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martes, octubre 30, 2012

SITGES 2012 - THE LORDS OF SALEM


   Rob Zombie sorprendió a propios y extraños con su película debut de 2003 “La casa de los mil cadáveres” (House of 1000 corpses [Rob Zombie, 2003]). Su textura sucia y plagada de filtros coloristas que bebían de la pasión de su autor por los fanzines y los collages fotográficos con los que adornaba sus álbumes musicales (Rob Zombie era el líder de la banda de metal “White Zombie” y también publicó dos álbumes en solitario bajo su propio nombre) así como una puesta en escena y un guión plagado de guiños y referencias a películas clásicas (no solo de terror) de los años setenta, hicieron que la crítica dirigiera su mirada hacia él a pesar de no cosechar un gran éxito de público. 


   Superado el examen inicial Zombie revalidó su talento con una secuela a contracorriente de su primera película a la que tituló “Los renegados del diablo” (The devil’s rejects [Rob Zombie, 2005]) donde dejaba a un lado el terror de casa con familia psicópata y disfuncional cepillándose cualquier rastro que pudiera relacionarla con el fantástico (adiós al Dr. Satán y sus sádicos experimentos) para embarcarse en una delirante “road movie” en la que los tres miembros más carismáticos de esa letal familia que conocimos en la primera película, emprende una huida en la que son perseguidos por el no menos psicópata sheriff al que daba vida Bill Moseley. Desdibujando la frontera entre ley y crimen, bien y mal y presentando un mundo en el que la violencia era omnipresente donde quien a hierro mata a hierro muere, Zombie nos regaló algunos de los momentos más conseguidos de su filmografía y volvió a ganarse a la crítica a costa de no llegar a un gran público. Sus películas ya eran carne de festival especializado, maratones nocturnas y público “exquisito”.


   Finalmente sucede lo que tenía que suceder. Zombie es invitado a llevar a cabo el remake de un clásico entre los clásicos del cine de terror, “Halloween” de John Carpenter. Consciente de que pisa un suelo resbaladizo pero que un buen trabajo puede situarle al fin en primera línea dentro del género al que lleva dedicándole los últimos años de su trabajo acepta pero se asegura su participación directa en la confección del guion. Gracias a eso, la película resultante deja de ser una reconstrucción y actualización al uso del célebre film de Carpenter y se transforma en un film con dos partes, una primera con un claro sello Zombie (el relato de como el joven Michael Myers crece en una familia violenta y retrógrada y como él acaba convirtiéndose en un asesino, encerrado en una institución mental donde es manipulado por un psicoanalista en busca del éxito editorial y como, finalmente sale de allí convertido en una máquina de matar) y otra mucho más complaciente tanto con el público como con la obra original donde el director se limita a repetir algunas de las secuencias más recordadas de aquélla. El resultado final es un gran éxito de público pero las primeras suspicacias entre la crítica que comienzan a intuir una domesticación del enfant terrible del cine de terror americano.


   Inconformista y no demasiado contento con el resultado final de “Halloween” donde a pesar de su mano sobre el guión estaba limitado por el tributo al clásico, Zombie acepta filmar una continuación (Halloween II, Rob Zombie, 2009) en la que solo él se encarga de escribir el libreto. El resultado es el de una película que nada tiene que ver con la continuación que tuvo el Halloween original (aquí titulado “Sanguinario”) y que hace del tenebrismo, de la violencia expeditiva y de cierto onirismo (al que algunos atribuyen su fracaso comercial) su carta de presentación y también el finiquito para su visión del personaje de Michael Myers al que da muerte, entendemos que definitivamente, al final de la película. Como decía antes, las alucinaciones y visiones del personaje y un cierto ambiente onírico en todo el relato pudieron provocar el rechazo por parte del público que esperaba algo menos aplicado estilísticamente y más acorde a los tiempos que estaba marcando el género con películas como “Destino final” o “Saw” (personajes masacrados uno tras otro a ser posible de la forma más estrafalaria posible). Tan mal resultado de taquilla hizo que la película no llegara a estrenarse en nuestro país y de hecho no lo hiciera ni siquiera en DVD hasta hace apenas un año.


   Si añadimos a la debacle comercial de su Halloween 2 el que su siguiente film “The haunted world of el Superbeasto” (Rob Zombie, 2009) fuera una película de animación de bajísimo presupuesto y sobre un personaje completamente desconocido en  nuestras latitudes, no es de extrañar que muchos de sus seguidores consideraran la carrera de Rob Zombie más muerta que su apellido.  


   Pero aquí estamos, 2012, tres años después y en Sitges podemos disfrutar de su nuevo trabajo con el que Zombie pretende regresar por la puerta grande. El Festival no  ha escatimado en elogios y nos ha preparado hablando de una película dura y muy terrorífica. Dos de sus actrices protagonistas que han hecho acto de presencia en certamen, las veteranas Dee Wallace y Meg Foster, se refieren al film como una película muy distinta a lo que nos ha tenido acostumbrados su director y que le sitúa en un nivel superior. En definitiva, parece que nos encontramos ante la película culminación de Zombie en la que podremos ver un producto no destinado únicamente a sus más acérrimos aficionados sino una película que lo colocará en el lugar de privilegio en el que están obras como “El exoricsta”, “El resplandor” o “La semilla del diablo”.


   Dos horas después las luces se han encendido y ante nuestros ojos ha sucedido cualquier cosa menos ese milagro que se nos había anunciado. Hemos visto el culo de Sheri Moon Zombie por enésima vez (no hay película en la que el director no aproveche para recorrer con su cámara la agraciada anatomía de su mujer, si bien hay quien mantiene que en esta ocasión es un plano justificado como dice Tomas Fernández Valenti en su entrada sobre esta película), hemos visto a un cura que recibe una felación, una inquietante y brujeril presencia en un edificio poblado por unas señoras no menos brujeriles, una representación del diablo en forma de bebé gordo y deforme con tentáculos fálicos, oscuros ministros de la iglesia tocándose sus partes mientras la chica de la película cabalga una cabra, etc,…


