Mostrando las entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, octubre 20, 2010

A SERBIAN FILM; No recomendada para menores ni para mayores de 18


Vamos a ver… ¿por dónde empiezo?
Estaba claro que esta película iba a levantar polvareda, no solo en el Festival sino también en Internet. Su explosiva mezcla de sexo y violencia no iba a dejar a nadie indiferente y así ha sido pero, más allá de la fácil provocación a la que puede abocar una combinación tan antigua como ésta, ¿es a “A serbian film” una película que valga la pena ver? ¿Tiene algo más que ofrecernos?

Hace dos años “Martyrs” hizo saltar por los aires los límites de la violencia en el Festival. La tendencia hacia el más difícil todavía en atrocidad se había ido forjando pocos años antes con la irrupción en nuestro país de las películas de Takeshi Miike, especialmente “Ichi the killer” y “Audition”, había continuado con el desembarco del horror francés en "A l'interieur" y “Haute tension” coronando finalmente la cima de lo soportable con el film, también francés, de Pascal Laugier. Sin embargo, el año pasado esta tendencia tomó un rumbo distinto. Sin abandonar en absoluto la crudeza de algunas de sus secuencias, films como “Canino” o la más extrema "Kinatay" optaban por una temática alejada de la sangre por la sangre y el horror por el horror, para utilizar esta violencia como medio para exponer una temática concreta, para enviar un mensaje sobre el que reflexionar. Llegados a este punto nos toca a nosotros decidir si “A serbian film” forma parte del primer grupo (en el que también hay películas de género interesantes) o del segundo.

La película explica la historia de Milos (Srdjan Todorovic) un actor de porno serbio que lleva varios años alejado del negocio viviendo con su pareja (Jelena Gavrilovic) y su hijo pequeño. Un buen día una antigua compañera de trabajo (Katrina Zutic) le sugiere que conozca a un visionario director del género (Sergej Trifunovic) que planea rodar un film en la ciudad y que está muy interesado en que él participe. Aunque reticente, el protagonista acabará aceptando porque está pasando algunos apuros económicos y por hacer la película le pagarán increíblemente bien. Pronto se dará cuenta de que el film no es la clase de porno que estaba acostumbrado a hacer sino que hay una gran cantidad de violencia real involucrada y que, lo peor de todo, hay participación de niños en él. Cuando decida dejar de rodar ya será demasiado tarde y acabará dándose cuenta de que él mismo y su familia forman parte de un plan cruel y violento.

Probablemente, escenas de sexo y violencia aparte, lo que más me llama la atención de esta película es su título. Creo que cumple una doble función. Por un lado se trata de una cuestión diegética, es decir, la película se llama así porque cuenta la historia del rodaje de una película, una película serbia. Pero por otro lado, hay una función propagandística, publicitaria que envuelve de forma tácita al título porque, reconozcámoslo; el nombre de Serbia estará para siempre ligado en nuestras mentes al de una guerra cruel y sanguinaria donde los derechos humanos y la ética brillaron por su ausencia y donde los crímenes contra la población civil fueron una constante. Así pues, al llamar a la película “A serbian film” también se nos está enviando el mensaje de que lo que vamos a ver será algo duro, algo fabricado por el país al que arengaba Slobodan Milosevic.
Este terror hacia los territorios yugoslavos y la Europa oriental actual es algo que se viene explotando en el cine desde hace algunos años, ya sea con propuestas de horror declarado como “Hostel” o con films que tratan el tema de forma tangencial aportando criminales, mafias o exsoldados metidos a mercenarios en thrillers y dramas de diversa índole.
Ahora son los propios serbios los que utilizan esa corriente de desconfianza y terror para presentarnos un producto que, aunque de un modo metáforico, habla de ellos mismos. O al menos así parece verlo el autor al poner en palabras de algunos de sus personajes comparaciones entre lo que vemos y la historia reciente de Serbia o la imagen que se tiene de ellos. Obviamente, dada la temática del film dicha imagen es realmente de poner los pelos de punta. En lo referente a esto último resulta más que ilustrativo el que la oferta que recibe el protagonista para trabajar en la película aclare que se trata de un producto hecho en Serbia pero para el mercado exterior. Nos sobrecogemos ante el horror pero somos los que lo pagamos, somos los que lo queremos ver. Quizá porque nosotros mismos no somos capaces de llevar a cabo esas monstruosidades o más bien porque nos gusta pensar que quienes lo hacen son los demás; países con mala fama, europeos sospechosos, del este…

Pero aclaremos la cuestión. Más allá de todo el mensaje que se le quiera sacar a la película sobre la que cada uno puede tener su lectura, lo cierto es que “A serbian film” no merece un segundo visionado. Primero porque cinematográficamente tiene un valor escaso y segundo porque sería difícilmente soportable repetir la visión de algunas de sus incomodísimas secuencias.
Tanto la puesta en escena como la planificación y el montaje son adecuados pero pobres. Los actores realizan un buen trabajo hasta que la cosa se sale de madre y pujan para ver quien pone el rostro más exaltado. Los escenarios, pocos y funcionales, carecen de empaque para el nivel de producción que se le supone a un film de las características que comentan en la película (recordemos que se trata de una película dentro de otra y [SPOILER] dentro de otra [FIN SPOILER]). Las secuencias de sexo y violencia no escatiman en realismo y no sería de extrañar que el film acabara recibiendo una calificación “X” en nuestro país debido a los planos cortos que se ofrecen sobre penetraciones, felaciones y otras prácticas sexuales, muchas ellas acompañadas además de la presencia de menores y con violencia de alto voltaje. Curiosamente todas estas rodadas con un sentido mucho más convincente del encuadre y del montaje lo cual deja bastante claro que partes del film eran las que realmente tenían interés para sus responsables.

En definitiva, “A serbian film” es una película polémica y transgresora cuyo contenido no hace recomendable su visión ni a menores de dieciocho años ni a mayores tampoco, reduciéndose su target únicamente a los pocos cinéfilos que tengan el estómago curtido y a aquellas personas que gusten de las emociones fuertes o tengan un listón moral muy bajo. Y por si esta coda final no ha hecho sino crear curiosidad en alguno de los que lee esta entrada en lugar de convencerles de que deben alejarse de esta película, únicamente añadiré que en una de las secuencias más fuertes del film hay involucrado un recién nacido. Espero que con eso quede claro de qué clase de basura llevo dos páginas hablando.

martes, septiembre 08, 2009

STIEG LARSON RECIBE UN PREMIO DEL CGPJ


Siento intercarlar una segunda entrada acerca de premios y con un contenido más propio de "noticiario" entre mis habituales críticas, pero es que después de haber leído hoy el titular con el que rotulo este post en "Google news" he creído que valía la pena reflexionar un poco sobre el tema.
Adjunto con la fidelidad propia del copy-paste la esencia de la noticia para poneros en antecedentes:

"Se nota que los jueces también han leído a Stieg Larsson este verano. Y, al parecer, les ha gustado. Nada menos que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha concedido al sueco un premio de «reconocimiento a la labor más destacada en la erradicación de la violencia de género». Las mujeres y hombres de loga argumentan que el novelista ha conseguido que esa lacra tenga una mayor visibilidad social, a la vez que ha puesto de relieve el ideal de una sociedad libre de esos actos violentos.
Es un veredicto valiente, y también polémico. Porque Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía de Larsson, no es ninguna santa, y es ella la que encarna el feminismo 'sui generis' de sus novelas. Para empezar, se dedica a la piratería informática y arregla sus problemas de manera muy poco ortodoxa, lo que le pone con frecuencia fuera de la ley.
Su padre, un agresivo espía ruso, la maltrató de niña, y luego la violaron. Pero Lisbeth no cree que los tribunales le puedan solucionar las cosas, sino que ella misma se encarga de ejecutar sus propias sentencias, o venganzas, casi siempre a las bravas."


Bueno... Para empezar ¿qué es esto de que el Consejo General del Poder Judicial se dedique a dar premios? ¿En serio que no tienen otra cosa mejor que hacer?
Creo que sobran organizaciones sociales desde las que poder reconocer el mérito (si es que lo tiene realmente más allá de haber conseguido que miles de personas lean su plomiza trilogía como borregos porque era el libro de moda de este año) del difunto señor Larsson como para que se tenga que poner a ello una institución como la mencionada. No pasemos por alto que una de las funciones del CGPJ es la de formar y seleccionar a jueces y magisstrados así como hacerse cargo del régimen disciplinario y los ascensos y destinos de los mismos. ¿Las ideas expresadas por los personajes de Larsson en la trilogía Millenium formarán parte del criterio de los miembros CGPJ a la hora de llevar a cabo la mencionada función? ¿Será recomendada la lectura de los libros de Larsson en la formación judicial?

Además, y como bien señala el artículo, ¿no estará mandando un mensaje ciertamente peligroso al premiar a este autor dado el contenido esencialmente violento e ilegal que llena las páginas de la trilogía "Millenium"? No nos olvidemos que el Consejo General del Poder Judicial es una de las mas altas instancias judiciales de nuestro país y que, por lo tanto, debe actuar de la forma más recta y ejemplarizante posible. Así pues, enviar el mensaje de que una mujer maltratada puede, como hace Salander (la protagonista del libro), incrustar a patadas un consolador en el culo de su violador como venganza, no me parece precisamente lo más adecuado viniendo de quienes viene. Y lo digo al margen completamente de la opinión que cada uno pueda tener de lo que es "hacer justicia". Una cosa es la ficción en la que podemos aplaudir determinados comportamientos dejándonos llevar por la corriente dramática de un relato, y otra la realidad donde existen leyes que, en principio, se redactaron para protegernos a todos, y cuyo quebrantamiento gratuito se podría volver rápidamente contra nosotros mismos.

