sábado, octubre 06, 2012

SITGES 2012 - COMPLIANCE



   El Festival quiere ver en Compliance algún tipo de metáfora con la situación de crisis laboral que vive el mundo occidental actualmente. Juzguen ustedes:
   Comienza el día en un restaurante de comida rápida. El supervisor no ha venido pero la encargada sí y descubre que alguien se dejó abierto el día anterior el congelador con lo que parte de los ingredientes necesarios para preparar su fast-food se ha echado a perder. Pero esto no es más que el principio. Al poco de iniciarse la jornada se recibe una llamada en el restaurante; se trata de un policía que les informa que hay un ladrón en la plantilla, concretamente una ladrona, e insta a la encargada a que la retenga allí hasta que él llegue y proceda a seguir, teléfono en mano, todas sus instrucciones. De esta manera, y a pesar de que la situación se va volviendo cada vez más bizarra, la muchacha será confinada en un almacén, cacheada, desnudada y debes ver la película para saber cuántas cosas más.
   Lo más curioso del film probablemente sea que se trata de una historia inspirada en un caso real y, por lo visto, de más de uno. Es algo que da una dimensión mucho mayor a lo que vemos y para ello el “inspirado en hechos reales” aparece al principio con un rótulo tan grande como la misma pantalla. Yo personalmente no alcanzo a ver la relación entre lo expuesto en la película y la abrumadora crisis que nos tiene a todos locos más allá del hecho de que la acción transcurre en un entorno laboral. Puede que el exceso de celo de algunos de los miembros del personal del restaurante a la hora de hacer bien lo que consideran su trabajo sea un ejemplo de hasta que punto se teme hoy el acabar despedido pero más allá de eso lo que tenemos entre manos es una interesante película acerca de la fragilidad de la ética humana, dejando patente qué fácilmente resulta recorrer el camino hacia nuestro lado oscuro cuando se dan las condiciones oportunas; poder y sumisión.
   Aunque toda la película sucede en tan solo dos o tres escenarios, los distintos compartimentos del restaurante, la habilidad del director y el realismo de los diálogos y las interpretaciones permiten que la narración sea fluida y la tensión creciente, algo realmente complicado y que, sin la habilidad necesaria, podría escurrirse rápidamente hacia el terreno de la comedia perjudicando terriblemente no solo a la película en si, sino también al mensaje que nos quiere enviar. [SPOILER] Es cierto que, una vez desvelado el quid de la película, resulta difícil no sonreír en algún momento aunque llegue un momento en que esa sonrisa se nos congele (o debiera) [FIN SPOILER].
   “Compliance” es una película que probablemente hubiera funcionado de un modo mucho más efectivo en las manos de los hermanos Coen, ya que contiene algunos de los elementos con los que éstos suelen trabajar (america profunda, personas sencillas envueltas en situaciones criminales,…) si bien lo más probable es que el descenso hacia el humor negro hubiera sido inevitable y estuviéramos ante un tipo de film muy distinto.
   El film además no se anda por las ramas ni rellena con tomas o diálogos absurdos ninguno de los minutos que dura, algo en lo que también hubiera sido fácil caer una vez se plantea la situación. Antes al contrario, con gran habilidad se nos presentan todos los personajes y en apenas unas pocas conversaciones ya sabemos como son y qué podemos esperar cuando las cosas se pongan difíciles de cada uno de ellos.
   La película termina con un epílogo en el que vemos al personaje principal, la encargada del restaurante, ante las cámaras de televisión siendo entrevistada por un típico presentador sensacionalista (¿cuál no lo es, hoy dia?). Con ello se cierra el círculo de la humillación en el que, como ella misma dice, todos han sido víctimas y ahora vuelven a serlo ante los ojos y los oídos de todo el mundo.
   No se si Compliance es una película que hable sobre la crisis pero sí creo que es una película a la que vale la pena acercarse aunque sea para meditar unos minutos sobre lo que nos cuenta sin olvidar que se trata de la recreación de un suceso real, algo que aquí no es solo un reclamo sino la esencia misma del contenido del film.