   Sería injusto por mi parte decir que la película es un galimatías sin sentido donde lo único que se busca es la provocación fácil a partir de las imágenes que he descrito en el párrafo anterior. Pero no sería menos injusto no mencionar que son esas y no otras las secuencias que acaba uno recordando de un film que prometía mucho en su inicio pero que se desinfla, o se infla en este caso, demasiado hacia su desenlace. Sin entrar a desarrollar demasiado el argumento del film diremos que su primera mitad, y tras un prólogo muy inspirado y prometedor con aquelarre medieval filmado de una forma muy realista, propone una película de terror intimista y hasta minimalista. Con apenas dos o tres escenarios y algún exterior nocturno seguimos la rutinaria pero acomodada vida de la protagonista que no es sino una locutora de radio en un programa sobre música metal. Las cosas empiezan a torcerse cuando ésta recibe una carta con un disco en el que hay grabada una extraña música que hace que las mujeres del pueblo, la mítica Salem, entren en una especie de éxtasis y que a élla le afecta aún de una forma más aguda haciendo que su conducta se vuelva errática y, además, comience a tener visiones sobrenaturales a las que cree que puede combatir sumergiéndose de nuevo en las drogas, algo que había abandonado con la ayuda de su novio (locutor en el mismo programa) hace años.
   Sin embargo, todo este cóctel en el que como se ve hay cabida para muchas interpretaciones y caminos distintos (psicológicos, sociales, propiamente fantásticos,…), son dirigidos en la última media hora hacia la provocación más explícita, la que convierte a Sheri Moon Zombie en la novia elegida por el Diablo (con ello supongo que la actriz cumple un sueño de infancia) y somete al espectador a ese bombardeo de imágenes delirantes y, en ciertos momentos, ridículas donde se combina tenebrismo al estilo de El Bosco, el réquiem de Mozart  y un catálogo inagotable de presencias espectrales que bastarían para completar un capítulo adicional en la referencial obra sobre lo abyecto de Umberto Eco “Historia de la fealdad”.


   Creo que Zombie pretende realmente dar ese paso adelante y creo que en cierto modo lo consigue. Creo también que esta es probablemente su película más personal y en la que ha tenido menos en cuenta al público, ni siquiera a “su público”. No obstante, es una película llena de asperezas con un final muy deslavazado y que probablemente funcionaba mucho mejor en la imaginación de su autor que una vez cobró vida en celuloide. Su particular visión del satanismo y todo lo que rodea a la figura del Diablo no están exentas de originalidad y frescura pero su representación no alcanza el nivel esperado y, como ya dije en un párrafo anterior, se llega a caer en el ridículo al querer pervertir de un modo un tanto naif la institución de la iglesia y lo que la rodea con provocaciones sexuales pasadas de rosca. 


   Tal vez Zombie haya querido alcanzar un nivel superior con este film pero a mi entender, lo que ha logrado, es convertirse en un director aún más minoritario y mejor apreciado por los estudiosos del cine de género, un cineasta de culto, una rara avis en el panorama actual del fantástico americano. Con sus luces y sus sombras Zombie nos ha brindado una película que demuestra que, en efecto, su cine está tan muerto como su apellido. Muerto viviente.  

sábado, octubre 06, 2012

SITGES 2012 - COMPLIANCE



   El Festival quiere ver en Compliance algún tipo de metáfora con la situación de crisis laboral que vive el mundo occidental actualmente. Juzguen ustedes:
   Comienza el día en un restaurante de comida rápida. El supervisor no ha venido pero la encargada sí y descubre que alguien se dejó abierto el día anterior el congelador con lo que parte de los ingredientes necesarios para preparar su fast-food se ha echado a perder. Pero esto no es más que el principio. Al poco de iniciarse la jornada se recibe una llamada en el restaurante; se trata de un policía que les informa que hay un ladrón en la plantilla, concretamente una ladrona, e insta a la encargada a que la retenga allí hasta que él llegue y proceda a seguir, teléfono en mano, todas sus instrucciones. De esta manera, y a pesar de que la situación se va volviendo cada vez más bizarra, la muchacha será confinada en un almacén, cacheada, desnudada y debes ver la película para saber cuántas cosas más.
   Lo más curioso del film probablemente sea que se trata de una historia inspirada en un caso real y, por lo visto, de más de uno. Es algo que da una dimensión mucho mayor a lo que vemos y para ello el “inspirado en hechos reales” aparece al principio con un rótulo tan grande como la misma pantalla. Yo personalmente no alcanzo a ver la relación entre lo expuesto en la película y la abrumadora crisis que nos tiene a todos locos más allá del hecho de que la acción transcurre en un entorno laboral. Puede que el exceso de celo de algunos de los miembros del personal del restaurante a la hora de hacer bien lo que consideran su trabajo sea un ejemplo de hasta que punto se teme hoy el acabar despedido pero más allá de eso lo que tenemos entre manos es una interesante película acerca de la fragilidad de la ética humana, dejando patente qué fácilmente resulta recorrer el camino hacia nuestro lado oscuro cuando se dan las condiciones oportunas; poder y sumisión.
   Aunque toda la película sucede en tan solo dos o tres escenarios, los distintos compartimentos del restaurante, la habilidad del director y el realismo de los diálogos y las interpretaciones permiten que la narración sea fluida y la tensión creciente, algo realmente complicado y que, sin la habilidad necesaria, podría escurrirse rápidamente hacia el terreno de la comedia perjudicando terriblemente no solo a la película en si, sino también al mensaje que nos quiere enviar. [SPOILER] Es cierto que, una vez desvelado el quid de la película, resulta difícil no sonreír en algún momento aunque llegue un momento en que esa sonrisa se nos congele (o debiera) [FIN SPOILER].
   “Compliance” es una película que probablemente hubiera funcionado de un modo mucho más efectivo en las manos de los hermanos Coen, ya que contiene algunos de los elementos con los que éstos suelen trabajar (america profunda, personas sencillas envueltas en situaciones criminales,…) si bien lo más probable es que el descenso hacia el humor negro hubiera sido inevitable y estuviéramos ante un tipo de film muy distinto.
   El film además no se anda por las ramas ni rellena con tomas o diálogos absurdos ninguno de los minutos que dura, algo en lo que también hubiera sido fácil caer una vez se plantea la situación. Antes al contrario, con gran habilidad se nos presentan todos los personajes y en apenas unas pocas conversaciones ya sabemos como son y qué podemos esperar cuando las cosas se pongan difíciles de cada uno de ellos.
   La película termina con un epílogo en el que vemos al personaje principal, la encargada del restaurante, ante las cámaras de televisión siendo entrevistada por un típico presentador sensacionalista (¿cuál no lo es, hoy dia?). Con ello se cierra el círculo de la humillación en el que, como ella misma dice, todos han sido víctimas y ahora vuelven a serlo ante los ojos y los oídos de todo el mundo.
   No se si Compliance es una película que hable sobre la crisis pero sí creo que es una película a la que vale la pena acercarse aunque sea para meditar unos minutos sobre lo que nos cuenta sin olvidar que se trata de la recreación de un suceso real, algo que aquí no es solo un reclamo sino la esencia misma del contenido del film.

miércoles, octubre 20, 2010

A SERBIAN FILM; No recomendada para menores ni para mayores de 18


Vamos a ver… ¿por dónde empiezo?
Estaba claro que esta película iba a levantar polvareda, no solo en el Festival sino también en Internet. Su explosiva mezcla de sexo y violencia no iba a dejar a nadie indiferente y así ha sido pero, más allá de la fácil provocación a la que puede abocar una combinación tan antigua como ésta, ¿es a “A serbian film” una película que valga la pena ver? ¿Tiene algo más que ofrecernos?

