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viernes, octubre 15, 2010

STAKE LAND; Combinación imposible de terror y comedia


Aunque mucha gente tiene la romántica idea de que los guiones de cine los escriben pequeños genios (a menudo con vidas tormentosas llenas de desengaños, alcoholismos y frustraciones) en habitaciones de hotel a lo "Barton Fink", lo cierto es que muchas de las historias que nos llegan desde Hollywood se han fraguado allí mismo, dentro de los estudios y gracias al desarrollo diario y sistemático de ideas que le son presentadas al productor ejecutivo de turno, quien decidirá a partir de ahí si dicha idea se transforma en película o no.
Todo este proceso puede verse perfectamente reflejado en la magnífica película de Robert Altman “El juego de Hollywood”, donde Tim Robbins interpreta al presuntuoso productor ejecutivo de una major en Los Angeles, y cuya primera aparición es precisamente sentado en su despacho oyendo las ideas que sus guionistas a sueldo quieren transformar en películas.
Esas ideas, en realidad, no son sino pastiches de otras. En parte porque así es como funciona realmente y en parte porque Altman pretendía ridiculizar esa forma de fraguar una película. Los guionistas, entrando uno por uno en el despacho como pacientes de un psiquiatra, le describían sus proyectos como una combinación de dos o más películas ya hechas (dejando así al productor como un inculto incapaz de comprender nada si no se le remitía a otra película anterior). Un ejemplo concreto es la propuesta que hace uno de estos guionistas al describir su idea como “una mezcla entre “Ghost” y “El mensajero del miedo”, o un thriller político, sobrenatural con conciencia,…

"Stake land", la película de Jim Mickle, parece haberse concebido utilizando precisamente ese mismo sistema y, la combinación de películas en este caso ha recaído sobre “The road” y “Zombieland”.
Para que quede claro el parecido argumental de estas tres películas, permítanme que escriba el storyline de cada una de ellas:

En “The road” un padre y un hijo atraviesan una tierra devastada por causa desconocida escapando de grupos de caníbales. Al final el muchacho queda solo y debe enfrentarse por fin, sin ayuda, al mundo tomando sus propias decisiones. Queda abierta la puerta a la esperanza al encontrar en el último momento a otros supervivientes.
En “Zombieland” un muchacho y el cazador de zombies que le recoge (que hace las veces de padre/mentor a partir de ese momento) atraviesan una tierra devastada por causa desconocida escapando de grupos de zombies. Al final el muchacho deberá enfrentarse a sus miedos y, abandonando a su mentor, tomar sus decisiones (rescatar a las chicas en peligro). Queda abierta la puerta a la esperanza al lograr con éxito el rescate de las chicas y huir con ellas.
En “Stake land” un muchacho es rescatado por un cazador de vampiros del ataque de un grupo de estos últimos que acaba con la vida de sus padres. El cazador de vampiros se convierte a partir de entonces en su padre/mentor. Juntos atraviesan una tierra devastada por causa desconocida escapando de salvajes chupasangres y de humanos que se han refugiado en una especie de fundamentalismo cristiano. Al final el muchacho deberá enfrentarse a sus miedos y, abandonado por su mentor, tomar sus decisiones. Queda abierta la puerta a la esperanza al encontrar el muchacho a su propia compañera y huir con ella.

A cualquier que haya visto las dos primeras supongo que le queda bastante claro que “Zombieland” funciona como una especie de versión cómica de “The road” (o a la inversa). Y entonces, ¿qué es Stake land? Con un planteamiento, desarrollo y desenlace tan parecidos, ¿qué espacio puede ocupar? Pues un punto intermedio entre ambas. Una combinación tan extraña que cuando se ve uno no sabe si debe reir o llorar.
Con un comienzo que se ajusta perfectamente a los cánones del cine de terror (el ataque a la casa del protagonista con la muerte de sus padres como colofón) saltamos a unos planos aéreos y grandilocuentes del chaval entrenando con su nuevo mentor en mitad de un campo a lo “Los inmortales” o "Karate kid". De los apuros de una monja que trata de huir de sus violadores pasamos a secuencias de acción y lucha en la que no faltan fantasmadas como lanzamientos de llaves de tubo que atraviesan el corazón de los enemigos. Y por si todo esto no descolocara suficiente, buena parte de la banda sonora de la película se acompaña con la narración en off de las reflexiones del protagonista en plan poético-melancólico.

Ya he mencionado en alguna otra ocasión que combinar terror y humor es altamente complicado y que muy pocos lo han conseguido. Pero es que, sinceramente, en “Stake land” no creo siquiera que esto fuera lo que se pretendía. Dado el tono trágico con el que comienza la historia y con el que termina, entiendo que los momentos de humor que se intercalan en el desarrollo no son sino meteduras de pata de sus responsables, salidas de tono mal calculadas que echan por tierra la coherencia de un relato que, remitiéndome a las sinopsis de más arriba, nos resulta más que familiar.
El tono sombrío con el que Mickle afronta la historia le otorga al menos un punto a su favor, especialmente en lo que concierne a esos grupos de supervivientes humanos que, lejos de querer trabajar para reconstruir la civilización, dedican sus esfuerzos a eliminar a los demás utilizando a los salvajes vampiros contra ellos, arrojándolos literalmente sobre las pocas poblaciones que quedan. Y todo ello para más inri, en nombre de Dios.

A parte de este detalle, y que el desconcierto que provoca no da lugar al aburrimiento, poco más a favor de esta película cuya combinación de géneros, deliberada o accidental, malversa por completo el potencial que pudiera tener originalmente.

jueves, octubre 14, 2010

SOMOS LA NOCHE; Las vampiras no quieren ni oir hablar de hombres


El cine alemán parece estar viviendo un buen momento de forma. Después de Oliver Hirschbiegel quien nos regaló la magnífica “El experimento”, la ilustrativa “El hundimiento” y debutó en Hollywood con la fallida “Invasión”, ahora es el turno de Dennis Gansel quien sorprendió hace un par de años con su controvertida “La ola”.
El director, con un presupuesto mucho mayor que el de aquella y adentrándose de lleno en el terreno de lo fantástico, nos arroja una historia de vampiros (vampiresas en realidad) que bebe de alguna de las mejores historias que sobre el tema se han llevado hasta ahora a la pantalla (“Entrevista con el vampiro”, “El ansia”,…).

