jueves, agosto 23, 2012

TONY SCOTT, EL MAESTRO PIROTECNICO (IN MEMORIAM)


Recientemente nos ha golpeado la noticia de la muerte (por suicidio) de Tony Scott, director inglés y hermano del también director Ridley Scott, que pasó la mayor parte de su vida en Hollywood donde rodó casi todas las películas que componen su filmografía.

Es la de Tony Scott una carrera curiosa donde se aprecian claramente dos estilos distintos, uno primero con el que fue abriéndose camino distinguiéndose en la medida de lo posible del carácter que impregnaban las películas de su hermano y que le convertían en una especie de sombra de este,  y uno segundo que daría lugar a lo que podríamos llamar el "estilo Tony Scott", mucho más próximo a las películas con sello JerryBruckheimer (con el que trabajó en "Dejà vu"[idem, 2006] y "Enemigo público" [Enemy of the state, 1998] entre otras) y que, curiosamente y debido a la deriva “comercial” que tomaron los films de Ridley, en lugar de apartarle de su estela no hizo sino acabar de confirmarle como su reflejo más deformado.

Tras unos primeros trabajos de cortometraje y una trayectoria reseñable como publicista, Tony Scott se da a conocer finalmente dirigiendo el film “El ansia” [The hunger, 1983]que adaptaba la novela gótica del mismo título. “El ansia” es cualquier cosa menos una película de vampiros al uso. Con una estética cuidadísima y muy deudora de sus años de trabajo en publicidad, el film es puro postmodernismo, mezclando intimismo con grandilocuencia, clasicismo y modernidad. Ahí tenemos por ejemplo el extraño y efectivo elenco que componen su reparto con una Catherine Deneuve a la cabeza acompañada por una pujante Susan Sarandon y un estilizado David Bowie. Otro ejemplo es la banda sonora, donde se dan la mano arias de opera, música clásica, punk gótico y ritmos de sintetizador. Definitivamente una opera prima (aunque insisto, no es stricto sensu su primer film) pretenciosa pero bella y que apuntaba maneras.
Quizá por eso, sorprendió a propios y extraños que sus siguientes films fueran ya pelotazos hollywoodienses donde todo ese estilo y cuidado por los detalles desapareció de un plumazo. Talmente como si “El ansia” hubiera sido un aplicado trabajo de fin de carrera para, una vez obtenido el título, pensar solo en hacer dinero al precio que fuera. “Top Gun” [idem, 1986] tiene el dudoso honor de ser el primer film del “estilo Tony Scott”, apareciendo ya en ella algunas de sus constantes posteriores; jóvenes estrellas, militarismo, pasión por la velocidad,… “Top Gun” fue un gran éxito de taquilla pero incluso para Tom Cruise, a la que prácticamente le debe su carrera posterior, fue una decepción y una película de la que, en parte, renegar ya que fue utilizada como reclamo por las fuerzas armadas norteamericanas para reclutar jóvenes soldados con una campaña publicitaria brutal que llegó incluso a enviar delegaciones de alistamiento a las puerta de los cines. Un joven Tim Robbins también aparecía en este film, y dado lo poco amigo del republicanismo que es, supongo es un trabajo que todavía debe escocerle haber aceptado.

Su siguiente film, también en la línea de los blockbusters, fue la primera secuela de “Superdetective en Hollywood” [Beverly Hills Cop II, 1987], impersonal y construida a mayor gloria de Eddie Murphi, uno de los cómicos metidos a actor más carismáticos del momento, que pasa por ser uno de sus peores y más olvidables trabajos. Quizá por eso, para su siguiente film “Revenge” [idem, 1990], volvería a utilizar una fórmula similar a la que tan buen resultado le dio con “El ansia”, el único film que la crítica continuaba valorándole positivamente. “Revenge” es una historia de sexo y violencia con la venganza como leitmotive, uno de los temas preferidos de Scott. Su reparto lo encabeza un Kevin Costner que ese mismo año daría el campanazo con "Bailando con lobos" [Dances with wolves, 1990], una sexi Madeleine Stowe (prácticamente debutando) y la veterana estrella de origen mejicano Anthony Quinn. 
Con la frontera mejicana y las tiranteces entre los habitantes de ambos lados de la misma como telón de fondo, Scott tejió una historia de improbable triángulo amoroso en la que  el “poder” y la “violencia” emergían de los celos y la pasión. Con “Revenge” Tony Scott consiguió de un volantazo recuperar el pulso y la confianza de la crítica, aunque alejándose de sus dos éxitos anteriores en cuanto a recaudación.  
Este desencuentro con el público y, probablemente con los productores, debió causarle suficiente impresión como para dejar “Revenge” como otra pequeña joya aislada en su filmografía y regresar para darle al público lo que le pedía. “Dias de trueno” [Days of thunder, 1990], de nuevo con Tom Cruise de protagonista y ahora también con una Nicole Kidman prácticamente desconocida en USA,  sería su siguiente film; una palpable demostración de lo aburridas que son las carreras de coches dramatizadas pero un ejemplo más del emergente “estilo Tony Scott”, aunque aquí algo almibarado por las escenitas entre la futura pareja Cruise-Kidman. 

Cambiando de registro pero no excesivamente de estilo, Tony Scott continuaría su carrera con “El último boy scout” [The last boy scout, 1991], film al servicio de Bruce Willis que serviría, de algún modo, para confirmar su finiquito como héroe de acción. Taciturno y violento, el policía interpretado por el protagonista de la saga “Jungla de cristal” aportaba al menos suficiente carisma a la película para que esta no se convirtiera en un fiasco total y, además, el tono crepuscular y el manierismo del que hace gala Tony Scott en este film serían sin duda la rampa de lanzamiento para el ambiente enrarecido y la explosión de humor negro de su siguiente y más celebrado film: “Amor a quemarropa” [True Romance, 1993].

Podemos decir muchas cosas de Tony Scott, buenas y malas, pero una de las mejores es que gracias a él disfrutamos del primer guión genuinamente tarantiniano que llegó al cine.  Si tenemos en cuenta que el libreto de “Asesinos natos” (Natural Born Killers, 1994) fue tan modificado por Oliver Stone y sus colaboradores que el propio Quentin Tarantino llegó a repudiarlo, el de “Amor a quemarropa” queda como su primer trabajo para cine y curiosamente, uno de los mejor llevados a la pantalla. Hay que reconocer que para no haber sido dirigido por él mismo en “Amor a quemarropa” está todo lo que uno puede esperar de un film de Tarantino y eso es gracias al buen trabajo de Tony Scott. Primero por conseguir un elenco de actores en el que estaban veteranos de la talla de Christopher Walken, Dennis Hopper o James Gandolfini pero también estrellas jóvenes de gran nivel como Christian Slater, Patricia Arquette, Michael Rapaport, Val Kilmer, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Chris Penn, Tom Sizemore y hasta un irreconocible Brad Pitt que se estaba convirtiendo en la revelación del momento gracias a su papel en la película “Thelma & Louise” que Ridley Scott, el hermano de Tony, había estrenado recientemente.

“Amor a quemarropa” es una de las mejores película de Tony Scott probablemente también porque ese estilo suyo cada vez más adrenalínico, de montaje rápido y alma de video clip alcanzó una simbiosis perfecta con el mundo barriobajero que pueblan los héroes de Tarantino, con sus chanzas y sus largos diálogos, sus momentos de absurdo y sus explosiones de violencia.
“Amor a quemarropa” marcaría además el fin de una etapa que, aunque heterogénea y demasiado marcada por sus derivas comerciales, desembocaría en un sinfín de películas todas ellas, ahora sí, perfectamente enmarcadas dentro de ese “estilo Tony Scott” del que hablaba al principio y que, además de las señas de identidad ya mencionadas, contarían casi siempre con la interpretación de Denzel Washington, quién se convertiría en su actor fetiche con un papel protagonista en cinco de sus nueve películas restantes.

“Marea roja”(Crimson Tide, 1995)  sería la primera de estas películas. Ambientada en un submarino nuclear y centrada en el enfrentamiento entre el capitán del mismo, interpretado por un siempre magnífico Gene Hackman, y su segundo, Denzel Washington, este film destaca más por su ritmo y su espectacularidad que por la claustrofobia y tensión de que suelen hacer gala las películas que transcurren en estos sumergibles. Aunque se dice que Tarantino metió algo de mano en el guión como favor personal hacia Scott, a excepción de un par de charlas sobre comics que buscan  dar una imagen del personaje de Denzel más cercana a la tripulación y poner de manifiesto su capacidad como mediador en conflictos, no se aprecian trazas del director de "Pulp Fiction" significativas en el libreto.

Como decíamos “Marea roja” se destacará como el primer torpedo de toda una andanada de films caracterizados por la acción rabiosa, el encuadre sacudido y el montaje corto: “Enemigo público”, ”Spy Game”, “Domino”, “Deja vu”, “Asalto al tren pelham 1,2,3” o “Imparable” certifican el estilo que caracterizó a Tony Scott y no le abandonó hasta el dramático final de sus días (incluso su muerte no está exenta de cierta espectacularidad, ya que decidió dejar este mundo lanzándose desde un puente).