Hace dos años “Martyrs” hizo saltar por los aires los límites de la violencia en el Festival. La tendencia hacia el más difícil todavía en atrocidad se había ido forjando pocos años antes con la irrupción en nuestro país de las películas de Takeshi Miike, especialmente “Ichi the killer” y “Audition”, había continuado con el desembarco del horror francés en "A l'interieur" y “Haute tension” coronando finalmente la cima de lo soportable con el film, también francés, de Pascal Laugier. Sin embargo, el año pasado esta tendencia tomó un rumbo distinto. Sin abandonar en absoluto la crudeza de algunas de sus secuencias, films como “Canino” o la más extrema "Kinatay" optaban por una temática alejada de la sangre por la sangre y el horror por el horror, para utilizar esta violencia como medio para exponer una temática concreta, para enviar un mensaje sobre el que reflexionar. Llegados a este punto nos toca a nosotros decidir si “A serbian film” forma parte del primer grupo (en el que también hay películas de género interesantes) o del segundo.

La película explica la historia de Milos (Srdjan Todorovic) un actor de porno serbio que lleva varios años alejado del negocio viviendo con su pareja (Jelena Gavrilovic) y su hijo pequeño. Un buen día una antigua compañera de trabajo (Katrina Zutic) le sugiere que conozca a un visionario director del género (Sergej Trifunovic) que planea rodar un film en la ciudad y que está muy interesado en que él participe. Aunque reticente, el protagonista acabará aceptando porque está pasando algunos apuros económicos y por hacer la película le pagarán increíblemente bien. Pronto se dará cuenta de que el film no es la clase de porno que estaba acostumbrado a hacer sino que hay una gran cantidad de violencia real involucrada y que, lo peor de todo, hay participación de niños en él. Cuando decida dejar de rodar ya será demasiado tarde y acabará dándose cuenta de que él mismo y su familia forman parte de un plan cruel y violento.

Probablemente, escenas de sexo y violencia aparte, lo que más me llama la atención de esta película es su título. Creo que cumple una doble función. Por un lado se trata de una cuestión diegética, es decir, la película se llama así porque cuenta la historia del rodaje de una película, una película serbia. Pero por otro lado, hay una función propagandística, publicitaria que envuelve de forma tácita al título porque, reconozcámoslo; el nombre de Serbia estará para siempre ligado en nuestras mentes al de una guerra cruel y sanguinaria donde los derechos humanos y la ética brillaron por su ausencia y donde los crímenes contra la población civil fueron una constante. Así pues, al llamar a la película “A serbian film” también se nos está enviando el mensaje de que lo que vamos a ver será algo duro, algo fabricado por el país al que arengaba Slobodan Milosevic.
Este terror hacia los territorios yugoslavos y la Europa oriental actual es algo que se viene explotando en el cine desde hace algunos años, ya sea con propuestas de horror declarado como “Hostel” o con films que tratan el tema de forma tangencial aportando criminales, mafias o exsoldados metidos a mercenarios en thrillers y dramas de diversa índole.
Ahora son los propios serbios los que utilizan esa corriente de desconfianza y terror para presentarnos un producto que, aunque de un modo metáforico, habla de ellos mismos. O al menos así parece verlo el autor al poner en palabras de algunos de sus personajes comparaciones entre lo que vemos y la historia reciente de Serbia o la imagen que se tiene de ellos. Obviamente, dada la temática del film dicha imagen es realmente de poner los pelos de punta. En lo referente a esto último resulta más que ilustrativo el que la oferta que recibe el protagonista para trabajar en la película aclare que se trata de un producto hecho en Serbia pero para el mercado exterior. Nos sobrecogemos ante el horror pero somos los que lo pagamos, somos los que lo queremos ver. Quizá porque nosotros mismos no somos capaces de llevar a cabo esas monstruosidades o más bien porque nos gusta pensar que quienes lo hacen son los demás; países con mala fama, europeos sospechosos, del este…

Pero aclaremos la cuestión. Más allá de todo el mensaje que se le quiera sacar a la película sobre la que cada uno puede tener su lectura, lo cierto es que “A serbian film” no merece un segundo visionado. Primero porque cinematográficamente tiene un valor escaso y segundo porque sería difícilmente soportable repetir la visión de algunas de sus incomodísimas secuencias.
Tanto la puesta en escena como la planificación y el montaje son adecuados pero pobres. Los actores realizan un buen trabajo hasta que la cosa se sale de madre y pujan para ver quien pone el rostro más exaltado. Los escenarios, pocos y funcionales, carecen de empaque para el nivel de producción que se le supone a un film de las características que comentan en la película (recordemos que se trata de una película dentro de otra y [SPOILER] dentro de otra [FIN SPOILER]). Las secuencias de sexo y violencia no escatiman en realismo y no sería de extrañar que el film acabara recibiendo una calificación “X” en nuestro país debido a los planos cortos que se ofrecen sobre penetraciones, felaciones y otras prácticas sexuales, muchas ellas acompañadas además de la presencia de menores y con violencia de alto voltaje. Curiosamente todas estas rodadas con un sentido mucho más convincente del encuadre y del montaje lo cual deja bastante claro que partes del film eran las que realmente tenían interés para sus responsables.

En definitiva, “A serbian film” es una película polémica y transgresora cuyo contenido no hace recomendable su visión ni a menores de dieciocho años ni a mayores tampoco, reduciéndose su target únicamente a los pocos cinéfilos que tengan el estómago curtido y a aquellas personas que gusten de las emociones fuertes o tengan un listón moral muy bajo. Y por si esta coda final no ha hecho sino crear curiosidad en alguno de los que lee esta entrada en lugar de convencerles de que deben alejarse de esta película, únicamente añadiré que en una de las secuencias más fuertes del film hay involucrado un recién nacido. Espero que con eso quede claro de qué clase de basura llevo dos páginas hablando.

martes, septiembre 08, 2009

STIEG LARSON RECIBE UN PREMIO DEL CGPJ


Siento intercarlar una segunda entrada acerca de premios y con un contenido más propio de "noticiario" entre mis habituales críticas, pero es que después de haber leído hoy el titular con el que rotulo este post en "Google news" he creído que valía la pena reflexionar un poco sobre el tema.
Adjunto con la fidelidad propia del copy-paste la esencia de la noticia para poneros en antecedentes:

"Se nota que los jueces también han leído a Stieg Larsson este verano. Y, al parecer, les ha gustado. Nada menos que el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha concedido al sueco un premio de «reconocimiento a la labor más destacada en la erradicación de la violencia de género». Las mujeres y hombres de loga argumentan que el novelista ha conseguido que esa lacra tenga una mayor visibilidad social, a la vez que ha puesto de relieve el ideal de una sociedad libre de esos actos violentos.
Es un veredicto valiente, y también polémico. Porque Lisbeth Salander, la protagonista de la trilogía de Larsson, no es ninguna santa, y es ella la que encarna el feminismo 'sui generis' de sus novelas. Para empezar, se dedica a la piratería informática y arregla sus problemas de manera muy poco ortodoxa, lo que le pone con frecuencia fuera de la ley.
Su padre, un agresivo espía ruso, la maltrató de niña, y luego la violaron. Pero Lisbeth no cree que los tribunales le puedan solucionar las cosas, sino que ella misma se encarga de ejecutar sus propias sentencias, o venganzas, casi siempre a las bravas."


