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lunes, octubre 22, 2012

SITGES 2012 - LO IMPOSIBLE


   Yo no soy ningún fan de “El orfanato”. La vi en su momento y me pareció un film mediocre, a medio camino entre el drama y el terror pero con una tendencia clara hacia la lágrima que encontraba en Belén Rueda el mejor instrumento para esa exposición exacerbada de sentimientos, algo que en mi cuadrícula del cine fantástico y de terror en concreto, no acababa de encajar.
   El nuevo film de J. A. Bayona ya es otra cosa. Liberado de la tendencia hacia el fantástico facilón que había emprendido nuestra cinematografía con un montón de títulos (olvidables en su mayoría) al rebufo de la frescura  con la que desembarcaron en su momento gente como Alejandro Amenábar o Jaume Balagueró, el director catalán se ha enfrascado en un film dramático en el que no necesita ni de fantasmas ni de sustos del más allá, ya que el horror le viene servido por la propia naturaleza.
   “Lo imposible” es una película que impresiona por su factura (probablemente estemos ante la producción nacional más aplicada y comercialmente llamativa de la historia de nuestro cine) pero también por lo bien rodada que está, lo cual no es sólo mérito del propio Bayona sino también de los responsables de producción que entendieron, o así parece, que para hacer una buena película no bastaba con cumplir en efectos especiales o llenar el reparto de estrellas internacionales, sino que también había que darle a su responsable último las herramientas que necesitara para que todos esos elementos lucieran en pantalla y cumplieran su función. Así, la planificación abunda en travellings, gruas e incluso planos aéreos que, en lugar de adornar la función como ha ocurrido en ocasiones anteriores en el erróneo pensamiento de que la espectacularidad es un valor en si mismo (ahí tenemos fiascos internacionales como “Battleship” o, en su medida, nacionales como “Agora”), son dosificados y utilizados para resaltar cada uno de los momentos que justifican su presencia.
   También me parece interesante recalcar el tono suave que Bayona aplica a su film enmarcando la película siempre dentro del drama humano y sin derivar, como hubiera sido fácil hacer, hacia una crudeza gore o un festival de horrores innecesarios que resultarían mucho menos efectivos que las sutilezas y los matices de los rostros de cuantos personajes se pasean por la película, las miradas de desesperación, de pérdida, de impotencia…
   Me parece un debate estéril entrar a discutir si era necesario o  no contar con actores extranjeros para interpretar a los protagonistas de esta película. Creo que un director debe elegir y contar para sus personajes con los que, a su entender, sean los mejores intérpretes posibles para dichos papeles. Y más allá de esta consideración, no podemos olvidar que en este mundo globalizado que en el cine además está muy centrado en el star system de Hollywood, la única forma de hacer rentable una película es tratar de llegar al mercado internacional y, nos guste o no, las estrellas siguen siendo la principal arma de cualquier distribuidor para conseguir una buena taquilla.
   “Lo imposible” puede ser criticada por ser excesivamente sensiblera (comentarios que han tenido que sufrir obras maestras como “Memorias de Africa” o “El paciente inglés”) pero a mi entender lo que tenemos delante es un drama tremendamente efectivo al que ni siquiera afecta el que el espectador conozca antes de pagar su entrada el desenlace de la historia. El drama no parte de su final y se construye alrededor de éste. En “Lo imposible” el drama es la historia en si, el viaje de sus protagonistas a los que acompañamos como privilegiados supervivientes de un desastre que no nos alcanzó físicamente pero que ahora, gracias a J. A. Bayona y su equipo nos toca directamente el corazón.