De esta última y prolífica etapa destacaría únicamente un film que contiene algo de personalidad a pesar de sumergirse y empaparse bien de todos los tics de sus compañeras: “El fuego de la venganza” (Man on fire, 2004). Es curiosamente su regreso a la frontera mejicana (recuerden “Revenge”) el lugar que permite a Scott volver a lucir un tono crepuscular y sucio que por momentos nos recuerda al oscuro desván de “El ansia”, a la violencia pasional de “Revenge” o al héroe en horas bajas de “El último boy scout”, presentándonos un film donde no es tan importante la espectacular presentación de unos hechos como los hechos en si mismos y como estos afectan a sus personajes. Con todo, “El fuego de la venganza” no está a la altura de sus mejores trabajos aunque se destaque dentro de esta traca final con la que Tony Scott concluyó su filmografía y también su vida, pues incluso su muerte parece el estallido final de unos vistosos fuegos de artificio.

jueves, agosto 09, 2012

PROMETHEUS, Me toca hacer de abogado del diablo

Se ha desatado el apocalipsis en internet. Tras el estreno de Prometheus (ídem, Ridley Scott, 2012) millares de aficionados al cine y la ciencia ficción se han puesto a teclear en sus ordenadores lo disgustados y decepcionados que están con la última película de Ridley Scott. La gran esperanza blanca les ha fallado más allá de lo imaginable. Ríanse de “Star Wars, la amenaza fantasma” (Star wars episode 1, the phantom menace, George Lucas, 1999). Esto es peor, mucho peor. O así parece.

 Casi todas esas críticas negativas parecen coincidir además en un punto concreto, que es ya una herida abierta sobre la que derramar sal por sacos, el guion y uno de sus guionistas: Damon Lindelof. Por supuesto, haber encontrado al chivo expiatorio no ha reducido la animadversión hacia el director del film en tanto en cuanto él y nadie más que él ha decidido llevar ese guion a término. Ridley Scott no es un advenedizo en esto del cine ni un cineasta debutante o un pelele en manos de los grandes estudios. Justo lo contrario. Él es parte del engranaje de Hollywood y hace ya muchos años que como una pieza bien engrasada de esa maquinaria se comporta (algunos se atreven incluso a datar ese cambio de director independiente a mercenario de los estudios a partir de un film concreto: 1492, la conquista del paraíso [1492, conquest of Paradise, Ridley Scott, 1992]). Y pese a todo ello siempre ha sabido salir relativamente airoso de cada una de sus películas gracias a eso que llaman “su ojo”, es decir, su capacidad para trasladar en bellas imágenes las historias que caen en sus manos, o por decirlo de una forma más técnica, su capacidad para planificar, encuadrar, iluminar,…
¿Ha perdido Ridley Scott esas capacidades con el paso del tiempo? ¿Al abandonar esa rebeldía, en realidad simple voluntad autoral, de sus primeras películas dejó atrás su talento? ¿En qué lugar deja eso a “Red de mentiras” (Body of lies, Ridley Scott, 2008) o a “Gladiator” (ídem, Ridley Scott, 2000), films ambos de su época post-1492?

Digámoslo ya. Prometheus es una gran decepción para todo aquel que esperase una película del nivel de Alien (ídem, Ridley Scott, 1979) y de Blade Runner (ídem, Ridley Scott, 1982). Como también lo fue para quién esperaba una revolución cinematográfica de Avatar (idem, James Cameron, 2010) y se encontró con una historia más simple que el mecanismo de un sonajero. No obstante tal revolución sí que se dio, en los bolsillos de sus responsables que cambiaron la forma de ir a ver el cine (para los degustadores incansables de palomitas ahora si la peli no es en 3D no mola). Pero vamos ya a la película que nos ocupa. Imaginemos por un momento que Prometheus no fuera una película dirigida por Ridley Scott e imaginemos también que no tenga nada que ver con Alien. No cuesta tanto, esfuércense.

Una nave aterriza en un planeta siguiendo lo que parece una “invitación” a partir de las pinturas y grabados hallados en distintas partes del mundo realizadas por diversas civilizaciones hace miles de años. Dichos hallazgos no sugieren más que la alta probabilidad de que dichas civilizaciones tuvieran contacto con una raza alienígena pero dos de los científicos que han dado con ellos y los han estudiado parecen estar convencidos de que no solo se trata de alienígenas sino también de los responsables de la creación del hombre y la vida en La Tierra. Como un viaje a las estrellas solo puede ser costeado por un magnate empresarial contactan con una corporación, la que se encarga de que éste se lleve a cabo pero, más allá del altruismo científico, el dueño de la empresa esconde un objetivo egoísta, el de procurarse para si mismo mayor longevidad, algo que cree que podría obtener de esos alienígenas. En cualquier caso y dado su avanzadísima edad y su actual estado de salud, no tiene nada que perder. Pero no es así como lo ve su hija, quien debe heredar la compañía y a la que el viaje de su padre solo puede complicarle el futuro, por lo que decide reservarse plaza en ese viaje. Para ocuparse del mantenimiento de la nave durante la larga travesía se incluye en la tripulación a un androide que además se encargará, llegado el momento, de que su “padre”, el director de la corporación, alcance su objetivo lo cual le creará no pocos problemas a la hora de tomar decisiones que beneficiarán o perjudicarán a la misión oficial, la científica. Y por si todo esto fuera poco, durante el tiempo que ha pasado solo en la nave nutriéndose de la cultura humana a través de películas (imaginamos que libros, música y demás artefactos culturales también), ha ido desarrollando una personalidad que en última instancia le sitúa no muy en línea con las intenciones de los hombres, sus creadores, que al despertar del hipersueño le tratan con menosprecio. Una vez la nave llega a destino, los científicos localizan sin mayor problema una estructura en el interior de la cual descubren clarísimos indicios de vida inteligente. En efecto, han encontrado lo que buscaban. Sin embargo no queda un solo alienígena vivo para contestar sus metafísicas preguntas, en lugar de eso, sólo hay cadáveres y restos de sus experimentaciones en eso de “crear vida”. Al parecer, y como les ocurrirá a ellos mismos con su androide, las criaturas creadas en ese gran laboratorio adolecían de un grave complejo de Frankenstein y se revelaron contra sus creadores. El caldo primordial contenido en cientos de cápsulas que hay, en lo que después se sabe es una nave y no una edificación, no es un líquido brillante y prístino creador de belleza sino una sustancia oscura, pegajosa y letal, caótica y dotada de una sola cualidad: un feroz instinto de supervivencia y voluntad evolutiva. Se trata de una creación que quiere crear, que necesita de otros organismos para alcanzar una fase superior. El contacto con dicho líquido por parte de cualquier otro ser vivo tiene siempre consecuencias impredecibles; una recombinación del ADN del sujeto afectado que puede dar lugar a la generación de una nueva criatura híbrida entre ambos, una deformación monstruosa del sujeto parasitado, su desintegración en simples cadenas de ADN, etc,… Parece haber tantas posibilidades como sujetos. En cualquier caso, y como descubre la protagonista del film, católica convencida a pesar de sus firmes conocimientos científicos, no hay amor en estos creadores, sólo caos y horror. ¿Pero acaso no es así la naturaleza? Caótica, brutal e incansable en su lucha por la supervivencia. Una vez que todos los personajes han hallado la muerte o la decepción ante el que esperaban fuera su gran descubrimiento, aquellos que pueden huir lo hacen tratando de encontrar nuevas respuestas.

 Como ven se puede resumir la película sin tener que mencionar Alien en ningún momento y creo que en esencia no se trata de una mala idea o de algo que, debidamente pulido y en manos de la gente con el talento adecuado, no pueda dar mucho de si. ¿Por qué entonces tanto ruido? ¿Dónde están los problemas? Los problemas de Prometheus son a mi entender dos. El primero es la voluntad de haber querido encajar esta historia con la saga Alien. Creo que ha quedado claro que el periplo de estos cosmonautas podría funcionar de forma totalmente independiente de aquella pero situarla en el universo Alien le daba un plus de cara al tirón comercial y para ello determinadas tramas, giros y guiños de guion, de decorados, musicales, han tenido que estirarse hasta encontrar su encaje con la serie del monstruo de dos bocas. Este, y no otro, es uno de los principales argumentos que esgrime la furibunda turba internauta con horquillas y antorchas en mano, para tirar por tierra Prometheus; las piezas no enganchan adecuadamente con Alien. Y peor aún que eso, vendida como precuela de la saga (si bien oficialmente nunca se ha dicho tal cosa y todo esto proviene del ruido emitido por internet durante todos estos meses) todos los fanáticos esperaban respuestas a las preguntas que aún no se les habían contestado en las secuelas del seminal film de Scott y dichas respuestas no aparecen en el film. Antes al contrario, se abren nuevas preguntas. De hecho, el ¿de dónde sale tal o cual cosa? y el ¿por qué sucede esto o aquello? son las preguntas más repetidas en esas críticas y comentarios enfurecidos. Quieren sus respuestas y cargan las tintas sobre Lindelof, el guionista fatídico especialista en plantear enigmas y no resolverlos al que tienen en el punto de mira desde el final de Perdidos (Lost, J.J. Abrams, 2004-2010). Pero, digo yo, ¿quién ha dicho que esta película deba revelar ninguna incógnita pendiente de la saga Alien? Más aún, ¿quién ha dicho que ninguna película debe contestar a ninguna pregunta que se plantee en ella? La ciencia ficción no se destaca por dar respuestas, nunca lo ha hecho. Si acaso por plantear hipótesis o posibilidades y especular con ellas. Los fanáticos de Alien son injustos con Prometheus porque olvidan que cuando vieron Alien por primera vez, antes de que existiera saga alguna, Scott planteaba una situación llena de enigmas que nunc a resolvió y en ello radicaba gran parte de la grandeza de dicho film. Cuantos espectadores de entonces podrían haberse preguntado ¿de dónde ha salido la nave estrellada? ¿de dónde han salido esos huevos? ¿quiénes conducían la nave? ¿Qué pretende el Alien eliminando a toda la tripulación? ¿Qué hace con ellos, porque al parecer no se los come? Nadie tiró por tierra el film por no tener respuesta a esas preguntas y sin embargo, son esas mismas preguntas las que ahora hunden la propuesta de una nueva franquicia que se desarrolla en el mismo universo. Un buen ejemplo de que a veces es mejor plantear preguntas y no contestarlas está en una de las primeras versiones del guion de Alien, el octavo pasajero, donde al final el alienígena mata a Ripley y seguidamente se sienta a los mandos de la nave y con una sonrisa pone rumbo a La Tierra. Sinceramente, ¿no es mejor no saber cuáles son las intenciones del Alien? Otro ejemplo: ¿Cuántas preguntas plantea y cuántas contesta 2001 una odisea del espacio? ¿Y no es eso lo que la hace grande?