Bueno... Para empezar ¿qué es esto de que el Consejo General del Poder Judicial se dedique a dar premios? ¿En serio que no tienen otra cosa mejor que hacer?
Creo que sobran organizaciones sociales desde las que poder reconocer el mérito (si es que lo tiene realmente más allá de haber conseguido que miles de personas lean su plomiza trilogía como borregos porque era el libro de moda de este año) del difunto señor Larsson como para que se tenga que poner a ello una institución como la mencionada. No pasemos por alto que una de las funciones del CGPJ es la de formar y seleccionar a jueces y magisstrados así como hacerse cargo del régimen disciplinario y los ascensos y destinos de los mismos. ¿Las ideas expresadas por los personajes de Larsson en la trilogía Millenium formarán parte del criterio de los miembros CGPJ a la hora de llevar a cabo la mencionada función? ¿Será recomendada la lectura de los libros de Larsson en la formación judicial?

Además, y como bien señala el artículo, ¿no estará mandando un mensaje ciertamente peligroso al premiar a este autor dado el contenido esencialmente violento e ilegal que llena las páginas de la trilogía "Millenium"? No nos olvidemos que el Consejo General del Poder Judicial es una de las mas altas instancias judiciales de nuestro país y que, por lo tanto, debe actuar de la forma más recta y ejemplarizante posible. Así pues, enviar el mensaje de que una mujer maltratada puede, como hace Salander (la protagonista del libro), incrustar a patadas un consolador en el culo de su violador como venganza, no me parece precisamente lo más adecuado viniendo de quienes viene. Y lo digo al margen completamente de la opinión que cada uno pueda tener de lo que es "hacer justicia". Una cosa es la ficción en la que podemos aplaudir determinados comportamientos dejándonos llevar por la corriente dramática de un relato, y otra la realidad donde existen leyes que, en principio, se redactaron para protegernos a todos, y cuyo quebrantamiento gratuito se podría volver rápidamente contra nosotros mismos.

La noticia recoge que se trata de una decisión valiente precisamente porque el comportamiento de su protagonista no es precisamente muy ajustado a la ley, por decirlo suavemente. Que sería algo así como darle un premio a Stallone (sí, sí, otro premio) por su labor en la película "COBRA", ya que eliminaba eficazmente la proliferación de pandilleros urbanos, asesinos y violadores psicópatas.
Ya se que el premio se lo dan al autor (aunque ya no pueda recogerlo) pero, no nos engañemos, se lo dan por estos libros y por lo que han significado. Citando la propia declaración incluída en la noticia: "reconocimiento a la labor más destacada en la erradicación de la violencia de género". ¿En serio que ésta es la labor más destacada para erradicar la violencia de género? ¿De esta manera evitaremos las muertes y lesiones que se producen en nuestro país a causa de la lacra de la violencia conyugal? ¿Publicando libros en los que tías se toman la venganza por su mano al estilo Charles Bronson?

Lo dudo mucho señores.

Para empezar, algo me dice que el perfil de los que se dedican a decorar los rostros de sus mujeres con moratones, no destaca precisamente por su hábito lector. Y aunque así fuera, dudo que leer las desventuras de Lisbeth Salander fuera a hacerles cambiar de opinión sobre su idea de lo que es una mujer. Si acaso serviría para cabrearles aún mas.

domingo, marzo 15, 2009

SLUMDOG MILLIONAIRE; ¿Quién quiere ser desgraciado?


Al principio se llamaba “50x15”, en alusión a los cincuenta millones que te podías llevar si contestabas quince preguntas correctamente. Más tarde, pasó a llamarse “¿Quién quiere ser millonario?” que era el nombre con el que se conocía al concurso en todo el mundo aunque, las reglas seguían siendo las mismas; contesta quince preguntas tipo test (con cuatro respuestas posibles) y con la única ayuda de tres comodines, el de la llamada de teléfono, el del público y el del cincuenta por ciento.
La historia que se nos cuenta en “Slumdog millionaire” (literalmente “Perro barriobajero millonario”) es la de un pobre miserable nacido en los suburbios de Mumbai que, después de una vida llena de penurias, delincuencia y desgracias, consigue un trabajo de escasísimo nivel y mal pagado pero que, por un azar del destino, le permite participar en el famoso concurso televisivo y, lo que es más asombroso, ganarlo.
Cuando me enteré de que esta película la dirigía Danny Boyle en seguida me hice mis propias cábalas; se tratará de algo interesante en su planteamiento, entretenido en su desarrollo y fatalmente resuelto. Al menos así es como habían funcionado las películas del director británico hasta la fecha. Ahí están “28 dias después”, “Sunshine” y, sobretodo, “La playa”. Por si esto fuera poco las primeras críticas que escuché sobre la película la atacaban directamente aunque por otros motivos. Al parecer, Boyle presentaba una imagen idílica de los poblados y suburbios pobres de la India, algo en plan “que pobres somos pero que felices”. Y yo ya me estaba esperando ver un montón de gente bailando a orillas del Ganges con sedas de colores y cantando “del pita pita de” o como demonios se escriba.

Por suerte nada de eso hay en la película (salvo en los créditos finales). Puedo asegurar después de haber visto la película que no entiendo a la gente que llegó a esa conclusión a no ser que haya estado allí y la realidad sea aun más espantosa de lo que ya muestra el film.
Estamos acostumbrados a ver películas que se desarrollan en ambientes parecidos aunque casi siempre en América del sur. Me refiero a “Ciudad de Dios”, a “Rosario Tijeras”, a “Tropa de Elite”, a “La vendedora de rosas” o a “La virgen de los Sicarios”, por mencionar algunas. Todas ellas tienen en común, más allá de la historia que explican, la de mostrarnos una realidad tremenda, la que viven miles de personas cada día, desde que nacen y hasta que mueren, envueltos en la miseria, las drogas baratas y mortales, las armas como juguetes, el hambre, la mendicidad, las agresiones, peleas y altercados constantes, la prostitución infantil, las violaciones, la policía corrupta y brutal,… Ahora, gracias a esta película, sabemos que en la India las cosas no están mucho mejor. Más allá del Taj mahal, del poderío nuclear y de la prolífica industria cinematográfica, se encuentra un país devastado por la miseria, por los niños mendigos o trabajadores, por las escuelas superpobladas y por horrores inenarrables.
Si tal y como había oído, toda esa realidad se hubiera enmascarado a lo Bollywood con canciones, colorido y demás parafernalia, es muy probable que yo mismo me encontrara ahora mismo echando pestes de esta película a la que le tenía ganas por haber arruinado las posibilidades de encumbrar este año a David Fincher, por el que siento una simpatía mayor que por Danny Boyle. Pero no es así. “Slumdog millionaire” muestra una realidad dura y sombría en la que no faltan algunos detalles de humor que son más fruto del patetismo (ese niño cubierto de mierda de arriba abajo en busca de un autógrafo) que de felicidad pero, sobretodo, bastantes momentos de una sordidez y crueldad que cuesta ver en Hollywood y mucho menos recibiendo premios.