lunes, octubre 08, 2012

SITGES 2012 - JOHN DIES AT THE END



   Don Coscarelli, a pesar del aprecio que se le pueda tener dentro del mundillo del cine fantástico, no es que descubriera el agua caliente precisamente. De hecho, su filmografía es muy corta y prácticamente desconocida para el no aficionado. Su película más conocida y la que le dio la fama en este círculo fue  “Phantasma” (Phantasm, Don Coscarelli, 1979), un extraño film de terror que mezclaba terror gótico de cementerio y un particular hombre del saco (el hombre alto) con portales que se abrían a otros planetas/dimensiones y bolas de acero letales más propias de un film de ciencia ficción.
   Veinte años después y con tan solo secuelas olvidables de Phantasma, un par de películas más por medio y un episodio de la serie “Masters of horror”, Coscarelli ha venido a presentarnos un film que, utilizando distintas convenciones del cine de terror, construye una comedia divertidísima e imprescindible para todo amante del género. Más aún porque para crear sus gags no se vale del facilón recurso de la parodia que tan nefastos resultados continúa dando a la comedia americana actual (“Scary movie” (ídem, Keenen Ivory Wayans, 2000), “No es otra estúpida película americana” (Not another teen movie, Joel Gallen, 2001), etc,…) sino que se atreve con un cruce imposible entre “Las alucinantes aventuras de Bill y Ted” (Bill & Ted’s Excellent adventure, Stephen Herek, 1989),  y “El almuerzo desnudo”  (The naked lunch, David Cronenberg, 1991) consiguiendo un cóctel explosivo de risas y situaciones delirantes.
   Tras un curioso prólogo en el que un joven lucha con una especie de zombi al que no termina nunca de matar, la película comienza con ese mismo joven charlando en un restaurante chino con un señor al que interpreta nada menos que Paul Giamatti.  Toda la película se estructura entonces a partir de esta conversación en la que el joven trata de hacer entender a este señor, un periodista al parecer, que a nuestro alrededor existe otro mundo poblado por extrañas criaturas que solo pueden verse si se toma una extraña droga que él probó accidentalmente cuando su amigo John, el del título de la película, consiguió de un extraño rastafari cuando daba un concierto. Tan lisérgica experiencia les abrió la mente a los horrores ocultos en nuestra realidad y al mismo tiempo les convenció de que ellos y no otros eran los que debían luchar contra esas criaturas y evitar el posible fin del mundo.
   Un tratamiento serio de esta cuestión podría haber jugado con la posibilidad de que todo cuánto veían estos muchachos fuera tan solo producto de su imaginación como ocurría en “La escalera de Jacob” (Jacob's ladder, Adrian Lyne, 1990) y en cierta medida en “Abre los ojos” (idem, Alejandro Amenábar, 1997), donde son los propios protagonistas los que crean sus pesadillas. Pero Coscarelli no tenía intención en esta ocasión de asustarnos sino de hacernos pasar un rato divertido y ciertamente lo consigue desbordando además originalidad e imaginación en muchas de sus secuencias; el muñón de la chica que acaba siendo imprescindible para abrir la puerta fantasma, la droga que se convierte en insectos para penetrar en la piel de quien duda su ingesta, el monstruo hecho de carne y pescado congelado que surge del arcón, las intervenciones del carismático mentalista al que da vida ClancyBrown, el teléfono-perrito caliente,... Y por supuesto el chiste que propone el mismo título del film.
   Pero tampoco alcemos las campanas al vuelo. “John dies at the end” es una película friki y probablemente su éxito se circunscriba a un segmento de público no demasiado numeroso. Por suerte, y en parte gracias a películas como esta, cada vez existe un mayor gusto por el cine fantástico y un mayor conocimiento de este tipo de películas que de alguna manera se retroalimentan unas a otras con sus guiños y referencias.
   Nunca fui un gran fan de Fantasma y siempre creí que era un film que disfrutaba de una fama inmerecida, que no era más que una película mediocre con algún momento conseguido. Al ver el capítulo que Coscarelli rodó para Masters of horror quedé gratamente sorprendido y empecé a preguntarme por qué este hombre no había conseguido mantener una filmografía regular durante todos estos años.  Ahora, y después de haberle visto recoger el premio de "La maquina del tiempo", creo que ha llegado su momento y que el cambio de género y sentirse libre de la cadena de secuelas de Fantasma era lo que necesitaba. Espero con interés cuál será su próximo paso.