Aprovecho para señalar que otro de los objetivos de estas críticas furibundas especialmente hacia Lindleloff está en su uso abusivo de referencias al parecer inconexas entre ellas, como si llenar una película de citas cultas fuera un pecado si no guardan una relación de coherencia las unas con las otras. Pues mire usted, volviendo al Alien original, todavía está por explicar por qué la nave en la que viajan se llama Nostromo, cita culta del señor Scott en referencia a una novela de Joseph Conrad con la que Alien no guarda ninguna relación pero que James Cameron continuó al bautizar a la nave de Aliens, el regreso (Aliens, James Cameron, 1986) Sulaco, otro nombre extraído de la misma novela de Conrad. ¿Debemos insultarles por ello? Como usó el nombre de Nostromo para la nave ¿debía haber llamado a todos sus personajes como otros que salieran en la misma novela? Alien es una de las películas que más y mejor bebe de las atmósferas lovecraftianas. ¿Pero acaso a alguien le molestó que se citara a Conrad y a Lovecraft en la misma película? No caigamos en lo absurdo.
Cada creador, novelista, pintor, cineasta, etc,… maneja las referencias que tiene como mejor le parece y si a Scott la idea de una nave de carga minera le recordó a una novela sobre un puerto minero. Después le llamó la atención las ilustraciones de Giger en un álbum titulado Necronomicon de las que brotaría la criatura alienígena, álbum que a su vez se inspiraba en las atmósferas del escritor de Providence. Pues ya está. Anotado. No hay ningún problema en manejar distintos referentes en la misma película aunque en algún caso sea de forma únicamente anecdótica. Pero estos detalles se los pasamos a Alien porque de Alien me gusta todo y a Prometheus no le pasamos nada porque me ha defraudado mucho y acabaré recordando que hasta el cine en el que la vi olía mal.

 Pero he dicho que había un segundo problema. Una película de ciencia ficción no tiene, o no acostumbra a tener, como piedra angular un dibujo de personajes demasiado profundo. La base de las historias de ciencia ficción no son los personajes sino conceptos argumentales de índole científica que son llevados hasta un extremo desconocido gracias a unos personajes que actúan como instrumento para demostrar o refutar una hipótesis concreta. La ciencia ficción se hace preguntas a través de sus personajes pero no son ellos los que importan, lo que importan son las preguntas, en definitiva, hacer reflexionar al espectador sobre los conceptos planteados. Alien no formulaba demasiadas preguntas porque era en esencia una película de terror y no de ciencia ficción, por más que estuviera ambientada en una nave espacial y en el futuro. La belleza y la fuerza de Alien estriba a partes iguales en el talento de Ridley Scott para dosificar la tensión que va creciendo poco a poco y en el chocante e innovador diseño de producción y de la criatura a cargo de H.R. Giger y Ron Cobb. Y si aquellos personajes nos parecen mejor dibujados es porque serán diezmados uno por uno y el espectador nunca debe saber quién sobrevivirá y, por lo tanto, debe cogerles cariño. Claro que en aquella nadie se pregunta porqué los ingenieros parecen mecánicos por más que trabajen en una meganave espacial del futuro (se da por hecho que se trata de un trabajo que es ya rutinario) mientras que en Prometheus no se comprende, y con razón, la aparente incapacidad o falta de profesionalidad de parte de la tripulación ya que entendemos se trata de uno de los primeros, o quizá el primer viaje espacial de larga duración que ha realizado la humanidad. Pero como digo, esto es una suposición, en ningún momento se certifica. Prometheus es una película de ciencia ficción y no un film de terror, aunque también contenga sus dosis, más por la obligación autoimpuesta citada antes de tratar de que encaje con Alien, y por lo tanto no pierde demasiado tiempo en revelarnos detalles sobre el historial de los personajes que se pasean por la película a excepción de aquellos que deben ver confirmadas o refutadas sus preguntas. De hecho, en mi opinión, algunos de esos personajes directamente sobran y se podría haber prescindido de su presencia.

 Pero no es ese el segundo problema, que ya llego, sino su ilógico comportamiento. Es una lástima, que teniendo bien perfilados los roles fundamentales, los que deben conducirnos desde el inicio de la película hasta el final, el desarrollo de la historia y eso que llaman la “suspensión de incredulidad” se vea anulada en varias ocasiones por el errático comportamiento de algunos de los personajes secundarios cuya actitud es del todo incomprensible: geólogos que se pierden, biólogos que huyen al primer indicio de lo que debería ser el sueño de sus vidas para luego, en el momento del contacto, volverse absolutamente temerarios, pilotos que deciden inmolarse con su nave sin saber si eso va a tener efecto alguno… Pero sí, son principalmente esos dos personajes, el geólogo rockero y el biólogo bipolar, los que socavan la fluidez de la narración hasta el punto de que empiezo a plantearme que se trata del clásico, y más inapropiado, uso de la pareja de opera china con la que se intenta relajar tensión y añadir algo de humor, al que Scott ya había recurrido en su “Black Hawk Derribado” (también post-1492, por cierto). Payasadas, a falta de un nombre mejor, que se le perdonan a “Horizonte final” (Event Horizon, Paul Anderson, 1997) pero no a Prometheus.
Mi conclusión es que las aspiraciones de Prometheus son demasiado elevadas para tratar de encajarlas en un patrón establecido. Su link con Alien pudo haber sido visto como una ventaja comercial pero es un lastre argumental y narrativo. La necesidad de acercar la película a un publico mayoritario (quizá para evitar el fiasco en taquilla que supuso Blade Runner y que sin duda marcó a Scott para siempre) infantiliza a unos personajes que deberían ser invisibles para nosotros remarcándolos con sus estupideces y haciendo que perdamos de vista lo mejor del film. Angel Sala, crítico de cine y director del Festival de Sitges desde hace varios años, define a Prometheus en la revista Scifiworld como un diamante, tosco y sin pulir. Estoy de acuerdo con la segunda parte.

martes, marzo 13, 2012

INFIERNO BLANCO; SLASHER LOBUNO

Infierno blanco podría definirse como un cruce entre dos películas que ya tenían en común un punto de partida similar: "Viven" y "El desafío". Ambas películas se centraban en un grupo de supervivientes de un accidente aéreo que se veían perdidos en un territorio hostil. En “Viven” se trataba de unas montañas y por lo tanto de un clima gélido, de crestas y barrancos insalvables además de, por supuesto, la escasez de comida. En “El desafío” de un enorme bosque en el que resultaba muy difícil orientarse y en el que los protagonistas eran además asediados por un inmenso oso grizzlie sin armas con que defenderse. En ambas películas, el tesón y la fe en encontrar una salida conseguía que se superaran temores y tabúes y así finalmente, la resolución del laberinto natural al que se habían visto arrojados. Infierno blanco comienza también con un accidente aéreo en unas montañas nevadas. No obstante, en esta ocasión el grupo de supervivientes cuenta con la experiencia de un hombre que conoce el medio en el que se encuentran. Aunque la escasez de comida se plantea como un problema inicial así como las bajas temperaturas y la dificultad para desplazarse de un lado a otro por las inclemencias climáticas, el film girará rápidamente en una dirección más parecida a la de “El desafío”, solo que en esta ocasión no será un oso grizzlie el implacable cazador de hombres sino una manada de lobos árticos. La trama se articula como una body count en la que se ha sustituido al serial killer de turno por los lobos mencionados, pero resulta imposible abstraerse de la mecánica con la que se desarrolla la película una vez que sucede el primer ataque. Uno tras otro los personajes que forman el grupo de supervivientes van siendo diezmados, pero siempre de esa manera, uno a uno. Slasher lobuno. Perdón por la rima. Liam Neeson, única cara conocida de la función, interpreta al huraño y resabido cazador cuya función, antes de verse envuelto en esta situación de supervivencia, no era otra que la de eliminar con su rifle a los lobos que esporádicamente atacaban a los trabajadores de una empresa petrolera no muy lejos de donde tiene lugar el accidente. El resto de personajes, muchos presentados de forma muy esquemática ya que resultaría absurdo encariñarse demasiado con ellos, se miden en relación al personaje de Neeson, desde los que creen fervientemente en sus indicaciones sobre como salir de la situación en la que se encuentran, hasta los que se enfrentan directamente a él y le toman por una vieja gloria de vaya usted a saber qué grupo de boyscouts. Independientemente de la calidad global de la película que supera ampliamente el mínimo demandado para un film de esta temática (mantiene la tensión y está bien rodado), me gustaría destacar algunos momentos especialmente interesantes y logrados como es ese giro final en el que sabemos por qué Liam Neeson intenta suicidarse nada más empezar la película, la recogida de carteras de cada uno de los que han perdido la vida como si fueran chapas de soldados caídos encombate, o ese otro en el que los ojos de los lobos, relucientes como fuegos fatuos sobre un pantano blanco, surgen de la noche avisando por primera vez que el enemigo no es uno sino muchos. Cierto es que, a menos que alguien más entendido en el tema que yo me contradiga, esta manada de lobos se comporta de una forma excesivamente inteligente, y no ya como grupo en si, sino también individualmente cada uno de sus integrantes. Aunque parece razonable que los lobos esperen a que sus futuras víctimas se vayan quedando aisladas y así atacarlas de una en una, ya es un poco más extraño que reaccionen a provocaciones abstractas como es la secuencia en la que uno de los supervivientes les arroja la cabeza de uno de los lobos que han conseguido matar, obteniendo como respuesta un alud de aullidos en la oscuridad a modo de gritos de venganza o, más aún, ese desenlace [SPOILER] en el que toda la manada se retira pacíficamente para que el enfrentamiento final sea entre el líder de los supervivientes y el macho alfa de los lobos, y cuyo resultado, por cierto, aguarda a los curiosos al final de los créditos [FIN SPOILER]. Aunque no es la primera vez que alguien rueda en un paraje complicado como el que vemos en la película, habría que destacar el partido que Joe Carnahan, su director, saca del entorno en el que se mueven los personajes. Primero en esa blancura infinita constantemente azotada por el viento en la que apenas puede divisarse qué hay dos metros por delante de ellos, más tarde por la fantasmagórica arboleda en la que se refugian pasando casi del fuego a las brasas para llegar poco después al enorme barranco o al rio helado, todos ellos accidentes naturales, que se cobrarán su cuota de sudor y sangre en el grupo y demostrará a los hombres lo desnudos y frágiles que son una vez que abandonan la comodidad a la que se habían acostumbrado. Los enfrentamientos dentro del grupo se irán resolviendo paulatinamente y las debilidades de cada uno se irán poniendo de manifiesto conforme sus cuerpos y mentes son sometidos a una mayor presión. El miedo a las alturas, la hipoxia o el simple temor de una muerte próxima tendrán su resumen en el poema que Neeson recita a sus compañeros, más como epitafio que como arenga.

