miércoles, octubre 08, 2008

SITGES 09-BLINDNESS


Hace más de diez años que el premio nobel de literatura Jose Saramago publicó su novela “Ensayo sobre la ceguera”, y aún más desde que John Wyndham publicara su clásico de la ciencia ficción “El día de los trífidos”. Dos novelas muy distintas entre si pero con una cosa en común; ambas parten de la misma premisa ¿qué ocurriría si de repente todo el mundo se volviera ciego?
Lo que en El día de los trífidos era la excusa para montar una historia apocalíptica sobre una especie de invasión alienígena a cargo de unas plantas asesinas (los trífidos), en la novela de Saramago sirve para reflexionar sobre los límites de la moral y la ética cuando nuestro principal sentido (probablemente al que mayor valor le damos ya que nadie se imagina como puede ser perder el tacto) desaparece y el mundo que conocíamos se torna un lugar oscuro y lleno de peligros.
La película de Fernando Meirelles adapta la novela de Saramago y opta por dividir su relato en tres partes bien diferenciadas. Una muy corta, la primera, en la que asistimos al primer caso de ceguera repentina. Ya desde ese primer momento podemos ver como no tarda en aparecer alguien que pretende aprovecharse (y lo hace) del pobre infeliz. La segunda parte (la más larga) es la que nos traslada al centro de internamiento en cuarentena al que son llevados todos los afectados por la ceguera repentina. Es durante toda esta parte y, gracias al personaje de Julianne Moore (la única persona que ve en todo el centro) que se desarrolla casi toda la historia que se nos quiere contar y se nos envía también todo el mensaje (pesimista como no puede ser de otra manera en Saramago) sobre la naturaleza humana. Si en la primera parte un vidente se aprovechaba de un invidente, en la segunda, son algunos invidentes los que se aprovechan (de forma brutal) de otros invidentes más débiles. En esta división en grupos resulta determinante la presencia de un ciego de nacimiento entre ellos que, precisamente gracias a haber vivido con esa incapacidad durante años, resulta estar mejor preparado que ninguno para sobrevivir en tan dura situación. Por supuesto, es también la parte del film en la que más partido se saca al personaje que interpreta Julianne Moore quien, por compasión, tendrá que ocuparse cual enfermera de velar por el bienestar físico y psíquico de montones de desconocidos y, además, tratar de mantener a flote su relación matrimonial (su marido está entre los invidentes).
La tercera y última parte de la historia abre una puerta a la esperanza y nos deja reflexionar sobre lo visto dejándonos, pese a todo, un poso de desasosiego ante tanta maldad esperando el momento de despertar.
Sobre la película destacaría fundamentalmente el trabajado de sus actores, la mayoría de ellos estupendos, así como algunos aciertos en la dirección, como el uso de los fundidos a blanco y las sobreexposiciones de la fotografía para sumergirnos en la ceguera blanca de los personajes. También merecen una mención especial la cuidada forma en que están rodadas las secuencias más brutales (el siniestro viaje de las mujeres de la sala 1 a la 3 y lo que allí les espera) demostrando que se pueden crear sensaciones de repugna y asco sin tener que recurrir a la representación explícita, algo de lo que podría aprender el director de Martyrs.
El por qué se ha esperado más de diez años para adaptar esta obra es un misterio que tan solo me atrevo a explicar por la catarata de títulos de trasfondo apocalíptico que venimos recibiendo en los últimos años. De hecho, en cuanto a puesta en escena, la película recuerda en gran medida a El incidente, de M.Night Shyamalan. Un ejemplo más del cine del miedo, del cine post 11s.

martes, octubre 07, 2008

SITGES 08- EDEN LAKE


“Gótico americano”, además de una célebre pintura, es como se conoce a las películas (fundamentalmente de los años setenta y ochenta) que tratan sobre como gente de ciudad se ve en serios apuros cuando se le ocurre pisar de forma incauta el mundo rural de la América profunda. Desde Psicosis hasta La matanza de Texas o Deliverance, todas ellas han servido para que se forje en nuestro imaginario colectivo la idea de que, en Estados Unidos, es mejor no alejarse demasiado de las urbes si es que uno no quiere acabar siendo pasto de alguna familia disfuncional, endogámica y caníbal.
Por otro lado, todos hemos podido ser testigos gracias a las noticias de televisión, de cómo la grabación de palizas y peleas por parte de nuestros adolescentes se está convirtiendo en una moda perversa. Ya sea con cámaras de video domésticas o, más habitualmente, con las cámaras de los teléfonos móviles, todo tipo de agresiones tanto a compañeros estudiantes como a indigentes o personas en general, son grabadas y colgadas en Internet como proezas.
Pues bien, la suma de estos dos conceptos es lo que nos brinda Eden Lake.
Por un lado tenemos a una pareja de enamorados que deciden abandonar por unos dias su ciudad y dirigirse a un lago remoto en el que el hombre tiene pensado pedir matrimonio a la mujer. En el otro lado, tenemos a un grupo de adolescentes bastante malencarados (con perro rottweiler o similar incluido) que desde el primer momento deciden incordiar y molestar a la pareja como forma de diversión y también como una manera de marcar el territorio (ellos viven en el pueblo de al lado del lago y lo utilizan para reunirse a fumar, beber y maltratar animales). Unos angelitos, mire usted.
Obviamente, y como no podía ser de otra manera en una película de este tipo, el enfrentamiento entre la pareja y el grupo de gamberros no tardará en ir subiendo de nivel, alcanzando su punto de giro cuando los chicos deciden robar el coche de la pareja, lo cual deriva en una pelea con navajas incluídas en la que acabará muerto el maldito perro. Y hasta aquí puedo leer aunque la deriva brutal y violenta que emprende la película a partir de ese momento es fácil de imaginar.
Pero siendo esta la enésima película que aborda una situación similar (ya hemos visto que existe hasta un concepto que las engloba) ¿qué aporta Eden Lake? Podríamos ver en ella una denuncia o crítica al tema de las palizas y su grabación en móvil. O también podríamos ver una película más de entretenimiento para los que gustan de emociones fuertes. Un servidor cree que en el fondo es bastante más lo segundo que lo primero aunque, debo reconocer que la parte final de la película arroja un mensaje claro y que, en gran medida comparto. ¿Son tan violentos nuestros adolescentes? ¿Y de dónde procede toda esa rabia? ¿No será más bien que se limitan a copiar lo que han visto en casa? Y más importante aún ¿no será culpa nuestra por sobreprotegerlos?
Un último apunte. Aquellos que aún no tengan claro qué es un psicópata y sigan confundiéndolo con los asesinos en serie, que se acerquen a ver esta película y observen al cabecilla de los gamberros. No hay mejor definición.