La noticia recoge que se trata de una decisión valiente precisamente porque el comportamiento de su protagonista no es precisamente muy ajustado a la ley, por decirlo suavemente. Que sería algo así como darle un premio a Stallone (sí, sí, otro premio) por su labor en la película "COBRA", ya que eliminaba eficazmente la proliferación de pandilleros urbanos, asesinos y violadores psicópatas.
Ya se que el premio se lo dan al autor (aunque ya no pueda recogerlo) pero, no nos engañemos, se lo dan por estos libros y por lo que han significado. Citando la propia declaración incluída en la noticia: "reconocimiento a la labor más destacada en la erradicación de la violencia de género". ¿En serio que ésta es la labor más destacada para erradicar la violencia de género? ¿De esta manera evitaremos las muertes y lesiones que se producen en nuestro país a causa de la lacra de la violencia conyugal? ¿Publicando libros en los que tías se toman la venganza por su mano al estilo Charles Bronson?

Lo dudo mucho señores.

Para empezar, algo me dice que el perfil de los que se dedican a decorar los rostros de sus mujeres con moratones, no destaca precisamente por su hábito lector. Y aunque así fuera, dudo que leer las desventuras de Lisbeth Salander fuera a hacerles cambiar de opinión sobre su idea de lo que es una mujer. Si acaso serviría para cabrearles aún mas.

domingo, marzo 15, 2009

SLUMDOG MILLIONAIRE; ¿Quién quiere ser desgraciado?


Al principio se llamaba “50x15”, en alusión a los cincuenta millones que te podías llevar si contestabas quince preguntas correctamente. Más tarde, pasó a llamarse “¿Quién quiere ser millonario?” que era el nombre con el que se conocía al concurso en todo el mundo aunque, las reglas seguían siendo las mismas; contesta quince preguntas tipo test (con cuatro respuestas posibles) y con la única ayuda de tres comodines, el de la llamada de teléfono, el del público y el del cincuenta por ciento.
La historia que se nos cuenta en “Slumdog millionaire” (literalmente “Perro barriobajero millonario”) es la de un pobre miserable nacido en los suburbios de Mumbai que, después de una vida llena de penurias, delincuencia y desgracias, consigue un trabajo de escasísimo nivel y mal pagado pero que, por un azar del destino, le permite participar en el famoso concurso televisivo y, lo que es más asombroso, ganarlo.
Cuando me enteré de que esta película la dirigía Danny Boyle en seguida me hice mis propias cábalas; se tratará de algo interesante en su planteamiento, entretenido en su desarrollo y fatalmente resuelto. Al menos así es como habían funcionado las películas del director británico hasta la fecha. Ahí están “28 dias después”, “Sunshine” y, sobretodo, “La playa”. Por si esto fuera poco las primeras críticas que escuché sobre la película la atacaban directamente aunque por otros motivos. Al parecer, Boyle presentaba una imagen idílica de los poblados y suburbios pobres de la India, algo en plan “que pobres somos pero que felices”. Y yo ya me estaba esperando ver un montón de gente bailando a orillas del Ganges con sedas de colores y cantando “del pita pita de” o como demonios se escriba.

Por suerte nada de eso hay en la película (salvo en los créditos finales). Puedo asegurar después de haber visto la película que no entiendo a la gente que llegó a esa conclusión a no ser que haya estado allí y la realidad sea aun más espantosa de lo que ya muestra el film.
Estamos acostumbrados a ver películas que se desarrollan en ambientes parecidos aunque casi siempre en América del sur. Me refiero a “Ciudad de Dios”, a “Rosario Tijeras”, a “Tropa de Elite”, a “La vendedora de rosas” o a “La virgen de los Sicarios”, por mencionar algunas. Todas ellas tienen en común, más allá de la historia que explican, la de mostrarnos una realidad tremenda, la que viven miles de personas cada día, desde que nacen y hasta que mueren, envueltos en la miseria, las drogas baratas y mortales, las armas como juguetes, el hambre, la mendicidad, las agresiones, peleas y altercados constantes, la prostitución infantil, las violaciones, la policía corrupta y brutal,… Ahora, gracias a esta película, sabemos que en la India las cosas no están mucho mejor. Más allá del Taj mahal, del poderío nuclear y de la prolífica industria cinematográfica, se encuentra un país devastado por la miseria, por los niños mendigos o trabajadores, por las escuelas superpobladas y por horrores inenarrables.
Si tal y como había oído, toda esa realidad se hubiera enmascarado a lo Bollywood con canciones, colorido y demás parafernalia, es muy probable que yo mismo me encontrara ahora mismo echando pestes de esta película a la que le tenía ganas por haber arruinado las posibilidades de encumbrar este año a David Fincher, por el que siento una simpatía mayor que por Danny Boyle. Pero no es así. “Slumdog millionaire” muestra una realidad dura y sombría en la que no faltan algunos detalles de humor que son más fruto del patetismo (ese niño cubierto de mierda de arriba abajo en busca de un autógrafo) que de felicidad pero, sobretodo, bastantes momentos de una sordidez y crueldad que cuesta ver en Hollywood y mucho menos recibiendo premios.

La película, que está contada a base de flashbacks a partir del momento en que el protagonista lleva catorce preguntas acertadas y es detenido por la policía al ser sospechoso de estar haciendo trampas, plantea sobre el espectador una cuestión a la manera del propio concurso: ¿cómo es posible que un tipo como este pueda estar a tan solo una pregunta de ganar los veinte millones de rupias a los que otros muchísimo más listos que él ni se han acercado?
Probablemente esta sea el interrogante más intrigante de la película y sobre el que muchos se lanzarán cuestionando su verosimilitud: ¡un pillo sin oficio ni beneficio no puede ganar un concurso de preguntas! ¡pero si ni siquiera fue al colegio! ¿Qué puede saber? Se trata de acabar con toda su desdicha de un plumazo para proporcionar el típico “happy end” a la película, etc,…
La respuesta podríamos encontrarla en la propia versión española del concurso. Recuerdo que, la persona que consiguió los cincuenta millones (no se si ha habido más ganadores) se enfrentó en una de las últimas preguntas a la siguiente cuestión: ¿Qué son los “otentotes”? El concursante se rió ante aquella pregunta y dio la respuesta sin tener que usar ningún comodín. Cuando el presentador, Carlos Sobera, le preguntó como es que sabía la respuesta a algo así (por los estudios que tenía no parecía probable que pudiera conocerla sin recurrir a algún comodín), su explicación fue que conocía la solución gracias a los tebeos de “Mortadelo y Filemón” ya que, en uno de ellos, los conocidos agentes de la TIA deben pronunciar una clave secreta para entrar al cuartel general y dicha clave era: “Esos tíos con bigote tienen cara de Otentotes”. Dicha rima le sirvió para atar cabos y llegar a la respuesta correcta. Aquí podeis ver el momento en que acierta la última pregunta. Y si algo tan casual le permitió conseguir los cincuenta millones… ¿por qué no le iba a pasar lo mismo al protagonista de la película? En definitiva, que ante la pregunta que se le hace al público, la única respuesta posible es:
d) estaba escrito

Tampoco nos llevemos a engaño. Para mí, “Slumdog millionaire” ha sido una sorpresa agradable pero no es sino la película que ha ganado los oscars este año. Como en tantas otras ocasiones, la vida comercial y el recuerdo que dejará en nosotros se desvanecerá poco a poco y dentro de un par de años ni siquiera tendrá cabida dentro de una conversación cinéfila sobre las mejores películas de los últimos tiempos. Su destino es el de “Chicago”, “Traffic” o el de “Crash”. Los mismos premios que las encumbraron las acabaron enterrando. ¿Quién se acuerda hoy de ellas?

domingo, marzo 08, 2009

WATCHMEN; Superhéroes sin glamour



Charlando con un compañero de trabajo acerca del look de “Watchmen” después de haber visto el trailer, ambos coincidimos en que era realmente atractivo pero, al mismo tiempo, que tenía algo raro. Aunque, en efecto, por lo que el trailer enseñaba parecía que estábamos ante una película de superhéroes, también quedaba claro que no era una película de superhéroes cualquiera. Huelga decir que ninguno de los dos habíamos leído el cómic ni sabíamos prácticamente nada sobre la historia que en él se cuenta.
Después de haber visto las dos horas y media de alucinantes y, en ocasiones hasta hipnóticas imágenes, que dura dicho film, puedo certificar que se trata, sin lugar a dudas, de la película sobre superhéroes más peculiar y personal que se ha rodado hasta la fecha. Su especial estilo narrativo, sus personajes y la historia en si, no admiten comparación con ninguna película del género que se haya estrenado en cine o en dvd. Sencillamente "Watchmen" es… distinta.
Esta peculiaridad, o rareza si lo prefieren, le valdrá un buen puñado de críticas (en el sentido negativo de la palabra) y probablemente una corta carrera comercial en nuestros cines pero, a pesar de ello, conseguirá convertirse en una película de culto que, a buen seguro, la situará finalmente entre los mejores ejemplos de traslación de unas viñetas al celuloide. Lo cual no es nuevo para su director, Zack Snyder, pues ya hizo lo propio con la obra gráfica de Frank Miller, “300”.