viernes, octubre 28, 2011

LA COSA; Precuela, puesta al día y homenaje todo en uno

Sé que yo soy humano. Y sé que algunos de vosotros también lo sois, porque si no os echaríais encima de mí ahora mismo y me mataríais. (Mc Ready [Kurt Russell], “John Carpenter’s, The thing”, ……)

Cuándo John Carpenter pudo dar el salto a la “serie A” o, por expresarlo de una forma más acertada, a las producciones de gran presupuesto, lo hizo con la puesta al día de una película de los años 60 dirigida por Christian Nyby y un inesperado (por la condición fantastique de la propuesta, inédita en su carrera) Howard Hawks, “El enigma de otro mundo, (The thing from another world,1951)”. El resultado, en términos de público y crítica, fue catastrófico. Víctima de los amplios recursos con que pudo contar, el director pareció mucho más interesado en dotar de un realismo impactante a los efectos especiales y de maquillaje que salpicaban la película, que a apuntalar un guión demasiado mecánico o a medir mejor los tiempos del suspense, como sí había hecho en sus anteriores y mucho más modestos trabajos como “La niebla (The fog, 1980)”, por ejemplo. Hoy en día, tanto la crítica especializada como la mayoría del público aficionado al género, sabe que lo expuesto en el párrafo anterior es una falacia y que "La cosa (John Carpenter’s, The thing, 1982)” no es solo una de las mejores películas de su director sino una cumbre del fantástico de los ochenta y una referencia para muchas películas posteriores. No obstante, esta disparidad de criterios en el tiempo deja muy claro que cada película es víctima de su época y que la opinión, ya sea de público o de crítica, se puede manifestar de modos muy distintos a tenor de las circunstancias (de todo tipo) en la que se visiona un determinado film. Con el estatus de clásico entre manos hacía ya años que se venía hablando de aprovechar la franquicia (término que incluso hoy aún le viene grande al film) para lanzar una secuela, continuación o cualquier tipo de película que pudiera ser relacionada con la de Carpenter aunque fuera de forma tangencial. El propio Carpenter fue relacionado con una posible continuación pero, quizá alarmados ante la posibilidad de que se repitiera el fracaso comercial al estar el nombre del director ligado indefectiblemente a productos de bajo presupuesto, fue apartado antes de que llegara a concretarse ningún proyecto. Por otro lado, hace cerca de diez años tuvimos ya la posibilidad de vivir una secuela de la película en formato de videojuego pero, una vez más y como si se tratara de un proyecto maldito, su lanzamiento no tuvo la repercusión esperada, postergándose de nuevo su vuelta a los cines. Con este peso encima, los responsables de la nueva “The thing” tenían un hueso muy duro de roer si querían contentar a los fans del film de Carpenter (su público asegurado) y al mismo tiempo atraer a una nueva generación de espectadores a esta informe mezcla de ciencia ficción y terror psicológico. En estos tiempos que vivimos de remakes y reboots cualquiera de las dos opciones era posible, ahora que una secuela quizá llegara demasiado tarde y que el público más joven no conectaría con la propuesta al no haber visto aún el film original. Aunque un remake situaría a los responsables del film en el punto de mira de los incondicionales de Carpenter que no les perdonarían una pifia, un reboot les obligaría a desmantelar todo el trabajo previo que, de alguna manera, era el que dotaba al film de originalidad y personalidad propias distinguiéndolo de otras producciones que habían intentado la misma combinación y habían caído en el olvido. Así pues, la opción elegida ha resultado ser una precuela que mezcla ambas; un reboot en cuanto a personajes y enfoque, y un remake a nivel de trama y de “copia” de determinadas secuencias clave de la película original. El film, que como indicaba es argumentalmente una precuela de la película de Carpenter, comienza con la protagonista, la doctora Kate Lloyd (Mary Elizabeth Winstead), siendo invitada a participar de un descubrimiento de gran importancia, llevado a cabo por los integrantes de una base noruega en la Antártida. La doctora, una vez trasladada allí y comprobando que dicho descubrimiento es de carácter alienígena, tratará de persuadir a todos de que tomen las suficientes medidas de seguridad, más aún a partir del momento en que la criatura encontrada en el hielo muestra claros signos de hostilidad y una increíble capacidad para “sustituir” a cualquiera de los miembros de la base. Ignorando en gran medida los procedimientos sugeridos por la doctora, “la cosa” tratará de ocultarse en unos y otros a la espera de no ser descubierta haciendo escampar la paranoia entre los miembros de la base que ya no sabrán de quién fiarse. La novela de la que parte la historia original y a la que remiten las tres películas, la de Nyby/Hawks, la de Carpenter y la que nos ocupa hoy, lleva por título “Who goes there? (John W Campbell,)” cuya traducción vendría a ser “¿Quién anda ahí?”. Creo que el título resume por si solo cuál es el espíritu que debe impregnar la historia: desconfianza, sospecha, suspense, miedo… Si a partir de ello entramos a valorar cuál de las películas hace mejor el trabajo encontraremos opiniones para todos los gustos. A mí, particularmente, la combinación de desconfianza y paranoia con las explosiones de violencia y gore del film de Carpenter no me parecen haber sido superadas por las de la presente película. Ni siquiera igualadas. Y eso que en cuanto a efectos la película que nos ocupa cuenta con la socorridísima baza del CGI que, según dicen, hace mucho más creíble cualquier efecto que se quiera representar en una película. Con todo respeto, a mí me parecen mucho más auténticos aquéllos maquillajes, que quizá por su plasticidad y su naturaleza física real encajan mucho mejor con las múltiples metamorfosis y el carácter informe de la criatura que se pasea por la película, que los muy sofisticados efectos digitales de la versión actual que resultan demasiado “artificiales” y limpios como para dotar a la criatura de la fisicidad necesaria. Respecto al tema concreto de la paranoia que, como ya indicaba es central en la trama, creo que igualmente acaba perdiendo la actual película. Si bien es cierto que introducir el concepto de duplicación de cuerpos ”con mejoría” (lo cual da lugar a las pruebas de los empastes o al curioso detalle de la prótesis metálica desechada) es un acierto para la verosimilitud que hoy se le piden a todas las propuestas de fantástico (algo un tanto absurdo y que se está llevando al paroxismo, si me lo permiten), ninguna de las situaciones a las que da lugar este descubrimiento consigue superar el ambiente conseguido en el film de Carpenter con recursos mucho más simples (el perro entrando en una habitación sobre la que vemos proyectada la sombra de un personaje cuya identidad desconocemos pero que sabemos será el primer “personaje cosa”, el hallazgo de unos calzoncillos con sangre que solo pueden pertenecer a unos determinados hombres, la destrucción de las bolsas de sangre a la que solo tienen acceso unos pocos personajes,… o la antológica prueba de la sangre a la que son sometidos todos los supervivientes por el protagonista, McReady (Kurt Russell), y que deja claro que “la cosa” no es solo una o varias personas sino cada una de sus partes; hay una cosa en cada gota de sangre expuesta, en cada célula… Además, y pasado el ecuador de la película de Carpenter, la paranoia da lugar a un dilema ético de supervivencia que se resume en la frase con la que comienzo este post extraída directamente de la película; ahora que McReady ya sabe a lo que se enfrentan, que sencillo sería, teniendo a todos sus compañeros delante acabar con ellos, saber a ciencia cierta de ellos es ya humano sería la solución. Por desgracia, la astucia de “la cosa” le impide certificar si aún hay amigos delante de él y debe continuar invirtiendo tiempo en desenmascarar a los posibles impostores… Pero aunque el film de Matthijs van Heijningen Jr. fracase en la comparación con el clásico no debemos por ello condenarlo a la quema como si careciera de mérito alguno. Es cierto que cae en muchos de los tópicos de toda producción hollywoodiense de género ( a mi entender el peor de todos el haber de introducir a una protagonista americana en la función, algo totalmente absurdo si se toma la película como precuela de la original en la que en ningún momento se mencionaba a ningún compatriota en la destruida base noruega y que los responsables del film pretenden esquivar de forma pueril haciendo que ésta termine su viaje en un vehículo oruga a kilómetros de allí), un abuso de los FX en detrimento de una profundidad dramática y argumental (especialmente a la hora de no cortarse en mostrar los interiores de la nave espacial y sus excelencias tecnológicas) o el insinuar una posible relación amorosa entre la protagonista y otro americano (sí, sí, otro más que los noruegos deben ser muy fríos) en la base, al que da vida Joel Edgerton. Y pese a todo lo dicho acierta a la hora de reivindicar el espíritu de la historia original repitiendo/actualizando algunos de aquellos momentos (la secuencia de los empastes antes mencionada, la autopsia en la que se descubre la duplicación,…). Pero sobre todo, en lo que más da en la diana y reconoce, de forma implícita, la impronta del film de Carpenter, es en la cantidad inmensa de situaciones y momentos en los que ata cabos con aquella película, regalándonos muchos planos cuya correspondencia, si bien no aportan gran cosa a nivel argumental a quien ya ha visto la original, sí nos hacen sonreír y valorar un cierto nivel de homenaje en la propuesta actual (la banda sonora que repite el soniquete percusionista de la compuesta en su día por Ennio Morricone, los parajes nevados y las horribles mutaciones de la criatura como contexto “lovecraftiano”, la atmósfera siniestra en la que se va sumergiendo poco a poco la base noruega con ese sarcófago de hielo vacío, el científico suicida en la silla con las estalactitas de sangre colgando de su cuerpo y, sobre todas ellas, la abominable figura de aquella doble cara separándose o uniéndose en una amalgama de brazos y piernas cuyo resultado final queda carbonizado y congelado a la vez por los efectos del, siempre útil, lanzallamas y el frío polar que va penetrando poco a poco en la base hasta hacerse con ella.