La película, que está contada a base de flashbacks a partir del momento en que el protagonista lleva catorce preguntas acertadas y es detenido por la policía al ser sospechoso de estar haciendo trampas, plantea sobre el espectador una cuestión a la manera del propio concurso: ¿cómo es posible que un tipo como este pueda estar a tan solo una pregunta de ganar los veinte millones de rupias a los que otros muchísimo más listos que él ni se han acercado?
Probablemente esta sea el interrogante más intrigante de la película y sobre el que muchos se lanzarán cuestionando su verosimilitud: ¡un pillo sin oficio ni beneficio no puede ganar un concurso de preguntas! ¡pero si ni siquiera fue al colegio! ¿Qué puede saber? Se trata de acabar con toda su desdicha de un plumazo para proporcionar el típico “happy end” a la película, etc,…
La respuesta podríamos encontrarla en la propia versión española del concurso. Recuerdo que, la persona que consiguió los cincuenta millones (no se si ha habido más ganadores) se enfrentó en una de las últimas preguntas a la siguiente cuestión: ¿Qué son los “otentotes”? El concursante se rió ante aquella pregunta y dio la respuesta sin tener que usar ningún comodín. Cuando el presentador, Carlos Sobera, le preguntó como es que sabía la respuesta a algo así (por los estudios que tenía no parecía probable que pudiera conocerla sin recurrir a algún comodín), su explicación fue que conocía la solución gracias a los tebeos de “Mortadelo y Filemón” ya que, en uno de ellos, los conocidos agentes de la TIA deben pronunciar una clave secreta para entrar al cuartel general y dicha clave era: “Esos tíos con bigote tienen cara de Otentotes”. Dicha rima le sirvió para atar cabos y llegar a la respuesta correcta. Aquí podeis ver el momento en que acierta la última pregunta. Y si algo tan casual le permitió conseguir los cincuenta millones… ¿por qué no le iba a pasar lo mismo al protagonista de la película? En definitiva, que ante la pregunta que se le hace al público, la única respuesta posible es:
d) estaba escrito

Tampoco nos llevemos a engaño. Para mí, “Slumdog millionaire” ha sido una sorpresa agradable pero no es sino la película que ha ganado los oscars este año. Como en tantas otras ocasiones, la vida comercial y el recuerdo que dejará en nosotros se desvanecerá poco a poco y dentro de un par de años ni siquiera tendrá cabida dentro de una conversación cinéfila sobre las mejores películas de los últimos tiempos. Su destino es el de “Chicago”, “Traffic” o el de “Crash”. Los mismos premios que las encumbraron las acabaron enterrando. ¿Quién se acuerda hoy de ellas?

domingo, marzo 08, 2009

WATCHMEN; Superhéroes sin glamour



Charlando con un compañero de trabajo acerca del look de “Watchmen” después de haber visto el trailer, ambos coincidimos en que era realmente atractivo pero, al mismo tiempo, que tenía algo raro. Aunque, en efecto, por lo que el trailer enseñaba parecía que estábamos ante una película de superhéroes, también quedaba claro que no era una película de superhéroes cualquiera. Huelga decir que ninguno de los dos habíamos leído el cómic ni sabíamos prácticamente nada sobre la historia que en él se cuenta.
Después de haber visto las dos horas y media de alucinantes y, en ocasiones hasta hipnóticas imágenes, que dura dicho film, puedo certificar que se trata, sin lugar a dudas, de la película sobre superhéroes más peculiar y personal que se ha rodado hasta la fecha. Su especial estilo narrativo, sus personajes y la historia en si, no admiten comparación con ninguna película del género que se haya estrenado en cine o en dvd. Sencillamente "Watchmen" es… distinta.
Esta peculiaridad, o rareza si lo prefieren, le valdrá un buen puñado de críticas (en el sentido negativo de la palabra) y probablemente una corta carrera comercial en nuestros cines pero, a pesar de ello, conseguirá convertirse en una película de culto que, a buen seguro, la situará finalmente entre los mejores ejemplos de traslación de unas viñetas al celuloide. Lo cual no es nuevo para su director, Zack Snyder, pues ya hizo lo propio con la obra gráfica de Frank Miller, “300”.

"Watchmen" se sitúa en un pasado alternativo que se bifurca de la realidad que conocemos aproximadamente en los años treinta. Es entonces cuando, fruto de un aumento de la criminalidad y de la violencia de esos delincuentes, un grupo de policías decide combatir el fuego con el fuego, usando la misma (o más) violencia que los infractores de la ley al amparo de unos disfraces que les convierten en algo parecido a lo que hoy conocemos como superhéroes.
¿Pero lo son realmente? ¿Pueden hacer honor a ese título personajes que no dudan en asesinar a esos delincuentes en lugar de detenerlos? ¿Pueden presentarse orgullosos ante el público y los medios de comunicación quiénes hacen de la tortura la mejor manera de conseguir una pista? ¿Podemos respetar y admirar a una gente que, en pos de hacer (su) justicia acaban provocando el caos y una destrucción sin precedentes?
Los superhéroes de Watchmen carecen de glamour. No son atractivos, ni su comportamiento es admirable. Su ética es más que cuestionable y las relaciones que se establecen entre ellos mismos, en principio miembros de un mismo grupo, están llenas de tiranteces, infidelidades y encontronazos. En realidad, algunos de los superhéroes de Watchmen no son sino supervillanos a los que una sociedad decadente y corrupta ha acabado por convertir en el mejor ejemplo de la justicia, en lo que no es sino una ironía del destino, una broma de mal gusto como bien sabe "El comediante", uno de los integrantes mas deleznables del grupo, que siempre luce en la solapa una chapa con una carita sonriente (un acid).

