nos toca a nosotros decidir si “A serbian film” forma parte del primer grupo (en el que también hay películas de género interesantes) o del segundo.
La película explica la historia de Milos (Srdjan Todorovic) un actor de porno serbio que lleva varios años alejado del negocio viviendo con su pareja (Jelena Gavrilovic) y su hijo pequeño. Un buen día una antigua compañera de trabajo (Katrina Zutic) le sugiere que conozca a un visionario director del género (Sergej Trifunovic) que planea rodar un film en la ciudad y que está muy interesado en que él participe. Aunque reticente, el protagonista acabará aceptando porque está pasando algunos apuros económicos y por hacer la película le pagarán increíblemente bien. Pronto se dará cuenta de que el film no es la clase de porno que estaba acostumbrado a hacer sino que hay una gran cantidad de violencia real involucrada y que, lo peor de todo, hay participación de niños en él. Cuando decida dejar de rodar ya será demasiado tarde y acabará dándose cuenta de que él mismo y su familia forman parte de un plan cruel y violento.
Probablemente, escenas de sexo y violencia aparte, lo que más me llama la atención de esta película es su título. Creo que cumple una doble función. Por un lado se trata de una cuestión diegética, es decir, la película se llama así porque cuenta la historia del rodaje de una película, una película serbia. Pero por otro lado, hay una función propagandística, publicitaria que envuelve de forma tácita al título porque, reconozcámoslo; el nombre de Serbia estará para siempre ligado en nuestras mentes al de una guerra cruel y sanguinaria donde los derechos humanos y la ética brillaron por su ausencia y donde los crímenes contra la población civil fueron una constante. Así pues, al llamar a la película “A serbian film” también se nos está enviando el mensaje de que lo que vamos a ver será algo duro, algo fabricado por el país al que arengaba Slobodan Milosevic.
Este terror hacia los territorios yugoslavos y la Europa oriental actual es algo que se viene explotando en el cine desde hace algunos años, ya sea con propuestas de horror declarado como “Hostel” o con films que tratan el tema de forma tangencial aportando criminales, mafias o exsoldados metidos a mercenarios en thrillers y dramas de diversa índole.
Ahora son los propios serbios los que utilizan esa corriente de desconfianza y terror para presentarnos un producto que, aunque de un modo metáforico, habla de ellos mismos. O al menos así parece verlo el autor al poner en palabras de algunos de sus personajes comparaciones entre lo que vemos y la historia reciente de Serbia o la imagen que se tiene de ellos. Obviamente, dada la temática del film dicha imagen es realmente de poner los pelos de punta. En lo referente a esto último resulta más que ilustrativo el que la oferta que recibe el protagonista para trabajar en la película aclare que se trata de un producto hecho en Serbia pero para el mercado exterior. Nos sobrecogemos ante el horror pero somos los que lo pagamos, somos los que lo queremos ver. Quizá porque nosotros mismos no somos capaces de llevar a cabo esas monstruosidades o más bien porque nos gusta pensar que quienes lo hacen son los demás; países con mala fama, europeos sospechosos, del este…
Pero aclaremos la cuestión. Más allá de todo el mensaje que se le quiera sacar a la película sobre la que cada uno puede tener su lectura, lo cierto es que “A serbian film” no merece un segundo visionado. Primero porque cinematográficamente tiene un valor escaso y segundo porque sería difícilmente soportable repetir la visión de algunas de sus incomodísimas secuencias.
Tanto la puesta en escena como la planificación y el montaje son adecuados pero pobres. Los actores realizan un buen trabajo hasta que la cosa se sale de madre y pujan para ver quien pone el rostro más exaltado. Los escenarios, pocos y funcionales, carecen de empaque para el nivel de producción que se le supone a un film de las características que comentan en la película (recordemos que se trata de una película dentro de otra y [SPOILER] dentro de otra [FIN SPOILER]). Las secuencias de sexo y violencia no escatiman en realismo y no sería de extrañar que el film acabara recibiendo una calificación “X” en nuestro país debido a los planos cortos que se ofrecen sobre penetraciones, felaciones y otras prácticas sexuales, muchas ellas acompañadas además de la presencia de menores y con violencia de alto voltaje. Curiosamente todas estas rodadas con un sentido mucho más convincente del encuadre y del montaje lo cual deja bastante claro que partes del film eran las que realmente tenían interés para sus responsables.
En definitiva, “A serbian film” es una película polémica y transgresora cuyo contenido no hace recomendable su visión ni a menores de dieciocho años ni a mayores tampoco, reduciéndose su target únicamente a los pocos cinéfilos que tengan el estómago curtido y a aquellas personas que gusten de las emociones fuertes o tengan un listón moral muy bajo. Y por si esta coda final no ha hecho sino crear curiosidad en alguno de los que lee esta entrada en lugar de convencerles de que deben alejarse de esta película, únicamente añadiré que en una de las secuencias más fuertes del film hay involucrado un recién nacido. Espero que con eso quede claro de qué clase de basura llevo dos páginas hablando.