"Watchmen" se sitúa en un pasado alternativo que se bifurca de la realidad que conocemos aproximadamente en los años treinta. Es entonces cuando, fruto de un aumento de la criminalidad y de la violencia de esos delincuentes, un grupo de policías decide combatir el fuego con el fuego, usando la misma (o más) violencia que los infractores de la ley al amparo de unos disfraces que les convierten en algo parecido a lo que hoy conocemos como superhéroes.
¿Pero lo son realmente? ¿Pueden hacer honor a ese título personajes que no dudan en asesinar a esos delincuentes en lugar de detenerlos? ¿Pueden presentarse orgullosos ante el público y los medios de comunicación quiénes hacen de la tortura la mejor manera de conseguir una pista? ¿Podemos respetar y admirar a una gente que, en pos de hacer (su) justicia acaban provocando el caos y una destrucción sin precedentes?
Los superhéroes de Watchmen carecen de glamour. No son atractivos, ni su comportamiento es admirable. Su ética es más que cuestionable y las relaciones que se establecen entre ellos mismos, en principio miembros de un mismo grupo, están llenas de tiranteces, infidelidades y encontronazos. En realidad, algunos de los superhéroes de Watchmen no son sino supervillanos a los que una sociedad decadente y corrupta ha acabado por convertir en el mejor ejemplo de la justicia, en lo que no es sino una ironía del destino, una broma de mal gusto como bien sabe "El comediante", uno de los integrantes mas deleznables del grupo, que siempre luce en la solapa una chapa con una carita sonriente (un acid).

En el pasado alternativo de "Watchmen", los Estados Unidos han vencido en la guerra de Vietnam, Nixon ha sido reelegido tres veces presidente del país y la guerra fría con Rusia (con Cuba como aliada) está en su punto más álgido, con desplazamiento de tropas a las fronteras y misiles nucleares a punto de ser disparados. En este mundo caótico y paranoico un accidente tecnológico ha provocado la muerte y el renacer de un superhombre, que ha sido rebautizado como Dr. Manhattan y, cuyo advenimiento, es en gran medida el responsable del cambio en el curso de la historia tal y como la conocemos. Este ser, que maneja el tiempo (puede ver el futuro y el pasado) y el espacio (puede teletransportar personas, objetos o a si mismo a cualquier rincón del universo), que modifica la materia a voluntad y que además goza de una inteligencia privilegiada, es utilizado por el gobierno como un arma.
En lo que podría interpretarse como una parodia de acontecimientos mucho más recientes, este arma estadounidense acabará por provocar una gran masacre en territorio propio y, con ella, el nacimiento de una nueva era para el país y para el mundo.

Las lecturas de “Watchmen” tanto a nivel político como social son numerosas y cada espectador tendrá su propia opinión sobre lo que subyace bajo el espectáculo que nos sirve su responsable. Cualquier comentario a la salida del cine es posible después de verla salvo... “ha estado entretenida”.
"Watchmen" no es "300", ni Batman, ni nada por el estilo. Las dos horas y media de película pesan y el ritmo no está lo bastante ajustado como para que no haya momentos de cierto tedio. Si a ello le suamamos el concepto de “multiprotagonista” que ralentiza aún más la progresión de la historia en beneficio de ahondar en el historial de cada uno de los personajes (auténtica razón de ser del film), tenemos ante nosotros un film de difícil visionado, que acabará rápidamente con las expectativas de quiénes andaran buscando un simple espectáculo pirotécnico a lo "Transformers". Fans de "Hulk" y de "Spiderman", ahorráos vuestro dinero.

En el apartado técnico destacan los ticks de Snyder que comienzan a ser ya marca de fábrica; violencia exacerbada con mutilaciones incluídas en primer plano, salpicaduras y chorros de sangre, miembros humanos fuera de sitio, secuencias de lucha y acción montadas en una alternancia de cámaras lentas y rápidas, unas gotitas de sexo más o menos explícito,…

La conclusión que he extraído ante todo lo visto se resume en la inscripción grabada en el pedestal de una estatua que aparece en el escenario en el que tiene lugar el desenlace de la película, y que no es sino la cita de unos famosos versos del poeta Percy B. Shelley:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
Contemplad mis obras, oh poderosos, y abandonad la esperanza!”


Somos insignificantes en el universo y nuestra existencia no es sino una broma de mal gusto. Así que… ¿por qué no sonreir?

viernes, febrero 27, 2009

GRAN TORINO; La vejez de Harry Callahan


Si alguna vez se había preguntado qué fue de aquel policía de métodos expeditivos y mueca de repugnancia constante en el rostro llamado Harry Callahan (aka Harry, el sucio) acérquese a ver “Grand Torino” y lo descubrirá.
Cierto es que la última película de Clint Eastwood no continúa la saga iniciada por Don Siegel en los setenta y, en realidad, poco o nada tiene que ver “Grand Torino” con el género policíaco pero resulta casi imposible desvincular el personaje construido por el propio Eastwood con el de aquel mítico polizonte del magnum 44.

No creo que me equivoque si digo que, gracias al trailer promocional, muchos de aquellos que antaño eran el público más fiel de Clint van a acudir en masa al cine en busca de un reencuentro que les aleje de mediasnoches en jardines, puentes de Madison o nenas del millón de dólares y les devuelva a su añorado tipo duro.
Y a fe que no se van a ver defraudados pues el personaje que interpreta Eastwood en Grand Torino tiene todos los ingredientes de aquel elemento del que hablaba al principio; malencarado, rudo, violento, racista y con cierta chispa en sus hirientes comentarios.

No obstante, el Eastwood que dirige no pretende en realidad volver sobre aquéllos personajes de la misma manera. Más bien busca que sea su público el que regrese allí y, que de alguna manera, los que le han descubierto con sus últimas películas conozcan su otra cara. ¿Para qué? Para demostrarles a todos que, en el fondo, aquellos que le tachaban de reaccionario por interpretar a policías fascistoides lo son casi tanto como el mismo Harry Callahan. Para conseguirlo, Clint Eastwood plantea una historia bien sencilla.
Un hombre mayor está siendo el centro de todas las miradas en el funeral de su propia esposa. Además de la pérdida tiene que aguantar que todo el mundo parece haber perdido el respeto y las formas; el cura que lo oficia es un jovenzuelo que no le cae bien ni le inspira confianza alguna como párroco, sus hijos parecen más preocupados por saber si podrá valerse sólo que por reconfortarle (y de hecho no pierden tiempo en recomendarle un asilo), sus nietos se presentan en la iglesia vestidos como si fueran de marcha y, para colmo, la casa que hay junto a la suya acaba de ser ocupada por unos inmigrantes asiáticos que están de celebración, añadiendo un grupo más de inmigrantes a los muchos con los que ya tiene que convivir.
Este viejo cascarrabias llamado Walt Kowalski que interpreta el propio Eastwood no inspira compasión ni lástima, si acaso lo contrario. Su actitud para con los demás, sean de la familia o no, es siempre altiva cuando no directamente grosera. De hecho, la interpretación que hace Eastwood del personaje es prácticamente una caricatura, pues se pasa buena parte de la primera mitad de la película gruñendo y haciendo muecas de desagrado a cual más exagerada.
Las cosas cambiarán cuando, fruto de un intento de robo frustrado al coche (modelo Grand Torino) que guarda en su garaje, el viejo acabe relacionándose cada vez más con sus nuevos vecinos y, sin proponérselo surja una amistad, algo que no será bien visto por otros miembros de dicha comunidad y que acabará finalmente en una escalada de violencia, en gran parte provocada por el propio viejo.

Eastwood maneja perfectamente el tiempo de la película y, aunque nos presenta a su protagonista como un veterano de guerra, racista y malencarado, el viaje hacia posiciones más moderadas se lleva a cabo de forma suave, lo que se traduce en una agradecida credibilidad.
Dicho viaje se solapa con el aumento del nivel de violencia en la película. Se empieza con malas caras y gruñidos, luego pasamos a insultos y amenazas (atención a ese gesto característico de disparar simulando una pistola con los dedos), después a los golpes y finalmente a los disparos y cosas peores.
El personaje interpretado por Eastwood, cree haber dejado atrás todo lo que vio y vivió en la guerra. Escudado en su vejez, que de algún modo le protege porque nadie le considera una amenaza real, y en su propia bravuconería, se pasea por el barrio como si se tratara del dueño de la ciudad y, de alguna manera, actual como si de un justiciero se tratara. Da lecciones a los jóvenes sobre como deben comportarse o actuar, consejos sobre como cortejar a mujeres e insulta a aquellos que no parecen saber como se defiende a una chica (aunque estés en desventaja de tres contra uno).
Como buen republicano (se sobreentiende) lleva un arma consigo pero, he aquí el detalle, nunca se le ve usarla más que con fines disuasorios. Ni siquiera dispara un solo tiro; cuando lo hace es con sus inofensivos dedos formando la imaginaria pistola antes mencionada.
Sin embargo, cuando las cosas llegan demasiado lejos vuelve a aparecer el hombre que fue antaño, el soldado que tuvo que realizar cosas horribles (de alguna manera es como cuando William Munny se entera de la muerte de su compañero en “Sin perdón”). Al saber que debe involucrarse en una nueva guerra, a sus años, el viejo toma una decisión. Eastwood fotografía este momento con una luz tenue que apenas puede rasgar la oscuridad total en la que su personaje se ha hundido. De ella emergerá lo que todo el público estaba esperando, un héroe, un vengador, un vigilante del barrio que ponga las cosas en su sitio. Antes de darnos cuenta todos estamos deseando que el viejecito desempolve un magnum 44 y la emprenda a tiros con todos los hijos de puta que se han instalado en los alrededores. Todos queremos que vuelva Harry.
Pero Harry no vuelve y Eastwood nos da una lección a todos. Los años de juventud han pasado y tan solo es un viejo, cansado y enfermo. Su actitud y su forma de ser no han traído sino problemas a todos.
El Grand Torino, que el viejo cuida y mantiene impecable a pesar de no utilizarlo nunca (se desplaza en un cacharro casi tan viejo como él), representa la juventud perdida y la libertad. Una libertad, o liberación, que tan solo se alcanzará al final, cuando por fin el mítico coche circule de nuevo por las calles de la ciudad.