SITGES 07- TALE 52


Esta es la típica película que, nada más ver las primeras imágenes, ya sabes que nunca saldrá del circuito de festivales especializados. Es la clásica que, dentro de un par de años, te puedes tropezar en una noche de insomnio pasándola en La 2 a las cuatro de la madrugada. Tale 52 es sencillamente cine anticomercial.
El director de este film griego, Alexis Alexiou, dijo en la presentación del film: puede que esta película no les divierta pero espero que les guste. Osea, que es plenamente consciente de que su fantasía de intriga y ciencia ficción es bastante peñazo a pesar de tener cierto gancho y conseguir mantener el interés del espectador lo suficiente como para que no se vaya de la sala sin saber como termina la historia.
¿Y qué explica esta Tale 52? Bien, digamos que es algo así como una versión siniestra de Atrapado en el tiempo. El joven protagonista de la historia, organiza una cena en su casa en la cual recibe como invitados a sus amigos de siempre y a una desconocida (amiga de una amiga) de la que se enamorará a primera vista. Por suerte para él el sentimiento le será correspondido y pronto tendrá a la chica viviendo con él. El problema es que, aquejado de un extraño e intenso dolor de cabeza, el muchacho comenzará a tener visiones de su relación en el futuro y, por si esto fuera poco, cada vez que va a dormir despierta en un tiempo distinto en el que han sucedido cosas que ya conoce o que desconoce por completo, según si es pasado o futuro.
Aunque así expuesto puede resultar la mar de interesante, y en parte lo es, el bajísimo presupuesto o la muy esmerada claustrofóbica puesta en escena dotan a la película de un look demasiado poco atractivo como para que las constantes repeticiones de sucesos y conversaciones no se hagan aburridas. Y más aún cuando, en uno de esos avances hacia el futuro de la relación entre la pareja protagonista, intuimos de forma clara que uno ha causado un grave daño (físico) al otro.
No sabemos si volveremos a oír hablar de este director griego, aunque probablemente de su película no.

SITGES 06- THE GOOD, THE BAD, THE WEIRD


¿Existe el western oriental? ¿No es acaso un contrasentido semántico? Pues lo sea o no, la última película de Kim Jee Woon demuestra que, no solo existe tal híbrido sino que es la mar de divertido y espectacular.
The good, the bad, the weird es una de pistoleros en la que no faltan asaltos a trenes, tiroteos, duelos ni persecuciones a caballo. Sin embargo, no se trata de un western americano rodado por un director oriental, sino de aplicar el estilo y los clichés del western a una historia que tiene lugar en pleno oriente durante la guerra entre Japón y Corea.
Los protagonistas son tres personajes al margen de la ley. Uno de ellos es cazarrecompensas, el otro ladrón y el último una especie de bandido a sueldo. En definitiva, el reflejo oriental de Cint Eastwood, Eli Walach y Lee Van Cleef, es decir, los protagonistas del clásico spaghetti western de Sergio Leone El bueno, el feo y el malo.
Pero se equivocan los que crean que la película es una versión oriental de aquella. Muy poco tiene que ver la historia que quiere contarnos Jee Woon con la que nos explicara Leone. No obstante, es fácil encontrar constantes guiños en el guión a la película original y, de entrada, incluso el objetivo de los personajes parece el mismo. En ambas películas los personajes se afanan por dar con un tesoro enterrado mientras se enfrentan entre ellos y contra todo el que se interpone en su paso, ya sean luchadores por la independencia de Manchuria, soldados japoneses o bandas de forajidos.
Uno de los detalles que separa a esta película de la de Leone y que, en cierta medida, ya marca una diferencia importante con aquella, es que en ningún momento aparecen carteles sobreimpresos que nos informen de quién es quién en la película. Se deja al arbitrio del espectador el señalar con el dedo al bueno, el malo y el raro (como indica el título) y, aquí más que nunca, las apariencias engañan.
Cinematográficamente se trata de un título impecable. Con un arranque sensacional en el que a vista de águila contemplamos un tren que no tardará en ser asaltado por unos bandidos a caballo, el ritmo trepidante, la acción constante y las piruetas de la cámara nos mantienen en vilo durante toda la película, disfrutando de un enorme espectáculo que apenas da un momento de respiro. Y por si todo esto fuera poco, además hay mucho humor. ¿Qué mas se puede pedir? Pues que este film no se quede como un ejemplo más de los muchos que pasan por festivales de renombre y jamás llegan a estrenarse en nuestras pantallas. The good, the bad, the weird merece una oportunidad ante el gran público. De momento, lo mejor de este Sitges 2008.

SITGES 05 -VINYAN


El corazón de las tinieblas es la novela que sirvió de base a Francis Ford Coppola para urdir el guión de Apocalipse now. Tanto la novela como la película narran el descenso por un rio que se adentra más y más en el corazón de la selva para mostrarnos poco a poco donde se esconde el lado más oscuro y siniestro del alma humana.
Vinyan, de Fabrice Du Weiz, parece haberse inspirado también en dicho relato. En la película, una pareja debe adentrarse en la selva birmana para localizar a su hijo desaparecido, al que todos dan por muerto tras haber sido arrastrado por el tristemente célebre tsunami del pasado año.
La decidida mujer que interpreta Emmanuelle Beart tiene también cierto parecido con el que levantara Andy McDowell en Las flores de Harrison, donde la esposa de un corresponsal de guerra desaparecido decide adentrarse en el conflicto Serbio-Bosnio para encontrarle, a pesar de que nadie cree que siga vivo. En el film que nos ocupa la obsesión del personaje de Beart por encontrar a su hijo raya en la locura, y arrastra a su marido (Rufus Sewell) a correr enormes peligros, los cuales comienzan por pagar una gran suma a unos piratas para que les introduzcan en Birmania, país cuyas fronteras están cerradas.
Como no podía ser de otra manera, el viaje no tarda demasiado en complicarse y muy pronto se dan cuenta de que no pueden confiar en nadie y de que se encuentran solos en mitad de una espesa, sumergidos en una oscuridad que desconocen y, lo más extraño de todo, asediados por niños de siniestras intenciones.
Du Weiz ya anticipa todo este desconcierto en la interesante secuencia del primer tercio del film cuando Beart se baja del taxi y deambula por las calles de Bankhog en busca del traficante que puede llevarle hasta su hijo. Si bien allí la selva es de neón y asfalto, la oscuridad, la desorientación y la desconfianza ya presagian que el viaje no será fácil y su final incierto.
Otro de los aciertos de Du Weiz está en el uso del sonido, alternando silencios con ruidos ensordecedores en un crescendo insostenible en los momentos más duros de la historia.
Pero probablemente lo que más llame la atención de este film sea su final, ambiguo y sobrecogedor, con un mensaje que parece certificar con sangre ese dicho tan español de “madre no hay más que una”.