sábado, octubre 06, 2012

SITGES 2012 - COMPLIANCE



   El Festival quiere ver en Compliance algún tipo de metáfora con la situación de crisis laboral que vive el mundo occidental actualmente. Juzguen ustedes:
   Comienza el día en un restaurante de comida rápida. El supervisor no ha venido pero la encargada sí y descubre que alguien se dejó abierto el día anterior el congelador con lo que parte de los ingredientes necesarios para preparar su fast-food se ha echado a perder. Pero esto no es más que el principio. Al poco de iniciarse la jornada se recibe una llamada en el restaurante; se trata de un policía que les informa que hay un ladrón en la plantilla, concretamente una ladrona, e insta a la encargada a que la retenga allí hasta que él llegue y proceda a seguir, teléfono en mano, todas sus instrucciones. De esta manera, y a pesar de que la situación se va volviendo cada vez más bizarra, la muchacha será confinada en un almacén, cacheada, desnudada y debes ver la película para saber cuántas cosas más.
   Lo más curioso del film probablemente sea que se trata de una historia inspirada en un caso real y, por lo visto, de más de uno. Es algo que da una dimensión mucho mayor a lo que vemos y para ello el “inspirado en hechos reales” aparece al principio con un rótulo tan grande como la misma pantalla. Yo personalmente no alcanzo a ver la relación entre lo expuesto en la película y la abrumadora crisis que nos tiene a todos locos más allá del hecho de que la acción transcurre en un entorno laboral. Puede que el exceso de celo de algunos de los miembros del personal del restaurante a la hora de hacer bien lo que consideran su trabajo sea un ejemplo de hasta que punto se teme hoy el acabar despedido pero más allá de eso lo que tenemos entre manos es una interesante película acerca de la fragilidad de la ética humana, dejando patente qué fácilmente resulta recorrer el camino hacia nuestro lado oscuro cuando se dan las condiciones oportunas; poder y sumisión.
   Aunque toda la película sucede en tan solo dos o tres escenarios, los distintos compartimentos del restaurante, la habilidad del director y el realismo de los diálogos y las interpretaciones permiten que la narración sea fluida y la tensión creciente, algo realmente complicado y que, sin la habilidad necesaria, podría escurrirse rápidamente hacia el terreno de la comedia perjudicando terriblemente no solo a la película en si, sino también al mensaje que nos quiere enviar. [SPOILER] Es cierto que, una vez desvelado el quid de la película, resulta difícil no sonreír en algún momento aunque llegue un momento en que esa sonrisa se nos congele (o debiera) [FIN SPOILER].
   “Compliance” es una película que probablemente hubiera funcionado de un modo mucho más efectivo en las manos de los hermanos Coen, ya que contiene algunos de los elementos con los que éstos suelen trabajar (america profunda, personas sencillas envueltas en situaciones criminales,…) si bien lo más probable es que el descenso hacia el humor negro hubiera sido inevitable y estuviéramos ante un tipo de film muy distinto.
   El film además no se anda por las ramas ni rellena con tomas o diálogos absurdos ninguno de los minutos que dura, algo en lo que también hubiera sido fácil caer una vez se plantea la situación. Antes al contrario, con gran habilidad se nos presentan todos los personajes y en apenas unas pocas conversaciones ya sabemos como son y qué podemos esperar cuando las cosas se pongan difíciles de cada uno de ellos.
   La película termina con un epílogo en el que vemos al personaje principal, la encargada del restaurante, ante las cámaras de televisión siendo entrevistada por un típico presentador sensacionalista (¿cuál no lo es, hoy dia?). Con ello se cierra el círculo de la humillación en el que, como ella misma dice, todos han sido víctimas y ahora vuelven a serlo ante los ojos y los oídos de todo el mundo.
   No se si Compliance es una película que hable sobre la crisis pero sí creo que es una película a la que vale la pena acercarse aunque sea para meditar unos minutos sobre lo que nos cuenta sin olvidar que se trata de la recreación de un suceso real, algo que aquí no es solo un reclamo sino la esencia misma del contenido del film.

miércoles, octubre 12, 2011

MELANCHOLIA; Una genialidad de Lars Von Trier


Con Lars Von Trier sucede que acaba siendo más criticado él mismo que sus propias películas. Porque es un rarito, uno que se cree más listo que los demás, que va de artista, y en los últimos tiempos lo que faltaba para el duro: que hace bromas con el nazismo... ¡Uhhhh, que feo…!
Está claro que a él le va lo de llamar la atención y lo hace incluso de las maneras más insospechadas. ¿Por qué? Sinceramente me importa un pito. Igual que lo que se diga de Mel Gibson o de cualquier otro cineasta acerca de su vida privada. Lo único que debe importarnos aquí son sus películas y, en el caso de Von Trier, hay mucho de lo que hablar. Tanto que ahora mismo puedo certificar que es la mejor película que he visto en todo lo que llevamos de Festival y, dudo que me equivoque, probablemente sea también la mejor que hay a concurso.

De la palabra “melancolía” el diccionario de la Real Academia Española dice lo siguiente:

melancolía.
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).
1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