En el pasado alternativo de "Watchmen", los Estados Unidos han vencido en la guerra de Vietnam, Nixon ha sido reelegido tres veces presidente del país y la guerra fría con Rusia (con Cuba como aliada) está en su punto más álgido, con desplazamiento de tropas a las fronteras y misiles nucleares a punto de ser disparados. En este mundo caótico y paranoico un accidente tecnológico ha provocado la muerte y el renacer de un superhombre, que ha sido rebautizado como Dr. Manhattan y, cuyo advenimiento, es en gran medida el responsable del cambio en el curso de la historia tal y como la conocemos. Este ser, que maneja el tiempo (puede ver el futuro y el pasado) y el espacio (puede teletransportar personas, objetos o a si mismo a cualquier rincón del universo), que modifica la materia a voluntad y que además goza de una inteligencia privilegiada, es utilizado por el gobierno como un arma.
En lo que podría interpretarse como una parodia de acontecimientos mucho más recientes, este arma estadounidense acabará por provocar una gran masacre en territorio propio y, con ella, el nacimiento de una nueva era para el país y para el mundo.

Las lecturas de “Watchmen” tanto a nivel político como social son numerosas y cada espectador tendrá su propia opinión sobre lo que subyace bajo el espectáculo que nos sirve su responsable. Cualquier comentario a la salida del cine es posible después de verla salvo... “ha estado entretenida”.
"Watchmen" no es "300", ni Batman, ni nada por el estilo. Las dos horas y media de película pesan y el ritmo no está lo bastante ajustado como para que no haya momentos de cierto tedio. Si a ello le suamamos el concepto de “multiprotagonista” que ralentiza aún más la progresión de la historia en beneficio de ahondar en el historial de cada uno de los personajes (auténtica razón de ser del film), tenemos ante nosotros un film de difícil visionado, que acabará rápidamente con las expectativas de quiénes andaran buscando un simple espectáculo pirotécnico a lo "Transformers". Fans de "Hulk" y de "Spiderman", ahorráos vuestro dinero.

En el apartado técnico destacan los ticks de Snyder que comienzan a ser ya marca de fábrica; violencia exacerbada con mutilaciones incluídas en primer plano, salpicaduras y chorros de sangre, miembros humanos fuera de sitio, secuencias de lucha y acción montadas en una alternancia de cámaras lentas y rápidas, unas gotitas de sexo más o menos explícito,…

La conclusión que he extraído ante todo lo visto se resume en la inscripción grabada en el pedestal de una estatua que aparece en el escenario en el que tiene lugar el desenlace de la película, y que no es sino la cita de unos famosos versos del poeta Percy B. Shelley:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
Contemplad mis obras, oh poderosos, y abandonad la esperanza!”


Somos insignificantes en el universo y nuestra existencia no es sino una broma de mal gusto. Así que… ¿por qué no sonreir?

miércoles, octubre 08, 2008

SITGES 10- MARTYRS


Martyrs era probablemente la película más esperada del Festival de Sitges. Presentada ya en otros certámenes como el de Toronto, la brutalidad y violencia que desprendían sus imágenes venía precedida ya por los avisos agoreros de la propia organización de éste Sitges 2008. Y a fe que han dado en el clavo.
A pesar de que ningún dia de la semana se ha hablado más del Festival en los medios que el de la ya famosa cancelación de Repo! por temor a la piratería, Martyrs también ha conseguido su cupo de fama gracias a que, al parecer, alguien entre el público no pudo conseguir retener el desayuno en el estómago. Además, la organización habla de decenas de personas abandonando la sala y, si a eso le sumamos que habían colocado una ambulancia en la puerta del auditorio “por si acaso”, ya tenemos el pastel servido.
En el fondo, todo un puro espectáculo montado para provocar al espectador y que al Festival le viene muy bien como publicidad. Pero expliquemos qué es Martyrs.
Aunque la película se presenta inicialmente como la historia de una venganza (la de una joven que de niña fue secuestrada y agredida brutalmente), pasada una hora de metraje la historia se torna un "torture porn" al uso. Y lo digo así de claro: TORTURE PORN.
El director del film, Pascal Laugier, pretende hacernos creer que su film es una especie de profundo e intelectual tratado sobre el dolor y el sufrimiento y, en rueda de prensa, incluso tuvo el desparpajo de decir que se sentía mal cuando la gente aplaudía su película. Sin embargo, lo que hay en Martyrs es tan solo la búsqueda de una excusa para rodar lo que tantas veces hemos visto ya en el cine de horror, es decir, la enésima tortura a una chica joven. Aquí la excusa es que una especie de secta pretende averiguar si, a través del dolor físico, se puede de alguna manera trascender o incluso transmutar a un estado de conciencia distinto, como si se tratara de una epifanía o algo de carácter místico. Pero es curioso… tan cultos investigadores del alma no han encontrado mejores maneras de causar daño que las que hemos visto, sin ir más lejos, en la mediocre Hostel de Eli Roth. No se les ocurre envenenar a la joven, no se les ocurre hacerla enfermar o drogarla, o pasar hambre, etc,… No, tiene que ser lo de siempre: tandas de puñetazos, desollamientos, mutilaciones… Y por si todo esto fuera poco cliché del torture porn (insisto), no falta la silla a la que la chica está atada y lo mejor de todo, ¡que la víctima tenga que ser precisamente una chica joven! Y aun tienen el descaro de decir para justificar esto que esta transmutación de la que hablaba antes parece que solo funciona con las mujeres jóvenes. ¡El colmo! Y se sorprende el señor director de que la gente aplauda cuando acaba su película... Mire, tan solo hay dos motivos para aplaudir Martyrs, el de alegría porque por fin acabó o el de regocijo por haber disfrutado de lo visto (osea que le aplaude el mismo tipo de público que hace sonar las palmas cuando en Audition la chica la emprende a clavar agujas en los ojos de su víctima). Aplausos de alivio de los que no han disfrutado con la violencia representada de forma tan gráfica y aplausos de agradecimiento de esa porción (grande) de público habitual en Sitges que busca la atrocidad definitiva. ¿Para sorprenderse o avergonzarse? Usted sabrá que ha hecho la película, señor Laugier.
Lo más gracioso de todo es que en la rueda de prensa a algún iluminado se le ocurrió mencionar a Foucault como posible influencia del director, entiendo que por sus pensamientos y reflexiones sobre el uso del poder aunque, vayan a saber, ¡lo mismo era sencillamente porque también era frances! En fin, para alucinar.
Pero no me malinterpreten. Martyrs consigue lo que se propone, que no es aleccionar al espectador ni hacerle reflexionar ni nada parecido, por más que Laugier quiera hacernos creer que sí. Martyrs consigue ponernos los pelos de punta y apartar la mirada de la pantalla para tratar de sobrevivir al horrible espectáculo que nos presenta (básicamente en su tramo final). En este sentido, su película es tremendamente efectiva y para los amantes de este tipo de cine una auténtica joya, como lo pueda ser la ya mencionada Hostel o la ganadora del año pasado A l’interieur o la famosa serie de mediometrajes Guinea Pig, por mencionar algunas.
Además, Martyrs viene a sumarse a la que ya puede ser considerada la Generación del Horror en Francia, que durante los últimos cuatro o cinco años parece haber engendrado un movimiento similar al de los gialli en Italia en los setenta y que ya cuenta con sus propios directores destacados, empezando por Alexandre Aja al que podríamos considerar el iniciador del movimiento con su Haute Tension.
Horror, sí. Gore, por supuesto. Esto es, como dicen los americanos, "a violence celebration". ¿Una película profunda para reflexionar y blah, blah…? ¡A otro perro con ese hueso, señor Laugier!