SITGES 2012 - THE DAY



   “The day” es la primera película que he visto de esta edición y debo decir que me ha dado básicamente lo que esperaba de ella; en un futuro post-apocalíptico calcado al que se nos ofrecía en “The road”, un grupo de supervivientes formado por dos chicas y tres chicos, caminan por un desolado paraje rumbo a ninguna parte, en busca tan solo del próximo lugar en el que poder detenerse a por más provisiones para continuar su camino. Aunque  el que oficia de líder del grupo intenta mantener la esperanza de todos los demás portando consigo dos tarros llenos de semillas, todos saben que su día, de ahí el título de la película, puede llegar en cualquier momento y lo más probable es que llegue pronto. El día en que otros supervivientes que han optado por el canibalismo les encuentren. El día en que mueran y su carne sirva para alimentar a otros que sí verán un nuevo día.
   La película, como decía, comienza con un flashback que busca sentar las bases de la tensión posterior y continúa con ese grupo de camino a ninguna parte, consultando un viejo mapa discutiendo y finalmente deteniéndose en una vieja casa en mitad del campo, el lugar donde transcurrirá el resto del film.  A diferencia de “The road”, aquí no se trata de un viaje en el que los protagonistas van encontrando a otros personajes que se enfrentan a la supervivencia a su manera y les hace replantear su propia forma de hacerlo, sino que la película se encamina rápidamente hacia las convenciones del film clásico de asedio, típico de las películas de muertos vivientes que aquí han sido sustituidos por esos humanos caníbales de los que hablaba antes.
   Por desgracia, la película no entra a saco en el terreno del asedio y para cuando lo hace resulta contradictoria en su planteamiento pues los asediados parecen mucho mejor preparados y más temibles que los propios asediantes que caen como moscas a un ritmo tan alarmante que acaban casi dando lástima o haciéndote replantear la cuestión sobre quiénes son peores, si los caníbales o los que no lo son. Pero como decía, la película tarda más de media hora en entrar en el encierro en la casa de turno y mientras tanto se van planteando distintas cuestiones relativas a la convivencia entre los distintos miembros del grupo y a cómo era la vida antes de sumirse en la horrible cacería en que es ahora. Un tono tal vez demasiado grave para ser modificado después por la acción desmedida del último tercio.
   Mención aparte merece Ashley Bell que realiza una magnífica labor como intérprete tal y como demostrara hace un par de años en  “El ultimo exorcismo” y que junto con Dominic Monaghan (“El señor de los anillos”, “Lost”,…) son las caras conocidas de esta modesta producción estadounidense. Su personaje es la clave de la película en tanto en cuanto el tema de la misma es el perdón como última muestra de humanidad, no solo la búsqueda del perdón sino también la capacidad de otorgarlo.
  “ The day” es en definitiva un exploit más de los muchos que nos van llegando sobre el fin del mundo, que es este año el leit motiv del festival donde encaja como anillo al dedo.

jueves, agosto 23, 2012

TONY SCOTT, EL MAESTRO PIROTECNICO (IN MEMORIAM)


Recientemente nos ha golpeado la noticia de la muerte (por suicidio) de Tony Scott, director inglés y hermano del también director Ridley Scott, que pasó la mayor parte de su vida en Hollywood donde rodó casi todas las películas que componen su filmografía.

Es la de Tony Scott una carrera curiosa donde se aprecian claramente dos estilos distintos, uno primero con el que fue abriéndose camino distinguiéndose en la medida de lo posible del carácter que impregnaban las películas de su hermano y que le convertían en una especie de sombra de este,  y uno segundo que daría lugar a lo que podríamos llamar el "estilo Tony Scott", mucho más próximo a las películas con sello JerryBruckheimer (con el que trabajó en "Dejà vu"[idem, 2006] y "Enemigo público" [Enemy of the state, 1998] entre otras) y que, curiosamente y debido a la deriva “comercial” que tomaron los films de Ridley, en lugar de apartarle de su estela no hizo sino acabar de confirmarle como su reflejo más deformado.

Tras unos primeros trabajos de cortometraje y una trayectoria reseñable como publicista, Tony Scott se da a conocer finalmente dirigiendo el film “El ansia” [The hunger, 1983]que adaptaba la novela gótica del mismo título. “El ansia” es cualquier cosa menos una película de vampiros al uso. Con una estética cuidadísima y muy deudora de sus años de trabajo en publicidad, el film es puro postmodernismo, mezclando intimismo con grandilocuencia, clasicismo y modernidad. Ahí tenemos por ejemplo el extraño y efectivo elenco que componen su reparto con una Catherine Deneuve a la cabeza acompañada por una pujante Susan Sarandon y un estilizado David Bowie. Otro ejemplo es la banda sonora, donde se dan la mano arias de opera, música clásica, punk gótico y ritmos de sintetizador. Definitivamente una opera prima (aunque insisto, no es stricto sensu su primer film) pretenciosa pero bella y que apuntaba maneras.
Quizá por eso, sorprendió a propios y extraños que sus siguientes films fueran ya pelotazos hollywoodienses donde todo ese estilo y cuidado por los detalles desapareció de un plumazo. Talmente como si “El ansia” hubiera sido un aplicado trabajo de fin de carrera para, una vez obtenido el título, pensar solo en hacer dinero al precio que fuera. “Top Gun” [idem, 1986] tiene el dudoso honor de ser el primer film del “estilo Tony Scott”, apareciendo ya en ella algunas de sus constantes posteriores; jóvenes estrellas, militarismo, pasión por la velocidad,… “Top Gun” fue un gran éxito de taquilla pero incluso para Tom Cruise, a la que prácticamente le debe su carrera posterior, fue una decepción y una película de la que, en parte, renegar ya que fue utilizada como reclamo por las fuerzas armadas norteamericanas para reclutar jóvenes soldados con una campaña publicitaria brutal que llegó incluso a enviar delegaciones de alistamiento a las puerta de los cines. Un joven Tim Robbins también aparecía en este film, y dado lo poco amigo del republicanismo que es, supongo es un trabajo que todavía debe escocerle haber aceptado.

