
No se por qué me ha venido hoy a la cabeza una experiencia que tuve ocasión de vivir hace un par de años en el Festival de Sitges (me niego a utilizar el pomposo nombre actual del evento).
Como en otras ocasiones, nos habíamos reunido allí toda suerte de pringaetes y frikis de los medios de comunicación más mediocres y con menos audiencia de Catalunya y España. Por supuesto tampoco faltaban los clásicos de toda la vida: el Gorina, el Pumares, el de Cinema 3 (coño, es que ahora no me viene el nombre).
La película que íbamos a ver para poder hacer luego nuestra crítica era una dirigida por un español pero con reparto internacional donde brillaba como actor principal Corey Feldman. Si, sí, Corey Feldman, el de Los Goonies, los Gremlins, Jóvenes ocultos y Papá Cadillac. Corey Feldman. La película se llamaba The birthday.
La cuestión es que el tal Corey, a pesar de ser un actor muy de capa caida, había conseguido el efecto que logra cualquier actorzuelo americano cuando viene a Sitges. Llenar la sala en la que pasan su película para poder luego ir a hacerle una entrevista o conseguir aunque sea un autógrafo. Por cierto que el muchacho vino con su novia que estaba bastante buena.
La cuestión es que cuando la película en cuestión llevaba como diez minutos, o quince a lo sumo, creo que no debía quedar nadie en la sala que no estuviera hartísimo de la voz de falsete con la que el personaje de Feldman parloteaba en los pasillos del hotel en los que transcurre la historia. Además, la película en si era aburridísima. De esas que te obligan a estar cambiando el culo de postura en la butaca y de mirar constantemente el reloj. Tanto es así, que yo creo que a partir de la media hora de proyección no habia nadie que no estuviera pensando qué narices le iba a preguntar al tal Feldman cuando le viera en la rueda de prensa. O como enfocar la entrevista personal si finalmente había huevos de pedírsela.
La cuestión fue, y he aquí el tema, que cuando todo el mundo salía asqueado de la sala agradeciendo que la película hubiera terminado por fin, el tal Corey Feldman y su novia (que estaba muy buena) se encontraba en las mismas escaleras esperando a la gente para intercambiar impresiones. ¿Y que hicieron todos esos críticos o aspirantes a? Pues, superado el susto inicial, ir a darle la mano, felicitarle, decirle lo bonita que había sido la película y sobretodo su actuación y, después, ponerle verde en su columna, radio, televisión local, página de internet, etc,...
El que suscribe, después de echarle unas miraditas a la novia (que estaba muy buena) se fue casa a ducharse.
Creo que a dia de hoy la película aún no se ha estrenado en España. Creo que ni en DVD... ¡Tampoco era para tanto! El otro dia pasaron Druidas en la tele.
PD: ¿Qué ha sido de Corey Feldman y su novia (que estaba muy buena)?