lunes, junio 16, 2008

EL INCIDENTE cinematográfico en la carrera de M. Night Shyamalan


El público que contempla una película de M. Night Shyamalan se divide en dos: los que se declaran fans de sus películas y esperan cada uno de sus estrenos con impaciencia (entre los que me encuentro), y los que únicamente consideran interesante su primer gran éxito comercial (El sexto sentido).
Por qué a los del primer grupo nos interesa tanto su cine es algo difícil de explicar. Sabemos que se trata, en gran medida, de una atracción por una manera de entender el cine fantástico y el suspense que parece heredada de Hitchcock y del primer Spielberg pero, asumiendo también que todas las tramas del director/guionista se sustentan sobre un premeditado giro final que es ya marca de la casa.
Quizá por eso, creo que “El incidente” es al mismo tiempo una película típica de Shyamalan y al mismo tiempo un punto de inflexión en su filmografía.
Reconozcamos que hoy por hoy, ya no hay nadie que cuando se sientE a ver una de sus películas y no esté esperando ese giro final que da un nuevo sentido a toda la historia y que, para los que no aprecian nada más que ello en su cine, representa el motivo final por el que eligieron entrar a verla cuando meditaban con sus amigos o parejas a la puerta del cine. Así pues, ¿qué ocurre con sus películas cuando se elimina este desenlace espectacular de la ecuación?
Este riesgo asumido por el director, probablemente en un desesperado intento por no verse obligado a mantener la pauta que le hizo famoso, es la principal novedad que aporta “El incidente” a su filmografía. El resto de lo que encontramos en la película tiene mucho de su personalidad, cuajada y bien conocida por los que le seguimos; personajes en crisis sentimental, situaciones que ponen a prueba sus relaciones, algunos momentos escalofriantes y una o dos secuencias de suspense magníficamente planificadas y resueltas.
Sin embargo, si en la reciente “La niebla” podíamos hablar de una película que partiendo de una situación típica del cine catastrófico alcanzaba un alto nivel en su desarrollo y culminaba con un fantástico desenlace, en “El incidente”, las expectativas que nos forjamos con su planteamiento no hacen sino decaer para disolverse completamente en un final que, quizá precisamente en esta película, sí que pedía a gritos un giro de ciento ochenta grados.
Lo peor de todo esto es que, inevitablemente, el boca a boca destruirá rápidamente la carrera comercial de una película que, a pesar de lo atractivo de su trailer, viene precedida por el anterior fracaso del director (La joven del agua, película que a mí personalmente me pareció realmente interesante y recomendable aunque se vendió como lo que no era) y pondrá en serios aprietos la continuidad fílmica de un director interesante. Y es que M. Night Shyamalan ya no puede permitirse otro fracaso de taquilla. La búsqueda de financiación para poder levantar “El incidente” le llevó de puerta en puerta de las majors americanas hasta que 20th aceptó con la condición de que apareciera un socio capitalista que financiara una parte importante del proyecto. Y es que, mal que nos pese, para directores como Shyamalan, autores en definitiva que como Spielberg o Zemeckis pretenden casar calidad con taquilla, fallar ante el público puede suponer el final de su carrera.
Pero volvamos a “El incidente”. ¿Por qué no acaba de funcionar? El planteamiento es el que ya intuimos desde el trailer. Una crisis apocalíptica, a priori a nivel estadounidense, en la que una extraña toxina hace que la gente decida autodestruirse con los medios que tenga en ese momento a su alcance. Tan original planteamiento da lugar a algunas secuencias terroríficas en las que vemos suicidios de todo tipo a cada cual más espectacular o extravagante. También algunos menos sangrientos pero mucho más inquietantes (más propios de Shyamalan) como el de la pistola del policía que va pasando de mano en mano.
El problema de la película comienza cuando, una vez planteada esta situación, se centra la atención en un pequeño grupo de personajes capitaneados por la pareja protagonista. Hasta aquí la fórmula de la película catastrofista estaba servida y funcionaba bien. Sabemos que, a pesar de que lo que ocurre con la dichosa toxina, lo peor está por llegar con los enfrentamientos que se puedan producir ante una crisis semejante cuando cada uno de los personajes que tratan de escapar antepongan su propia vida a la de los demás (lo que ocurre en La niebla pero también en Amanecer de los muertos y demás películas similares). Pues resulta que Shyamalan decide prescindir de ese desarrollo (que no por seguir la fórmula podría ser menos efectivo) y opta por ir eliminando rápidamente a todos los que acompañan a los tres protagonistas para convertir la película en una suerte de “La guerra de los mundos” de Steven Spielberg. El problema es que en “El incidente” no hay la parafernalia técnica que había en la película de Spielberg. sino que la amenaza que persigue a los protagonistas es invisible. Así pues, nos encontramos con un segundo bloque fílmico que se reduce a tres personas corriendo por el campo y mirando atrás perseguidos por… nada.
¿Es por ello “El incidente” una mala película? A mi entender no. Sin embargo es una película que no colma las expectativas depositadas en ella, lo cual la convierte en un film mediocre ni que sea por comparación con algunas de las propuestas similares que venimos recibiendo durante estos últimos años. Un desperdicio, una ocasión perdida.
De hecho, la sensación que me produjo la película una vez concluyó fue muy parecida a la que tiene el grupo protagonista cuando se refugia en una gran casa en mitad de la campiña y ésta resulta ser una vivienda de muestra donde, a pesar de lo bella y ampulosa que parece, no es más que un decorado donde incluso la vajilla y los refrescos sobre la mesa son de pega.
Pero como ya dije al principio, yo soy fan Shyamalan y no acabaré esta crítica sin defender la película aunque sea por esos momentos interesantes que también contiene; el desenlace de la trama del personaje que interpreta John Leguizamo, la ya célebre secuencia de los obreros de la construcción precipitándose al vacío (magnífico el uso de sonido), la visita de los protagonistas a la casa en la que se han aparapetado un grupo de desconocidos armados y de gatillo fácil,…