La película del director danés está dividida en dos partes centradas cada una de ellas en una de las dos hermanas protagonistas y como se enfrentan a un momento decisivo en sus vidas. En la primera parte el personaje que interpreta la actriz Kristen Dunst acaba de casarse y se dirige con su marido (interpretado por el vampírico Alexander Skarsgaard) a la enorme mansión en la que su hermana (Charlotte Gainsbourg) y el marido de ésta (Kiefer Sutherland) les han preparado una fiesta de bodas de lujo. Sin embargo y, después de que la novia se fije en una extraña estrella roja en el firmamento, su comportamiento se volverá errático y no tardará en dar la sensación de no sentirse cómoda en su papel de recién casada, lo cual causará todo tipo de desencuentros con muchos de los invitados (su hermana, su cuñado, su madre, su jefe, su propio marido,…). Toda esta primera parte servirá a Von Trier para retratar, en un ritual tan extendido en el mundo (aunque las formas varíen mucho de un lado a otro) como el del matrimonio, cuán estúpidas resultan muchas de las actitudes que nos vemos obligados a tomar en determinados momentos de nuestra vida. En definitiva, de qué manera más tonta perdemos el tiempo en seguir normas autoimpuestas cuando podríamos estar disfrutando la vida a nuestra manera y cada segundo como si fuera el último.
En la segunda parte de la película, con la celebración ya terminada de forma abrupta, la cámara pasará a centrarse en la hermana de la novia. Ahora que ya se sabe que la hermosa estrella del principio es en realidad un planeta que se acerca amenazadoramente hacia La Tierra, cada uno de los personajes (que en esta segunda mitad son solo cuatro: las dos hermanas, el cuñado y su hijo) se enfrenta a la posibilidad de ser destruido de distinta manera. A la mística fascinación del personaje de Dunst se opone el miedo a la muerte de su hermana o a la ciega certeza científica del personaje que interpreta Sutherland quien está convencido de que no sucederá nada malo. El hijo de éstos, como niño que es, afronta la situación de un modo u otro según con quién se encuentra pero sin entender muy bien qué es lo que está pasando.
Y todo eso podría ser el resumen del fondo. Pero, ¿qué hay de la forma? Bueno, que se pongan a temblar todos los detractores de “El arbol de la vida” de Terrence Malick. ¡¡Sí, la película comienza con diez minutos de música e imágenes!! Rápido, avisemos a los multisalas. ¡Que devuelvan el dinero si no me gusta! Sale gente famosa en el póster y quiero verles pegando tiros, haciendo bromas o enseñando las tetas.
Tranquilos todos. Superados esos diez minutos (preciosos, por cierto) menos tiros hay de todo en la película. Claro que todo ello retratado con un estilo y un arte que no estamos acostumbrados a ver en una película de gran tirón comercial. Así pues, las bromas que se dirigen unos a otros en la boda son cáusticas y resultan incómodas por lo que tienen de real y de deja vous para cualquiera que haya pasado por una experiencia similar. Los desnudos, todos ellos de Dunst, sirven para incrementar aún más la intensidad de su interpretación en dos momentos claves de la película (cuando se encuentra totalmente hundida por haber fallado a todos en la celebración de la boda y cuando, ya recuperada, decide afrontar el fin del mundo dándose un baño de luz extraterrestre nocturna).
En medio de todo esto el danés tiene ocasión de insistir sobre su peculiar forma de entender a los hombres y las mujeres y sus relaciones como ya hizo en “Dogville” o en la más polémica y expeditiva “Anticristo”. Los hombres vuelven a ser representados como seres excesivamente racionales movidos únicamente por la necesidad de controlar cuanto sucede a su alrededor, ya sea a los demás o incluso a los fenómenos de la naturaleza. Las mujeres, en cambio, se muestran como seres sensitivos que se dejan llevar por sus impulsos lo cual las hace impredecibles y caóticas.
No tenemos por qué estar de acuerdo con ello pero ese parece ser su discurso una vez más.

Como ocurre con otras dos películas presentadas en el Festival de este año, “Another Earth” en clave de drama social y “Extraterrestre” de Nacho Vigalondo en comedia, “Melancholia” parte de una premisa propia del cine de ciencia ficción catastrofista para montar un drama épico en el que lleva a cabo un estudio de personajes sensacional sin tener que recurrir a la fragmentación de las películas corales. Y lo hace además permitiéndose licencias artísticas absolutamente avasalladoras que nos hacen pensar que todo aquello del Dogma no era sino una broma de mal gusto. Secuencias rodadas en cámara superlenta, música clásica atronando en los momentos más dramáticos y una sensibilidad que hace inolvidables a todos los actores que se pasean por el film.

Obviamente no se trata de una película sencilla y a cualquiera que sea incapaz de ver nada más profundo que el agujero de su culo no se la recomiendo. He dicho.

sábado, octubre 08, 2011

CONTAGIO; un plausible fin del mundo


El cine actual nos tiene más que acostumbrados al fin del mundo. Al final del siglo XX se ha unido el horror del terrorismo internacional que vivimos con la entrada del XXI, el miedo a nuevas enfermedades contagiosas de las que no habíamos oído hablar antes (vacas locas, gripe aviar,…), la inestabilidad política en algunos países árabes, la crisis económica,… Todo ello se refleja en las películas en forma de catástrofes y situaciones apocalípticas. Sin embargo, la gran mayoría de ellas narran sus historias cuando el fin del mundo ya ha tenido lugar o está sucediendo en ese mismo momento, ya sea con catástrofes nucleares, ecológicas, plagas de muertos vivientes o cualquier locura imaginable. En ellas la narración está siempre focalizada sobre un grupo de supervivientes que deben apañárselas en un entorno distinto donde sus habilidades sociales y las leyes que imperaban en su civilización ya no valen nada.

Contagio plantea una situación similar pero justo antes de que ésta se produzca. Es decir, narra como a partir de un determinado suceso la civilización tal y como la conocemos comienza a desmoronarse. Esto la hace prácticamente única dentro del, como decía, enorme plantel de películas apocalípticas que nos han estado llegado ya que, en lugar de arrancar con el siempre socorrido sistema del what if, el guión debe cubrir todo el proceso desde la situación inicial de normalidad hasta el caos final y además hacerlo desde distintos puntos de vista. Y esto último es precisamente su mejor baza y la que justifica el impresionante casting que participa en el film.