lunes, octubre 13, 2008

SITGES 16- DEAD SPACE (PERDITION)


Me cuesta hablar de Dead Space (perdition) como si se tratara de una película, la verdad. Meterla en este saco del Festival me resulta un tanto incómodo porque de alguna manera es como si la equiparara con el resto de films presentados en el certámen y, sinceramente, por malos que hayan sido algunos todos ellos son películas con todas las letras, algo que dudo que pueda aplicársele a Dead Space (perdition).
El por qué se incluyó este film entre los pases de prensa del Festival todavía es un poco extraño. El director del certamen vino a comentar justo antes del pase que se trataba de algo así como una experiencia pionera para el Festival de cara a unir cada vez más dos mundos que, en definitiva, estaban muy próximos entre si; el del cine y el de los videojuegos de última generación.
Sin contradecir esto último, que creo que hay mucho de verdad en ello, lo cierto es que todo el tinglado sonaba más a una estrategia promocional de la que tanto el Festival como los responsables del juego en España iban a salir beneficiados, que a una intención verdadera de crear una sección paralela o algo semejante de cara al futuro.

Para los que no lo sepan, Dead Space es un videojuego para consolas y para PC que se comercializará a partir de finales de este mes de octubre. Dicho juego bebe en gran medida de algunas de las mejores películas de ciencia ficción de las últimas décadas, como puedan ser Alien, Horizonte final, Atmósfera cero o La cosa, lo cual lo hace tremendamente atractivo para todos los que somos fans del cine en general y del cine de ciencia ficción en particular.
Así pues, a los señores responsables de dicho producto, se les ocurrió la brillante y lucrativa idea de crear expectativa (y más dinero) creando un cómic y una película que sirvieran como precuelas para el videojuego en si. Y así es como llegamos al pase de prensa del que hablábamos.

La película, si es que la podemos llamar así, resulta bastante incomprensible para alguien que no esté ya familiarizado con los conceptos del videojuego y no por que no se entienda, que no es eso, sino porque se nota que forma parte de algo que no se ha visto (el cómic) y carece de desenlace porque para conocerlo hay que jugar el videojuego. Es en definitiva, un vídeo sin principio ni fin en el que seguimos a una especie de aguerrida cosmonauta eliminando a una especie de zombies mutantes del espacio por el interior de una nave espacial durante, algo así como una hora.
Con este guión (si es que se le puede llamar así) y unos dibujos bastante toscos (propios de cualquier serie de anime que estén pasando actualmente por la tele) el resultado final ni siquiera invita a jugar al videojuego, de hecho, flaco favor le hace a aquellos que nunca hubieran oído hablar de él porque si su primera toma de contacto es haber visto la película, creo que se les quitarán las ganas de ir a la tienda a comprarlo. Osea que, como película mal y como campaña de promoción fatal.

¿Si no supiéramos que se trata de un producto ideado para vender un segundo producto lo hubiese mirado con otros ojos? Lo dudo. Vaya por delante que la película no se estrenará en cines en nuestro país (ni creo que en ningún otro) y que saldrá al mercado directamente en Blu-ray y DVD aunque comercializándose por separado del videojuego, lo cual resulta bastante extraño dada la bajísima calidad de la producción. Lo cierto es que, después de todo, si que han conseguido generarme una expectativa con todo esta campaña de marketing: ¿cuántas copias de la peliculita serán capaces de vender?

miércoles, octubre 08, 2008

SITGES 10- MARTYRS


Martyrs era probablemente la película más esperada del Festival de Sitges. Presentada ya en otros certámenes como el de Toronto, la brutalidad y violencia que desprendían sus imágenes venía precedida ya por los avisos agoreros de la propia organización de éste Sitges 2008. Y a fe que han dado en el clavo.
A pesar de que ningún dia de la semana se ha hablado más del Festival en los medios que el de la ya famosa cancelación de Repo! por temor a la piratería, Martyrs también ha conseguido su cupo de fama gracias a que, al parecer, alguien entre el público no pudo conseguir retener el desayuno en el estómago. Además, la organización habla de decenas de personas abandonando la sala y, si a eso le sumamos que habían colocado una ambulancia en la puerta del auditorio “por si acaso”, ya tenemos el pastel servido.
En el fondo, todo un puro espectáculo montado para provocar al espectador y que al Festival le viene muy bien como publicidad. Pero expliquemos qué es Martyrs.
Aunque la película se presenta inicialmente como la historia de una venganza (la de una joven que de niña fue secuestrada y agredida brutalmente), pasada una hora de metraje la historia se torna un "torture porn" al uso. Y lo digo así de claro: TORTURE PORN.
El director del film, Pascal Laugier, pretende hacernos creer que su film es una especie de profundo e intelectual tratado sobre el dolor y el sufrimiento y, en rueda de prensa, incluso tuvo el desparpajo de decir que se sentía mal cuando la gente aplaudía su película. Sin embargo, lo que hay en Martyrs es tan solo la búsqueda de una excusa para rodar lo que tantas veces hemos visto ya en el cine de horror, es decir, la enésima tortura a una chica joven. Aquí la excusa es que una especie de secta pretende averiguar si, a través del dolor físico, se puede de alguna manera trascender o incluso transmutar a un estado de conciencia distinto, como si se tratara de una epifanía o algo de carácter místico. Pero es curioso… tan cultos investigadores del alma no han encontrado mejores maneras de causar daño que las que hemos visto, sin ir más lejos, en la mediocre Hostel de Eli Roth. No se les ocurre envenenar a la joven, no se les ocurre hacerla enfermar o drogarla, o pasar hambre, etc,… No, tiene que ser lo de siempre: tandas de puñetazos, desollamientos, mutilaciones… Y por si todo esto fuera poco cliché del torture porn (insisto), no falta la silla a la que la chica está atada y lo mejor de todo, ¡que la víctima tenga que ser precisamente una chica joven! Y aun tienen el descaro de decir para justificar esto que esta transmutación de la que hablaba antes parece que solo funciona con las mujeres jóvenes. ¡El colmo! Y se sorprende el señor director de que la gente aplauda cuando acaba su película... Mire, tan solo hay dos motivos para aplaudir Martyrs, el de alegría porque por fin acabó o el de regocijo por haber disfrutado de lo visto (osea que le aplaude el mismo tipo de público que hace sonar las palmas cuando en Audition la chica la emprende a clavar agujas en los ojos de su víctima). Aplausos de alivio de los que no han disfrutado con la violencia representada de forma tan gráfica y aplausos de agradecimiento de esa porción (grande) de público habitual en Sitges que busca la atrocidad definitiva. ¿Para sorprenderse o avergonzarse? Usted sabrá que ha hecho la película, señor Laugier.
Lo más gracioso de todo es que en la rueda de prensa a algún iluminado se le ocurrió mencionar a Foucault como posible influencia del director, entiendo que por sus pensamientos y reflexiones sobre el uso del poder aunque, vayan a saber, ¡lo mismo era sencillamente porque también era frances! En fin, para alucinar.
Pero no me malinterpreten. Martyrs consigue lo que se propone, que no es aleccionar al espectador ni hacerle reflexionar ni nada parecido, por más que Laugier quiera hacernos creer que sí. Martyrs consigue ponernos los pelos de punta y apartar la mirada de la pantalla para tratar de sobrevivir al horrible espectáculo que nos presenta (básicamente en su tramo final). En este sentido, su película es tremendamente efectiva y para los amantes de este tipo de cine una auténtica joya, como lo pueda ser la ya mencionada Hostel o la ganadora del año pasado A l’interieur o la famosa serie de mediometrajes Guinea Pig, por mencionar algunas.
Además, Martyrs viene a sumarse a la que ya puede ser considerada la Generación del Horror en Francia, que durante los últimos cuatro o cinco años parece haber engendrado un movimiento similar al de los gialli en Italia en los setenta y que ya cuenta con sus propios directores destacados, empezando por Alexandre Aja al que podríamos considerar el iniciador del movimiento con su Haute Tension.
Horror, sí. Gore, por supuesto. Esto es, como dicen los americanos, "a violence celebration". ¿Una película profunda para reflexionar y blah, blah…? ¡A otro perro con ese hueso, señor Laugier!