Su siguiente film, también en la línea de los blockbusters, fue la primera secuela de “Superdetective en Hollywood” [Beverly Hills Cop II, 1987], impersonal y construida a mayor gloria de Eddie Murphi, uno de los cómicos metidos a actor más carismáticos del momento, que pasa por ser uno de sus peores y más olvidables trabajos. Quizá por eso, para su siguiente film “Revenge” [idem, 1990], volvería a utilizar una fórmula similar a la que tan buen resultado le dio con “El ansia”, el único film que la crítica continuaba valorándole positivamente. “Revenge” es una historia de sexo y violencia con la venganza como leitmotive, uno de los temas preferidos de Scott. Su reparto lo encabeza un Kevin Costner que ese mismo año daría el campanazo con "Bailando con lobos" [Dances with wolves, 1990], una sexi Madeleine Stowe (prácticamente debutando) y la veterana estrella de origen mejicano Anthony Quinn. 
Con la frontera mejicana y las tiranteces entre los habitantes de ambos lados de la misma como telón de fondo, Scott tejió una historia de improbable triángulo amoroso en la que  el “poder” y la “violencia” emergían de los celos y la pasión. Con “Revenge” Tony Scott consiguió de un volantazo recuperar el pulso y la confianza de la crítica, aunque alejándose de sus dos éxitos anteriores en cuanto a recaudación.  
Este desencuentro con el público y, probablemente con los productores, debió causarle suficiente impresión como para dejar “Revenge” como otra pequeña joya aislada en su filmografía y regresar para darle al público lo que le pedía. “Dias de trueno” [Days of thunder, 1990], de nuevo con Tom Cruise de protagonista y ahora también con una Nicole Kidman prácticamente desconocida en USA,  sería su siguiente film; una palpable demostración de lo aburridas que son las carreras de coches dramatizadas pero un ejemplo más del emergente “estilo Tony Scott”, aunque aquí algo almibarado por las escenitas entre la futura pareja Cruise-Kidman. 

Cambiando de registro pero no excesivamente de estilo, Tony Scott continuaría su carrera con “El último boy scout” [The last boy scout, 1991], film al servicio de Bruce Willis que serviría, de algún modo, para confirmar su finiquito como héroe de acción. Taciturno y violento, el policía interpretado por el protagonista de la saga “Jungla de cristal” aportaba al menos suficiente carisma a la película para que esta no se convirtiera en un fiasco total y, además, el tono crepuscular y el manierismo del que hace gala Tony Scott en este film serían sin duda la rampa de lanzamiento para el ambiente enrarecido y la explosión de humor negro de su siguiente y más celebrado film: “Amor a quemarropa” [True Romance, 1993].

Podemos decir muchas cosas de Tony Scott, buenas y malas, pero una de las mejores es que gracias a él disfrutamos del primer guión genuinamente tarantiniano que llegó al cine.  Si tenemos en cuenta que el libreto de “Asesinos natos” (Natural Born Killers, 1994) fue tan modificado por Oliver Stone y sus colaboradores que el propio Quentin Tarantino llegó a repudiarlo, el de “Amor a quemarropa” queda como su primer trabajo para cine y curiosamente, uno de los mejor llevados a la pantalla. Hay que reconocer que para no haber sido dirigido por él mismo en “Amor a quemarropa” está todo lo que uno puede esperar de un film de Tarantino y eso es gracias al buen trabajo de Tony Scott. Primero por conseguir un elenco de actores en el que estaban veteranos de la talla de Christopher Walken, Dennis Hopper o James Gandolfini pero también estrellas jóvenes de gran nivel como Christian Slater, Patricia Arquette, Michael Rapaport, Val Kilmer, Gary Oldman, Samuel L. Jackson, Chris Penn, Tom Sizemore y hasta un irreconocible Brad Pitt que se estaba convirtiendo en la revelación del momento gracias a su papel en la película “Thelma & Louise” que Ridley Scott, el hermano de Tony, había estrenado recientemente.