SITGES 04- HANSEL AND GRETEL


El coreano Yim Phil-sung nos presenta en esta película una historia que parece una versión alargada de un conocido episodio de La dimensión desconocida.
¿Se acuerdan de aquella película de episodios titulada en España “En los límites de la realidad”? ¿Recuerdan que en ella varios directores de renombre filmaban cada uno de los episodios que la componían? Spielberg, Landis,… Bien, uno de aquellos episodios trataba sobre una pareja que, a raiz de un problema con su vehículo, acaban pidiendo ayuda a los inquilinos de una casa que resultan ser personas que, al igual que ellos, llegaron allí por accidente pero ahora son incapaces de marcharse. Todo ello por culpa de un niño que tiene poderes psíquicos y se siente solo.
Pues bien, esta es, con algunos matices, la misma historia que se nos explica en Hansel y Gretel aunque, todo sea dicho, con un estilo y una lírica mucho más depurada. Sobre el célebre cuento de hadas no hay demasiado en el film. Su presencia es física (uno de los niños que aparecen tiene una edición del cuento) y también hay algún detalle de referencia como el de las migas de pan en el bosque (aunque aquí no hay pájaros traicioneros) o el del horno en llamas como lugar al que arrojar a la bruja (o lo que toque).
Por desgracia, Hansel y Gretel adolece del mismo problema que la mayoría de películas coreanas que acostumbramos a ver en Sitges. El metraje es excesivo y la historia se estanca a la mitad. Tiene gracia que, el propio director del film en su presentación comentara que, pasada una hora de proyección, encontraríamos unos diez minutos un poco pesados. Al menos lo reconoce, aunque podía haber hecho algo para ahorrárnoslos.

SITGES 03 -REPO! THE GENETIC OPERA


Pocos pases de prensa he visto más atropellados que el de esta “original” propuesta a cargo de Darren Lynn Bousman, el responsable de Saw 2 y Saw 3.
Todo empezó con la cancelación de la exhibición del pasado sábado en la que prensa y público compartían platea. Según parece y, a pesar del registro de bolsas a la entrada de la sala, alguien había conseguido saltarse el control de seguridad o, más probablemente, introducir una cámara en la sala. Sea como fuere la sesión se anuló con devolución del dinero de las entradas incluído y el bochorno del director del festival, Angel Sala, que tuvo que soportar algunos abucheos al anunciar la cancelación.
Así pues, hoy se realizó un nuevo pase para la prensa donde, no ya contentos con el registro de bolsos, se nos hizo pasar por un detector de metales.
Y digo yo, ¿todo esto para qué?
Está claro que la coartada de los responsables del film para toda esta paranoia estriba en el miedo a que alguien difunda la película por Internet pero, seamos sinceros, ¿tanta vida comercial le auguran a esta película como para montar todo este control? ¡Si ni siquiera los propios productores del film dotaron del presupuesto necesario al director para poder realizar la película! ¡Pero si es lo primero que ha dicho Lynn Bousman en la rueda de prensa! ¡Pero si basta con ver los primeros veinte minutos de Repo! para darse cuenta de que a partir de ahí los cuatro decorados de cartón piedra en los que transcurre se repiten una y otra vez!
En fin, hablemos de cine. ¿Qué es Repo!? Tranquilos, no se trata de Matrix. Se puede explicar perfectamente y su look visual no generará un nuevo estilo ni nada que se le parezca. Repo! es un musical en la línea de The Rocky Horror Picture Show ambientado en un futuro no muy lejano (sic) en el que la cirugía plástica se ha convertido en una necesidad y un vicio del que nadie quiere prescindir. En este ambiente, el abusivo precio de las intervenciones y los órganos hará que aparezca inmediatamente un comercio subterráneo que incluirá el asesinato legal de personas morosas a las que, literalmente, se les arrancarán los órganos comprados pero impagados. Y de esta tarea tan encomiable se encargan los Repoman (de ahí el título).
Pues bien, a pesar de lo “original” de esta propuesta, lo cierto es que todo lo explicado anteriormente es tan solo el trasfondo para explicar un folletín, una historia de envidias, de celos, de hijos (cuervos) peleándose por una herencia, de secretos inconfesables e identidades secretas. Todo ello, a ritmo de rock más o menos duro, ópera, techno y personajes que se expresan cantando durante todo el metraje. Y para llevar a buen puerto toda esta lírica nada mejor que contar con un actor que también ha sido tenor, Paul Sorvino, con uno de los actores de The Rocky Horror Picture Show, Anthony Stewart y con una especialista en dar la nota, Paris Hilton (sic).
Según afirma el propio Lynn Bousman, se barajaron los nombres de Jon Bon Jovi, Lenny Kravitz o Avril Lavigne para los papeles principales pero no le parecían las personas adecuadas para dar vida a sus personajes, pero curiosamente se escuda en el tirón comercial para justificar la presencia de Hilton… ¿alguien entiende algo?
Por si todo esto fuera poco, la película comienza con unas viñetas al más puro estilo de cómic clásico que nos adentran en el mundo de Repo! y que van apareciendo después, a lo largo del film, para explicarnos, a modo de flashbacks, el pasado de algunos de los personajes principales. Lo curioso es que, a pesar de resultar una forma realmente atractiva visualmente de hacernos avanzar en la historia, ¡¡todo lo contado en esos dibujos se cuenta luego con imagen real o diálogos (cantálogos)!!

Quien vea el trailer que no se engañe; toda la imaginería visual que hay en Repo! se quema en sus primeros minutos y, a partir de ahí, solo hay dos alternativas: o te enganchas a la historia de la pobre muchacha que descubre que su vida es un engaño o directamente abandonas la sala. Puede que, después de todo, eso fuera lo que nos estuviesen diciendo ayer cuando nos pidieron que nos levantáramos de nuestras butacas y solicitáramos la devolución de nuestro dinero.