“We are the night”, título original del film, comienza con una secuencia de gran potencia visual. La cámara recorre lentamente la cabina de pilotaje de un avión. El piloto está muerto. Continúa entonces por el pasillo mostrándonos a derecha e izquierda, en los asientos, cuerpos de pasajeros y personal de a bordo, todos ellos muertos con manchas de sangre y heridas en sus cuellos. Al fondo, vemos moverse las piernas envueltas en calentadores fucsia de una joven. Finalmente la cámara se detiene en una pasajera viva. Es otra mujer y lee tranquilamente un libro. – No debiste matar al piloto – le indica una tercera mujer, algo más mayor, a la que movía las piernas y que ahora podemos identificar como la más joven y alocada de las tres. Seguidamente abren la escotilla del avión provocando la despresurización y mostrándonos desde el cielo una oscura y bella estampa de Berlín en plena noche. Sin más, saltan del avión.

A pesar de tan poderoso inicio, “Somos la noche” no deriva hacia una película de vampiros y acción al estilo “Blade” ni a una de terror tipo “30 días de noche”. Las vampiras protagonistas de la película son seres tristes y decadentes a pesar de su aparente grandiosidad, perseguidas sin descanso por la muerte que ellas mismas buscan de forma indirecta poniéndose constantemente en evidencia (como cuando una de ellas se apaga un cigarro en el ojo en un restaurante ante la mirada de la pareja de la mesa contigua que le había llamado la atención por fumar), o empeñándose en contemplar el amanecer hasta que sus cuerpos comienzan a humear. Perdidas en la eternidad a la que han sido arrastradas tratan de combatir el tedio manteniéndose siempre a la última y disfrutando de los placeres más inmediatos, tratando así de camuflar la gran carencia que todas sufren: el amor.
Es precisamente la falta de un afecto verdadero el que impulsa a la líder del grupo, la más vieja, a mantenerse siempre al acecho, buscando una nueva chica que incorporar al grupo que ocupe el vacío al que siempre se ve abocada, era tras era. Algo que recuerda mucho a la aflicción que sentía el vampiro Armand (Antonio Banderas) en “Entrevista con el vampiro” y también la vampiresa que interpretó Catherine Deneuve en “El Ansia”.
No se trata pues de muchachas adolescentes debatiéndose en una crisis púber entre si les va más la languidez emo de un vampiro sosaína o la rudeza impostada de póster de tienda de moda de un aspirante a líder de la manada. No es una película con un target de público concreto (más allá de aquellos que van a ver cualquier cosa en la que aparezcan colmillos hundiéndose en cuellos ajenos) y sus momentos de violencia son tan escasos como lights para lo que hoy se acostumbra.
Pero además, “Somos la noche” también contiene una idea arriesgada y transgresora en cuanto al mundo de los vampiros. Cuando la líder del grupo es preguntada por la nueva incorporación acerca de la existencia de otros vampiros en el mundo, ella le contesta que apenas quedan cien en todo el planeta y que todos son mujeres, ya que ellas mismas, cansadas del ruido y la molesta presencia que hacían los vampiros masculinos, los mataron a todos.

¿Qué opinará de esto nuestra ministra de igualdad?

Bromas aparte, por si todo lo expuesto fuera poco, la película destaca también por su excelente ambientación que se desarrolla entre las oscuras calles del Berlín nocturno, los fastuosos clubs exclusivos de la ciudad donde las vampiras disfrutan de la música de moda, y algunos lugares emblemáticos en decadencia, siguiendo la famosa máxima del cine que dice “el exterior debe reflejar el interior”.

Lo curioso de la película es que la historia en si no es nada que no hayamos visto antes y su recorrido se ve venir desde que tiene lugar el punto de giro. [SPOILER] Lena, una carterista de poca monta es mordida por una vampira que se obsesiona con ella por el brillo de sus ojos. Lena no tiene más remedio que tratar de aceptar su nueva vida pero un policía al que conoció cuando era ladrona comienza a complicar las cosas y pone en peligro su coartada y la de las otras vampiras, quienes por otro lado, se comportan de forma totalmente imprudente llamando constantemente la atención con asesinatos y demostraciones excesivas de poder. Cuando Lena sea obligada por la líder a elegir entre su nueva vida (lo cual incluye amarla a ella) o el policía del que comienza a enamorarse, los acontecimientos dirigirán la historia hacia un trágico final al que, en el fondo, todas querían llegar al sentirse seres desdichados transformados contra su voluntad [FIN SPOILER].

No me gustaría terminar esta entrada sin destacar además los fantásticos títulos de crédito de la película que, sin grandes efectismos y con música intimista, nos muestran en una composición de imágenes en lento fundido la historia de una de las vampiras protagonistas (la líder) desde la actualidad hasta su origen, empezando con fotografías actuales continuando con otras en blanco y negro y terminando al final por retratos y murales de época.
Una idea elegante que da la medida de una película que, sin ser perfecta, mantiene un equilibrio aceptable (y complicado) entre el espectáculo y la contención.

domingo, octubre 10, 2010

VAMPIRES


Lo que peor me sabe de esta película es que estoy seguro de que nadie que no estuviera en la sala conmigo ayer la podrá ver nunca. Bueno, puede que exagere, pero creo que más allá de las salas belgas y del circuito de festivales va a ser muy complicado que una cinta como esta se estrene en nuestras pantallas o llegue al mercado del DVD o, más aún, se llegue a pasar por algún canal de televisión en nuestro país. Y no por que no se lo merezca, que tiene muchos méritos para ello, sino porque su tirón comercial es más corto que el montaje de “The fast and the furious”.

Vincent Lannoo, director de la película, sabe perfectamente lo que es trabajar con un presupuesto bajo y centrar la atención en los actores, no en vano debutó con un film dogma. Con esa credencial y tratándose de una película belga sin caras conocidas en el mercado internacional y por la que ni siquiera este festival ha apostado de una forma seria (no está a concurso en las secciones principales) el recorrido hacia la distribución será más que complicado.