“Amor a quemarropa” es una de las mejores película de Tony Scott probablemente también porque ese estilo suyo cada vez más adrenalínico, de montaje rápido y alma de video clip alcanzó una simbiosis perfecta con el mundo barriobajero que pueblan los héroes de Tarantino, con sus chanzas y sus largos diálogos, sus momentos de absurdo y sus explosiones de violencia.
“Amor a quemarropa” marcaría además el fin de una etapa que, aunque heterogénea y demasiado marcada por sus derivas comerciales, desembocaría en un sinfín de películas todas ellas, ahora sí, perfectamente enmarcadas dentro de ese “estilo Tony Scott” del que hablaba al principio y que, además de las señas de identidad ya mencionadas, contarían casi siempre con la interpretación de Denzel Washington, quién se convertiría en su actor fetiche con un papel protagonista en cinco de sus nueve películas restantes.

“Marea roja”(Crimson Tide, 1995)  sería la primera de estas películas. Ambientada en un submarino nuclear y centrada en el enfrentamiento entre el capitán del mismo, interpretado por un siempre magnífico Gene Hackman, y su segundo, Denzel Washington, este film destaca más por su ritmo y su espectacularidad que por la claustrofobia y tensión de que suelen hacer gala las películas que transcurren en estos sumergibles. Aunque se dice que Tarantino metió algo de mano en el guión como favor personal hacia Scott, a excepción de un par de charlas sobre comics que buscan  dar una imagen del personaje de Denzel más cercana a la tripulación y poner de manifiesto su capacidad como mediador en conflictos, no se aprecian trazas del director de "Pulp Fiction" significativas en el libreto.

Como decíamos “Marea roja” se destacará como el primer torpedo de toda una andanada de films caracterizados por la acción rabiosa, el encuadre sacudido y el montaje corto: “Enemigo público”, ”Spy Game”, “Domino”, “Deja vu”, “Asalto al tren pelham 1,2,3” o “Imparable” certifican el estilo que caracterizó a Tony Scott y no le abandonó hasta el dramático final de sus días (incluso su muerte no está exenta de cierta espectacularidad, ya que decidió dejar este mundo lanzándose desde un puente).

De esta última y prolífica etapa destacaría únicamente un film que contiene algo de personalidad a pesar de sumergirse y empaparse bien de todos los tics de sus compañeras: “El fuego de la venganza” (Man on fire, 2004). Es curiosamente su regreso a la frontera mejicana (recuerden “Revenge”) el lugar que permite a Scott volver a lucir un tono crepuscular y sucio que por momentos nos recuerda al oscuro desván de “El ansia”, a la violencia pasional de “Revenge” o al héroe en horas bajas de “El último boy scout”, presentándonos un film donde no es tan importante la espectacular presentación de unos hechos como los hechos en si mismos y como estos afectan a sus personajes. Con todo, “El fuego de la venganza” no está a la altura de sus mejores trabajos aunque se destaque dentro de esta traca final con la que Tony Scott concluyó su filmografía y también su vida, pues incluso su muerte parece el estallido final de unos vistosos fuegos de artificio.

jueves, agosto 09, 2012

PROMETHEUS, Me toca hacer de abogado del diablo

Se ha desatado el apocalipsis en internet. Tras el estreno de Prometheus (ídem, Ridley Scott, 2012) millares de aficionados al cine y la ciencia ficción se han puesto a teclear en sus ordenadores lo disgustados y decepcionados que están con la última película de Ridley Scott. La gran esperanza blanca les ha fallado más allá de lo imaginable. Ríanse de “Star Wars, la amenaza fantasma” (Star wars episode 1, the phantom menace, George Lucas, 1999). Esto es peor, mucho peor. O así parece.

 Casi todas esas críticas negativas parecen coincidir además en un punto concreto, que es ya una herida abierta sobre la que derramar sal por sacos, el guion y uno de sus guionistas: Damon Lindelof. Por supuesto, haber encontrado al chivo expiatorio no ha reducido la animadversión hacia el director del film en tanto en cuanto él y nadie más que él ha decidido llevar ese guion a término. Ridley Scott no es un advenedizo en esto del cine ni un cineasta debutante o un pelele en manos de los grandes estudios. Justo lo contrario. Él es parte del engranaje de Hollywood y hace ya muchos años que como una pieza bien engrasada de esa maquinaria se comporta (algunos se atreven incluso a datar ese cambio de director independiente a mercenario de los estudios a partir de un film concreto: 1492, la conquista del paraíso [1492, conquest of Paradise, Ridley Scott, 1992]). Y pese a todo ello siempre ha sabido salir relativamente airoso de cada una de sus películas gracias a eso que llaman “su ojo”, es decir, su capacidad para trasladar en bellas imágenes las historias que caen en sus manos, o por decirlo de una forma más técnica, su capacidad para planificar, encuadrar, iluminar,…
¿Ha perdido Ridley Scott esas capacidades con el paso del tiempo? ¿Al abandonar esa rebeldía, en realidad simple voluntad autoral, de sus primeras películas dejó atrás su talento? ¿En qué lugar deja eso a “Red de mentiras” (Body of lies, Ridley Scott, 2008) o a “Gladiator” (ídem, Ridley Scott, 2000), films ambos de su época post-1492?