miércoles, octubre 12, 2011

MELANCHOLIA; Una genialidad de Lars Von Trier


Con Lars Von Trier sucede que acaba siendo más criticado él mismo que sus propias películas. Porque es un rarito, uno que se cree más listo que los demás, que va de artista, y en los últimos tiempos lo que faltaba para el duro: que hace bromas con el nazismo... ¡Uhhhh, que feo…!
Está claro que a él le va lo de llamar la atención y lo hace incluso de las maneras más insospechadas. ¿Por qué? Sinceramente me importa un pito. Igual que lo que se diga de Mel Gibson o de cualquier otro cineasta acerca de su vida privada. Lo único que debe importarnos aquí son sus películas y, en el caso de Von Trier, hay mucho de lo que hablar. Tanto que ahora mismo puedo certificar que es la mejor película que he visto en todo lo que llevamos de Festival y, dudo que me equivoque, probablemente sea también la mejor que hay a concurso.

De la palabra “melancolía” el diccionario de la Real Academia Española dice lo siguiente:

melancolía.
(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).
1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
2. f. Med. Monomanía en que dominan las afecciones morales tristes.
3. f. ant. Bilis negra o atrabilis.

La película del director danés está dividida en dos partes centradas cada una de ellas en una de las dos hermanas protagonistas y como se enfrentan a un momento decisivo en sus vidas. En la primera parte el personaje que interpreta la actriz Kristen Dunst acaba de casarse y se dirige con su marido (interpretado por el vampírico Alexander Skarsgaard) a la enorme mansión en la que su hermana (Charlotte Gainsbourg) y el marido de ésta (Kiefer Sutherland) les han preparado una fiesta de bodas de lujo. Sin embargo y, después de que la novia se fije en una extraña estrella roja en el firmamento, su comportamiento se volverá errático y no tardará en dar la sensación de no sentirse cómoda en su papel de recién casada, lo cual causará todo tipo de desencuentros con muchos de los invitados (su hermana, su cuñado, su madre, su jefe, su propio marido,…). Toda esta primera parte servirá a Von Trier para retratar, en un ritual tan extendido en el mundo (aunque las formas varíen mucho de un lado a otro) como el del matrimonio, cuán estúpidas resultan muchas de las actitudes que nos vemos obligados a tomar en determinados momentos de nuestra vida. En definitiva, de qué manera más tonta perdemos el tiempo en seguir normas autoimpuestas cuando podríamos estar disfrutando la vida a nuestra manera y cada segundo como si fuera el último.
En la segunda parte de la película, con la celebración ya terminada de forma abrupta, la cámara pasará a centrarse en la hermana de la novia. Ahora que ya se sabe que la hermosa estrella del principio es en realidad un planeta que se acerca amenazadoramente hacia La Tierra, cada uno de los personajes (que en esta segunda mitad son solo cuatro: las dos hermanas, el cuñado y su hijo) se enfrenta a la posibilidad de ser destruido de distinta manera. A la mística fascinación del personaje de Dunst se opone el miedo a la muerte de su hermana o a la ciega certeza científica del personaje que interpreta Sutherland quien está convencido de que no sucederá nada malo. El hijo de éstos, como niño que es, afronta la situación de un modo u otro según con quién se encuentra pero sin entender muy bien qué es lo que está pasando.
Y todo eso podría ser el resumen del fondo. Pero, ¿qué hay de la forma? Bueno, que se pongan a temblar todos los detractores de “El arbol de la vida” de Terrence Malick. ¡¡Sí, la película comienza con diez minutos de música e imágenes!! Rápido, avisemos a los multisalas. ¡Que devuelvan el dinero si no me gusta! Sale gente famosa en el póster y quiero verles pegando tiros, haciendo bromas o enseñando las tetas.
Tranquilos todos. Superados esos diez minutos (preciosos, por cierto) menos tiros hay de todo en la película. Claro que todo ello retratado con un estilo y un arte que no estamos acostumbrados a ver en una película de gran tirón comercial. Así pues, las bromas que se dirigen unos a otros en la boda son cáusticas y resultan incómodas por lo que tienen de real y de deja vous para cualquiera que haya pasado por una experiencia similar. Los desnudos, todos ellos de Dunst, sirven para incrementar aún más la intensidad de su interpretación en dos momentos claves de la película (cuando se encuentra totalmente hundida por haber fallado a todos en la celebración de la boda y cuando, ya recuperada, decide afrontar el fin del mundo dándose un baño de luz extraterrestre nocturna).
En medio de todo esto el danés tiene ocasión de insistir sobre su peculiar forma de entender a los hombres y las mujeres y sus relaciones como ya hizo en “Dogville” o en la más polémica y expeditiva “Anticristo”. Los hombres vuelven a ser representados como seres excesivamente racionales movidos únicamente por la necesidad de controlar cuanto sucede a su alrededor, ya sea a los demás o incluso a los fenómenos de la naturaleza. Las mujeres, en cambio, se muestran como seres sensitivos que se dejan llevar por sus impulsos lo cual las hace impredecibles y caóticas.
No tenemos por qué estar de acuerdo con ello pero ese parece ser su discurso una vez más.

Como ocurre con otras dos películas presentadas en el Festival de este año, “Another Earth” en clave de drama social y “Extraterrestre” de Nacho Vigalondo en comedia, “Melancholia” parte de una premisa propia del cine de ciencia ficción catastrofista para montar un drama épico en el que lleva a cabo un estudio de personajes sensacional sin tener que recurrir a la fragmentación de las películas corales. Y lo hace además permitiéndose licencias artísticas absolutamente avasalladoras que nos hacen pensar que todo aquello del Dogma no era sino una broma de mal gusto. Secuencias rodadas en cámara superlenta, música clásica atronando en los momentos más dramáticos y una sensibilidad que hace inolvidables a todos los actores que se pasean por el film.