La película comienza con el regreso a casa de una mujer que ha estado de viaje de negocios en Hong Kong. Sin previo aviso, con muy pocos síntomas que pudieran avisar de estar gravemente enferma, la mujer sufre un ataque y ha de ser hospitalizada. Su marido debe enfrentarse a las pocas horas a la muerte de su mujer y, lo que es peor, al inmediato contagio de su hijo que también muere en pocas horas. Así de contundente es el arranque de la película a partir del cual la trama principal se ramifica en distintas líneas cuyo nexo común es precisamente el imparable contagio de la enfermedad. Así podemos seguir al mismo tiempo los avatares de los modernos medios de comunicación y su enfoque de la situación desde el punto de vista de un blogger de moda que no tiene inconveniente en manipular la información con tal de satisfacer a sus hambrientos followers, a una responsable del gobierno americano que debe enfrentarse a una situación de secuestro por parte de un grupo de aldeanos en oriente que quieren ser los primeros en ser vacunados, a uno de los principales mandos del Centro de control de enfermedades a quiénes se le plantean distintos dilemas éticos debido a su privilegiada posición y al conocimiento de dicho privilegio por parte de quienes le rodean, a un bacteriólogo que trabaja en una gran empresa farmacéutica y que, pese a su talento, se ve apartado de la investigación por problemas de seguridad,… Y éstos son solo algunos, de los distintos personajes que podemos seguir y que nos ofrecen, cada uno de ellos, una visión concreta de una parcela concreta del problema global al que todos se enfrentan.

El trabajo de montar una historia coral como ésta sin que el interés decaiga en ningún momento y donde ninguna de las historias pese mucho más que las otras es un mérito que debe recaer sobre Steven Soderbergh, director del film, que ya se las había visto en una situación similar hace años con la multipremiada “Traffic”. Además, y sin duda es otro de los grandes aciertos de la película, la representación de toda la situación y la reacción que los personajes tienen ante la que se les viene encima era campo abonado para que, en manos de cualquier otro, el film hubiera derivado hacia un ejercicio de espectacularización que le restara credibilidad, hacia un drama lacrimógeno de media tarde o, en el peor de los casos, a un ensayo sobre medicina y epidemiología a lo Robin Cook. Pero Soderbergh mide muy bien los tiempos y las situaciones a las que se enfrentan sus personajes dosificando los momentos de tensión extrema y sin regodearse en ninguno de los sucesos que más se prestaban al abuso ya fuera técnico o sentimental que hubieran perjudicado la credibilidad del film. El caos en el que se va sumergiendo la ciudad de San Francisco en la que vive el personaje que interpreta Matt Damon, por ejemplo, es mostrado en muy pocas ocasiones y siempre a ras de suelo; calles vacías donde se acumula la basura sin que nadie la recoja, casas cerradas en la que los móviles son el único medio de comunicación y cada vecino se ha vuelto un sospechoso de estar infectado, supermercados y farmacias que son desvalijados por todo tipo de ciudadanos a la búsqueda de una posible cura, etc,…
Resulta difícil evaluar quiénes salen peor parados si hacemos balance global de lo visto en la película. ¿Los políticos? ¿Las empresas farmacéuticas? ¿Los medios de comunicación? ¿Los ciudadanos en general? Todos aportan su dosis de irresponsabilidad y error humano. Tanto es así que es difícil no sentirse identificado con cada uno de los personajes que se pasean por la película, sean estos del nivel social que sea y tengan el trabajo que tengan, porque por encima de todo eso y dada la situación tan dura que están viviendo, lo único que reflejan es humanidad, con todo lo bueno y lo malo que ello pueda significar.
Si debo destacar algo que no me gustara de la película tendría que nombrar las normas de prevención que los responsables del centro de control de enfermedades facilitan a los medios de comunicación: lavarse con frecuencia las manos, no tomar alimentos crudos, no estrechar la mano a los demás,…
¿No les suenan de algo?

jueves, agosto 04, 2011

TROLL HUNTER; El fantástico escandinavo golpea de nuevo


Un dia, los dioses del cielo interrumpieron
a Tor cuando estaba dedicado a su pasatiempo
favorito de cazar trolls.