SITGES 02 -CROWS ZERO


Si hay alguien que no puede faltar en Sitges, aunque no nos brinde su presencia física, ese es Takashi Miike. Desde que sorprendiera a todos con la estremecedora “Audition” y revolviera hasta el último de los estómagos con “Ichi the killer”, no hay edición del Festival en la que no haya al menos una película suya proyectándose, ya sea dentro o fuera de las secciones oficiales.
En esta ocasión se trata de una adaptación del manga japonés de Hiroshi Takahashi, Crows, y que en la película lleva añadido el subtítulo de “Episodio cero” debido a que la historia que nos explica sucede justo un año antes al momento en el que da comienzo el manga original.
Los que esperen encontrar en este film la casquería habitual del director de “Llamada perdida” se van a ver muy decepcionados. No es que estemos ante un film ajeno a la violencia ni mucho menos; apenas hay un fotograma en el que alguien no esté propinando o recibiendo una brutal paliza, sin embargo la puesta en escena y la intención del director no está tan próxima al gore como al cine de acción, subgénero peleas (si es que tal cosa existe). En el fondo, estamos ante una película que se encuentra más próxima a la ingenua Karate Kid que a la explícita Battle Royale, por más que aparentemente sea una especie de versión light del film de Takeshi Kitano.
La trama gira en torno a un instituto en el cual nadie estudia y, de hecho, nunca se da clase (en la película tan solo se ven profesores en los primeros cinco minutos). El centro en si es tan solo el lugar de reunión para unos alumnos adolescentes que sencillamente se pasan las horas lectivas peleándose para alzarse con el título de Rey del instituto, algo que nunca nadie ha conseguido. Y aquí es donde interviene Genji, el hijo de un jefe yakuza que decide conseguir dicho título ya que su padre le ha prometido que si lo logra le cederá su puesto en la organización.
A partir de este planteamiento sería muy sencillo entrar en la dinámica de una sucesión de peleas en masa o de uno contra uno aumentando cada vez la dificultad o la violencia. O convertir la película en una batalla a muerte con sangre por todas partes, como hizo Kitano. Pero vete aquí que Miike da un vuelco a la propuesta y convierte la película en un drama juvenil con momentos musicales y mucho, mucho humor. Tanto es así que en ocasiones, da la sensación de que lo que estamos presenciando es en realidad una comedia.
Aunque Genji, el protagonista, es un luchador consumado, pronto aprende que no podrá hacerse con el instituto entero si no lleva a cabo alianzas con los líderes de otras aulas y, para ello, trabará amistad con un mafioso de una banda rival que le enseñará otros medios distintos a la violencia con los que llegar hasta el poder. La relación que se establecerá entre ambos les brindará a los dos la posibilidad de enriquecerse personalmente con las enseñanzas del otro. Uno comprenderá que para llegar a la cima no basta con ser el más fuerte y que se puede conseguir más con un apretón de manos que con un puñetazo (el mismo Gandhi se sentiría orgulloso), mientras que el otro podrá redimirse por su comportamiento cobarde y recuperar una etapa de su vida a la que debe su vergonzosa profesión actual.
Divertirdo, violento, emocionante y fresco. Así es el espectáculo que nos sirve Miike con este Crows Episode 0. Y si alguien cree que hay demasiada violencia y que se trata de un film que podría ser no apto para nuestros adolescentes, es que no se ha parado realmente a meditar sobre los muchos valores y enseñanzas que emanan de esta película que además tiene un formato transgresor idóneo para que resulte incluso educativa. Y lo mejor de todo es que ningún padre tendrá que recomendársela a su chaval de quince años. Sus imágenes serán reclamo más que suficiente.

NOTA: la película no se exhibirá en nuestras salas a pesar de haber sido la número 1 en la taquilla de Japón y haber recaudado en su primer mes de exhibición 16 millones de euros. En España se editará en DVD y se comercializará a partir del próximo 14 de octubre.

sábado, octubre 04, 2008

SITGES 01- SEXYKILLER


Pues bien, por fin llegué a Sitges y, aunque me he perdido dos dias con propuestas interesantes (Reflejos, Transiberian,...) hoy ya he podido comenzar a ver cine, aunque no mucho la verdad. REsulta que el pase de REpo! the genetic opera, que era el plato fuerte de la mañana se ha ido a la mierda por, según parece, un problema de seguridad. Al menos eso nos ha dicho el director del Festivla, Angel Sala, que ha tenido que aguantar las quejas y abucheos de la gente (ya que el pase de prensa estaba abieto además al público). Total, que en toda la mañana tan solo he podido ver Sexykiller que paso a comentar a continuación de forma breve. Tampoco da para mucho, la verdad.


El cine español hace ya muchos años que se liberó de sus complejos y no tiene miedo de producir todo tipo de películas. De hecho, en los últimos años estamos asistiendo a un goteo incesante (casi un chorro) de películas de misterio, terror y hasta ciencia ficción.
En Sexykiller hay todo eso y más. Sin embargo, la intención de esta película no es la de hacernos temblar, ni estremecernos ni maravillarnos. Sencillamente pretende hacernos reír jugando la baza de la parodia y las referencias cinematográficas.
Sus actores, la práctica totalidad, proceden de distintas comedias televisivas, su guión está lleno de detalles y guiños (muy obvios, nada rebuscados) a películas de terror en general y tanto el montaje como la banda sonora y el look de la película son desenfadados y rápidos.
El problema es que tanto parodiar y tanto jijijaja contra el cine de género (especialmente el hollywoodiense) acaba volviéndose contra la propia película que, sobretodo en su primera mitad, se hace cansina y se torna autoparódica. De hecho, es gracias al giro que se produce en su última parte que la película puede salvarse y hasta recomendarse, pues en ella están contenidos los dos o tres mejores gags del film.
La promoción de Sexykiller ha hecho hincapié en su baza argumental; la primera psychokiller femenina del cine, es española. No obstante, seamos realistas. Sexykiller no es REC, no se toma en serio a si misma y por lo tanto nadie la va a tomar en serio, ni cuando compre una entrada al iniciarse su carrera comercial en nuestros cines, ni cuando llegue el momento de entregar premios en este o cualquier otro Festival al que se presente. El personaje interpretado por Macarena Gómez, híbrido entre Hannibal Lecter (sic) y Paris Hilton según el guionista del film, no es más que una niñata a la que vemos matar a sus compañeros de clase a razon de uno cada diez minutos, pero carece de empaque y está totalmente al servicio de la comedia. En definitiva, tiene mucho de Paris Hilton y prácticamente nada (o absolutamente nada) de Hannibal Lecter. Además y por si fuera poco, ese dudoso honor de ser la primera psychokiller de la historia habría que discutirlo mucho porque, además de la horrenda secuela de American Psycho (donde la psicópata es una mujer), está la muy conocida, y además citada en Sexykiller, asesina de Viernes 13, es decir, la madre de Jason Vorhees.
En definitiva, estamos ante una película divertida aunque irregular, que sólo recomendaría como parte de una sesión doble o triple con otras joyas de nuestro género fantástico-paródico como “Acción mutante” o “La mujer más fea del mundo”.

domingo, agosto 31, 2008

EL CABALLERO OSCURO; BATMAN VS BATMAN


Ir al cine con buenas expectativas es mala cosa. Ya se sabe. Uno se espera el oro y el moro y al final se queda todo en un “pues no ha estado mal pero no era para tanto”. Por eso cuando entré en la sala y me senté en la butaca a la espera de que diera comienzo “El caballero oscuro” sabía que lo más importante era olvidarme por completo de todo lo que había oído o leído sobre ella. Sobretodo de aquello de que “se trata de la mejor película sobre superhéroes que jamás se ha rodado”.
Pero olvidarse de todo eso es realmente difícil. Así que no me quedó más remedio que asistir al espectáculo que Christopher Nolan me servía calibrando constantemente su nivel y su calidad. Comparando una y otra vez las secuencias que pasaban ante mis ojos con las de otras películas y preguntándome a mi mismo si realmente lo que tenía ante mis ojos era la obra maestra que se suponía.