Obviamente no se trata de una película sencilla y a cualquiera que sea incapaz de ver nada más profundo que el agujero de su culo no se la recomiendo. He dicho.

lunes, octubre 10, 2011

INTRUDERS; Fresnadillo nos falla


Antes de que comenzara la sesión premiere de Intruders, su director Juan Carlos Fresnadillo, subió a la tarima y nos dirigió unas palabras. Todo lo que dijo, que no fue demasiado, se puede resumir en la siguiente frase que él mismo pronunció: “más que una película de miedo es una película sobre el miedo”. De esta manera Fresnadillo otorgaba a su film un cierto nivel ensayístico y prevenía a aquellos que hubieran venido a disfrutar de una simple y llana película de terror al uso. Debo decir que no esperaba menos de su trabajo pues hasta ahora el director canario no me ha defraudado con ninguno de sus trabajos. Pero la clave de ésto último está en el “hasta ahora”.
“Intruders” explica dos historias en paralelo que parecen desarrollarse a la vez conectando así a dos familias, una americana y otra española, distanciadas miles de kilómetros a través de un mismo suceso: el niño de la familia española que vive con su madre es atacado por las noches por un extraño ser encapuchado y, por su parte, la niña de la familia americana es igualmente visitada por el mismo monstruo.
Ambas historias se desarrollan por separado y tienen como único nexo común la citada criatura lo cual coloca al espectador ante un misterio. ¿Por qué les sucede lo mismo a los dos? Sería aceptable y carecería de todo interés que a cada uno de los niños les visitaran monstruos distintos pero, el que ambos sean aterrorizados por la misma criatura que además es bautizada por los dos chavales como “Carahueca”, hace que el espectador se pase toda la película buscando la conexión.
Por desgracia, este juego no es suficiente como para hacernos mantener el interés durante los cien minutos que dura la proyección. El guión, que tiene como único lugar en el que apoyarse la curiosidad que pueda despertar dicho misterio, se vuelve mecánico y repetitivo manejando siempre el mismo esquema: el monstruo visita al niño español, la madre se desespera y busca ayuda, el monstruo visita a la niña americana, el padre la defiende, y otra vez con el niño y así sucesivamente. Obviamente en cada visita el ataque es más intenso y la tensión creciente pero la repetición de escenarios y situaciones no está llevada con suficiente inventiva y al final cansa.
La entrada de un elemento fantástico en el seno de una familia con problemas y cuya lucha contra dicho elemento servirá para unirles es algo en lo que M. Night Shyamalan es un experto. Ha hecho de ello la base argumental de toda su filmografía (incluso de la criticadísima “The last airbender”) y quién sabe qué hubiera sido de este mismo guión si hubiera sido él quien se hubiera encargado de llevarlo a imágenes. Lo que sí está claro es que no es un material apropiado para alguien como Fresnadillo que comenzó en el largometraje con una película ambiciosa para nuestro cine, “Intacto”, y dio el salto a Hollywood con un film con grandes dosis de espectáculo “28 semanas después”. Tras ello, se oyeron muchos posibles encargos, el más sonado de todos la adaptación a la gran pantalla del videojuego de éxito “Bioshock”, en definitiva, otra película espectáculo con acción y gran presupuesto. “Intruders” se encuentra en las antípodas de ese tipo de cine y Fresnadillo parece haberlo despachado con profesionalidad pero sin pasión.
“Intruders”, digámoslo ya, es una película con truco. Toda la historia se sustenta sobre un concepto más o menos ingenioso que solo puede funcionar escamoteándole información fundamental al espectador. Al trabajar todo el film a base de montaje paralelo de las dos historias el público conecta ambas de la misma forma en que está acostumbrado a hacerlo cuando no se le indica, mediante rótulos o con una puesta en escena obvia lo contrario. Un ejemplo: si yo quiero situar una parte de mi película en un país árabe puedo insertar un rótulo indicando en qué país estamos o puedo grabar una conversación entre personajes en árabe y en un entorno que ayude a formar esa idea en el espectador. Si quiero que la secuencia suceda en Egipto puedo sencillamente insertar un plano de las pirámides. Lo mismo sucedería si el salto que quiero dar no es geográfico, o no solo geográfico, sino también temporal. En la manipulación de este tipo de información es en lo que se basa el truco de “Intruders” lo cual la convierte, a mi parecer, en una película tramposa.
Por si todo lo dicho hasta ahora fuera poco me gustaría terminar esta crítica añadiendo que el monstruo de la función ni siquiera se encuentra a la altura de las circunstancias. Es cierto que hoy en día sorprender en este aspecto puede ser difícil pero la verdad es que la criatura, cuando se nos muestra como CGI y no como un hombre que lleva chubasquero, recuerda en demasía a La Parca de “Agárrame esos fantasmas” y hasta me atrevería a decir que aquella resultaba más creíble que esta. Y ya ha llovido.

sábado, octubre 08, 2011

CONTAGIO; un plausible fin del mundo


El cine actual nos tiene más que acostumbrados al fin del mundo. Al final del siglo XX se ha unido el horror del terrorismo internacional que vivimos con la entrada del XXI, el miedo a nuevas enfermedades contagiosas de las que no habíamos oído hablar antes (vacas locas, gripe aviar,…), la inestabilidad política en algunos países árabes, la crisis económica,… Todo ello se refleja en las películas en forma de catástrofes y situaciones apocalípticas. Sin embargo, la gran mayoría de ellas narran sus historias cuando el fin del mundo ya ha tenido lugar o está sucediendo en ese mismo momento, ya sea con catástrofes nucleares, ecológicas, plagas de muertos vivientes o cualquier locura imaginable. En ellas la narración está siempre focalizada sobre un grupo de supervivientes que deben apañárselas en un entorno distinto donde sus habilidades sociales y las leyes que imperaban en su civilización ya no valen nada.

Contagio plantea una situación similar pero justo antes de que ésta se produzca. Es decir, narra como a partir de un determinado suceso la civilización tal y como la conocemos comienza a desmoronarse. Esto la hace prácticamente única dentro del, como decía, enorme plantel de películas apocalípticas que nos han estado llegado ya que, en lugar de arrancar con el siempre socorrido sistema del what if, el guión debe cubrir todo el proceso desde la situación inicial de normalidad hasta el caos final y además hacerlo desde distintos puntos de vista. Y esto último es precisamente su mejor baza y la que justifica el impresionante casting que participa en el film.

La película comienza con el regreso a casa de una mujer que ha estado de viaje de negocios en Hong Kong. Sin previo aviso, con muy pocos síntomas que pudieran avisar de estar gravemente enferma, la mujer sufre un ataque y ha de ser hospitalizada. Su marido debe enfrentarse a las pocas horas a la muerte de su mujer y, lo que es peor, al inmediato contagio de su hijo que también muere en pocas horas. Así de contundente es el arranque de la película a partir del cual la trama principal se ramifica en distintas líneas cuyo nexo común es precisamente el imparable contagio de la enfermedad. Así podemos seguir al mismo tiempo los avatares de los modernos medios de comunicación y su enfoque de la situación desde el punto de vista de un blogger de moda que no tiene inconveniente en manipular la información con tal de satisfacer a sus hambrientos followers, a una responsable del gobierno americano que debe enfrentarse a una situación de secuestro por parte de un grupo de aldeanos en oriente que quieren ser los primeros en ser vacunados, a uno de los principales mandos del Centro de control de enfermedades a quiénes se le plantean distintos dilemas éticos debido a su privilegiada posición y al conocimiento de dicho privilegio por parte de quienes le rodean, a un bacteriólogo que trabaja en una gran empresa farmacéutica y que, pese a su talento, se ve apartado de la investigación por problemas de seguridad,… Y éstos son solo algunos, de los distintos personajes que podemos seguir y que nos ofrecen, cada uno de ellos, una visión concreta de una parcela concreta del problema global al que todos se enfrentan.

El trabajo de montar una historia coral como ésta sin que el interés decaiga en ningún momento y donde ninguna de las historias pese mucho más que las otras es un mérito que debe recaer sobre Steven Soderbergh, director del film, que ya se las había visto en una situación similar hace años con la multipremiada “Traffic”. Además, y sin duda es otro de los grandes aciertos de la película, la representación de toda la situación y la reacción que los personajes tienen ante la que se les viene encima era campo abonado para que, en manos de cualquier otro, el film hubiera derivado hacia un ejercicio de espectacularización que le restara credibilidad, hacia un drama lacrimógeno de media tarde o, en el peor de los casos, a un ensayo sobre medicina y epidemiología a lo Robin Cook. Pero Soderbergh mide muy bien los tiempos y las situaciones a las que se enfrentan sus personajes dosificando los momentos de tensión extrema y sin regodearse en ninguno de los sucesos que más se prestaban al abuso ya fuera técnico o sentimental que hubieran perjudicado la credibilidad del film. El caos en el que se va sumergiendo la ciudad de San Francisco en la que vive el personaje que interpreta Matt Damon, por ejemplo, es mostrado en muy pocas ocasiones y siempre a ras de suelo; calles vacías donde se acumula la basura sin que nadie la recoja, casas cerradas en la que los móviles son el único medio de comunicación y cada vecino se ha vuelto un sospechoso de estar infectado, supermercados y farmacias que son desvalijados por todo tipo de ciudadanos a la búsqueda de una posible cura, etc,…
Resulta difícil evaluar quiénes salen peor parados si hacemos balance global de lo visto en la película. ¿Los políticos? ¿Las empresas farmacéuticas? ¿Los medios de comunicación? ¿Los ciudadanos en general? Todos aportan su dosis de irresponsabilidad y error humano. Tanto es así que es difícil no sentirse identificado con cada uno de los personajes que se pasean por la película, sean estos del nivel social que sea y tengan el trabajo que tengan, porque por encima de todo eso y dada la situación tan dura que están viviendo, lo único que reflejan es humanidad, con todo lo bueno y lo malo que ello pueda significar.
Si debo destacar algo que no me gustara de la película tendría que nombrar las normas de prevención que los responsables del centro de control de enfermedades facilitan a los medios de comunicación: lavarse con frecuencia las manos, no tomar alimentos crudos, no estrechar la mano a los demás,…
¿No les suenan de algo?

viernes, octubre 07, 2011

EVA; Inteligencia Artificial española


Si quedaba alguien que dudara de la profesionalidad de los técnicos cinematográficos españoles, cuando vea esta película se convencerá de que, en muchos de esos aspectos, el cine español juega en primera división.
Desde el minuto uno, desde los mismos créditos, “Eva” demuestra ser una película de gran producción en la que no faltan planos aéreos, profusión de exteriores en ambientes no exentos de complicación (parajes nevados, montañas,…), efectos especiales digitales de primer nivel, una secuencia de créditos bellísima, una estrella internacional como Daniel Brull de protagonista,…
El problema de todo lo dicho en el párrafo anterior es, que como ocurrió hace un par de años con “La huérfana”, de poco sirve una técnica impecable si el guión hace aguas o no se trabaja al mismo nivel que lo demás.