Mitos, Diccionario de mitología Universal (Arthur Cotterell)



Dependiendo de a quién preguntes un trol sería una criatura monstruosa surgida de una novela de fantasía tipo “El señor de los anillos”, un gigante sucio y estúpido enemigo de los gnomos o sencillamente un tipo al que le gusta montar jaleo en Internet.
Sin embargo, el origen de la palabra “trol” hay que buscarlo en las leyendas y la mitología escandinava, latitud de la que procede la criatura original que ha originado a todas las anteriores y a muchas otras.
Aunque el significado de la palabra trol es incierto, el estudio de las raíces etimológicas del término ha dado lugar a diversas conjeturas, muchas de las cuales han acabado relacionando la palabra con “magia”, “maligno” y, sobre todo, “violento”. Este carácter agresivo que subyace en el término sería el que explicaría probablemente el por qué son estos seres y no otros los que han servido para marcar a aquellos que van de foro en foro buscando bronca, faltando al respeto o http://www.blogger.com/img/blank.gifsaltándose las normas de dichos lugares de debate. De hecho ya hay quien ha hecho de ello algo así como una “profesión” o un medio para buscarse la vida.
Lo curioso sobre los troles es que en Escandinavia, y durante mucho tiempo, se ha hablado de ellos como si fueran seres auténticos y no como personajes de cuentos de hadas. En algunos lugares se refieren a ellos como gigantes, en otros como a una especie de hombres de los bosques de narices y orejas enormes, en otros como ladrones de niños… Algunos incluso han querido ver en el bigfoot americano o en el orco versiones del trol escandinavo. Como ejemplo de hasta que punto la existencia de los troles está ligada a la historia de los países nórdicos están los numerosos lugares y emplazamientos cuyos nombres hacen referencia a ellos (Trollhattan, Trollkyrka, Trollstigen, Trollasveien…).

La película de Andre Ovredal “http://www.imdb.com/title/tt1740707/” (Trolljegeren, 2010) se apunta a la moda del mockumentary para narrar la historia de un grupo de estudiantes que realiza un trabajo en video acerca de la caza de osos en Noruega y que, por casualidad, acaba descubriendo a una organización secreta del gobierno que conoce la existencia de troles en el país y se dedica a exterminarlos y a encubrir sus acciones para mantenerlos alejados de la población.
El film, de apenas una hora y media, aprovecha todo el potencial de realismo que le permite el uso de la cámara en mano con la excusa del falso documental, resultando mucho más efectiva en las escenas boscosas y oscuras de huidas y persecuciones que en las entrevistas y charlas que los personajes tienen entre ellos, mucho más impostadas y socorridas a la hora de poder explicar qué es lo que sucede. Algo parecido a lo que ocurría con la interesantísima y ya clásica http://www.blogger.com/img/blank.gif“Distrito 9”.
Además, y como ha venido ocurriendo con otros films recientes de género de las mismas latitudes (“Déjame entrar”, “Rare exports”, “Zombies nazis”,…) la propuesta no carece de un cierto sentido del humor, que en la película que nos ocupa resulta especialmente apropiado debido a los conocimientos generales y asumidos que sobre estas criaturas, los troles, la mayoría del público posee. Sucede así que en el film los personajes van tratando de averiguar al mismo tiempo que el público cuantas de las cosas que han oído sobre los troles son ciertas y cuales no, resultando especialmente divertidas aquellas situaciones en las que podemos ver, y no solo escuchar de labios del cazador profesional, lo que hay de mito y lo que hay de cierto en todo el asunto. En este sentido es destacable la estupenda secuencia del trol en el puente (o bajo el puente) o aquella en la que los personajes se ven encerrados en una cueva en mitad de la noche, la cual deben compartir con un grupo de gigantescos y apestosos especímenes sin ser descubiertos.
Una aspecto argumental especialmente llamativo y que es utilizado en la película como excusa para algunos gags divertidos y alguna situación que mejor no desvelaré, es la particularidad de que estos troles huelen a aquellos que creen en Dios o son cristianos y los persiguen para devorarlos. Esto, lejos de ser una invención absoluta de los guionistas del film bebe de la propia historia y folclore escandinavo. Aunque el panteón nórdico contaba con Thor para deshacerse de los troles a golpe de martillo (el hierro era un arma contra ellos) a los cristianos parecía bastarles un crucifijo o incluso el sonido de las campanas de una iglesia para conseguir el mismo efecto (y todo ello por supuesto sin renunciar a la consabida luz solar que siempre ha sido el mayor enemigo de estas criaturas). Tal vez en la desaparición de la mitología clásica y en la expansión del cristianismo por toda Europa esté la razón por la que los troles que quedan allí (según la película, por supuesto) parecen odiar a muerte a los cristianos devotos hasta el punto de haber desarrollado un olfato especialmente eficaz con el que detectarlos. Supongo que se puede extraer alguna lectura en clave política sobre esto…