Seamos sinceros. El caballero oscuro es una buena película. O muy buena si se quiere. Y os remito a mi mismo artículo a cuenta de la calidad de las películas para que entendamos de qué hablo. No obstante, el propio Nolan se puso el listón muy alto cuando aceptó encargarse de la revisitación del personaje de Batman en “Batman begins”. Tal vez porque nadie se esperaba algo tan bueno, lo cierto es que aquella película sorprendió a propios (los aficionados a los superhéroes) y a extraños (los que no lo somos ni a superhéroes ni a los cómics en general).
La tarea que Christopher Nolan tenía por delante no era nada fácil. El precedente de Batman (Tim Burton) era una sombra alargada que tan solo admitía comparación con la secuela que él mismo llevó a cabo (Batman vuelve) y que, según que fuente se consulte, fue un auténtico fracaso o una obra que superaba el original. En cualquiera de ambos casos tanto la una como la otra se han mantenido siempre a años luz del resto de secuelas que empobrecieron hasta la putrefacción la saga del hombre murciélago.
El film de Tim Burton supuso además un pistoletazo de salida para que en Hollywood se comenzara a mirar hacia los cómics como una fuente de inspiración para el cine y, aunque una década más tarde, esa mirada se ha transformado en una miríada de adaptaciones que no nos dejan de llegar, a pesar de la ínfima calida que presentan muchas de ellas (Los cuatro fantásticos, El castigador, Juez Dredd,…).
Pero qué diferentes eran aquellos tiempos de estos. Sin el “Parque Jurásico” de Spielberg aún estrenado, la tarea de Tim Burton era la de trabajar una puesta en escena que nos sumergiera a todos en la oscuridad de Gotham city sin poder jugar la carta de unos alucinantes efectos especiales. Incluso entonces, las maquetas de la ciudad sobrevolada por la batnave o la destrucción de la fábrica del Joker con el batmóbil resultaban evidentes. ¿Pero qué importaba? La dirección artística, el diseño de producción, la inolvidable música de Danny Elfman, la destreza de Tim Burton en la planificación y un ritmo adecuado a la acción de entonces eran suficientes. El goticismo que impregna los fotogramas de aquel primer Batman perdurarán para siempre en nuestra memoria, a pesar de que revisionarla hoy sea una tarea algo árdua.
Este era el muro que debía romper Batman begins y contra el que se estrellaron todas las continuaciones que se hicieron de aquel primer Batman. ¿Qué hizo Nolan? Decidió que no haría una película de superhéroes. Aprovechó que Batman carece de superpoderes para aproximar su película mucho más a la realidad que conocemos, desechando también una imagen demasiado oscura de la ciudad de Gotham que, en definitiva, es bastante parecida a cualquier gran urbe de los Estados Unidos actual (no olviemos que el Batman de Tim Burton tiene un aire retro a los años cincuenta; indumentaria, vehículos, armas,…). Nos presentó a un Batman torturado, no por haber asistido al asesinato de sus padres (como ocurre en la versión de Tim Burton) sino por ser incapaz de evitarla. Un hombre consumido por el miedo y la necesidad de venganza, que necesita canalizarla aunque sea de un modo esquizofrénico, dividiendo su personalidad en dos (muy al estilo de las anteriores películas de Nolan cuyos protagonistas siempre tienen problemas de identidad: el vengativo protagonista de “Memento” que no sabe que sus fracturados recuerdos le fabrican enemigos en un laberinto del que es incapaz de salir; los magos de “El truco final” que son la cara y la cruz de la misma moneda, que además se desdobla en forma de hermanos gemelos en un caso y de clones en el otro).
De esta manera Nolan construye una película más cerca del thriller de acción que del film de superhéroes. Y si en “Batman begins” aún tenía el lastre de la creación del héroe (la parte del film que más cerca se encuentra de la estructura de un film de superhéroes), en “El caballero oscuro” ya se encuentra totalmente libre de esta atadura. Nótese que ni siquiera se molesta en explicar de donde procede el Joker, del que tan solo da unas confusas reseñas pero cuyo origen permanece oculto (al contrario que en el film de Tim Burton).

El caballero oscuro, comienza con un atraco. Los atracadores van maquillados como payasos y, como sabemos que el malo de ésta es el Joker, asumimos que se trata de un golpe perpetrado por él. Sin embargo, estamos hartos de ver películas con atracos en las que los atracadores se disfrazan o enmascaran con aspectos aún más grotescos y que nada tienen que ver con los films sobre superhéroes (Le llaman Bodhi, por ejemplo). Así que esa primera secuencia no nos aproxima demasiado al mundo del cómic (como ocurre con Iron Man, por cierto).
El film se desarrolla en una trama que bien podría ser deudora de las películas de mafiosos tipo Scorsesse y de las de “vigilantes” al estilo Charles Bronson en partes iguales. Un grupo de capos del crimen organizado se plantea como librarse de un tipo que actúa al margen de la ley pero que les causa más daño que la propia policía, a la que tienen, en su mayoría, comprada. Y aquí es donde aparece el Joker.
Nada tiene que ver este personaje con el que interpretara Jack Nicholson en el Batman de Tim Burton. El Joker de Nolan es un desequilibrado en busca de su némesis. Como explicaba Night Shyamalan en su mejor película (El protegido), cuando el Joker conozca quién es Batman podrá saber quién es él.
A partir de aquí toda la película no es sino un juego del gato y el ratón en el que el Joker tienta de todas las formas posibles a Batman para que revele su identidad. El propio Joker comenta en más de una ocasión de donde provienen sus cicatrices (lo que le hace ser quién es) y nunca da la misma explicación. Probablemente ni siquiera él lo sabe. Es por ello que necesita saber qué ha hecho de Batman lo que es. Entrar en su mente es el objetivo del Joker y para ello, no duda en secuestrar, asesinar, mutilar, robar, etc…
El Joker de Tim Burton pretendía hacer suya la ciudad; deshacerse de los mafiosos para gobernar él Gotham. El Joker de Nolan, como él mismo dice, no tiene un plan. ¿Acaso tiene cara de tenerlo? Es un hombre perdido, con tendencias criminales obvias, pero incapaz de saber por qué actúa de la forma en que lo hace. Racionalizar sus crímenes es absurdo. En algún momento de la película se refieren a él como un terrorista, sin embargo, es mucho peor que eso. Por extrañas o inconsistentes que pueda parecernos las motivaciones de los terroristas para justificar sus actos, no hay duda de que ellos creen que lo que hacen es un medio para conseguir un fin. Pero el Joker es el terrorista por definición, aquel que únicamente pretende causar el terror. Tanto es así que una de sus acciones resulta sospechosamente parecida a la del célebre Jigsaw, terrible asesino en serie de la saga Saw (me refiero a la secuencia en que deja en mano del pasaje de dos barcos el destino de destruir uno de los dos navíos antes de que ambos vuelen por los aires).