“Vampires” es un mockumentary que parte de la siguiente premisa: una familia de vampiros de Bélgica escribe una carta a una cadena de televisión local para que vaya a su casa a filmarles para que así la gente pueda saber como vive realmente la comunidad de chupasangres local. El resultado de tan estimulante propuesta es una película totalmente descacharrante con momentos inolvidables desde que comienza hasta su desenlace.
Lejos de la dramática habitación de hotel donde el decadente Loui de “Entrevista con el vampiro” decide exponer a la luz pública la existencia de vampiros y su propio periplo vital, la familia de “Vampires” se muestra de forma abierta y jovial, tan natural como si estuvieran en el TV show “Gran hermano” o algo parecido obsequiándonos con constantes momentos para el recuerdo. Empezando con el hilarante gag del primer intento de grabación que se salda con algunas víctimas entre el equipo de rodaje, pasando por la naturalidad con la que los vecinos de la familia, también vampiros, narran como se conocieron y su especial apetito por los niños, hasta el viaje a Canadá y el choque cultural que sufren con la comunidad vampírica americana pasando por la visita a la escuela de vampiros o a la tienda de ataúdes, cada una de las vivencias de los protagonistas es una pequeña historia en si misma.
Cada revelación del mundo vampírico a través de la familia protagonista es además una crítica absolutamente corrosiva sobre el estado del bienestar y la diferencia de clases en el país belga (perfectamente extrapolable a la sociedad europea en general) donde unos pocos privilegiados manejan a los demás a su antojo utilizándolos y desechándolos de la forma más natural del mundo. Sirvan como ejemplo el que sea la propia policía la que les provee de sangre fresca trayéndoles cada noche a un inmigrante ilegal, que dispongan de una prostituta en casa a la que guardan en una nevera y sacan solo para cenar lo cual ella agradece, puesto que es un trabajo mejor que el que tenía, o el placer culpable que tuvimos todos cuando vimos como el hijo adolescente de la familia y su amigo vampirizan a un disminuido para luego tener que acabar matándolo.

Sin duda, lo más destacable de la propuesta además de su excelente sentido del humor en el que, como ya he dicho, queda muchísimo espacio para hablar de temas sociales sin tener que caer en el izquierdismo obvio de muchos de nuestros cineastas reconocidos amigos de la pancarta, es el esforzadísimo trabajo de sus actores que están inmensos cada uno en su papel y que añaden un punto adicional de verismo al falso documental en el que, eso sí, a veces se justifique difícilmente la presencia de algún plano demasiado calculado cinematográficamente. Pero poca cosa le puedo criticar (en el mal sentido) a esta fantástica muestra de cine que justifica por si sola el que, un año más, me haya venido hasta Sitges para ver y escribir sobre cine.

Divertidísima.

viernes, noviembre 27, 2009

LUNA NUEVA; Sangre nueva


Cuando publiqué mi crítica sobre “Crepúsculo” traté de dejar claro cuáles eran en mi opinión las dos razones fundamentales por las que dicho film me parecía, por decirlo de alguna manera, malo. Para empezar estaba su enfoque excesivamente almibarado, tan devoto de su público “target” adolescente que se olvidaba de todos los que, aficionados al cine fantástico o al cine en general, pueden disfrutar también de una historia de amor siempre y cuando las babas no chorreen pantalla abajo. No obstante, y aceptando que dicho tono no pretendía sino mantener la fidelidad al libro de partida, es la segunda razón la que realmente hundió, insisto en mi opinión, la película. Me referí entonces y me reafirmo ahora con la distancia que me ofrecen los meses transcurridos desde que lavi, a la ausencia total de estilo y de utilización de los recursos, técnicas y lenguaje cinematográfico de un modo inteligente a la hora de narrar la historia, porque, la fidelidad al texto no puede hacer olvidar a un director de cine que lo que está construyendo es una historia narrada en imágenes y sonido.
Dicho esto debo admitir que me ha sorprendido gratamente el giro emprendido por el director de “Luna nueva” al abordar esta secuela. No solo se ve una clara intención de acercar la narración a un público más adulto sin por ello renunciar a los fans de la saga, sino que además ha sabido imprimir a su película una cierta personalidad propia en la que no faltan incluso algunas set pieces memorables.
Pero tampoco lancemos las campanas al vuelo. “Luna nueva” no es que sea una gran película pero al menos debemos reconocerle su indudable capacidad para reciclar un material por el que muchos, yo el primero, ya no daban un duro. Para que los aficionados al fantástico o a las películas de vampiros me comprendan, “Luna nueva” vale más que toda la saga de “Underworld” junta. Puede que esto no sea decir mucho pero sé que sabréis entenderme.