Digámoslo ya. Prometheus es una gran decepción para todo aquel que esperase una película del nivel de Alien (ídem, Ridley Scott, 1979) y de Blade Runner (ídem, Ridley Scott, 1982). Como también lo fue para quién esperaba una revolución cinematográfica de Avatar (idem, James Cameron, 2010) y se encontró con una historia más simple que el mecanismo de un sonajero. No obstante tal revolución sí que se dio, en los bolsillos de sus responsables que cambiaron la forma de ir a ver el cine (para los degustadores incansables de palomitas ahora si la peli no es en 3D no mola). Pero vamos ya a la película que nos ocupa. Imaginemos por un momento que Prometheus no fuera una película dirigida por Ridley Scott e imaginemos también que no tenga nada que ver con Alien. No cuesta tanto, esfuércense.

Una nave aterriza en un planeta siguiendo lo que parece una “invitación” a partir de las pinturas y grabados hallados en distintas partes del mundo realizadas por diversas civilizaciones hace miles de años. Dichos hallazgos no sugieren más que la alta probabilidad de que dichas civilizaciones tuvieran contacto con una raza alienígena pero dos de los científicos que han dado con ellos y los han estudiado parecen estar convencidos de que no solo se trata de alienígenas sino también de los responsables de la creación del hombre y la vida en La Tierra. Como un viaje a las estrellas solo puede ser costeado por un magnate empresarial contactan con una corporación, la que se encarga de que éste se lleve a cabo pero, más allá del altruismo científico, el dueño de la empresa esconde un objetivo egoísta, el de procurarse para si mismo mayor longevidad, algo que cree que podría obtener de esos alienígenas. En cualquier caso y dado su avanzadísima edad y su actual estado de salud, no tiene nada que perder. Pero no es así como lo ve su hija, quien debe heredar la compañía y a la que el viaje de su padre solo puede complicarle el futuro, por lo que decide reservarse plaza en ese viaje. Para ocuparse del mantenimiento de la nave durante la larga travesía se incluye en la tripulación a un androide que además se encargará, llegado el momento, de que su “padre”, el director de la corporación, alcance su objetivo lo cual le creará no pocos problemas a la hora de tomar decisiones que beneficiarán o perjudicarán a la misión oficial, la científica. Y por si todo esto fuera poco, durante el tiempo que ha pasado solo en la nave nutriéndose de la cultura humana a través de películas (imaginamos que libros, música y demás artefactos culturales también), ha ido desarrollando una personalidad que en última instancia le sitúa no muy en línea con las intenciones de los hombres, sus creadores, que al despertar del hipersueño le tratan con menosprecio. Una vez la nave llega a destino, los científicos localizan sin mayor problema una estructura en el interior de la cual descubren clarísimos indicios de vida inteligente. En efecto, han encontrado lo que buscaban. Sin embargo no queda un solo alienígena vivo para contestar sus metafísicas preguntas, en lugar de eso, sólo hay cadáveres y restos de sus experimentaciones en eso de “crear vida”. Al parecer, y como les ocurrirá a ellos mismos con su androide, las criaturas creadas en ese gran laboratorio adolecían de un grave complejo de Frankenstein y se revelaron contra sus creadores. El caldo primordial contenido en cientos de cápsulas que hay, en lo que después se sabe es una nave y no una edificación, no es un líquido brillante y prístino creador de belleza sino una sustancia oscura, pegajosa y letal, caótica y dotada de una sola cualidad: un feroz instinto de supervivencia y voluntad evolutiva. Se trata de una creación que quiere crear, que necesita de otros organismos para alcanzar una fase superior. El contacto con dicho líquido por parte de cualquier otro ser vivo tiene siempre consecuencias impredecibles; una recombinación del ADN del sujeto afectado que puede dar lugar a la generación de una nueva criatura híbrida entre ambos, una deformación monstruosa del sujeto parasitado, su desintegración en simples cadenas de ADN, etc,… Parece haber tantas posibilidades como sujetos. En cualquier caso, y como descubre la protagonista del film, católica convencida a pesar de sus firmes conocimientos científicos, no hay amor en estos creadores, sólo caos y horror. ¿Pero acaso no es así la naturaleza? Caótica, brutal e incansable en su lucha por la supervivencia. Una vez que todos los personajes han hallado la muerte o la decepción ante el que esperaban fuera su gran descubrimiento, aquellos que pueden huir lo hacen tratando de encontrar nuevas respuestas.