Nolan plantea también una subtrama interesante sobre la corrupción moral, para lo cual hace uso del personaje de Harvey Dent, político incorruptible que hace que incluso Batman se plantee colgar el traje, pero cuyos principios se vendrán abajo al ser mutilado y perder al tiempo a su amor. Ello le convertirá en “Dos caras”, un personaje de siniestro aspecto que decidirá el destino de sus adversarios con la única fórmula que realmente le parece justa: el azar.
Si no fuera por el grotesco aspecto de este personaje tendríamos otro individuo prototípico de los thrillers convencionales. Como sin duda también lo es el comisario Gordon, el único policía decente en una comisaría en la que no sabes de quién fiarte.

En definitiva, Nolan sabía que al hacer “Batman begins” debía superar el Batman de Tim Burton y para ello tiró por la calle del medio, olvidándose de remakes y trazando una historia que situara al personaje principal mucho más cerca de un vulnerable héroe de acción que de un superhéroe de cómic. Y ahora, con la prueba anterior superada y teniendo como medida de éxito su propia película, vuelve a utilizar la misma estrategia separándose aún más (casi completamente) de los lugares comunes de las películas de superhéroes.
Su Gotham es muy real, sus delincuentes están en nuestras calles, sus mafiosos son los mismos que vemos en la televisión, sus policías nos saludan desde las noticias, sus políticos discuten en nuestro parlamento. Su Joker y su caballero oscuro son nuestro miedo y nuestra esperanza. Irracionales. Enmascaradas. Pero muy reales.

lunes, agosto 04, 2008

DOOMSDAY; APOCALIPSIS POSTMODERNO


Pocas ideas han resultado más rentables para el cine reciente que la de ponerle tetas a Indiana Jones. Desde que apareció el primer videojuego de Tomb Raider con la curvilínea Lara Croft corriendo, saltando y, sobretodo, gateando, no han parado de surgir heroínas sexis que más tarde o más temprano han dado su salto a la gran pantalla, o han sido creadas directamente para ella. ¿No había heroínas antes? Sí. Probablemente los mejores ejemplos los encontraríamos en las películas de James Cameron donde, de alguna manera, ya se comenzaba a intuir un cambio de rumbo en el aspecto que debía adoptar el futuro héroe de acción. Tanto Sarah Connor, la protagonista de la saga Terminator, como la teniente Ripley (especialmente en Aliens, el regreso) apartaban al héroe musculitos y machito de turno para erigirse en las auténticas salvadoras del mundo. El problema era que Cameron las equiparaba de una forma total al cánon masculino de héroe haciendo desaparecer casi por completo su feminidad. La Sarah Connor de Terminator 2 es un bloque de hielo fibrado y mortal. La Ripley de Aliens ya no es la vulnerable damisela de la primera hora de Alien pero tampoco la aguerrida superviviente de la segunda y última hora. Cameron la transforma en la más dura de los marines manteniendo únicamente el punto femenino al compararla con una auténtica machorra que incorpora al destacamento que protagoniza el film (la teniente Vasquez).
Ahora, realizar una película de acción y aventura, o incluso de terror, con una mujer que no sea al mismo tiempo un arma letal y una belleza escultural, es sencillamente impensable. Desde la ya mencionada Lara Croft, pasando por Aeon Flux, Bloodrayne, Underworld, Serenity, Ultraviolet, Sr. y Sra. Smith, Resident evil, Los Angeles de Charlie o la inminente Wanted, todas ellas disponen como principal baza de una chica de armas tomar. Los tiempos de Schwarzenegger, Van Damme o Steven Seagal han pasado. De tanto en tanto trata de abrirse camino un nuevo supermacho como Vin Diesel o Jason Statham pero a duras penas han conseguido llamar la atención y en el fondo no dejan de ser la excepción que confirma la regla.
Y así llegamos hasta Doomsday, la película que nos ocupa hoy. ¿Y de qué se trata? Pues del pastiche postmoderno llevado a la enésima potencia. Es decir, un cúmulo tal de referencias a películas más o menos modernas que permite al espectador cinéfilo estar casi en sonrisa constante al irlas reconociendo; Rescate en Nueva York, 28 días después, Mad Max,… son probablemente las más evidentes.
La trama, no está exenta además de una cierta dosis de crítica política. Ese Reino Unido que, ante la amenaza de un contagio, da la espalda a sus propios conciudadanos del norte del pais (los escoceses) encerrándolos tras un muro para que mueran a pesar de ponerse en contra a toda la comunidad internacional.
Todo el argumento de la película se desarrolla a partir de aquí, cuando años más tarde, habiéndose propagado el virus más allá de las fronteras de ese muro, el gobierno envía a un grupo de soldados en busca de una posible cura, capitaneados éstos por la heroína de turno (de ahí los primeros párrafos de esta entrada) que resulta ser además una freak (le falta un ojo y lleva una especie de cámara en su lugar) escocesa de las pocas que quedó en el lado británico del muro cuando éste se cerró.
Yo debo confesar que, a pesar de la escasa originalidad de la propuesta, el director Neil Marshall consigue sacar oro de ella. Al menos en algunos momentos. Prácticamente me dieron ganas de aplaudir en la sala cuando, ante una escena en la que un grupo de neopunks caníbales están cocinando a un tipo, se hace sonar uno de los temas más conocidos de Fine Young Cannibals.
Peleas, tiroteos, persecuciones y demás parafernalia están rodadas de forma magnífica a pesar de contener un halo de serie b en el que todo el mundo parece sentirse comodísimo y que, lejos de disimularse, se potencia. Si el prólogo de la película parece invitarnos a tomarnos la propuesta con seriedad, Marshall se encarga rápidamente de hacernos entrar en el sendero correcto con ese ojo-cámara del que hablaba antes. Y una vez ya sabemos a qué atenernos no podemos sino disfrutar con este carrusel de violencia y adrenalina casi constante que tan solo se ve frenado, en mi opinión, en la larga secuencia del castillo medieval. Un pretendido punto sorpresa que se echó a perder con los trailers del film y que, después de una charla con el personaje que interpreta Malcolm McDowell, no busca más que meter a la protagonista en una especie de Justa con un caballero armado con una maza de desenlace más que previsible. Lo cual aún justifica menos su duración.
Aunque con un final algo críptico, en el que no se sabe si el director pretende abrir una nueva franquicia, o reafirmar el personaje de la protagonista como una hija de Escocia que se reconoce como freak entre los despojos que quedan de su tierra, la película se disfruta y como entretenimiento no tiene desperdicio (salvo los ya comentados). Por eso os animo a que la veáis y me digáis qué os ha parecido. Y conste que he dicho que la veáis, y no necesariamente que vayáis al cine. Que no quiero que me digáis luego que os gastasteis el dinero y no os hizo gracia.