Cierto es que “Luna nueva” parte con una importante ventaja sobre su predecesora en cuanto a historia ya que, al contrario que aquélla, en el presente film el director puede saltarse sin problemas toda la presentación de personajes lo cual le permite entrar en materia desde el primer fotograma sentando la trama sobre la que girará toda la película y con cuya esencia es mucho más fácil identificarse que con la de su predecesora: ¿existe el amor inmortal? Incluso para una pareja tan relamida como la protagonista ¿podrá más el tiempo que la fuerza de sus sentimientos?
Una cosa que queda más clara en esta película que en “Crepúsculo” es el escaso empaque de su dúo protagonista. Es digna de aplauso la labor que realiza el director encuadrando y moviendo la cámara alrededor de ambos intérpretes tratando de sacarles algo y apoyándose en toda la escenografía y la luz para incrementar lo que éstos tratan pero no consiguen poner en escena. El personaje de Edward aparece poco en este film pero su mirada esquiva y perdida en sus pensamientos así como las sonrisas insinuadas y melancólicas se repiten tanto que me hacen cuestionar si hay algo más en el repertorio facial de este muchacho. Pero el premio gordo se lo lleva Bella, cuya intérprete parece constantemente drogada o mareada con un molesto tic en un ojo cada vez que debe pronunciar alguna declaración sentida. Lo más curioso es que dicha interpretación puede deberse al estado embriagador al que al parecer el personaje de Bella se precipita cada vez que se encuentra con Edward, tal y como se describe en las novelas, pero… ¡es que hace lo mismo incluso cuando no está con él!
Por suerte y, como decía, el director se aplica a conciencia para remediar estas carencias con soluciones de planificación y montaje en las que en ocasiones abusa un poco del lenguaje del videoclip aunque, ciertamente, sea un lenguaje que encaja perfectamente con el material que tenemos entre manos.
Probablemente, la principal novedad de la película a nivel narrativo sea la que menos interés a despertado en mi, y me refiero a la presentación de los hombres lobo y al cierre del triangulo amoroso. No me interesa porque ya lo he visto (cualquiera que conozca el mundo de “Vampiro, la mascarada” está harto de oír hablar de enfrentamientos entre vampiros y hombres lobo) y porque, como en el caso de la luminosidad que exudan los vampiros de esta saga cuando se muestran al sol, los licántropos no son sino hermosos lobos gigantes sin atisbo alguno de monstruosidad, por más que se les quiera mostrar fieros y terribles. Incluso el interesante detalle de la cicatriz que exhibe en el rostro la novia de su líder y que fue provocada por la ira desatada una de las fases lobunas de éste (¡y que se entendía sin que un personaje tuviera que explicarlo!) se diluye con su pose amable y el ambiente de hermandad que el clan de licántropos, inicialmente presentado con mucho acierto como una especie de secta, dan a sus reuniones haciéndoles parecer antes un grupo de surferos o de amantes de los deportes de riesgo que seres torturados por su maldición.
No está en el discurso de la autora de las novelas ni en el de sus adaptadores al cine reflexionar sobre la naturaleza de dichas criaturas ni de cómo sobreponerse al horror que les supone el tener que alimentarse de sangre humana (al menos en el caso de los vampiros). Es un tema por el que se pasa de puntillas, como tantos otros que solo servirían para oscurecer un relato que se quiere luminoso y en tonos pastel, y que se dirige en una dirección muy distinta: ¿hasta donde estaría dispuesto a llegar el más atractivo de los hombres por el amor de una mujer? ¿a cuánto estaría dispuesto a renunciar?
La última parte del relato, no obstante, parece abrir una puerta hacia una tercera entrega con algo más de profundidad, pues el relato parece abandonar finalmente el ambiente rural e íntimo del pueblecito en el que transcurren la primera y buena parte de esta entrega para adentrarse en la complejidad del mundo de los vampiros más allá del charco, lo que ya ha servido para presentarnos a algunos miembros de lo que podría ser la “nobleza” de su sociedad, con sus costumbres, su justicia y su falta de piedad; detalle visual muy interesante y no explicado en el film el de esos vampiros europeos de ojos enrojecidos, símbolo de alimentarse de sangre humana.

Se quedan en mi retina algunos momentos realmente llamativos y con gran poder visual como es ese arranque de la película en el que Bella se confunde a si misma con su abuela o la magnífica, y de momento lo mejor de toda la saga, secuencia de persecución en la que la manada de lobos trata de dar caza a la vengativa vampira pelirroja que huye por el frondoso bosque, en esta ocasión más verde que azul.

sábado, octubre 03, 2009

THIRST; La aproximación al vampirismo de Park Chan Wook


La culpa, la redención, la inmortalidad, la moral, la compasión, el sacrificio,… Todos estos temas han sido explorados en diversas películas con vampiros como protagonistas. ¿Se puede explicar algo sobre los vampiros que no se haya dicho ya? ¿Aún es posible utilizar a estas criaturas para contar algo interesante? Supongo que después de “Déjame entrar” (una de las vencedoras del año pasado en este Festival) y de la muy exitosa y premiada serie “True blood” la respuesta es un rotundo “sí”.
Park Chan Wook nos cuenta la historia de un cura incapaz de continuar ejerciendo su labor. Su corazón se rompe con cada confesión en la que una mujer le explica los maltratos a los que es sometida. Es incapaz de soportar la triste labor de dar la absolución a enfermos terminales. Decidido a ayudar a los que más lo necesitan de una forma más útil, decide apuntarse a un proyecto médico en Africa que experimenta con humanos para encontrar la cura de un virus mortal. Sin embargo y, tras someterse a la inoculación del virus y pasar varias semanas aislado con otros enfermos, el cura no solo conseguirá vencer ala enfermedad sino que, como si de un efecto secundario se tratara, abandonará el laboratorio “cambiado”.
Al reincorporarse a sus quehaceres como cura no tardará en descubrir que ha adquirido prodigiosas habilidades físicas así como una alteración en sus sentidos que se han vuelto mucho más sensibles a lo que le rodean. Sin embargo, todo ello tiene un precio. Una sed de sangre y lujuria le corroe y ambas pelearán con la moral del protagonista en su lucha por ser saciadas.
A partir de aquí, Park Chan Wook se adentra a través de su toturado protagonista en un laberinto en el que se mezclarán la culpa, el amor, el erotismo y el sacrificio, todo ello con su especial sentido del ritmo y de la plástica que ya conocemos gracias a su famosa trilogía sobre la venganza.
Sin embargo, y a pesar de que a la propuesta no se le puede negar cierta originalidad y frescura así como algunos momentos visuales brillantes (los saltos por los tejados de la pareja protagonista, el desenlace en el acantilado,…), no consigue alcanzar ni la fría belleza de “Dejame entrar”, ni la negra comedia de “Besos de vampiro”, ni la oscura elegancia erótica de “El ansia” ni la áspera metafísica que envolvía “La adicción”. Thirst se queda en algún punto intermedio entre las películas de vampiros convencionales y esas pequeñas joyas que, muy rara vez, nos ha dado el cine que se ha acercado a estos oscuros personajes.

No obstante, Thirst es una película apreciable y a tener en cuenta por distintas razones de índole formal, más allá de si su historia comienza con muy buen pie pero no acaba de encontrar su sitio entre esa hibridación de tragedia, comedia, terror y erotismo; unos intérpretes perfectos en sus personajes (destacaría especialmente la labor de la chica protagonista y su madre), una dirección que destaca por su planificación y encuadres resueltos de forma magistral tanto para ofrecernos momentos de humor como fantásticos o dramáticos y, por qué no mencionarlo también, una hermosa banda sonora que desde los primeros créditos hasta el desenlace acompaña de forma perfecta toda la narración.
En definitiva, un valor a tener en cuenta de cara a los premios aunque sea en categorías secundarias.

lunes, marzo 30, 2009

UNDERWORLD, RISE OF THE LYCANS; A buenas horas...