martes, octubre 07, 2008

SITGES 08- EDEN LAKE


“Gótico americano”, además de una célebre pintura, es como se conoce a las películas (fundamentalmente de los años setenta y ochenta) que tratan sobre como gente de ciudad se ve en serios apuros cuando se le ocurre pisar de forma incauta el mundo rural de la América profunda. Desde Psicosis hasta La matanza de Texas o Deliverance, todas ellas han servido para que se forje en nuestro imaginario colectivo la idea de que, en Estados Unidos, es mejor no alejarse demasiado de las urbes si es que uno no quiere acabar siendo pasto de alguna familia disfuncional, endogámica y caníbal.
Por otro lado, todos hemos podido ser testigos gracias a las noticias de televisión, de cómo la grabación de palizas y peleas por parte de nuestros adolescentes se está convirtiendo en una moda perversa. Ya sea con cámaras de video domésticas o, más habitualmente, con las cámaras de los teléfonos móviles, todo tipo de agresiones tanto a compañeros estudiantes como a indigentes o personas en general, son grabadas y colgadas en Internet como proezas.
Pues bien, la suma de estos dos conceptos es lo que nos brinda Eden Lake.
Por un lado tenemos a una pareja de enamorados que deciden abandonar por unos dias su ciudad y dirigirse a un lago remoto en el que el hombre tiene pensado pedir matrimonio a la mujer. En el otro lado, tenemos a un grupo de adolescentes bastante malencarados (con perro rottweiler o similar incluido) que desde el primer momento deciden incordiar y molestar a la pareja como forma de diversión y también como una manera de marcar el territorio (ellos viven en el pueblo de al lado del lago y lo utilizan para reunirse a fumar, beber y maltratar animales). Unos angelitos, mire usted.
Obviamente, y como no podía ser de otra manera en una película de este tipo, el enfrentamiento entre la pareja y el grupo de gamberros no tardará en ir subiendo de nivel, alcanzando su punto de giro cuando los chicos deciden robar el coche de la pareja, lo cual deriva en una pelea con navajas incluídas en la que acabará muerto el maldito perro. Y hasta aquí puedo leer aunque la deriva brutal y violenta que emprende la película a partir de ese momento es fácil de imaginar.
Pero siendo esta la enésima película que aborda una situación similar (ya hemos visto que existe hasta un concepto que las engloba) ¿qué aporta Eden Lake? Podríamos ver en ella una denuncia o crítica al tema de las palizas y su grabación en móvil. O también podríamos ver una película más de entretenimiento para los que gustan de emociones fuertes. Un servidor cree que en el fondo es bastante más lo segundo que lo primero aunque, debo reconocer que la parte final de la película arroja un mensaje claro y que, en gran medida comparto. ¿Son tan violentos nuestros adolescentes? ¿Y de dónde procede toda esa rabia? ¿No será más bien que se limitan a copiar lo que han visto en casa? Y más importante aún ¿no será culpa nuestra por sobreprotegerlos?
Un último apunte. Aquellos que aún no tengan claro qué es un psicópata y sigan confundiéndolo con los asesinos en serie, que se acerquen a ver esta película y observen al cabecilla de los gamberros. No hay mejor definición.

SITGES 02 -CROWS ZERO


Si hay alguien que no puede faltar en Sitges, aunque no nos brinde su presencia física, ese es Takashi Miike. Desde que sorprendiera a todos con la estremecedora “Audition” y revolviera hasta el último de los estómagos con “Ichi the killer”, no hay edición del Festival en la que no haya al menos una película suya proyectándose, ya sea dentro o fuera de las secciones oficiales.
En esta ocasión se trata de una adaptación del manga japonés de Hiroshi Takahashi, Crows, y que en la película lleva añadido el subtítulo de “Episodio cero” debido a que la historia que nos explica sucede justo un año antes al momento en el que da comienzo el manga original.
Los que esperen encontrar en este film la casquería habitual del director de “Llamada perdida” se van a ver muy decepcionados. No es que estemos ante un film ajeno a la violencia ni mucho menos; apenas hay un fotograma en el que alguien no esté propinando o recibiendo una brutal paliza, sin embargo la puesta en escena y la intención del director no está tan próxima al gore como al cine de acción, subgénero peleas (si es que tal cosa existe). En el fondo, estamos ante una película que se encuentra más próxima a la ingenua Karate Kid que a la explícita Battle Royale, por más que aparentemente sea una especie de versión light del film de Takeshi Kitano.
La trama gira en torno a un instituto en el cual nadie estudia y, de hecho, nunca se da clase (en la película tan solo se ven profesores en los primeros cinco minutos). El centro en si es tan solo el lugar de reunión para unos alumnos adolescentes que sencillamente se pasan las horas lectivas peleándose para alzarse con el título de Rey del instituto, algo que nunca nadie ha conseguido. Y aquí es donde interviene Genji, el hijo de un jefe yakuza que decide conseguir dicho título ya que su padre le ha prometido que si lo logra le cederá su puesto en la organización.
A partir de este planteamiento sería muy sencillo entrar en la dinámica de una sucesión de peleas en masa o de uno contra uno aumentando cada vez la dificultad o la violencia. O convertir la película en una batalla a muerte con sangre por todas partes, como hizo Kitano. Pero vete aquí que Miike da un vuelco a la propuesta y convierte la película en un drama juvenil con momentos musicales y mucho, mucho humor. Tanto es así que en ocasiones, da la sensación de que lo que estamos presenciando es en realidad una comedia.
Aunque Genji, el protagonista, es un luchador consumado, pronto aprende que no podrá hacerse con el instituto entero si no lleva a cabo alianzas con los líderes de otras aulas y, para ello, trabará amistad con un mafioso de una banda rival que le enseñará otros medios distintos a la violencia con los que llegar hasta el poder. La relación que se establecerá entre ambos les brindará a los dos la posibilidad de enriquecerse personalmente con las enseñanzas del otro. Uno comprenderá que para llegar a la cima no basta con ser el más fuerte y que se puede conseguir más con un apretón de manos que con un puñetazo (el mismo Gandhi se sentiría orgulloso), mientras que el otro podrá redimirse por su comportamiento cobarde y recuperar una etapa de su vida a la que debe su vergonzosa profesión actual.
Divertirdo, violento, emocionante y fresco. Así es el espectáculo que nos sirve Miike con este Crows Episode 0. Y si alguien cree que hay demasiada violencia y que se trata de un film que podría ser no apto para nuestros adolescentes, es que no se ha parado realmente a meditar sobre los muchos valores y enseñanzas que emanan de esta película que además tiene un formato transgresor idóneo para que resulte incluso educativa. Y lo mejor de todo es que ningún padre tendrá que recomendársela a su chaval de quince años. Sus imágenes serán reclamo más que suficiente.

NOTA: la película no se exhibirá en nuestras salas a pesar de haber sido la número 1 en la taquilla de Japón y haber recaudado en su primer mes de exhibición 16 millones de euros. En España se editará en DVD y se comercializará a partir del próximo 14 de octubre.

lunes, agosto 04, 2008

DOOMSDAY; APOCALIPSIS POSTMODERNO


Pocas ideas han resultado más rentables para el cine reciente que la de ponerle tetas a Indiana Jones. Desde que apareció el primer videojuego de Tomb Raider con la curvilínea Lara Croft corriendo, saltando y, sobretodo, gateando, no han parado de surgir heroínas sexis que más tarde o más temprano han dado su salto a la gran pantalla, o han sido creadas directamente para ella. ¿No había heroínas antes? Sí. Probablemente los mejores ejemplos los encontraríamos en las películas de James Cameron donde, de alguna manera, ya se comenzaba a intuir un cambio de rumbo en el aspecto que debía adoptar el futuro héroe de acción. Tanto Sarah Connor, la protagonista de la saga Terminator, como la teniente Ripley (especialmente en Aliens, el regreso) apartaban al héroe musculitos y machito de turno para erigirse en las auténticas salvadoras del mundo. El problema era que Cameron las equiparaba de una forma total al cánon masculino de héroe haciendo desaparecer casi por completo su feminidad. La Sarah Connor de Terminator 2 es un bloque de hielo fibrado y mortal. La Ripley de Aliens ya no es la vulnerable damisela de la primera hora de Alien pero tampoco la aguerrida superviviente de la segunda y última hora. Cameron la transforma en la más dura de los marines manteniendo únicamente el punto femenino al compararla con una auténtica machorra que incorpora al destacamento que protagoniza el film (la teniente Vasquez).
Ahora, realizar una película de acción y aventura, o incluso de terror, con una mujer que no sea al mismo tiempo un arma letal y una belleza escultural, es sencillamente impensable. Desde la ya mencionada Lara Croft, pasando por Aeon Flux, Bloodrayne, Underworld, Serenity, Ultraviolet, Sr. y Sra. Smith, Resident evil, Los Angeles de Charlie o la inminente Wanted, todas ellas disponen como principal baza de una chica de armas tomar. Los tiempos de Schwarzenegger, Van Damme o Steven Seagal han pasado. De tanto en tanto trata de abrirse camino un nuevo supermacho como Vin Diesel o Jason Statham pero a duras penas han conseguido llamar la atención y en el fondo no dejan de ser la excepción que confirma la regla.
Y así llegamos hasta Doomsday, la película que nos ocupa hoy. ¿Y de qué se trata? Pues del pastiche postmoderno llevado a la enésima potencia. Es decir, un cúmulo tal de referencias a películas más o menos modernas que permite al espectador cinéfilo estar casi en sonrisa constante al irlas reconociendo; Rescate en Nueva York, 28 días después, Mad Max,… son probablemente las más evidentes.
La trama, no está exenta además de una cierta dosis de crítica política. Ese Reino Unido que, ante la amenaza de un contagio, da la espalda a sus propios conciudadanos del norte del pais (los escoceses) encerrándolos tras un muro para que mueran a pesar de ponerse en contra a toda la comunidad internacional.
Todo el argumento de la película se desarrolla a partir de aquí, cuando años más tarde, habiéndose propagado el virus más allá de las fronteras de ese muro, el gobierno envía a un grupo de soldados en busca de una posible cura, capitaneados éstos por la heroína de turno (de ahí los primeros párrafos de esta entrada) que resulta ser además una freak (le falta un ojo y lleva una especie de cámara en su lugar) escocesa de las pocas que quedó en el lado británico del muro cuando éste se cerró.
Yo debo confesar que, a pesar de la escasa originalidad de la propuesta, el director Neil Marshall consigue sacar oro de ella. Al menos en algunos momentos. Prácticamente me dieron ganas de aplaudir en la sala cuando, ante una escena en la que un grupo de neopunks caníbales están cocinando a un tipo, se hace sonar uno de los temas más conocidos de Fine Young Cannibals.
Peleas, tiroteos, persecuciones y demás parafernalia están rodadas de forma magnífica a pesar de contener un halo de serie b en el que todo el mundo parece sentirse comodísimo y que, lejos de disimularse, se potencia. Si el prólogo de la película parece invitarnos a tomarnos la propuesta con seriedad, Marshall se encarga rápidamente de hacernos entrar en el sendero correcto con ese ojo-cámara del que hablaba antes. Y una vez ya sabemos a qué atenernos no podemos sino disfrutar con este carrusel de violencia y adrenalina casi constante que tan solo se ve frenado, en mi opinión, en la larga secuencia del castillo medieval. Un pretendido punto sorpresa que se echó a perder con los trailers del film y que, después de una charla con el personaje que interpreta Malcolm McDowell, no busca más que meter a la protagonista en una especie de Justa con un caballero armado con una maza de desenlace más que previsible. Lo cual aún justifica menos su duración.
Aunque con un final algo críptico, en el que no se sabe si el director pretende abrir una nueva franquicia, o reafirmar el personaje de la protagonista como una hija de Escocia que se reconoce como freak entre los despojos que quedan de su tierra, la película se disfruta y como entretenimiento no tiene desperdicio (salvo los ya comentados). Por eso os animo a que la veáis y me digáis qué os ha parecido. Y conste que he dicho que la veáis, y no necesariamente que vayáis al cine. Que no quiero que me digáis luego que os gastasteis el dinero y no os hizo gracia.