domingo, julio 27, 2008

EXPEDIENTE X, CREER (que continuará) ES LA CLAVE


La primera pregunta que me hice al enterarme del estreno de “Expediente X, creer es la clave” ("Xfiles 2" a partir de ahora) fue: ¿por qué ahora? Y la verdad, después de haberla visto aún no tengo claro si puedo contestar a esa respuesta aunque tengo una teoría que me gustaría compartir con vosotros.
La serie dejó de producirse hace ya seis años y la incursión de Expediente X en el cine, la única sin contar la que nos ocupa, se estrenó hace nada menos que diez Así pues, ¿no es un poco tarde para resucitar a estos personajes? A partir de lo visto en "Xfiles 2" diría que, no solo es tarde, sino que el propio creador de la serie y director de la película, Chris Carter, es muy consciente de ello.
Expediente X, la serie, desembarcó en televisión en un momento realmente bajo para las series. En aquellos entonces dominaban el tubo catódico los culebrones y las telecomedias y casi nadie apostaba por una serie de ficción. El riesgo valió la pena y Expediente X se convirtió en un fenómeno seguido por millones de fans en todo el mundo y que, de alguna manera insufló nueva vida a argumentos para series que llevaban adormecidos mucho tiempo. En España, por ejemplo, convivían Expediente X con resposiciones interminables de “Cosas de casa”, “El coche fantástico” o “Los vigilantes de la playa”. El revulsivo que supuso tener una serie en prime time nocturno y lograra éxito hizo que muchas cadenas se replantearan la idea de apostar por la ficción como forma de entretenimiento para las noches.
Pero todo esto es parte del pasado y, por muy fresca que fuese la propuesta de Expediente X, la serie, la fórmula se agotó. Cuando los casos paranormales comenzaban a no ser todo lo interesantes que debían se comenzó a ahondar en una trama que involucraba al gobierno y a extraterrestres con abduciones y experimentos secretos. La relación entre la pareja protagonista, centrada en una tensión sexual en constante aumento, llegó también a un límite más allá del cual nadie quería llegar pero cuyo mantenimiento dejaba de ser creíble. Y así fue como llegó “Expediente X, enfréntate al futuro”, desembarco de la serie en pantalla grande por todo lo alto, con gran presupuesto, secuencias espectaculares y con una trama que desarrollaba y continuaba la línea argumental principal de la serie.
A pesar del éxito de taquilla, no hubo secuela. Los años pasaron y la serie continuó en televisión perdiendo cada vez más espectadores al no resistir más la carga de los años, las propuestas alternativas y, sobretodo, la fuga de David Duchovny en su fallida aventura cinematográfica que obligó a los responsables de la serie a sustituirle por un actor que, pese a su buen trabajo, remató un producto ya moribundo.
Y ahora nos encontramos aquí, con una nueva película que cuenta con los protagonistas de siempre, una trama mucho menos espectacular y más parecida a una especie de capítulo largo de la serie, como si no hubiera pasado nada.
El argumento (aviso para los que no quieran seguir leyendo) sería ciertamente interesante para un capítulo más de la serie pero, para hacer una película de dos horas, se queda un poquito escaso. Un hombre, homosexual, necesita urgentemente ser sometido a una especie de transplante o morirá. Su pareja, consciente de que no podrá salvarle la vida si no actúa al margen de la legalidad decide someter a su compañero a una cirugía experimental con la ayuda de unos doctores rusos de lo más siniestros. La cirugía consiste en trasplantar la cabeza de su amigo al cuerpo de una mujer que esté sana previa decapitación. Es por ello que, ni corto ni perezoso, comienza a secuestrar mujeres de cuyos cuerpos se va deshaciendo ocultándolos bajo el hielo en sucesivos intentos por lograr que su pareja viva y lo haga además en el cuerpo de una mujer.
Aunque todo el tema del experimento ya es de por si bastante espeluznante, supongo que, dado que no sabemos nada de ello casi hasta el final de la película, era necesario incluir algún elemento más sobrenatural para que pudiéramos realmente hablar de un Expediente X. Ese elemento lo proporciona un párroco pederasta (sic) que, curiosamente, recibe unas extrañas visiones de las chicas secuestradas, ya sean vivas o muertas, y que decide ayudar al FBI a encontrarlas. Y aquí es donde entran nuestros protagonistas, Fox Mulder y Dana Sculli.
Ninguno de los dos es ya del FBI, ninguno de los dos se dedica a lo que se dedicaba antes. Ambos están enfrascados en asuntos personales que consisten, fundamentalmente, en tratar de devolver la vida a la gente que han perdido (la hermana de Fox) o a la que están a punto de perder (el niño paciente de Dana). Como especialistas en estos temas, los del FBI recurrirán a ellos para resolver el misterio y estos aceptarán porque, una vez más, sentirán la necesidad de salvar la vida de esas chicas como una forma de proyectar sus propios anhelos.
La película se convierte pues en una trama de investigación en la que se invita al espectador a entrar en el juego de ¿crees o no crees? de la mano del crédulo Fox y de la pragmática Dana. Vamos, lo de siempre. Todo ello aderezado con algún toque de humor marca de la casa (los tonos principales de la sintonía de la serie cuando la cámara nos muestra una foto de George Bush en el edificio del FBI), con sorpresas sobre como ha evolucionado la relación de los protagonistas durante todo este tiempo, y con algún momento terrorífico no demasiado inspirado (los cuerpos bajo el hielo no son precisamente un hallazgo de originalidad).
Así pues, con tanta gente en la serie tratando de salvar la vida de otros me ha sido imposible no configurar en mi cabeza esa teoría de la que hablaba al principio del comentario. ¿Y si en realidad toda esta película, interesante pero floja, no busca en realidad sino devolver la vida a unos personajes que todo el mundo había dado por muertos? En la película, Dana Sculli acaba cayendo en el mismo dilema que el hombre al que persigue, al someter a un gran dolor a su paciente aplicándole una cirugía experimental por negarse a aceptar la idea de que no hay remedio posible. Ni Dana, ni Fox ni el malo de la película pierden la esperanza de recuperarlos. ¿Es eso lo que le ocurre a Chris Carter? ¿Es este un intento por revivir a los personajes y a la serie o justo lo contrario? ¿Cree, tal vez, que no recibieron el entierro que merecían?
Cuando acabó la proyección del film y comenzaron los títulos de crédito, un servidor se intuyó algo raro. Normalmente acostumbro a quedarme hasta que terminan pero, cuando los rótulos no son sobre negro, lo hago siempre. Y efectivamente, antes de que pasaran las últimas letras por la pantalla Carter nos regaló unas últimas imágenes en las que Dana y Fox navegan en un mar azul caribe a bordo de un bote de remos en dirección a una isla y, con un plano aéreo lleno de desparpajo (no le importa que se vea la sombra del helicóptero), permitió que ambos personajes (o actores) nos saludaran con la mano. La pregunta es ¿nos están diciendo hola o adiós?