La razón por la que acabé viendo esta película, después de haber dicho por activa y por pasiva que no lo haría, merece una explicación, así que allá va.
Hace ya unos cuantos años que estrenaron “Underworld”. En aquel entonces, recuerdo que entré en la sala de cine con mi mujer sin pensar demasiado en que película estaba a punto de ver. La seleccioné sencillamente porque el cartel me llamó la atención y la sinopsis me recordaba en cierta medida al “Mundo de Tinieblas” creado por “White Wolf” y que, en aquellos años, todavía me comía un poco la cabeza. Desconocía quién era su director y, de su protagonista, Kate Beckinsale, apenas hubiera podido decir nada más allá de que parecía estar bastante buena.
El resultado de aquella experiencia fue una gran decepción y un dolor de cabeza no menos grande. No es que la película me pareciera un auténtico bodrio pero estaba claro que a los responsables del film les interesaba mucho más hacer una película de acción al rebufo de “Matrix” que de narrar los entresijos del oscuro mundo que se esconde en las góticas ciudades del “Mundo de Tinieblas”, con las que, aclarémoslo ya, poco o nada tenía que ver más allá de la convivencia de vampiros y hombres lobo librando una batalla secreta al margen del conocimiento de los humanos.
Fue curioso pero, años después cuando se estrenó Underworld 2, se produjo una situación muy similar y, aunque tanto yo como mi señora esposa estábamos convencidos de que la primera no nos había gustado, pagamos la entrada y volvimos a la carga. El resultado no pudo ser peor. Realmente aquella infame (esta sí que sí) película, nos convenció de que la franquicia creada por Len Wiseman no era sino un puro espectáculo vacío sin absolutamente nada interesante que contar.
Así pues, cuando se estrenó hace un par de semanas esta “Underworld: Rise of the Lycans” ni se nos ocurrió hablar de ir a verla. Estaba claro que no lo haríamos. Pues hete aquí que los pocos conocidos que la fueron a ver empezaron a decirnos que no estaba mal, que las críticas que circulaban por Internet no la dejaban del todo mal y, ya el colmo, hasta mi revista de cine de cabecera la ponía medio bien. ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que verla o mantenerme en mis trece? En fin, pues llegué a una solución de consenso conmigo mismo: la veo pero no pago por verla. Y aquí estamos.

“Underworld: rise of the lycans” funciona como una precuela de las anteriores películas y en ella se narra la historia de Lucian y Sonja, un licántropo y una vampira que desencadenan la guerra entre las dos especies al no renunciar al amor que sienten el uno por el otro.
Es curioso que algo tan simple y tan manido como pueda ser la premisa anterior sirva para plantear la que es, sin duda, la mejor de las tres películas de la saga. Y todo ello renunciando al que era el principal atractivo de las otras (sin mencionar a la Beckinsale, claro), el que la acción se desarrollara en la actualidad con la mezcla entre goticismo, tecnología y tribalismo que conllevaba.
Por desgracia, decir que “Underworld:Rise of the lycans” es la mejor de las tres películas tampoco es que sea decir demasiado. Como sus predecesoras, la cinta adolece del mismo mal. Se prima en demasía el espectáculo a costa de un desarrollo mucho más profundo de las tramas y de los personajes que quedan reducidos, en su mayoría, a unos pocos esbozos que los convierten en poco menos que caricaturas. Se desaprovechan así interesantes líneas de guión como pueda ser todo lo relacionado con la nobleza vampírica y sus siniestras relaciones con la nobleza humana, las traiciones entre los clanes representados en el consejo vampírico y hasta el horror de los humanos que son secuestrados para ser convertidos en bestias esclavas (resulta realmente desconcertante la calma con la que todos ellos asumen su destino después de haber sido mordidos).
Si toda esa espectacularidad se tradujera en un delirio de efectos especiales de primera categoría o en sensacionales secuencias de acción a lo John Woo pues a lo mejor valdría la pena haber pasado de trabajar más el guión pero… es que tampoco es así. Los combates entre vampiros y bestias se desarrollan con tal frenesí que apenas se entiende nada. Cámaras lentas se alternan con montajes aceleradísimos de planos y más planos en los que tan solo se ven miembros cercenados, chorros de sangre, relucir de espadas y garras peludas. Y por supuesto todo ello pasado por el omnipresente filtro azul que acompaña todos y cada uno de los planos y que, de tan repetitivo, deja de cumplir con su supuesta función (transmitir la frialdad del ambiente en el que se desarrolla la mayor parte de la historia; el castillo de los vampiros).
Dicho todo esto aceptemos que la película mantiene un ritmo agradecido en el que cuesta encontrar un minuto de aburrimiento, que se beneficia además de una duración muy ajustada y razonable ante el escaso empaque de lo que se narra (ochenta y pocos minutos), que sus actores realizan un trabajo aceptable a pesar de que no haya demasiado con lo que trabajar y que Rhona Mitra ya se las hubiera visto recientemente con hombres lobo en la muy prescindible “Skinwalkers” (que parece que le ha cogido gusto al tema) y dejara clara sus limitaciones para esto de la interpretación. Aceptemos también que la película cuenta con al menos un par de momentos de cierta densidad dramática; el de la ejecución de la vampiresa (que le debe mucho a “Entrevista con el vampiro”) y el de la huída final de los licántropos con ese Víctor desafiante desde una almena al límite de ser carbonizado.