lunes, marzo 03, 2008

PELICULAS DE CARRETERA

No se en qué momento o con qué película se abrió la veda, pero lo que está claro es que el primero a quién se le ocurrió ha creado toda una tendencia que se ha explotado desde diferentes perspectivas. Me refiero a las películas que comienzan con un viaje por carretera que acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla para sus protagonistas, ya sea por elegir el camino incorrecto, por toparse con quien no debían o como simple castigo por su prepotencia, su inconsciencia o su moralidad.

La mayoría de las películas de viajes por carretera (road movies) son americanas. Y hay una razón de peso para que así sea. En Estados Unidos las distancias por carretera son muy largas. Realizar un viaje por carretera atravesando varios estados lleva días y, a menudo, se recorren largas distancias por paisajes áridos o boscosos pero con poca o ninguna presencia humana. Un viaje por carretera atravesando la profundidad de América puede ser, en realidad, una auténtica aventura. Parajes desolados o desérticos, bosques sin fin, gasolineras herrumbrosas sin combustible para servir, pueblos desvencijados y abandonados, carreteras secundarias que no conducen a ninguna parte, moteles de mala muere con hoscos recepcionistas, autoestopistas siniestros, camioneros sospechosamente amables, moteros con ganas de bronca y paisanos poco amigos de forasteros. Esta es la flora y la fauna que brota y se desliza por los fotogramas de estas películas. Desde Giro al infierno hasta Breakdown, desde Nunca juegues con extraños hasta Jeepers Creepers.
Es por ello, que quienes se embarcan en esa odisea, ya sea volviendo al hogar o a su universidad o con un concierto de rock como meta, abandonan la seguridad de su mundo y se adentran en un inhóspito terreno del que resurgirán (o no) cambiados. Puede que pasen de la tristeza a la alegría (Thelma & Louise), del egoísmo a la generosidad (Rain Man), de la debilidad a la fortaleza (El diablo sobre ruedas), del enamoramiento a la separación (Dos en la carretera) o, sencillamente, de vivos a muertos (La matanza de Texas).

En cualquier película de carretera, ya sea de terror o no, hay tres elementos que no pueden faltar y que son fundamentales para comprenderla. Por un lado están los viajeros, que son los sujetos sobre los que se obrará el cambio. En segundo lugar está el vehículo, herramienta que les conducirá del estado inicial al estado final. Y en tercer lugar estaría el “otro”, que en este tipo de películas funcionaría como punto de giro inicialmente, es decir, desencadenante del cambio de rumbo que tomará la historia en sus primeros compases y, a la postre, como catalizador de la metamorfosis de los viajeros.Utilizando algunos de los ejemplos de arriba lo comprobaremos.
En "Thelma & Louise" las chicas protagonistas son una camarera incapaz de comprometerse y una ama de casa mujer de un memo machista. Ambas emprenden juntas su viaje en un Thunderbird verde descapotable (no por casualidad), un coche cuya línea y color huelen a libertad (destino final de la pareja). El “otro” en esta historia sería Harlan, el tipo que intenta violar a una de ellas y que desencadena el cambio de rumbo del viaje; las chicas pasan de tomarse un respiro de sus lúgubres vidas de amas de casa a huir por completo de ellas y recuperar su independencia (a un alto precio).
En Rain Man, los protagonistas son dos hermanos muy distintos que no se veían desde que eran niños. Uno es autista con graves problemas de comunicación y el otro es un vendedor de coches cuya principal herramienta de trabajo es su labia, por lo que se siente frustrado ante la imposibilidad de usar su mejor arma con su compañero de viaje. El coche en esta ocasión es un símbolo, ya que fue en gran medida el causante de la separación de ambos (lo que entonces les separó, ahora les une). El “otro” en este caso se manifiesta en las limitaciones de Raymon (Dustin Hoffman), el autista, y en su miedo a volar, lo cual obliga a que el viaje se desarrolle por carretera dilatando el tiempo lo suficiente para que el personaje que interpreta Tom Cruise aprenda a apreciarle y a aceptarle como es.
En El diablo sobre ruedas, el protagonista es un comercial (¿?) aburrido y pusilánime que se ve obligado a realizar un viaje de negocios por carretera con su barato utilitario. En esta ocasión, el coche simboliza el escaso empuje del protagonista y su estatus, cobarde, huidizo e impotente (el coche comienza el viaje con un problema mecánico al que el protagonista no da importancia hasta que es demasiado tarde). Aquí el “otro” es ese camión que pone a prueba los nervios del protagonista y le obliga a coger las riendas de su vida y enfrentarse a sus problemas y miedos en lugar de huir de ellos.
Por último, en La matanza de Texas, los protagonistas son unos jóvenes típicos de la época en la que tiene lugar la película (hippies y liberales) que viajan en una furgoneta (símbolo también de la época y que además da cohesión al grupo, pues es un vehículo que permite hacer vida dentro de él). El “otro” es ese autoestopista que recogen, fieles a sus ideales de bondad y felicidad y que, a la postre, acaba resultando la condena a muerte para la mayoría de ellos. Sus ideales son aplastados y la única superviviente deberá renunciar a ellos para sobrevivir.

Aunque como hemos podido comprobar no solo las películas de terror se nutren de las historias de viajes por carretera (Pequeña Miss Sunshine, Paris-Texas o Una historia verdadera serían más ejemplos), sí que es éste género (y el del thriller con asesino) el que con más asiduidad ha echado mano de este tipo de tramas: Km 666, Wolf Creek, Death Proof, Kalifornia, La casa de los mil cadáveres,…
Su estructura de viaje interrumpido o reconducido por un elemento externo ajeno a la cotidianeidad de los protagonistas, la hace ideal para construir historias terroríficas de superación y supervivencia. Sin embargo, la fórmula parece agotada y los mejores ejemplos de este tipo de cine que nos llegan son remakes de películas de hace veinte o treinta años (los casos de Las colinas tienen ojos o de Carretera al infierno, por ejemplo).
Las excepciones las encontramos en películas que hibridan géneros y que rompen con esta estructura, pero los casos se cuentan con los dedos de una mano. Los más significativos, en mi opinión, vendrían de la mano de David Lynch que en Corazón Salvaje consiguió dar una nueva vuelta de tuerca a las road movies y, aunque de una manera mucho más retorcida y antiestructura. También citaría Carretera perdida, aunque aquí la carretera se nos manifieste como una forma de representar la psique del protagonista y sus demonios interiores.