 Como ven se puede resumir la película sin tener que mencionar Alien en ningún momento y creo que en esencia no se trata de una mala idea o de algo que, debidamente pulido y en manos de la gente con el talento adecuado, no pueda dar mucho de si. ¿Por qué entonces tanto ruido? ¿Dónde están los problemas? Los problemas de Prometheus son a mi entender dos. El primero es la voluntad de haber querido encajar esta historia con la saga Alien. Creo que ha quedado claro que el periplo de estos cosmonautas podría funcionar de forma totalmente independiente de aquella pero situarla en el universo Alien le daba un plus de cara al tirón comercial y para ello determinadas tramas, giros y guiños de guion, de decorados, musicales, han tenido que estirarse hasta encontrar su encaje con la serie del monstruo de dos bocas. Este, y no otro, es uno de los principales argumentos que esgrime la furibunda turba internauta con horquillas y antorchas en mano, para tirar por tierra Prometheus; las piezas no enganchan adecuadamente con Alien. Y peor aún que eso, vendida como precuela de la saga (si bien oficialmente nunca se ha dicho tal cosa y todo esto proviene del ruido emitido por internet durante todos estos meses) todos los fanáticos esperaban respuestas a las preguntas que aún no se les habían contestado en las secuelas del seminal film de Scott y dichas respuestas no aparecen en el film. Antes al contrario, se abren nuevas preguntas. De hecho, el ¿de dónde sale tal o cual cosa? y el ¿por qué sucede esto o aquello? son las preguntas más repetidas en esas críticas y comentarios enfurecidos. Quieren sus respuestas y cargan las tintas sobre Lindelof, el guionista fatídico especialista en plantear enigmas y no resolverlos al que tienen en el punto de mira desde el final de Perdidos (Lost, J.J. Abrams, 2004-2010). Pero, digo yo, ¿quién ha dicho que esta película deba revelar ninguna incógnita pendiente de la saga Alien? Más aún, ¿quién ha dicho que ninguna película debe contestar a ninguna pregunta que se plantee en ella? La ciencia ficción no se destaca por dar respuestas, nunca lo ha hecho. Si acaso por plantear hipótesis o posibilidades y especular con ellas. Los fanáticos de Alien son injustos con Prometheus porque olvidan que cuando vieron Alien por primera vez, antes de que existiera saga alguna, Scott planteaba una situación llena de enigmas que nunc a resolvió y en ello radicaba gran parte de la grandeza de dicho film. Cuantos espectadores de entonces podrían haberse preguntado ¿de dónde ha salido la nave estrellada? ¿de dónde han salido esos huevos? ¿quiénes conducían la nave? ¿Qué pretende el Alien eliminando a toda la tripulación? ¿Qué hace con ellos, porque al parecer no se los come? Nadie tiró por tierra el film por no tener respuesta a esas preguntas y sin embargo, son esas mismas preguntas las que ahora hunden la propuesta de una nueva franquicia que se desarrolla en el mismo universo. Un buen ejemplo de que a veces es mejor plantear preguntas y no contestarlas está en una de las primeras versiones del guion de Alien, el octavo pasajero, donde al final el alienígena mata a Ripley y seguidamente se sienta a los mandos de la nave y con una sonrisa pone rumbo a La Tierra. Sinceramente, ¿no es mejor no saber cuáles son las intenciones del Alien? Otro ejemplo: ¿Cuántas preguntas plantea y cuántas contesta 2001 una odisea del espacio? ¿Y no es eso lo que la hace grande?

Aprovecho para señalar que otro de los objetivos de estas críticas furibundas especialmente hacia Lindleloff está en su uso abusivo de referencias al parecer inconexas entre ellas, como si llenar una película de citas cultas fuera un pecado si no guardan una relación de coherencia las unas con las otras. Pues mire usted, volviendo al Alien original, todavía está por explicar por qué la nave en la que viajan se llama Nostromo, cita culta del señor Scott en referencia a una novela de Joseph Conrad con la que Alien no guarda ninguna relación pero que James Cameron continuó al bautizar a la nave de Aliens, el regreso (Aliens, James Cameron, 1986) Sulaco, otro nombre extraído de la misma novela de Conrad. ¿Debemos insultarles por ello? Como usó el nombre de Nostromo para la nave ¿debía haber llamado a todos sus personajes como otros que salieran en la misma novela? Alien es una de las películas que más y mejor bebe de las atmósferas lovecraftianas. ¿Pero acaso a alguien le molestó que se citara a Conrad y a Lovecraft en la misma película? No caigamos en lo absurdo.
Cada creador, novelista, pintor, cineasta, etc,… maneja las referencias que tiene como mejor le parece y si a Scott la idea de una nave de carga minera le recordó a una novela sobre un puerto minero. Después le llamó la atención las ilustraciones de Giger en un álbum titulado Necronomicon de las que brotaría la criatura alienígena, álbum que a su vez se inspiraba en las atmósferas del escritor de Providence. Pues ya está. Anotado. No hay ningún problema en manejar distintos referentes en la misma película aunque en algún caso sea de forma únicamente anecdótica. Pero estos detalles se los pasamos a Alien porque de Alien me gusta todo y a Prometheus no le pasamos nada porque me ha defraudado mucho y acabaré recordando que hasta el cine en el que la vi olía mal.