lunes, mayo 19, 2008

SPEED RACER Y EL CINE DEL FUTURO


Parece claro que existe un numeroso grupo de críticos que se niegan a aceptar que la época dorada de Hollywood ya es historia y que el cine, como técnica, continúa avanzando sin tener que pedirles permiso.
Está claro que, estos mal llamados críticos cinematográficos, se dirigen a las salas de cine con su pase de prensa de preestreno con la crítica ya escrita de casa según lo que han oído, lo que han leído o lo que les parece el póster de la película. O mejor aún, según quién se encuentre detrás de la cámara.
Admito, que yo mismo cuando ví el trailer en televisión de Speed Racer me quedé un poco parado. A pesar de que las imágenes que habían pasado ante mis ojos estaban llenas de frescura, aquellas mismas imágenes dejaban claro que se trataba de una imaginería puesta al servicio de una historia enfocada al público infantil. O, para ser justos, enfocada a todos los públicos (lo cual quiere decir que debería poder gustar tanto a grandes como a pequeños). Ese enfoque, que en principio no tendría por qué afectar a mi capacidad de juicio, reconozco que si interviene a la hora de seleccionar qué voy a ver y qué no. Lo que me convenció finalmente fue que tanto los intérpretes como el director(es) no fueran especialistas en ese género sino, muy al contrario, fueran solventes profesionales capaces de adaptarse a cualquier tipo de proyecto.
Es curioso que lo que a mí me llamara la atención para pagar mi entrada, el hecho de que los artífices de esta curiosísima adaptación de un anime al cine sean los Wachowski Bros, lejos de ser tomado como un punto a favor por los críticos de los que hablaba antes, tuvo más bien el efecto contrario en ellos. Así pues, no cuesta nada encontrar en las críticas a Speed Racer puyas hacia la trilogía de Matrix tildándola de pretenciosa, de sobrevalorada, etc,… Los mismos críticos que en su día dijeron de aquella que era mala porque no la entendían, ahora quizá avergonzados, lanzan la piedra como venganza ante su ignorancia y su pasmo ante lo nuevo.
Pero esto ya no hay quien lo detenga. Los Wachowski bros, Peter Jackson, David Fincher, Zack Snyder y sobretodo Robert Zemeckis (que tiene mucho más mérito por ser alguien de una generación anterior a la de los otros) ya han sentado las bases de lo que será el cine del futuro. Sencillamente se trata del fin de la artesanía. La desaparición de los oficios cinematográficos tal y como los entendemos hoy. Se trata del ordenador como único instrumento para diseñar, rodar y montar una película.

Cuando las películas tenían que montarse literalmente con tijera y pegamento, la llegada de los ordenadores y los programas de edición de video fue muy bien recibida. Cuando esos mismos ordenadores sirvieron además para que se desarrollara una industria de los efectos especiales que hiciera más creíble algunas secuencias en la gran pantalla, hubo algún rumor de fondo pero en general se permitió su entrada como una concesión al espectáculo. El avance digital, no obstante, no había hecho más que comenzar. Porque ahora cualquiera con un ordenador y una cámara digital graba y monta sus cortometrajes y esa universalización tecnológica ha conseguido que se reduzcan los tiempos y los presupuestos de rodaje del cine de hoy. Así pues ¿cuál es el problema?
El problema está en que hasta hace poco esa tecnología no había suplantado a los conceptos artísticos del cine. No había suplantado al diseño de vestuarios, ni al de decorados, ni a los cámaras, ni al director de fotografía, ni por supuesto a la interpretación.
Pero eso ya se ha acabado.
Sin los ordenadores sería imposible imaginar hacer una película como El señor de los anillos. Una adaptación de semejante obra tan solo era viable en forma de dibujos animados. Determinados movimientos de cámara que un director puede considerar la mejor forma de expresar el tono de una determinada secuencia no podrían llevarse a cabo si no fuera simulándolos con un ordenador. Pero, y he aquí la cuestión, ¿es necesario tener un motivo para hacer cualquiera de estas cosas ayudándose de la tecnología digital? ¿No basta con considerarla el medio más idóneo o aquél con el que se encuentra más cómodo un director?
Hoy por hoy a nadie se le ocurriría coger una vieja cámara de los años cuarenta y tratar de rodar al estilo de Von Steinberg. Quién lo hiciera sería tratado de bicho raro o tendría que enmarcar su película dentro de eso que llaman homenajes. Ahí está el ejemplo del fracaso de crítica y público de El buen Aleman. Entonces, si está claro que el progreso ha dejado aquello atrás, por qué nos negamos a asumir que dicho progreso continúa sin detenerse.
Una de las mejores películas que he visto en los últimos meses no es sino la recreación infográfica de la inmortal leyenda de Beowulf. Me refiero a la adaptación a la gran pantalla que llevó a cabo Robert Zemeckis y que se estrenó hace apenas unos meses. En ella, incluso los actores han sido digitalizados para estar acordes con el mundo en el que tenían que moverse. ¿Por qué hacerlo así? ¿Por qué no rodar la película con los actores reales y en localizaciones reales? Y yo contesto. ¿Y por qué no hacerlo?

Speed racer no es una película convencional. Desde la entradilla de los logos de productora y distribuidora ya nos damos cuenta de que sus responsables han tratado de sumergirnos desde el primer segundo en un mundo muy peculiar. Básicamente, se trata de un auténtico chapuzón en un anime colorista y luminoso, en un dibujo animado, como cuando éramos niños y veíamos aquella series e imaginábamos que éramos los protagonistas (no en vano en la película el hermano pequeño del protagonista y su mascota protagonizan una secuencia en la que imaginan que están dentro de la serie de dibujos que ven).
Por eso la película tiene un tono decididamente infantiloide que la hace asequible a todos los públicos (a pesar de contener una secuencia un pelín dura para los críos como es la de la tortura al piloto asiático a manos de los mafiosos).
Cierto es que, tanta infografía y tanta cámara inquieta, satura al espectador y que las carreras de coches podrían estar mejor rodadas. Son tan vertiginosas (especialmente las que tienen lugar en circuito cerrado) que los coches parecen patinar en lugar de rodar y la pista se retuerce como una serpiente haciendo que perdamos por completo el sentido de la orientación sumergiéndonos en una espiral de color y luz que probablemente nos coloca más cerca de una experiencia alucinógena que cinematográfica.
Pero aun con sus pegas, que las tiene, uno no puede apartar de si la idea de que se encuentra ante algo fresco y especial. Por decirlo claramente. Ante una película con un look que no había visto en ninguna otra. Algo de lo que pueden presumir muy pocos films (Matrix, 300 o la más antigua y pionera Tron, son algunos ejemplos).

No quiero terminar este artículo sin pasar por alto que la mayoría de críticos han hecho especial hincapié en que todos esos efectos están al servicio de una historia muy simple o de un guión poco sólido. Sin embargo, la cartelera está llena de historias simples y guiones absurdos y no parece importarles demasiado. Es como si, ante la nueva ola, buscaran un parapeto y lo encontraran en el argumento. ¿Lo hacen mal los actores? No… ¿Está mal planificada? No, pero… ¿El montaje está mal? Al contrario es brillante y novedoso utilizando esos primeros planos de los actores como cortinillas pero aun así… ¿Bueno pues qué le pasa? La historia, que es muy simple.
Ellos son simples. Ellos son historia.