Mientras continúa el incansable goteo de películas de horror (y horribles, a tenor de la calidad que exhiben la mayoría de ellas) sólo nos queda esperar el resultado de la última adaptación de una novela de Cormac McCarthy cuyo título es, precisamente "La carretera", en la que un padre (Viggo Mortessen) y su hijo, recorrerán un paisaje post-apocalíptico a bordo de un coche que será asediado por ¿humanos? hostiles. Que la película se base en la novela del, muy de moda, autor de "No es pais para viejos" parece una garantía. Veremos si vale la pena la espera.

lunes, febrero 25, 2008

BODIES... THE EXHIBITION; LA MUERTE OS SIENTA TAN MAL


Cuando el Joker secuestra a Vicky Vale y se la lleva al museo de arte en el primer Batman (el de Tim Burton), hojea delante de ella su album de fotos menospreciando su trabajo hasta que, de repente, llega a una página en la que hay varias fotografías de cadáveres que la joven periodista llevó a cabo en el escenario de una guerra. El Joker, maravillado ante esas fotos la felicita y, poco después, le comenta que él mismo también es un artista. Un artista que hace arte cuando alguien muere. Ya sea quemándolos con ácido, electrocutándolos o intoxicándolos con cosméticos que dejan cadáveres sonrientes.
Otro personaje algo más real llamado Ed Gein, mató a varias personas en su localidad y, con sus restos, fabricó todo tipo de instrumentos y mobiliario no exentos de cierta inquietud artística. La labor de este demente dio lugar a varias películas ("Ed Gein" y "La matanza de Texas", por ejemplo) en las que se destacó siempre esta faceta artística del personaje.
El asesino Hannibal Lecter de "El silencio de los corderos" también tiene su faceta artística. A pesar del estrés que debe causar el llevar a cabo una fuga, se permite perder el tiempo crucificando a uno de su carceleros de tal manera que parezca una mariposa con las alas abiertas. O matar a un delator recreando el ahorcamiento con las tripas fuera de un histórico traidor de la Florencia renacentista.
Queda claro pues, que lo de hacer arte con la muerte es algo que se ha explotado en el cine y, al parecer, ahora también fuera de él.
La exposición “Bodies… the exhibition”, muestra una serie de cadáveres (y pedazos de cadáveres) en distintas vitrinas y pedestales con sus órganos internos a la vista para disfrute y deleite de quienes quieran contemplarlos. Obviamente, una exposición como esta requería de una coartada altruista para ser presentada, y es por eso que oficialmente la muestra se vende como una forma de observar el cuerpo humano como nunca se había hecho antes. Una excursión que ningún colegio puede perderse por su alto nivel educativo, por ejemplo. No obstante tantas buenas intenciones, la entrada normal no baja de 18 euros. Y en el fondo es justo. Se vende como museo pero se paga como espectáculo. Lo que realmente es.
Un servidor fue a ver dicha exposición el pasado fin de semana y, después de meditar sobre lo que allí había, solo puedo decir que en la mayoría de piezas nunca me sentí más lejos de acercarme al cuerpo humano.
Me explico. El tratamiento al que han sido sometidos esos cuerpos hace que lo que realmente vemos sea más parecido a unos sofisticados maniquíes que a una persona muerta. La elasticidad, el brillo, la textura,… todo se ha perdido. Solo quedan la forma y los volúmenes (que tampoco son reales debido a que el líquido que inyectan a los cuerpos les da una rigidez de la que carecerían, como amablemente explica una de las trabajadoras de la exposición que te ofrece la posibilidad de coger y tocar un hígado tratado con la sorprendente solución plastificadora).
A pesar de que algunas de las piezas, sobretodo la sección de fetos, llevan un aviso sobre su posible capacidad de sugestión por si alguien no quiere mirarlos, lo cierto es que la sensación que produce la contemplación de casi todo lo que hay allí es la misma que la que tendríamos al ver un puñado de muñecos a tamaño gigante del clásico juego de Anatomía. Tanto es así que ni siquiera se han cuidado de intentar mantener limpios los cuerpos, y puede apreciarse perfectamente el polvo que se acumula sobre ellos, como si de simples trastos se tratara. La mayoría de ellos, ni siquiera están preservados dentro de urnas sino que cualquiera puede acercarse y tocarlos (lo cual ocurre a menudo a pesar de los cartelitos que ruegan que no se haga).
¿Qué pretendía realmente el autor de esta exposición? ¿Enseñarnos el cuerpo humano tal y como es por dentro? Lo hemos visto en documentales y en recreaciones en 3d que, visto lo visto, resultan más reales que la propia realidad que el autor de Bodies nos propone. ¿Es arte entonces? Si es así, hemos cruzado la frontera que el propio H.R. Giger no había saltado aún.
Si el austríaco modela esculturas con cráneos y huesos que en realidad son de materiales sintéticos o de animales, el autor de Bodies se ha arriesgado finalmente con la materia humana real. La única barrera ¿autoimpuesta? ha sido darle a todo ello un trasfondo científico y una coartada ética que además viene avalada por el compromiso a incinerar los cuerpos una vez haya acabado la exposición. ¿Pero seguro que no estamos ante el inicio de una nueva tendencia artística? Los cuerpos que vemos en Bodies fueron donados y se permitió que fueran sometidos a la técnica que ha permitido conservarlos de esta manera. ¿Significa eso que, donación mediante, habrá nuevas exposiciones con fines puramente estéticos o artísticos? ¿Podré yo mismo donarme para que un artista con menos escrúpulos haga de mi cuerpo una obra de arte imperecedera? ¿Reaccionaríamos igual ante una lámpara fabricada con huesos y piel humana si su artífice fuera un asesino demente que si fuera un artista consagrado? Si la respuesta es no, entonces falta muy poco para que veamos la secuela de Bodies. Y seguro que será mucho más interesante.

jueves, enero 17, 2008

CUENTA ATRAS Y EL SAMBENITO DE LOS JUEGOS DE ROL


Hace algunos años Javier Rosado en compañía de su amigo menor de edad, Felix, atacaron al conductor de un autobús agrediéndole de forma brutal y acabando con su vida. Cuando al poco tiempo fueron detenidos debido a la nula capacidad de arrepentimiento de Rosado y a sus constantes muestras de alarde por la “proeza” cometida, el asesino reveló que lo hizo porque quería saber qué se sentía.
A pesar de ser declarado culpable, condenado y sometido a tratamiento psiquiátrico, los medios de comunicación y periodísticos de este país se encargaron de difundir la idea de que el asesinato había sido planeado como un juego de rol. Un juego de rol que, según se supo, solo existía en la cabeza de Javier Rosado y que muy poco, por no decir nada, tenía que ver con los auténticos juegos de rol que todos los que hemos jugado conocemos. Por supuesto también se añadió que era muy aficionado al cine de terror y al gore (pero de eso hablaremos otro día).
El caso es que desde que se plantó aquella semilla no han dejado de brotar nuevos casos en los que automáticamente se declara culpable a los juegos de rol poniéndonos bajo sospecha a todos los que somos o hemos sido aficionados a ellos; que fulano está en una secta… es un juego de rol! que ha aparecido un cadáver con una carta al lado… es un juego de rol! que han profanado una tumba y han hecho un caldo con los huesos… es un juego de rol! y así sucesivamente. Vamos, que mañana se romperá el cuello una vieja al pisar una piel de plátano y seguro que la maldita fruta era jugadora de rol!!
¿Pero a qué viene todo esto? Pues a que el sambenito del rol como inductor de actividades criminales está ya tan metido en nuestro folclore que, ayer sin ir más lejos, los guionistas de la serie “Cuenta atrás” no tuvieron inconveniente en dejar caer esa hipótesis en el caso que centraba la acción del episodio.
Nunca he visto la serie (pues con los avances publicitarios he tenido bastante) pero soy jugador de rol desde hace años, tengo conocimientos de guión y dirección cinematográfica y además soy criminólogo. Resumiendo, que tengo pleno conocimiento de todos los ámbitos que convergen en este asunto y sólo puedo decir que esos guionistas (o productores, me da igual) deberían plantearse las consecuencias que sobre el público pueden tener las historias sobre las que escriben. Como digo no ví el episodio y quizá lo del juego de rol es una hipótesis que se descartó en seguida en el transcurso del mismo, pero el mero hecho de nombrarlo vuelve a traer el dichoso temita a colación y creo que ya está bien.
Los jugadores de rol no son asesinos. Son gente, mayoritariamente joven, con inquietud cultural. Sociables, inteligentes y amistosos. Los juegos de rol no solo no matan a nadie sino que se utilizan en pedagogía y como terapia en psicología, además de estar cada vez más presentes en la formación de distintos tipos de profesionales.
Los juegos de rol tuvieron su auge a finales de los ochenta y principios de los noventa. Hoy apenas sobreviven junto a los juegos de cartas coleccionables. Sin embargo, y a pesar de este olvido progresivo en el que han caído, está claro que siguen siendo muy socorridos a la hora de crear polémica. Y si alguien tiene alguna duda que lea el libro de Jesús Palacios.
¡Basta ya!