La película nos explica la historia de Alex, un genio de la robótica que abandonó un ambicioso proyecto en el que trabajaba para una universidad de prestigio; crear un niño robot. Su abandono, debido en gran parte a su incapacidad para relacionarse de forma normal con el resto de personas y sentirse más cómodo en soledad o fabricando sus propios animales de compañía (uno de los muchos guiños que contiene el film a obras claves de la ciencia ficción, en este caso concreto al personaje de J.F. Sebastian de “Blade Runner”), supuso también un corte de relaciones familiares (su hermano, también experto en robótica, y su padre) y sentimentales (su novia que también trabaja en el mismo campo). Su regreso a la ciudad le involucrará de nuevo en aquel proyecto que dejó inacabado y que tratará de completar con la ayuda de su sobrina, una niña llamada Eva a la que él ni siquiera conocía y que vive con su hermano y su exnovia, que ahora son pareja. Agobiado por su fama y por su incapacidad para gestionar sus sentimientos hacia sus colegas de profesión, familiares y demás personajes, el protagonista se refugiará en su trabajo mientras trata de recuperar a su amor de juventud, sin darse cuenta de las repercusiones que ambas tareas tendrán en su vida y la de los que le rodean.

Como ya he apuntado antes, la película contiene no pocos momentos en los que su director homenajea a películas claves del género. Pueden rastrearse fácilmente guiños a “2001 una odisea del espacio” (el momento en el que Eva realiza un importante descubrimiento gracias a su habilidad para leer labios), “El hombre bicentenario” (el robot asistente que interpreta Lluis Homar y que, pese a su sobrado talento, no nos hace olvidar la impagable composición que llevó a cabo Robin Williams en aquella película), “Blade Runner” (el gato robot que acompaña al protagonista, como ya había indicado, las piruetas con las que se presenta Eva y que recuerdan a la replicante Tris que interpretó Daryl Hannah)y, por supuesto, Inteligencia Artificial (el proyecto de niño robot, las palabras que al pronunciarse activan o, en este caso desactivan, algún proceso fundamental del robot,…). Pero una acumulación de referencias no son suficientes para aguantar una historia que pide a gritos más intensidad y dedicación en los aspectos de ciencia ficción propiamente dichos. Si desconectamos del género como la película nos obliga a hacer durante casi todo el segundo acto, lo que tenemos con tanta referencia es más una cuestión lúdica con la que sacar alguna sonrisa del público más connoisseur que una baza más con la que dar brillo a un guión de género sólido. Puede que funcione con la saga “Scream” pero allí la referencia es la clave sobre la que se argumenta toda la saga hasta el punto de que, como no se le hace ascos a la comedia sino al contrario, hasta la autoreferencialidad es bien recibida y fuente narrativa de las últimas entregas. Pero esto no es Scream.

Este año el Festival Internacional de Cinema de Catalunya homenajea la película de Spielberg/Kubrick “Inteligencia Artificial” y, si hay un film en el certamen que esté en sintonía con lo expuesto en aquélla, sin duda esa es Eva de Kike Maillo. Sin embargo, y aunque ambas películas parten de una premisa argumental muy parecida (la creación de un niño robot y las repercusiones que ello podría tener), la del dúo Spielberg y Kubrick buceaba directamente en las posibilidades que la ciencia ficción ofrecía ante un tema tan peliagudo, nos situaba en un futuro lejano poblado de robots más humanos que los humanos y nos hacía reflexionar sobre su existencia y la nuestra. La de Kike Maillo, en cambio, utiliza el tema de la inteligencia artificial como fondo sobre el que estructurar una historia muy distinta a aquélla pero mil veces vista antes, la del triángulo amoroso formado por dos hermanos y una sola mujer de la que ambos están enamorados. Dicho triángulo se contextualiza en un futuro mucho más próximo y, si me lo permiten, en muchos aspectos más plausible que el propuesto en I.A, lo cual lamentablemente no se aprovecha adecuadamente dentro de los parámetros de un género, la ciencia ficción, del que se espera algo más que servir como telón de fondo a una historia de amor, y mucho más cuando la película se nos presenta como el buque insignia de un Festival especializado en cine fantástico.
[SPOILER] Y probablemente lo peor de todo sea saber, desde el mismo momento en que aparece en pantalla, por qué es tan especial esa niña llamada Eva que tanto atrae al protagonista [FIN SPOILER]

viernes, agosto 12, 2011

EL ORIGEN DEL PLANETA DE LOS SIMIOS; Paradoja vs Ironía



This is evolution: the monkey, the man, then the gun
(Marilyn Manson)

Je, je, je… eso le pasa por no alabar al simio
(Homer Simpson)




Aunque todo el mundo recuerda el final de “El planeta de los simios” (Planet of the apes, 1968, Franklin J. Schafner) con Charlton Heston maldiciendo a los humanos ante los restos de la estatua de la libertad, el éxito de la película hizo que aquél no fuera el final definitivo de la historia y que recibiera continuación con varias secuelas (cuatro en total) que, aunque de mucho menor empaque que la original, dotaron al conjunto de un sentido global que en la primera queda tan solo insinuado con ese célebre final.
Así pues, y pasando por alto la primera de las secuelas, “Regreso al planeta de los simios” (Beneath the planet of the apes, 1970, Ted Post) que no haría sino abundar en las situaciones expuestas en la original, llegaríamos a “Huída del planeta de los simios” (Escape from the planet of the apes, 1971, Don Taylor), donde Aurelio (Roddy Mc Dowall) y Zira (kim hunter), los dos chimpancés que ayudaron a Taylor (Charlton Heston), y su hijo recién nacido se introducen en la nave que ha llevado hasta su mundo a los humanos y por un azar científico acaban aterrizando en el nuestro, es decir, en La Tierra en nuestra época (los años setenta para ser exactos ya que fue cuando estas películas fueron producidas). De esta forma tan ingeniosa, los guionistas de la saga consiguieron cerrar el círculo y contestar a las preguntas que planteaba la primera en su desgarrador desenlace: ¿Cómo llegaron los simios a hacerse con el control del planeta? ¿Qué les ocurrió a los humanos? La explicación propuesta era la siguiente: los simios inteligentes venidos del futuro en una nave creada por los humanos darán lugar a una nueva raza de simios dotados de cierta inteligencia que serán esclavizados y utilizados en trabajos duros, situación que acabará provocando una rebelión y una encarnizada lucha entre simios y humanos, tal y como se desarrolla en las dos películas que completan la pentalogía (Conquest of the planet of the apes, 1972, J. Lee Thompson, y Battle for the planet of the apes, 1973, J. Lee Thompson).
Como podemos ver, antes de que películas de éxito más modernas como “Terminator”, “El efecto mariposa” o “Regreso al futuro” aprovecharan las paradojas del espacio-tiempo como núcleo sobre los que desarrollar una historia de ciencia ficción, los responsables de los guiones de las, muy oxidadas, películas sobre “El planeta de los simios” que he reseñado en los párrafos anteriores ya habían hecho lo mismo con un resultado narrativo muy interesante. Y añado que me parece un mérito adicional el haber llevado a cabo una serie de películas apoyadas en un concepto tan complejo como el de una paradoja en unos años donde, todavía, el nivel cultural medio de la población (por ejemplo en un país como el nuestro) no era tan elevado como hoy, y de hecho, en “Huída del…” se decidió incluir una secuencia en la que se trataba de explicar lo sucedido haciendo servir el ejemplo de otra paradoja, la del artista que pinta un paisaje y se pinta a si mismo dentro pintando un paisaje dónde está él mismo dentro pintando un paisaje, etc…

Pasando totalmente por alto la infumable incursión en la saga (a modo de remake) de Tim Burton, que al menos sirvió para demostrar que a veces una mayor fidelidad a un texto literario no tiene por qué suponer una mejor película (y esto es para los insidiosos y recalcitrantes opositores a la trilogía de “El señor de los anillos” de Peter Jackson, también conocidos como "El club de amigos de Tom Bombadil"), llegaríamos hasta el film que nos ocupa que no sería ni una secuela del film de Burton ni un remake de ninguna de las películas que he citado antes sino una reinvención de la explicación por la que en el futuro los humanos habrán sido erradicados y los simios camparán a sus anchas. Si en la saga original era hijo de Zira y Aurelio venido del futuro el que acababa liderando una rebelión de simios contra los humanos, en “El origen del planeta de los simios” se mantiene el concepto de rebelión y líder pero no existe paradoja alguna. La rebelión tiene lugar debido a la experimentación científica en un laboratorio donde se pretende encontrar una cura para el alzheimer pero, al final, lo que tendría que haber servido para prolongar la vida humana inteligente acaba sirviendo para erradicarla y volver inteligentes, en su lugar, a los simios. Interesante ironía. Pero aún hay más; como en las películas de los setenta habrá un simio que será el que conduzca a los demás a la libertad y, no será precisamente el más oprimido de ellos ni aquel que ha tenido que pasar por las peores calamidades sino, precisamente, el más mimado y mejor tratado por los humanos de cuantos pueblan la película. Doble ironía.
¿Qué concepto redondea mejor la cuestión? ¿Qué explicación resulta más estimulante? Reconozco que ambas me parecen igual de válidas, si bien tal vez la utilización de una u otra se debiera al momento tecnológico-científico que se vivía en el momento en que se produjeron las películas. En los años setenta, en plena carrera espacial, una nave y un viaje en el tiempo con paradoja incluída podía ser la opción más plausible. En la actualidad, con una crisis económica brutal y un interés mayor que nunca en dar prioridad a los beneficios aunque sea a costa de la experimentación con animales y de un descenso en las medidas de seguridad de las empresas (asusta con qué facilidad el protagonista saca muestras de sus experimentos del laboratorio), así como el temor a amenazas biológicas o terroristas que han sido creadas por los mismos que ahora las temen, puede que la opción de la ironía caiga por su propio peso.

