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domingo, junio 01, 2008

LA NIEBLA, de Frank DARABONT, de H.P. LOVECRAFT y de un tal Stephen KING


Cualquiera que siga la obra de Stephen King y, por extensión, la de las adaptaciones de sus películas al cine, está acostumbrado a las decepciones.
Las novelas del “maestro del terror” son cada vez más infumables y su pase a la gran pantalla desastroso. Probablemente sonará a tópico pero desde que, hace ya muchos años, dejara a un lado sus adicciones, se mudara de una caravana a una lujosa casa y dejara de ser un paria tratando de colar cuentos en publicaciones especializadas para convertirse en la niña bonita de las editoriales, Stephen King no ha levantado cabeza. Sus obras han dejado de causar asombro y se han convertido en material de consumo masivo por su lectura fácil (aunque a veces reiterativa y plomiza) y por su cohorte de seguidores que, según parece, son capaces de perdonarle hasta el mayor de los bodrios.
Pero como decía, si malas son sus últimas novelas, peores aún las películas que de ellas proceden. Lejos, muy lejos, quedan ya Carrie (Brian de Palma), La zona muerta (David Cronenberg), El resplandor (Stanley Kubrick) o El misterio de Salem’s Lot (Tobe Hopper). Una época en que su pluma atraía a los mejores directores de cine, deseosos de plasmar en imágenes la imaginación del escritor.
Ahora, en cambio, mencionar a Stephen King es hablar de telefilms, de miniseries de dos capítulos en antena 3, de lanzamientos “direct to dvd” o de algún guión colado en la serie de moda sobre fenómenos paranormales del momento.
Pero por suerte, un admirador de la obra de King, talentoso guionista además y con buen ojo para la cámara, ha conseguido que sus únicas tres películas (hasta el momento) se hayan basado en obras del escritor de Maine y además sean grandes y hermosas producciones dignas de ser apreciadas, mucho más allá que como películas de género.
Frank Darabont, no solo consiguió convertir "Cadena Perpetua" en una de las mejores (si no la mejor) película carcelaria de la historia del cine, sino que repitió proeza con "La milla verde" (que además tenía la dificultad adicional de introducir elementos sobrenaturales en la trama) colocando a ambas películas en la carrera por los más prestigiosos premios de su año.
Probablemente por eso, Frank Darabont haya tenido que ser quien resucite de nuevo lo mejor del terror creado por King adaptando al cine uno de los relatos que se incluían en "Skeleton crew", un conjunto de cuentos inédito en nuestro país y publicado en Estados Unidos a mediados de los años ochenta.
Si estás interesado en ver La niebla, lo mejor que puedo recomendarte es que dejes de leer aquí mismo. Cuanto menos sepas sobre de qué trata más la disfrutarás. Me temo que incluso una foto rebuscada en Internet podría aguarte un poco la fiesta.
Sí debes saber, no obstante, que poco o nada tiene que ver esta historia con la que llevarA al cine John Carpenter bajo el mismo título en castellano, “La niebla”, a pesar de que en ambos casos este fenómeno atmosférico tenga, obviamente, una importancia capital en el desarrollo de la película.