PD: ya está colgado el segundo post de The last ones. No pierdas el hilo. ;)

lunes, enero 14, 2008

HITMAN; Otro videojuego que muerde el polvo


A pesar de los lamentables resultados obtenidos, continúa el goteo de películas inspiradas/basadas en videojuegos de éxito.
Lejos queda ya aquel primer intento que, de alguna manera, ya debió servir como lección a productores y cineastas. Me refiero al pase a la gran pantalla de “Super Mario Bros”. Si aquel debut del videojuego ya fue nefasto, el efecto ha resultado se el contrario al lógico, es decir, en lugar de paralizar el tema de las adaptaciones se ha continuado con ello hasta nuestros días. De hecho no han hecho más que empezar.
A aquel bodrio de “Super Mario” siguieron los de “Mortal Kombat”. Tamaño desastre cinematográfico sólo podía contar con un actor estrella como reclamo, el inefable Christopher Lambert (¿alguien sabe de alguna película decente de este señor más allá de “Los inmortales”?). Después irían llegando “Street Fighter” (nada menos que con Van Damme de protagonista), el esperado y decepcionante “Tomb Raider” y, aprovechando el éxito de los juegos tipo survival horror, “Resident evil”.
De alguna manera, el moderado éxito conseguido por ésta película, animó a los productores americanos a explotar aún más este filón sin tener en cuenta los desastres precedentes (y que “Resident evil” tampoco es ninguna maravilla) y en eso estamos. Múltiples secuelas de Resident a cada cual peor, secuela de “Tomb Raider” también peor que la primera (que ya era difícil), “Aliens vs Predator” (que pasó del comic al videojuego y de ahí al cine) de la que también hay ya una secuela de inminente estreno, “Doom” (que al menos incorporó en una secuencia el famoso plano subjetivo del que se han alimentado todos los shooters) y, lo peor de todo, el desembarco cinematográfico del que ya puede ser considerado como el peor director de la historia del cine reciente: Uwe Boll.A tan siniestro personaje debemos nada menos que las adaptaciones, todas enfermizamente malas, de “Alone in the dark” (que hubiera dado para una magnífica película de terror), “Bloodrayne” (que desperdició el personaje femenino de videojuego más atractivo después del de Lara Croft) y “House of the dead” (con la que no había nada que hacer y cuya filmación es un despropósito tan grande que merece la pena verla solo para reventar de la risa).
Sin embargo, y por alguna extraña razón, el tal Uwe Boll continua recibiendo proyectos y además siempre del mismo tipo (adaptaciones de videojuegos). La única explicación es que alguien debe estar intentado convertirle en una especie de Ed Wood de nuestra época. No se me ocurre otra cosa para este desatino fílmico.
Tampoco quiero olvidarme en este repaso de “Stay alive”, película no basada en ningún videojuego pero cuya trama se desarrolla como si sus protagonistas estuvieran dentro de uno. Aunque muy limitada por su presupuesto y por la habilidad de sus responsables, la considero una interesante aproximación a este peculiar mundillo.
Pero volviendo al tema, la última película inspirada en un videojuego que nos ha llegado es “Hitman”. Un juego cuya mecánica consiste en ponerse en la piel de un silencioso y eficaz asesino que debe encargarse de eliminar a una serie de objetivos infiltrándose en sus guaridas y pasando desapercibido.
Poco de esto hay en la película. El Hitman cinematográfico está más cerca de Jason Bourne que del “47” del juego. Deja un rastro de cadáveres a su paso, es experto en combate cuerpo a cuerpo y la discreción no parece formar parte de su vocabulario. En este sentido, el personaje que hace años encarnara Jean Reno en la película de Luc Besson “Leon, el profesional” está mucho más cerca al espíritu del juego que el que vemos en Hitman.
¿Estamos ante una mala película? Pues hombre, si nos centramos exclusivamente en las adaptaciones de videojuegos en mi opinión tiene un pase. Al menos es entretenida y las secuencias de acción están resueltas con cierto oficio. Es mejor que “Tomb Raider”, por decir algo. Sin embargo se ha desperdiciado una buena oportunidad de construir un personaje y una saga fílmica interesante.
De momento, en lo que a adaptaciones de videojuegos se refiere, tendremos que continuar viendo “Silent Hill” como el mayor logro conseguido hasta la fecha. Veremos que pasa con World of Warcraft. Miedo da.

PD: no olvideis pasaros por “The last ones”. La primera entrada del primer capítulo ya está colgada ;)

jueves, octubre 25, 2007

AGRESION RACISTA EN EL METRO: EL CORTOMETRAJE MAS VISTO

Supongo que a estas alturas ya no debe quedar nadie con acceso a internet, televisión o móbil que no haya visto una o más veces el tristemente célebre cortometraje del agresor racista del metro. Y me refiero a él como cortometraje porque es lo que me parece. Fijaos que el formato no dista mucho del de Camera cafe. Un plano fijo (en este caso de los ferrocarriles de la generalitat catalana)en el que entran y salen personajes (en este caso tres)e interpretan su papel.
En este corto, como en cualquier narración, existe un planteamiento un nudo y un desenlace. A saber:

Planteamiento: Dos personas viajan en un vagon del ferrocarril. Son dos inmigrantes, una chica y un chico que se sientan separadamente. El resto del vagón está vacío, hasta que se detiene en una estación y entra otro joven que parece un poco exaltado hablando casi a gritos por su teléfono móbil. En un momento dado de su discusión por dicho aparato, se percata de la presencia de la chica. La chica que le había echado una mirada curiosa, aparta entonces la vista.

Aquí es donde estaría el punto de giro de esta historia, es decir, ese evento que hace que la narración cambie de dirección. En este caso, para pasar de un plácido viaje en metro a una película de acción violenta.

Nudo: El recién llegado, sin dejar de atender el móbil, la emprende a golpes con la chica. Primero unas bofetadas, luego le toca un pecho y luego le propina una patada y otra bofetada más. La chica protesta y se protege pero no se atreve a defenderse de otra forma. Es la chica en apuros. La acción se traslada ahora al tercer personaje, que habiamos olvidado, pero que está ahí, siguiendo toda la acción con los oidos. Hay tensión. ¿En que momento se decidirá a actuar? ¿Se quitará la ropa y veremos que se trata de un dibujo surgido de la MArvel? ¿Será más bien un héroe anónimo como los de la popular serie de TV? Pero... ¿y si es en realidad otro perverso como el del mobil y lo que hace es atacar también a la chica aprovechando el rebufo? Tenemos los pelos de punta. Sin embargo, lo que hace es mucho más terrible. Se queda quieto. No mueve ni un músculo. Si acaso la cabeza un poco silbando probablmente El puente sobre el rio Kwai.

Desenlace: el agresor se baja del vagón en la siguiente estación. La chica lo hace poco después. Lo que hace el tercero ya no tiene ninguna importancia. El cortometraje ha terminado. El malo ha vencido.

A pesar de ser un cortometraje sin final feliz, de escasísimo presupuesto, con actores noveles, rodado en un único plano secuencia, sin música ni edición, es decir, claramente anticomercial (casi de autor), es probablemente el film más visto en este y otros paises durante la última semana. ¡Que aprendan nuestros productores!

Me niego a colgar aquí un enlace al vídeo. Se que todos lo habeis visto.

lunes, febrero 05, 2007

El Apocalypto maya


Para algunos, a veces no es necesario ni ver una película para tacharla automáticamente de buena o mala según quíen la firme o quíen participe en ella. En más de una ocasión he visto a gente denostar una película porque al ver el trailer se enteraron de que el protagonista era Tom Cruise o que el director era Toni Scott.
Está claro que una película ha de usar todas las 'armas' que tenga durante la fase de promoción para venderse. Y está más que claro que mencionar a su actor protagonista o a su director puede ser un reclamo rentable. Así sucede con la mayoría del público pero no con parte de aquél que busca films exclusivos y que le huele a chamusquina cualquier cosa que venga del otro lado del atlántico y no lleve en la etiqueta un sello de 'independiente'.
Pues bien, aquí han topado con la iglesia. Apocalypto, es una gran produccíon dirigida por Mel Gibson (con esto sería suficiente para que ese grupo de esnobs ya no le diera ninguna oportunidad) pero también es cine independiente. Tan independiente que es el propio Gibson a través de su productora Icon quien ha corrido con los gastos.
Esto, además de concederle libertad creativa total, también le ha servido para tirar adelante algunas ideas cuando menos arriesgadas, como el utilizar como lengua en la versión original el 'maya yucateco' o no hacer uso de la elipsis a la hora de mostrar numerosos pasajes de extrema violencia. Pero que nadie se asuste. No nos llevemos las manos a la cabeza. Se soporta, y ya discutiremos en otra entrada si es necesario o no mostrar esta violencia con crudeza.

Gibson solo tiene cuatro películas como director hasta la fecha (El hombre sin rostro, Braveheart, La pasión y Apocalypto) pero ya puede añadir a los títulos de sus films la coletilla de 'de Mel Gibson' como hacen John Carpenter, Night Shyamalan y otros autores tan consagrados que no necesitan ni hacer constar su firma en el título. Es decir, sus películas van a verse fundamentalmente porque las firman ellos (Spielber, Scorsesse, Coppola,...).
La carrera de Gibson aunque breve, ya está topando con la misma crítica retrógrada con la que se enfrentaron otros actores metidos a directores, como fue el caso de Clint Eastwood, ambos famosos por sus papeles de héroes que actuan con su propia ley, o lo que es lo mismo de policías fascistoides (Harry el sucio, Mad Max,...). Obviamente su forma de hacer cine es muy distinta y los temas que traten o sus intereses pueden estar más o menos en consonancia con nuestro gusto pero, lo que es indiscutible, es que ambos dejan una impronta en cada película que ruedan, una marca de autor. Algo que hace que sus películas sean, precisamente eso, suyas. Por lo tanto dejemos que Mel Gibson continue rodando lo que le apetezca porque seguro que nos va a dar más de una alegría. Y a los que no les caiga bien por haber interpretado papeles de policía mas o menos facha en Arma Letal que se congratulen igualmente. Mientras esté dirigiendo, no estará actuando.