Resumiendo, que sí, que de acuerdo. Que no está mal, pero que se puede hacer mucho mejor a poco que haya un poco de ganas de huir de la fórmula. No olvidemos que el goticismo ha dado películas geniales sin tener que prescindir de las escenas de acción como parte fundamental de la narración. Ahí está “El cuervo”. ¿O no?

lunes, diciembre 08, 2008

CREPUSCULO; Dirty Dancing para melangóticos


El cine de vampiros no es ajeno a este blog, en absoluto. En mi maratón de entradas sobre el Festival de Sitges fue precisamente una película de vampiros la que mejor parada salió, por ejemplo. También hablé en su dia de la interesante 30 dias de oscuridad y de la fallida Rise. Así pues, ¿por qué iba a faltar aquí el nuevo y flamante fenómeno sobre vampiros juveniles?
Vaya por delante que no he leído las novelas de las que procede la película pero, como buen blogger y crítico, me he informado suficientemente sobre el material y, para los fans del libro no hay sino buenas noticias; se trata de una adaptación muy fiel del material de partida en la que prácticamente no se escatima un solo pasaje relevante en lo relativo a la primera de las novelas, que es la que se ha adaptado. Mención aparte será si los guapetes protagonistas cumplen con las expectativas que la imaginación de los lectores hubiera puesto sobre ellos.
Pero claro, aquí no estamos para hablar de una novela sino para hablar de cine. Y si restringimos el análisis a lo pura y estrictamente cinematográfico resulta que nos encontramos con una película en la que apenas hay un solo uso inteligente o creativo del lenguaje audiovisual. Ni la puesta en escena, ni los movimientos de cámara, ni la planificación... nada, a excepción de un par de desenfoques para jugar con la profundidad de campo, destaca en este film que se limita a explicarnos una historia más o menos previsible con la simple artesanía de ir uniendo un plano detrás de otro. Como muestra de la impericia de su directora baste el siguiente ejemplo: al principio de la película una voz en off, la de la protagonista, nos relata como este año se irá a vivir con su padre, el jefe de policía de un pequeño pueblo. En una de las primeras secuencias se la ve a ella con su padre en el coche de policía que él conduce y se aprecia cierta tensión entre ellos. Para romper el silencio, el padre le dice a ella que nunca la había visto con el pelo tan largo, a lo que ella contesta que se lo cortó recientemente. De esta forma tan sencilla el espectador medio ya debería darse cuenta de que padre e hija hace mucho tiempo que no se ven; tensión en las miradas, silencios, una breve charla que hace referencia al cambio de aspecto de uno de ellos... Bueno, pues en cuanto bajan del coche, la directora no puede evitar volver a incluir una voz en off de la chica diciendo: "hacia mucho tiempo que no nos veíamos". En fin, un desastre.
A nivel de guión, y aquí el mérito sería más de la escritora de las novelas (la película apenas si se aparta un ápice de lo que se explica en el libro), tampoco es que aporte nada nuevo a las historias de vampiros. Su juego terror/amor entre adolescentes con oscuros secretos ya fue explorada, sin ir más lejos, en la entretenida "Jóvenes Ocultos" de Joel Schumacher donde, por cierto, la combinación de terror, romance y humor estaba mucho mejor calibrada.
Pero en justicia hay que dejar claro que Crepúsculo no trata exactamente del vampirismo y tampoco está interesada en la mezcla de géneros como una forma de experimentación cinematográfica o narrativa. Su objetivo es el de encandilar a una nueva generación de adolescentes deprimidos por su triste y patética existencia con un relato sobre chicos y chicas hermosas, inmortales y con poderes sobrenaturales. Sobre un amor correspondido y eterno, puro y virginal (no hay una sola escena de sexo y hasta los besos son sin lengua). En definitiva, sobre una realidad que no existe pero a la que todos se rendirían extasiados y suspirando. Nada muy distinto del sentimiento empalagoso que, en mi generación, causaron películas como Dirty Dancing.
Los vampiros de Crepúsculo no duermen en ataudes, no matan gente sino que tienen suficiente con la sangre de los animales, les basta que esté nublado para pasearse a la luz del sol y, en el peor de los casos, si los siempre hirientes rayos del astro rey les tocan, no se disuelven en cenizas sino que brillan como diamantes. Todo ello me recuerda el estudio que se mencionaba en el ensayo "Undead and Philosophy" en el que el profesor de un colegio preguntó a sus alumnos acerca de a cúantos de ellos les gustaría transformarse en un zombie o en un vampiro y, prácticamente toda la clase abrazó el vampirismo. Así ya se puede ¿no?
En fin, si después de leer todo esto te estás preguntando si te recomiendo o no que veas esta película mi respuesta es que eso depende de una simple pregunta: ¿cuántos años tienes?

domingo, octubre 12, 2008

SITGES 14- LET THE RIGHT ONE IN


Si hay un mito del fantástico que nunca pasa de moda en el cine ese es sin duda el del vampiro. Más allá de las películas sobre el personaje de Drácula, que son un subgénero en si mismo, los chupasangres llevan arrastrándose por nuestras pantallas prácticamente desde que se inventara el cinematógrafo. Tanto es así que hoy en día cualquier persona podría componer una lista con los principales poderes y debilidades de estas criaturas según sus películas favoritas sobre el tema; que si los ajos, que si lo de invitarle a entrar, que si la luz del sol, que si el agua bendita...

Obviamente, el hecho de que existan tantas películas sobre vampiros hace inevitable que el montón de paja sea grande y difícil de encontrar el grano en ella. Además, y según de que crítico te fíes, puedes encontrarte con recomendaciones dudosas. Hay quien defenderá productos como “Los viajeros de la noche” de Kathryn Bigelow y hay quien dirá que la mejor película de vampiros es “The adiction” de Abel Ferrara. Incluso encontrarás quien te diga que hoy es imposible hacer una película de vampiros sin caer en los clichés o en el espectáculo del cine de acción (Van Helsing, Blade, Underworld,…).

¿Qué lugar ocupa entonces la película sueca “Let the right one in”, dentro de este subgénero? En mi opinión un lugar privilegiado. Un lugar de honor entre las mejores del género no solo porque combina de forma magistral el drama clásico con el terror más sobrio, ni tampoco por contener algunas secuencias inolvidables que resuelven con ideas de encuadre y profundidad de campo lo que otros hubieran convertido en un simple montaje de planos, ni tampoco porque los dos niños protagonistas estén inmensos en sus papeles o porque la historia que se nos cuenta sea una especie de versión siniestra de la estupenda “Un puente hacia Terabithia”, sino porque sencillamente, cuando la película acaba, cualquier persona con sangre corriendo por sus venas tiene que aguantarse para que las lágrimas no le rueden mejilla abajo.