La película de Rupert Wyatt cuenta además con diversos alicientes que consiguen que, pese a conocer sobradamente cuál será el desarrollo de los acontecimientos, el interés del espectador no decaiga. Para empezar la convincente interpretación de sus actores principales que consiguen dotar de sentimiento y humanidad a sus personajes, poniendo sobre la mesa de qué está hecho realmente un hombre y por extensión un ser inteligente como el simio del film; amor, sacrificio, odio, avaricia, envidia,… Sentimientos todos ellos humanos que serán contagiados al simio inteligente al entrar en contacto con ellos. Es la inteligencia emocional y no otra la que provoca los cambios y desencadena los acontecimientos en el film. Son las decisiones morales tomadas por el protagonista y por César, el simio inteligente, las que cambiarán para siempre el destino del planeta.
En este sentido destacaría diversos momentos en los que basta el juego del plano-contraplano entre la mirada de César y lo que está viendo para que el espectador comprenda a qué conclusiones está llegando el simio; la ventana que le separa de la libertad, la correa que ata a un perro con el que se cruzan, su dueño/padre en la cama abrazado a su novia… Igualmente destacables son varios de los momentos que César vive en su “encarcelamiento” donde debe tomar distintas decisiones de tipo ético que le permiten integrarse y, a la postre, convertirse en el líder de un gran grupo de simios.
Todo este desarrollo que se sirve sin prisa, con un ritmo cadencioso, hace mucho más creíble la evolución de César y convierte a “El origen del planeta de los simios” en algo más que un simple divertimento o una película con la que deglutir palomitas. Defender la película como un film a tener en cuenta o no por el nivel de sus efectos especiales me parece fuera de lugar. Se trata de una producción de alto nivel y solo faltaría que los efectos fueran una chufa así que poco hablaré sobre ello. Baste decir que el trabajo de Andy Serkis como “César”, el simio que liderará la rebelión, es fantástico y sirve para justificar un presupuesto de efectos como el que maneja esta película (recuerdo para quien no lo sepa que los gestos y movimientos del simio están capturados digitalmente de los que realiza un actor real con un traje especial lleno de sensores que son interpretados por un ordenador a través de un proceso llamado “motion capture”). Para los que tan solo se hayan visto atraídos por el espectáculo pirotécnico del trailer, espectáculo que por cierto se desarrolla íntegramente durante los últimos quince minutos de película, y le parezcan risibles las películas de la saga de los setenta por comparación de FX, tan solo hacerles reflexionar sobre la imposibilidad de haber rodado un film como éste en aquellos años (al no existir la infografía se habría tenido que tirar de animales reales y amaestradores lo que hubiera supuesto una auténtica pesadilla de producción), y llamar su atención sobre el ingenio con el que fueron capaces de lograr, con una forma narrativa más “asequible” técnicamente aunque más compleja argumentalmente, contar la misma historia que la película que nos ocupa.

Paradoja vs. Ironía. Ustedes eligen. O no lo hagan y quédense con las dos.

jueves, agosto 04, 2011

TROLL HUNTER; El fantástico escandinavo golpea de nuevo


Un dia, los dioses del cielo interrumpieron
a Tor cuando estaba dedicado a su pasatiempo
favorito de cazar trolls.


Mitos, Diccionario de mitología Universal (Arthur Cotterell)



Dependiendo de a quién preguntes un trol sería una criatura monstruosa surgida de una novela de fantasía tipo “El señor de los anillos”, un gigante sucio y estúpido enemigo de los gnomos o sencillamente un tipo al que le gusta montar jaleo en Internet.
Sin embargo, el origen de la palabra “trol” hay que buscarlo en las leyendas y la mitología escandinava, latitud de la que procede la criatura original que ha originado a todas las anteriores y a muchas otras.
Aunque el significado de la palabra trol es incierto, el estudio de las raíces etimológicas del término ha dado lugar a diversas conjeturas, muchas de las cuales han acabado relacionando la palabra con “magia”, “maligno” y, sobre todo, “violento”. Este carácter agresivo que subyace en el término sería el que explicaría probablemente el por qué son estos seres y no otros los que han servido para marcar a aquellos que van de foro en foro buscando bronca, faltando al respeto o http://www.blogger.com/img/blank.gifsaltándose las normas de dichos lugares de debate. De hecho ya hay quien ha hecho de ello algo así como una “profesión” o un medio para buscarse la vida.
Lo curioso sobre los troles es que en Escandinavia, y durante mucho tiempo, se ha hablado de ellos como si fueran seres auténticos y no como personajes de cuentos de hadas. En algunos lugares se refieren a ellos como gigantes, en otros como a una especie de hombres de los bosques de narices y orejas enormes, en otros como ladrones de niños… Algunos incluso han querido ver en el bigfoot americano o en el orco versiones del trol escandinavo. Como ejemplo de hasta que punto la existencia de los troles está ligada a la historia de los países nórdicos están los numerosos lugares y emplazamientos cuyos nombres hacen referencia a ellos (Trollhattan, Trollkyrka, Trollstigen, Trollasveien…).

La película de Andre Ovredal “http://www.imdb.com/title/tt1740707/” (Trolljegeren, 2010) se apunta a la moda del mockumentary para narrar la historia de un grupo de estudiantes que realiza un trabajo en video acerca de la caza de osos en Noruega y que, por casualidad, acaba descubriendo a una organización secreta del gobierno que conoce la existencia de troles en el país y se dedica a exterminarlos y a encubrir sus acciones para mantenerlos alejados de la población.
El film, de apenas una hora y media, aprovecha todo el potencial de realismo que le permite el uso de la cámara en mano con la excusa del falso documental, resultando mucho más efectiva en las escenas boscosas y oscuras de huidas y persecuciones que en las entrevistas y charlas que los personajes tienen entre ellos, mucho más impostadas y socorridas a la hora de poder explicar qué es lo que sucede. Algo parecido a lo que ocurría con la interesantísima y ya clásica http://www.blogger.com/img/blank.gif“Distrito 9”.
Además, y como ha venido ocurriendo con otros films recientes de género de las mismas latitudes (“Déjame entrar”, “Rare exports”, “Zombies nazis”,…) la propuesta no carece de un cierto sentido del humor, que en la película que nos ocupa resulta especialmente apropiado debido a los conocimientos generales y asumidos que sobre estas criaturas, los troles, la mayoría del público posee. Sucede así que en el film los personajes van tratando de averiguar al mismo tiempo que el público cuantas de las cosas que han oído sobre los troles son ciertas y cuales no, resultando especialmente divertidas aquellas situaciones en las que podemos ver, y no solo escuchar de labios del cazador profesional, lo que hay de mito y lo que hay de cierto en todo el asunto. En este sentido es destacable la estupenda secuencia del trol en el puente (o bajo el puente) o aquella en la que los personajes se ven encerrados en una cueva en mitad de la noche, la cual deben compartir con un grupo de gigantescos y apestosos especímenes sin ser descubiertos.
Una aspecto argumental especialmente llamativo y que es utilizado en la película como excusa para algunos gags divertidos y alguna situación que mejor no desvelaré, es la particularidad de que estos troles huelen a aquellos que creen en Dios o son cristianos y los persiguen para devorarlos. Esto, lejos de ser una invención absoluta de los guionistas del film bebe de la propia historia y folclore escandinavo. Aunque el panteón nórdico contaba con Thor para deshacerse de los troles a golpe de martillo (el hierro era un arma contra ellos) a los cristianos parecía bastarles un crucifijo o incluso el sonido de las campanas de una iglesia para conseguir el mismo efecto (y todo ello por supuesto sin renunciar a la consabida luz solar que siempre ha sido el mayor enemigo de estas criaturas). Tal vez en la desaparición de la mitología clásica y en la expansión del cristianismo por toda Europa esté la razón por la que los troles que quedan allí (según la película, por supuesto) parecen odiar a muerte a los cristianos devotos hasta el punto de haber desarrollado un olfato especialmente eficaz con el que detectarlos. Supongo que se puede extraer alguna lectura en clave política sobre esto…

En el apartado técnico la película poco tiene que envidiar a cualquier producción norteamericana, contando con unos efectos especiales que, como puede verse en la foto que acompaña a este texto, lucen magníficamente aunque como siempre, resultan mucho más creíbles y sugerentes cuando las apariciones de las criaturas se dan en la nocturnidad de los bosques que en el resplandeciente panorama helado en el que transcurre el último tercio del film que por momentos recordaba a los últimos minutos de la indispensable “La niebla” de Frank Darabont, aunque con mucha menos carga dramática, por supuesto.
En definitiva una película muy recomendable para pasar un rato divertido y que, sin hacer historia en el género, confirma el buen momento que vive el cine fantástico en Escandinavia eclipsando por completo al francés, el cual no parece encontrar su sitio entre la pretenciosidad metafísica y el gore descarado, o el español que pretende mantener su posición a base de secuelas o de repetir la misma fórmula de éxitos pasados. ¿Tengo que dar títulos?