Sin ahondar demasiado en las causas de la aparición de esa extraña niebla (ni falta que hace), la película busca colocar a un grupo heterogéneo de personajes en un espacio cerrado y esperar a ver qué sucede aplicando una presión constante desde el exterior a base de ataques inesperados y una temperatura interna en aumento merced a las tensiones que se establecen entre distintas personas, grupos y, finalmente, facciones.
Si en "Amanecer de los muertos" (Zack Snyder) un reducido grupo de personajes se encerraban en un espacioso centro comercial mientras eran asediados por zombies caníbales, aquí, el pequeño supermercado da cobijo a muchos, demasiados personajes, que además ni siquiera pueden ver exactamente de qué se están ocultando o contra qué se enfrentan. Precisamente porque esa niebla que da título a la película tan solo nos deja entrever el horror, realizando así la doble función de cortina material y mental, salvaguardando la integridad física y la cordura de los que no quieren averiguar qué se oculta en su interior.
Frank Darabont hace un excelente trabajo con los actores a excepción, tal vez, de con el protagonista que aparece con la misma expresión cinrcunfleja durante prácticamente toda la película. Mención aparte se merece el trabajo de Marcia Gay Harden quién tiene que levantar al personaje más polémico y problemático de la película. Personaje que además suena mucho a sospechoso habitual en las novelas de Stephen King.
En los aspectos técnicos, destacaría sobretodo las tomas de lo que hay en la niebla, especialmente cuando no se ve claramente, pues sin duda esta película es una de las mejores muestras de que en el terror, es mucho mejor sugerir que mostrar. Como ejemplo, funciona mucho mejor la secuencia del motero que decide adentrarse en la niebla atado con una cuerda que la expedición, narrada de forma mucho más explícita, a la farmacia. Y como colofón a todo ello, no me gustaría olvidar la fantástica y sobrecogedora imagen de esa entidad primigenia e indescriptible que aparece hacia el final de la película y que sin duda surgió de la ávida lectura de relatos del genio de Providence, H.P. Lovecraft; un plano, para la historia del cine fantástico.
Por supuesto no puedo olvidarme tampoco del arriesgado y desgarrador final de la película que fue un cambio introducido por Darabont sobre la historia original y que rubrica perfectamente la fatal ironía en que se convierte el film.
Y dejo aquí esta crítica y no entro a valorar los aspectos socio-políticos en los que se incide (sin duda deliberadamente) en la película. No olvidemos que se trata de un film post 11S lo cual, queramos o no, dota de una segunda lectura a, prácticamente, todos los films americanos que nos vienen llegando desde tan triste efeméride. Pero como he dicho, no entro en ello, y me quedo tan solo con la narración esencial de la película, con una nueva vuelta tuerca a las películas de asedio y con una de las mejores adaptaciones de Stephen King que se han hecho en muchos años.

lunes, mayo 19, 2008

SPEED RACER Y EL CINE DEL FUTURO


Parece claro que existe un numeroso grupo de críticos que se niegan a aceptar que la época dorada de Hollywood ya es historia y que el cine, como técnica, continúa avanzando sin tener que pedirles permiso.
Está claro que, estos mal llamados críticos cinematográficos, se dirigen a las salas de cine con su pase de prensa de preestreno con la crítica ya escrita de casa según lo que han oído, lo que han leído o lo que les parece el póster de la película. O mejor aún, según quién se encuentre detrás de la cámara.
Admito, que yo mismo cuando ví el trailer en televisión de Speed Racer me quedé un poco parado. A pesar de que las imágenes que habían pasado ante mis ojos estaban llenas de frescura, aquellas mismas imágenes dejaban claro que se trataba de una imaginería puesta al servicio de una historia enfocada al público infantil. O, para ser justos, enfocada a todos los públicos (lo cual quiere decir que debería poder gustar tanto a grandes como a pequeños). Ese enfoque, que en principio no tendría por qué afectar a mi capacidad de juicio, reconozco que si interviene a la hora de seleccionar qué voy a ver y qué no. Lo que me convenció finalmente fue que tanto los intérpretes como el director(es) no fueran especialistas en ese género sino, muy al contrario, fueran solventes profesionales capaces de adaptarse a cualquier tipo de proyecto.
Es curioso que lo que a mí me llamara la atención para pagar mi entrada, el hecho de que los artífices de esta curiosísima adaptación de un anime al cine sean los Wachowski Bros, lejos de ser tomado como un punto a favor por los críticos de los que hablaba antes, tuvo más bien el efecto contrario en ellos. Así pues, no cuesta nada encontrar en las críticas a Speed Racer puyas hacia la trilogía de Matrix tildándola de pretenciosa, de sobrevalorada, etc,… Los mismos críticos que en su día dijeron de aquella que era mala porque no la entendían, ahora quizá avergonzados, lanzan la piedra como venganza ante su ignorancia y su pasmo ante lo nuevo.
Pero esto ya no hay quien lo detenga. Los Wachowski bros, Peter Jackson, David Fincher, Zack Snyder y sobretodo Robert Zemeckis (que tiene mucho más mérito por ser alguien de una generación anterior a la de los otros) ya han sentado las bases de lo que será el cine del futuro. Sencillamente se trata del fin de la artesanía. La desaparición de los oficios cinematográficos tal y como los entendemos hoy. Se trata del ordenador como único instrumento para diseñar, rodar y montar una película.