Así de potente es la empatía que despiertan en nosotros la pareja protagonista y así es de real el escenario en el que Tomas Alfredson, el director, les sitúa.

Sin duda Let the right one in es mucho más que una simple película de vampiros y tiene tantos matices en su guión que puede interesar a una cantidad de público con muy distingo gusto cinematográfico. Es una historia de amor, es una historia de abusos entre escolares (bullying), es una intriga de asesino en serie y, por supuesto, también es una película de terror. ¿Qué más se puede pedir?



A apenas unos meses de recibir la adaptación al cine de la saga de novelas Crepúsculo (responsables de haber desbancado a Harry Potter del top 1 en ventas), me cuesta mucho imaginar que el resultado pueda superar a esta pequeña-gran película europea que se olvida de imitar a los americanos (como sucedió con el desastroso díptico Guardianes de la noche/dia) y se centra en contar una historia de amistad y amor (¿imposible?) tierna y espeluznante con íntima seriedad.

Por desgracia, y como ya he comentado sobre otras producciones presentadas en este Sitges 2008, la procedencia del film y su, en consecuencia, ausencia de estrellas que funcionen como reclamo comercial, es posible que dificulten la distribución del film en nuestro país, lo cual será una verdadera lástima para todos los amantes de las películas de vampiros, del cine fantástico, ¡que demonios! del cine con mayúsculas.

lunes, marzo 17, 2008

LA CRIATURA PERFECTA Y RISE; Vampiros de pacotilla



Es curioso que, habiendo visto recientemente dos auténticas joyas cinematográficas como son "Pozos de ambición" y "No es país para viejos" acabe dedicando el post de esta semana a dos bodrios como "La criatura perfecta" y "Rise, cazadora de sangre", pero así es. Supongo que resulta más fácil o seductor hacer una crítica para despellejar que para alabar. O quizá es que sencillamente estoy contagiado por la semana vampírica que Dude ha puesto en marcha en su blog.
Entremos en materia.

La criatura perfecta trata de un mundo alternativo ambientado en clave retrofuturista en el que vampiros y humanos conviven en armonía. Los vampiros son tratados como seres místicos y forman lo que llaman "La hermandad" y los humanos los adoran como ángeles y les ceden amablemente su sangre vía transfusión. Todo se tuerce cuando uno de estos hermanos decide beber directamente de la botella, quiero decir del cuello, sucediéndose una serie de crímenes por toda la ciudad que La hermandad no desea que tengan demasiada publicidad.
Hasta aquí tenemos un argumento no carente de cierto atractivo a pesar de estar ya visto en la aceptable "Legado de sangre", con la que además comparte la trama detectivesca en clave de buddy movie con policía humano que tiene que aceptar de compañero a un vampiro.
Acepto que las pocas imágenes de ese mundo retrofuturista con el que se adorna la película son atractivas (coches de los años cincuenta, zepelines que cruzan el cielo nocturno, edificios góticos mezclados con barrios que parecen salidos de la pluma de Chales Dickens...) pero no bastan para lavar la pobre producción que envuelve el film. Los actores, pese a no hacerlo del todo mal, carecen también de todo atractivo. No ya porque no sean primeros nombres (tan solo Safren Burrows destaca algo en ese aspecto) sino porque los personajes apenas tienen algo que decir en una película que no se sabe si pretende ser de acción con cierta inspiración en "Underworld" o si persigue cierta profundidad con un discurso sobre la aceptación del diferente en la sociedad y bla, bla... En cualquier caso, no encuentra su sitio y resulta ineficaz en ambas vertientes.
En fin, la recomiendo ver de noche. Sobretodo si os cuesta coger el sueño.

Sobre Rise cazadora de sangre... pues nada. Una gran decepción. Películas como ésta son las que hacen que "30 dias de oscuridad" destaque a pesar de sus muchas carencias.
Aunque la historia de la periodista que se mete donde no debe y acaba convertida en vampira vengadora contiene algún plano de cierta intensidad (como el de su renacer vampírico o el de su primera alimentación con víctima, el vagabundo)la trama se desarrolla de un modo mecánico estilo videojuego. Lucy Liu se pasea por la película yendo de malo en malo a los que se despacha con tanta facilidad que cuesta imaginar como vampiros tan incompetentes llevan tanto tiempo sobre el mundo sin haber sido eliminados por su propia torpeza.
Para colmo, al director de la faena no se le ocurre otra cosa para dar cierta intensidad visual al montaje que incluir flashes de tanto en tanto en plan visiones de la protagonista, probablemente el recurso más utilizado en el cine de terror de estos últimos cinco años. Y no contento con eso se lanza a las referencias, guiños, homenajes o como queráis llamarlos a otras películas como son el poncho que luce la Liu en plan spaguetti western o las pequeñas cuchillas con las que los vampiros deguellan a sus víctimas igual que en la magnífica "El ansia".
Lo peor, no obstante, está aún por llegar en forma de final, en el que imagino que se pretende dejar abierta la posibilidad de una continuación. No me quiero ni imaginar lo que puede ser hacer de Rise una franquicia. Como si no tuviéramos ya bastante con Guardianes de la noche y Blade.

Si a pesar de lo explicado seguís teniendo ganas de ver una película de vampiros recordad que siempre nos quedará "Cronos", "La adicción" o la ya mencionada "El ansia". Por decir algunas.