 Pero he dicho que había un segundo problema. Una película de ciencia ficción no tiene, o no acostumbra a tener, como piedra angular un dibujo de personajes demasiado profundo. La base de las historias de ciencia ficción no son los personajes sino conceptos argumentales de índole científica que son llevados hasta un extremo desconocido gracias a unos personajes que actúan como instrumento para demostrar o refutar una hipótesis concreta. La ciencia ficción se hace preguntas a través de sus personajes pero no son ellos los que importan, lo que importan son las preguntas, en definitiva, hacer reflexionar al espectador sobre los conceptos planteados. Alien no formulaba demasiadas preguntas porque era en esencia una película de terror y no de ciencia ficción, por más que estuviera ambientada en una nave espacial y en el futuro. La belleza y la fuerza de Alien estriba a partes iguales en el talento de Ridley Scott para dosificar la tensión que va creciendo poco a poco y en el chocante e innovador diseño de producción y de la criatura a cargo de H.R. Giger y Ron Cobb. Y si aquellos personajes nos parecen mejor dibujados es porque serán diezmados uno por uno y el espectador nunca debe saber quién sobrevivirá y, por lo tanto, debe cogerles cariño. Claro que en aquella nadie se pregunta porqué los ingenieros parecen mecánicos por más que trabajen en una meganave espacial del futuro (se da por hecho que se trata de un trabajo que es ya rutinario) mientras que en Prometheus no se comprende, y con razón, la aparente incapacidad o falta de profesionalidad de parte de la tripulación ya que entendemos se trata de uno de los primeros, o quizá el primer viaje espacial de larga duración que ha realizado la humanidad. Pero como digo, esto es una suposición, en ningún momento se certifica. Prometheus es una película de ciencia ficción y no un film de terror, aunque también contenga sus dosis, más por la obligación autoimpuesta citada antes de tratar de que encaje con Alien, y por lo tanto no pierde demasiado tiempo en revelarnos detalles sobre el historial de los personajes que se pasean por la película a excepción de aquellos que deben ver confirmadas o refutadas sus preguntas. De hecho, en mi opinión, algunos de esos personajes directamente sobran y se podría haber prescindido de su presencia.

 Pero no es ese el segundo problema, que ya llego, sino su ilógico comportamiento. Es una lástima, que teniendo bien perfilados los roles fundamentales, los que deben conducirnos desde el inicio de la película hasta el final, el desarrollo de la historia y eso que llaman la “suspensión de incredulidad” se vea anulada en varias ocasiones por el errático comportamiento de algunos de los personajes secundarios cuya actitud es del todo incomprensible: geólogos que se pierden, biólogos que huyen al primer indicio de lo que debería ser el sueño de sus vidas para luego, en el momento del contacto, volverse absolutamente temerarios, pilotos que deciden inmolarse con su nave sin saber si eso va a tener efecto alguno… Pero sí, son principalmente esos dos personajes, el geólogo rockero y el biólogo bipolar, los que socavan la fluidez de la narración hasta el punto de que empiezo a plantearme que se trata del clásico, y más inapropiado, uso de la pareja de opera china con la que se intenta relajar tensión y añadir algo de humor, al que Scott ya había recurrido en su “Black Hawk Derribado” (también post-1492, por cierto). Payasadas, a falta de un nombre mejor, que se le perdonan a “Horizonte final” (Event Horizon, Paul Anderson, 1997) pero no a Prometheus.
Mi conclusión es que las aspiraciones de Prometheus son demasiado elevadas para tratar de encajarlas en un patrón establecido. Su link con Alien pudo haber sido visto como una ventaja comercial pero es un lastre argumental y narrativo. La necesidad de acercar la película a un publico mayoritario (quizá para evitar el fiasco en taquilla que supuso Blade Runner y que sin duda marcó a Scott para siempre) infantiliza a unos personajes que deberían ser invisibles para nosotros remarcándolos con sus estupideces y haciendo que perdamos de vista lo mejor del film. Angel Sala, crítico de cine y director del Festival de Sitges desde hace varios años, define a Prometheus en la revista Scifiworld como un diamante, tosco y sin pulir. Estoy de acuerdo con la segunda parte.