Cuando las películas tenían que montarse literalmente con tijera y pegamento, la llegada de los ordenadores y los programas de edición de video fue muy bien recibida. Cuando esos mismos ordenadores sirvieron además para que se desarrollara una industria de los efectos especiales que hiciera más creíble algunas secuencias en la gran pantalla, hubo algún rumor de fondo pero en general se permitió su entrada como una concesión al espectáculo. El avance digital, no obstante, no había hecho más que comenzar. Porque ahora cualquiera con un ordenador y una cámara digital graba y monta sus cortometrajes y esa universalización tecnológica ha conseguido que se reduzcan los tiempos y los presupuestos de rodaje del cine de hoy. Así pues ¿cuál es el problema?
El problema está en que hasta hace poco esa tecnología no había suplantado a los conceptos artísticos del cine. No había suplantado al diseño de vestuarios, ni al de decorados, ni a los cámaras, ni al director de fotografía, ni por supuesto a la interpretación.
Pero eso ya se ha acabado.
Sin los ordenadores sería imposible imaginar hacer una película como El señor de los anillos. Una adaptación de semejante obra tan solo era viable en forma de dibujos animados. Determinados movimientos de cámara que un director puede considerar la mejor forma de expresar el tono de una determinada secuencia no podrían llevarse a cabo si no fuera simulándolos con un ordenador. Pero, y he aquí la cuestión, ¿es necesario tener un motivo para hacer cualquiera de estas cosas ayudándose de la tecnología digital? ¿No basta con considerarla el medio más idóneo o aquél con el que se encuentra más cómodo un director?
Hoy por hoy a nadie se le ocurriría coger una vieja cámara de los años cuarenta y tratar de rodar al estilo de Von Steinberg. Quién lo hiciera sería tratado de bicho raro o tendría que enmarcar su película dentro de eso que llaman homenajes. Ahí está el ejemplo del fracaso de crítica y público de El buen Aleman. Entonces, si está claro que el progreso ha dejado aquello atrás, por qué nos negamos a asumir que dicho progreso continúa sin detenerse.
Una de las mejores películas que he visto en los últimos meses no es sino la recreación infográfica de la inmortal leyenda de Beowulf. Me refiero a la adaptación a la gran pantalla que llevó a cabo Robert Zemeckis y que se estrenó hace apenas unos meses. En ella, incluso los actores han sido digitalizados para estar acordes con el mundo en el que tenían que moverse. ¿Por qué hacerlo así? ¿Por qué no rodar la película con los actores reales y en localizaciones reales? Y yo contesto. ¿Y por qué no hacerlo?