En el apartado técnico la película poco tiene que envidiar a cualquier producción norteamericana, contando con unos efectos especiales que, como puede verse en la foto que acompaña a este texto, lucen magníficamente aunque como siempre, resultan mucho más creíbles y sugerentes cuando las apariciones de las criaturas se dan en la nocturnidad de los bosques que en el resplandeciente panorama helado en el que transcurre el último tercio del film que por momentos recordaba a los últimos minutos de la indispensable “La niebla” de Frank Darabont, aunque con mucha menos carga dramática, por supuesto.
En definitiva una película muy recomendable para pasar un rato divertido y que, sin hacer historia en el género, confirma el buen momento que vive el cine fantástico en Escandinavia eclipsando por completo al francés, el cual no parece encontrar su sitio entre la pretenciosidad metafísica y el gore descarado, o el español que pretende mantener su posición a base de secuelas o de repetir la misma fórmula de éxitos pasados. ¿Tengo que dar títulos?

jueves, octubre 14, 2010

SOMOS LA NOCHE; Las vampiras no quieren ni oir hablar de hombres


El cine alemán parece estar viviendo un buen momento de forma. Después de Oliver Hirschbiegel quien nos regaló la magnífica “El experimento”, la ilustrativa “El hundimiento” y debutó en Hollywood con la fallida “Invasión”, ahora es el turno de Dennis Gansel quien sorprendió hace un par de años con su controvertida “La ola”.
El director, con un presupuesto mucho mayor que el de aquella y adentrándose de lleno en el terreno de lo fantástico, nos arroja una historia de vampiros (vampiresas en realidad) que bebe de alguna de las mejores historias que sobre el tema se han llevado hasta ahora a la pantalla (“Entrevista con el vampiro”, “El ansia”,…).

“We are the night”, título original del film, comienza con una secuencia de gran potencia visual. La cámara recorre lentamente la cabina de pilotaje de un avión. El piloto está muerto. Continúa entonces por el pasillo mostrándonos a derecha e izquierda, en los asientos, cuerpos de pasajeros y personal de a bordo, todos ellos muertos con manchas de sangre y heridas en sus cuellos. Al fondo, vemos moverse las piernas envueltas en calentadores fucsia de una joven. Finalmente la cámara se detiene en una pasajera viva. Es otra mujer y lee tranquilamente un libro. – No debiste matar al piloto – le indica una tercera mujer, algo más mayor, a la que movía las piernas y que ahora podemos identificar como la más joven y alocada de las tres. Seguidamente abren la escotilla del avión provocando la despresurización y mostrándonos desde el cielo una oscura y bella estampa de Berlín en plena noche. Sin más, saltan del avión.

A pesar de tan poderoso inicio, “Somos la noche” no deriva hacia una película de vampiros y acción al estilo “Blade” ni a una de terror tipo “30 días de noche”. Las vampiras protagonistas de la película son seres tristes y decadentes a pesar de su aparente grandiosidad, perseguidas sin descanso por la muerte que ellas mismas buscan de forma indirecta poniéndose constantemente en evidencia (como cuando una de ellas se apaga un cigarro en el ojo en un restaurante ante la mirada de la pareja de la mesa contigua que le había llamado la atención por fumar), o empeñándose en contemplar el amanecer hasta que sus cuerpos comienzan a humear. Perdidas en la eternidad a la que han sido arrastradas tratan de combatir el tedio manteniéndose siempre a la última y disfrutando de los placeres más inmediatos, tratando así de camuflar la gran carencia que todas sufren: el amor.
Es precisamente la falta de un afecto verdadero el que impulsa a la líder del grupo, la más vieja, a mantenerse siempre al acecho, buscando una nueva chica que incorporar al grupo que ocupe el vacío al que siempre se ve abocada, era tras era. Algo que recuerda mucho a la aflicción que sentía el vampiro Armand (Antonio Banderas) en “Entrevista con el vampiro” y también la vampiresa que interpretó Catherine Deneuve en “El Ansia”.
No se trata pues de muchachas adolescentes debatiéndose en una crisis púber entre si les va más la languidez emo de un vampiro sosaína o la rudeza impostada de póster de tienda de moda de un aspirante a líder de la manada. No es una película con un target de público concreto (más allá de aquellos que van a ver cualquier cosa en la que aparezcan colmillos hundiéndose en cuellos ajenos) y sus momentos de violencia son tan escasos como lights para lo que hoy se acostumbra.
Pero además, “Somos la noche” también contiene una idea arriesgada y transgresora en cuanto al mundo de los vampiros. Cuando la líder del grupo es preguntada por la nueva incorporación acerca de la existencia de otros vampiros en el mundo, ella le contesta que apenas quedan cien en todo el planeta y que todos son mujeres, ya que ellas mismas, cansadas del ruido y la molesta presencia que hacían los vampiros masculinos, los mataron a todos.

¿Qué opinará de esto nuestra ministra de igualdad?

Bromas aparte, por si todo lo expuesto fuera poco, la película destaca también por su excelente ambientación que se desarrolla entre las oscuras calles del Berlín nocturno, los fastuosos clubs exclusivos de la ciudad donde las vampiras disfrutan de la música de moda, y algunos lugares emblemáticos en decadencia, siguiendo la famosa máxima del cine que dice “el exterior debe reflejar el interior”.