martes, marzo 13, 2012

INFIERNO BLANCO; SLASHER LOBUNO

Infierno blanco podría definirse como un cruce entre dos películas que ya tenían en común un punto de partida similar: "Viven" y "El desafío". Ambas películas se centraban en un grupo de supervivientes de un accidente aéreo que se veían perdidos en un territorio hostil. En “Viven” se trataba de unas montañas y por lo tanto de un clima gélido, de crestas y barrancos insalvables además de, por supuesto, la escasez de comida. En “El desafío” de un enorme bosque en el que resultaba muy difícil orientarse y en el que los protagonistas eran además asediados por un inmenso oso grizzlie sin armas con que defenderse. En ambas películas, el tesón y la fe en encontrar una salida conseguía que se superaran temores y tabúes y así finalmente, la resolución del laberinto natural al que se habían visto arrojados. Infierno blanco comienza también con un accidente aéreo en unas montañas nevadas. No obstante, en esta ocasión el grupo de supervivientes cuenta con la experiencia de un hombre que conoce el medio en el que se encuentran. Aunque la escasez de comida se plantea como un problema inicial así como las bajas temperaturas y la dificultad para desplazarse de un lado a otro por las inclemencias climáticas, el film girará rápidamente en una dirección más parecida a la de “El desafío”, solo que en esta ocasión no será un oso grizzlie el implacable cazador de hombres sino una manada de lobos árticos. La trama se articula como una body count en la que se ha sustituido al serial killer de turno por los lobos mencionados, pero resulta imposible abstraerse de la mecánica con la que se desarrolla la película una vez que sucede el primer ataque. Uno tras otro los personajes que forman el grupo de supervivientes van siendo diezmados, pero siempre de esa manera, uno a uno. Slasher lobuno. Perdón por la rima. Liam Neeson, única cara conocida de la función, interpreta al huraño y resabido cazador cuya función, antes de verse envuelto en esta situación de supervivencia, no era otra que la de eliminar con su rifle a los lobos que esporádicamente atacaban a los trabajadores de una empresa petrolera no muy lejos de donde tiene lugar el accidente. El resto de personajes, muchos presentados de forma muy esquemática ya que resultaría absurdo encariñarse demasiado con ellos, se miden en relación al personaje de Neeson, desde los que creen fervientemente en sus indicaciones sobre como salir de la situación en la que se encuentran, hasta los que se enfrentan directamente a él y le toman por una vieja gloria de vaya usted a saber qué grupo de boyscouts. Independientemente de la calidad global de la película que supera ampliamente el mínimo demandado para un film de esta temática (mantiene la tensión y está bien rodado), me gustaría destacar algunos momentos especialmente interesantes y logrados como es ese giro final en el que sabemos por qué Liam Neeson intenta suicidarse nada más empezar la película, la recogida de carteras de cada uno de los que han perdido la vida como si fueran chapas de soldados caídos encombate, o ese otro en el que los ojos de los lobos, relucientes como fuegos fatuos sobre un pantano blanco, surgen de la noche avisando por primera vez que el enemigo no es uno sino muchos. Cierto es que, a menos que alguien más entendido en el tema que yo me contradiga, esta manada de lobos se comporta de una forma excesivamente inteligente, y no ya como grupo en si, sino también individualmente cada uno de sus integrantes. Aunque parece razonable que los lobos esperen a que sus futuras víctimas se vayan quedando aisladas y así atacarlas de una en una, ya es un poco más extraño que reaccionen a provocaciones abstractas como es la secuencia en la que uno de los supervivientes les arroja la cabeza de uno de los lobos que han conseguido matar, obteniendo como respuesta un alud de aullidos en la oscuridad a modo de gritos de venganza o, más aún, ese desenlace [SPOILER] en el que toda la manada se retira pacíficamente para que el enfrentamiento final sea entre el líder de los supervivientes y el macho alfa de los lobos, y cuyo resultado, por cierto, aguarda a los curiosos al final de los créditos [FIN SPOILER]. Aunque no es la primera vez que alguien rueda en un paraje complicado como el que vemos en la película, habría que destacar el partido que Joe Carnahan, su director, saca del entorno en el que se mueven los personajes. Primero en esa blancura infinita constantemente azotada por el viento en la que apenas puede divisarse qué hay dos metros por delante de ellos, más tarde por la fantasmagórica arboleda en la que se refugian pasando casi del fuego a las brasas para llegar poco después al enorme barranco o al rio helado, todos ellos accidentes naturales, que se cobrarán su cuota de sudor y sangre en el grupo y demostrará a los hombres lo desnudos y frágiles que son una vez que abandonan la comodidad a la que se habían acostumbrado. Los enfrentamientos dentro del grupo se irán resolviendo paulatinamente y las debilidades de cada uno se irán poniendo de manifiesto conforme sus cuerpos y mentes son sometidos a una mayor presión. El miedo a las alturas, la hipoxia o el simple temor de una muerte próxima tendrán su resumen en el poema que Neeson recita a sus compañeros, más como epitafio que como arenga.