Speed racer no es una película convencional. Desde la entradilla de los logos de productora y distribuidora ya nos damos cuenta de que sus responsables han tratado de sumergirnos desde el primer segundo en un mundo muy peculiar. Básicamente, se trata de un auténtico chapuzón en un anime colorista y luminoso, en un dibujo animado, como cuando éramos niños y veíamos aquella series e imaginábamos que éramos los protagonistas (no en vano en la película el hermano pequeño del protagonista y su mascota protagonizan una secuencia en la que imaginan que están dentro de la serie de dibujos que ven).
Por eso la película tiene un tono decididamente infantiloide que la hace asequible a todos los públicos (a pesar de contener una secuencia un pelín dura para los críos como es la de la tortura al piloto asiático a manos de los mafiosos).
Cierto es que, tanta infografía y tanta cámara inquieta, satura al espectador y que las carreras de coches podrían estar mejor rodadas. Son tan vertiginosas (especialmente las que tienen lugar en circuito cerrado) que los coches parecen patinar en lugar de rodar y la pista se retuerce como una serpiente haciendo que perdamos por completo el sentido de la orientación sumergiéndonos en una espiral de color y luz que probablemente nos coloca más cerca de una experiencia alucinógena que cinematográfica.
Pero aun con sus pegas, que las tiene, uno no puede apartar de si la idea de que se encuentra ante algo fresco y especial. Por decirlo claramente. Ante una película con un look que no había visto en ninguna otra. Algo de lo que pueden presumir muy pocos films (Matrix, 300 o la más antigua y pionera Tron, son algunos ejemplos).

No quiero terminar este artículo sin pasar por alto que la mayoría de críticos han hecho especial hincapié en que todos esos efectos están al servicio de una historia muy simple o de un guión poco sólido. Sin embargo, la cartelera está llena de historias simples y guiones absurdos y no parece importarles demasiado. Es como si, ante la nueva ola, buscaran un parapeto y lo encontraran en el argumento. ¿Lo hacen mal los actores? No… ¿Está mal planificada? No, pero… ¿El montaje está mal? Al contrario es brillante y novedoso utilizando esos primeros planos de los actores como cortinillas pero aun así… ¿Bueno pues qué le pasa? La historia, que es muy simple.
Ellos son simples. Ellos son historia.

lunes, diciembre 17, 2007

PELÍCULAS DESAPERCIBIDAS


Cuentan que cuando se rodaba "Parque Jurásico", el encargado de efectos especiales que habían contratado, y que era un aventajado discípulo de las técnicas del mítico Ray Harryhausen, pronunció la siguiente frase: "Creo que me he extinguido".
Dijo ésto cuando pudo ver la prueba que el equipo de efectos especiales alternativo, que trabajaba paralelamente en la posibilidad de animar por ordenador a los dinosaurios en lugar de utilizar muñecos, había preparado para Spielberg. El asombro que le provocó el realismo de aquellos FX le dejó estupefacto y supo que sus dias como técnico de efectos estaban contados.
Desde entonces hasta ahora, el mundo de los efectos especiales ha quedado tan ligado a la infografía que incluso en televisión podemos ver series donde se lucen efectos que ya quisieran para si películas de gran prespuesto de hace quince o veinte años.
Sin embargo, esta democratización de los efectos especiales que ha propiciado la utilización de la infografía, también ha hecho que dichos efectos se banalicen, provocando que su tirón en taquilla sea menos definitorio; ahora, cuesta mucho más asombrar al público de esta manera y se busca más el que, dichos efectos, estén al servicio de una historia interesante, lo cual tal vez explique el éxito de la trilogía de "El señor de los anillos" y el fracaso (relativo) de la nueva trilogía de "La guerra de las galaxias".
Y es probable que también explique por qué algunas películas que destacaban precisamente por sus efectos han pasado totalmente desapercibidas durante los últimos años, pasadas por alto a ojos de distribuidores y de exhibidores. Es el caso de "Equilibrium", "Avalon" e "Immortel", por ejemplo.
Tal vez no encontraron su momento, o aparecieron cuando la cartelera rebosaba de productos de índole similar. Sea cual fuera la causa, las tres son películas que destacan, entre otras cosas, por sus efectos especiales y que resultarán de interés para aquellos a los que les guste ver la magia del ordenador al servicio de una película.
No son obras maestras, pero tampoco merecieron pasar desapercibidas.

Trailers:

Equilibrium

Avalon
Immortel