Lo curioso de la película es que la historia en si no es nada que no hayamos visto antes y su recorrido se ve venir desde que tiene lugar el punto de giro. [SPOILER] Lena, una carterista de poca monta es mordida por una vampira que se obsesiona con ella por el brillo de sus ojos. Lena no tiene más remedio que tratar de aceptar su nueva vida pero un policía al que conoció cuando era ladrona comienza a complicar las cosas y pone en peligro su coartada y la de las otras vampiras, quienes por otro lado, se comportan de forma totalmente imprudente llamando constantemente la atención con asesinatos y demostraciones excesivas de poder. Cuando Lena sea obligada por la líder a elegir entre su nueva vida (lo cual incluye amarla a ella) o el policía del que comienza a enamorarse, los acontecimientos dirigirán la historia hacia un trágico final al que, en el fondo, todas querían llegar al sentirse seres desdichados transformados contra su voluntad [FIN SPOILER].

No me gustaría terminar esta entrada sin destacar además los fantásticos títulos de crédito de la película que, sin grandes efectismos y con música intimista, nos muestran en una composición de imágenes en lento fundido la historia de una de las vampiras protagonistas (la líder) desde la actualidad hasta su origen, empezando con fotografías actuales continuando con otras en blanco y negro y terminando al final por retratos y murales de época.
Una idea elegante que da la medida de una película que, sin ser perfecta, mantiene un equilibrio aceptable (y complicado) entre el espectáculo y la contención.

martes, octubre 12, 2010

FASE 7; Pandemia en clave de humor


Cuando alguien realice una crónica sobre el cine de la primera década del 2000 difícilmente podrá evitar hablar de la tendencia temática apocalíptica que estamos viviendo. Primero con películas de grandes catástrofes con fabulosos efectos especiales y poco más (“El dia de mañana”), después con invasiones alienígenas exterminadoras (“La guerra de los mundos”) y finalmente con la más incisiva y explotable expansión de virus, bacterias y demás microbios (“Soy leyenda”, “REC”, “”28 días después”,…)

Tal es la influencia y la pasión entre los aficionados al fantástico que estas películas están teniendo que las cinematografías de todo el mundo parecen querer decir algo al respecto. Y así es como llegamos a “Fase 7”, película en clave de humor que nos llega desde Argentina y que parte de la siguiente premisa: una pareja joven compuesta por el pusilánime Coco (Daniel Hendler) y su novia embarazada Pipi (Jazmín Stuart), regresan a su piso en la ciudad después de haber realizado unas compras en el supermercado. Absortos en sus discusiones de pareja no se enteran hasta que es demasiado tarde de que una pandemia (cuyos síntomas y precauciones recuerdan mucho a la famosa gripe aviar) se ha extendido por el país y su edificio ha sido puesto en cuarentena.
A partir de aquí, Coco tendrá que estrechar lazos con su vecino de rellano, Horacio, quién se descubrirá como un paranoico que por fin ha encontrado la causa que necesitaba para darle sentido a su vida. Armado hasta los dientes, equipado con trajes antibacteriológicos y con un férreo sentido de la disciplina y el protocolo militar, tratará de que Coco le ayude a prepararse para una guerra entre vecinos por los escasos recursos que tienen en sus casas.

Con una puesta en escena colorista y luminosa y unos diálogos que encajan perfectamente en las divertidas situaciones que se irán dando, “Fase 7” se desarrolla como una comedia muy recomendable en la que además no falta ni la presencia del siempre agradecido Federico Luppi, en el papel de uno de los vecinos del edificio que, al final, acabará siendo decisivo para el devenir de los acontecimientos.
Resulta destacable la buena labor de su realizador al mantener el interés durante todo el metraje sin salir de tres o cuatro espacios, los pisos de los protagonistas, las escaleras hacia el piso de abajo y el parking así como la dosificación de los momentos de violencia que son los justos y, a pesar de su impacto, nada gratuitos. Resaltar por ejemplo el momento en el que Coco y Horacio entran en el piso de uno de sus vecinos y acaban escondiéndose a ambos lados de la puerta al escuchar que otro de los inquilinos se encuentra en el rellano; un momento de gran tensión resuelto de forma genial cuando los tres comprueban que ante ellos hay un espejo y que les ven perfectamente. O también las idas y subidas del protagonista por la escalera del edificio que siempre acaban saldándose con caer en las trampas explosivas que su propio compañero había colocado para protegerles.

Sin ser una obra maestra y teniendo en cuenta que además es la opera prima de su director, Nicolas Goldbart, quien hasta ahora había trabajado como montador, “Fase 7” se destapa como una muy apreciable comedia que se merece una oportunidad de distribución en nuestro país. Eso como mínimo.