PD: Si aun no conoces The last ones pásate y únete a nosotros en esta aventura en forma de novela-blog. Ya hemos completado el primer capítulo y nos embarcamos en el segundo.

martes, febrero 12, 2008

30 DÍAS DE OSCURIDAD; SE VE BIEN


Cuando uno se tropieza en la televisión con el trailer de “No es país para viejos”, las imágenes pierden algo de su importancia y lo que resuena en nuestros oídos es lo que ya sabemos de dicha película; que es de los hermanos Cohen y que Javier Bardem es uno de sus protagonistas. Con estas credenciales, poco importaría si el trailer fuera una sobreimpresión de estos nombres sobre fondo negro. El interés estaría garantizado igualmente.
Con "30 días de oscuridad" ocurre casi lo contrario. Para empezar es una película claramente de género, que se inspira en un cómic, y cuyos protagonistas no son precisamente de los que hacen que el público acuda en masa. De hecho, "30 días de oscuridad" tiene todos los ingredientes para ser tomada con desdén y acudir al cine, si es que se va, lleno de prejuicios (porque las últimas películas de vampiros no han sido buenas, porque no haga justicia al cómic,…).
¿Pero es "30 días de oscuridad" una película de vampiros? En este género hemos visto ya a criaturas atormentadas por su pasado y por su incapacidad de amar ("Drácula"), a seres hermosos y tristes condenados a la eternidad ("Entrevista con el vampiro"), a chupasangres violentos con ansias de dominar el mundo ("Blade"), a hermosos guerreros que libran batallas a la sombra de nuestra sociedad ("Underworld"), a chicos perdidos con malas compañías ("Jóvenes ocultos"), a falsos vampiros que se pasean con colmillos de plástico ("Besos de vampiro"), a reductos de una civilización desaparecida ocultos en el desierto mexicano ("Abierto antes del amanecer"), etc,…
En 30 días después, los vampiros que asolan el aislado pueblo de Barrow, parecen en cambio mucho más emparentados con los muertos vivientes de Zack Snyder o con los infectados de "28 días después" que con ninguno de los anteriores. Veloces, con un ansia por matar y devorar a sus víctimas implacable, deformes, apenas comunicativos… De no ser por que existe un líder (el único al que oímos hablar aunque en una lengua muy extraña) y porque se aprecia un cierto nivel de organización en sus ataques, la diferencia con los infectados de REC apenas sería perceptible.
Por si fuera poco, buena parte de la película se plantea de la misma manera que cualquier film de zombies. A saber, un grupo reducido de personas se refugian en un lugar cerrado mientras son asediados por las terribles criaturas del exterior.
Pero a pesar de todos estos planteamientos, "30 días de oscuridad" no se ve perjudicada sino, muy al contrario, se beneficia de vampirizar estas estructuras. Consigue, lo que no lograba ninguna película de vampiros desde hacía mucho tiempo; que no te entren ganas de ser uno de ellos y que les tengas miedo. Dejan de ser decadentes personajes de novela gótica y vuelven a ser terroríficos no-muertos de los que nadie sabe como protegerse ni atesora valor suficiente para enfrentarse a ellos. No en vano, a pesar de que en algún momento se utiliza el término “vampiros” para referirse a los furiosos atacantes del pueblo, nadie llega a sugerir nunca el uso de crucifijos, agua bendita o estacas. En el fondo, son tratados como un grupo de violentos criminales sin escrúpulos que para colmo resultan ser inmunes a las balas.
Uno de los principales aciertos de la película, en mi opinión, es la iluminación. Resulta curioso que en una película que se llama “30 días de oscuridad” (“30 días de noche”, en el original inglés) y cuya premisa argumental es precisamente la ambientación de toda la trama en un lugar donde la noche se extiende durante más de cuatro semanas, se vea todo tan bien. Pero así es. A pesar de que el enviado de los vampiros se ocupa de dejar sin luz eléctrica el lugar y por lo tanto debería haber una oscuridad total al caer el sol, se aprecia todo perfectamente. ¡Y sin embargo tienes la sensación de que es de noche! Quizá para algunos este sea un error de adaptación del cómic (que es mucho más negro) o de impericia del director de fotografía, sin embargo se agradece poder ver la película en lugar de tener que intuirla, como sucede con muchos films de terror en los que tanta oscuridad es sospechosa de usarse en realidad para encubrir el escaso presupuesto sobre el que se apoyan.
Entre los errores más llamativos estarían la incapacidad del director por crear sensación de paso del tiempo. Al parecer, transcurren la friolera de 30 días durante la duración de la película pero se tiene la sensación de que todo suceda durante una sola noche. (Para que lo que acabas de leer no suene como una tontería, sustituye “días” y “una sola noche” por su equivalente en horas). También sobran detalles como el del inhalador del protagonista, circunstancia de la que no se sabe nada hasta que la película atraviesa su mitad y tan desaprovechada que no se sabe por qué se ha incluido. No se comprende tampoco cómo es que en un lugar tan pequeño el grupo de supervivientes puede permanecer oculto durante tantos días sin que los vampiros les encuentren y, más aún, cuando en ocasiones corren por las calles a por víveres o para trasladarse a otros edificios.
Si hablamos del cómic, que leí hace ya bastante tiempo, tengo que reconocer que la película me ha dejado mejor sensación que aquél. Su dibujo tosco, casi esbozado, el reparto del color a brochazos y el hipercontraste del negro con el azul y el rojo no me transmitieron inquietud alguna, y su lectura a pesar de no ser muy densa, se me hizo incluso tediosa. No puedo decir lo mismo de la película donde, como ya indiqué antes, el uso del color y del contraste está mucho más equilibrado y no parece haberse pretendido alcanzar al cómic en ese aspecto (como se hizo con 300, de Zack Snyder). Está claro que lo que le interesa al director de “30 días de oscuridad” no es tanto la estética plástica del cómic como la historia que explica.
No voy a engañar a nadie diciéndole que 30 días es una estupenda película de terror y que se pasa mal viéndola. Si tienes más de 15 o 16 años probablemente te afecte tanto como ver "Abierto hasta el amanecer", a pesar de que en "30 días" se ha eliminado toda concesión al humor y su tono trágico se mantiene desde sus primeras imágenes hasta su hermosa y estremecedora secuencia final. No obstante es un film que se disfruta y que contiene algunos momentos de gran poder visual (las vistas aéreas del pueblo nevado antes del ataque, la llegada de los vampiros al pueblo aniquilando a todos los que encuentran a su paso en plano cenital, la lucha encarnizada entre los vampiros y la máquina que conduce uno de los supervivientes, la pelea en el parque entre el protagonista y uno de sus conciudadanos en plena transformación, la ya mencionada secuencia final…).
¿Es la mejor película sobre vampiros que se ha filmado? No. Pero le da patadas a subproductos como "Underworld" o "Blade".