lunes, junio 16, 2008

EL INCIDENTE cinematográfico en la carrera de M. Night Shyamalan


El público que contempla una película de M. Night Shyamalan se divide en dos: los que se declaran fans de sus películas y esperan cada uno de sus estrenos con impaciencia (entre los que me encuentro), y los que únicamente consideran interesante su primer gran éxito comercial (El sexto sentido).
Por qué a los del primer grupo nos interesa tanto su cine es algo difícil de explicar. Sabemos que se trata, en gran medida, de una atracción por una manera de entender el cine fantástico y el suspense que parece heredada de Hitchcock y del primer Spielberg pero, asumiendo también que todas las tramas del director/guionista se sustentan sobre un premeditado giro final que es ya marca de la casa.
Quizá por eso, creo que “El incidente” es al mismo tiempo una película típica de Shyamalan y al mismo tiempo un punto de inflexión en su filmografía.
Reconozcamos que hoy por hoy, ya no hay nadie que cuando se sientE a ver una de sus películas y no esté esperando ese giro final que da un nuevo sentido a toda la historia y que, para los que no aprecian nada más que ello en su cine, representa el motivo final por el que eligieron entrar a verla cuando meditaban con sus amigos o parejas a la puerta del cine. Así pues, ¿qué ocurre con sus películas cuando se elimina este desenlace espectacular de la ecuación?
Este riesgo asumido por el director, probablemente en un desesperado intento por no verse obligado a mantener la pauta que le hizo famoso, es la principal novedad que aporta “El incidente” a su filmografía. El resto de lo que encontramos en la película tiene mucho de su personalidad, cuajada y bien conocida por los que le seguimos; personajes en crisis sentimental, situaciones que ponen a prueba sus relaciones, algunos momentos escalofriantes y una o dos secuencias de suspense magníficamente planificadas y resueltas.
Sin embargo, si en la reciente “La niebla” podíamos hablar de una película que partiendo de una situación típica del cine catastrófico alcanzaba un alto nivel en su desarrollo y culminaba con un fantástico desenlace, en “El incidente”, las expectativas que nos forjamos con su planteamiento no hacen sino decaer para disolverse completamente en un final que, quizá precisamente en esta película, sí que pedía a gritos un giro de ciento ochenta grados.
Lo peor de todo esto es que, inevitablemente, el boca a boca destruirá rápidamente la carrera comercial de una película que, a pesar de lo atractivo de su trailer, viene precedida por el anterior fracaso del director (La joven del agua, película que a mí personalmente me pareció realmente interesante y recomendable aunque se vendió como lo que no era) y pondrá en serios aprietos la continuidad fílmica de un director interesante. Y es que M. Night Shyamalan ya no puede permitirse otro fracaso de taquilla. La búsqueda de financiación para poder levantar “El incidente” le llevó de puerta en puerta de las majors americanas hasta que 20th aceptó con la condición de que apareciera un socio capitalista que financiara una parte importante del proyecto. Y es que, mal que nos pese, para directores como Shyamalan, autores en definitiva que como Spielberg o Zemeckis pretenden casar calidad con taquilla, fallar ante el público puede suponer el final de su carrera.
Pero volvamos a “El incidente”. ¿Por qué no acaba de funcionar? El planteamiento es el que ya intuimos desde el trailer. Una crisis apocalíptica, a priori a nivel estadounidense, en la que una extraña toxina hace que la gente decida autodestruirse con los medios que tenga en ese momento a su alcance. Tan original planteamiento da lugar a algunas secuencias terroríficas en las que vemos suicidios de todo tipo a cada cual más espectacular o extravagante. También algunos menos sangrientos pero mucho más inquietantes (más propios de Shyamalan) como el de la pistola del policía que va pasando de mano en mano.
El problema de la película comienza cuando, una vez planteada esta situación, se centra la atención en un pequeño grupo de personajes capitaneados por la pareja protagonista. Hasta aquí la fórmula de la película catastrofista estaba servida y funcionaba bien. Sabemos que, a pesar de que lo que ocurre con la dichosa toxina, lo peor está por llegar con los enfrentamientos que se puedan producir ante una crisis semejante cuando cada uno de los personajes que tratan de escapar antepongan su propia vida a la de los demás (lo que ocurre en La niebla pero también en Amanecer de los muertos y demás películas similares). Pues resulta que Shyamalan decide prescindir de ese desarrollo (que no por seguir la fórmula podría ser menos efectivo) y opta por ir eliminando rápidamente a todos los que acompañan a los tres protagonistas para convertir la película en una suerte de “La guerra de los mundos” de Steven Spielberg. El problema es que en “El incidente” no hay la parafernalia técnica que había en la película de Spielberg. sino que la amenaza que persigue a los protagonistas es invisible. Así pues, nos encontramos con un segundo bloque fílmico que se reduce a tres personas corriendo por el campo y mirando atrás perseguidos por… nada.
¿Es por ello “El incidente” una mala película? A mi entender no. Sin embargo es una película que no colma las expectativas depositadas en ella, lo cual la convierte en un film mediocre ni que sea por comparación con algunas de las propuestas similares que venimos recibiendo durante estos últimos años. Un desperdicio, una ocasión perdida.
De hecho, la sensación que me produjo la película una vez concluyó fue muy parecida a la que tiene el grupo protagonista cuando se refugia en una gran casa en mitad de la campiña y ésta resulta ser una vivienda de muestra donde, a pesar de lo bella y ampulosa que parece, no es más que un decorado donde incluso la vajilla y los refrescos sobre la mesa son de pega.
Pero como ya dije al principio, yo soy fan Shyamalan y no acabaré esta crítica sin defender la película aunque sea por esos momentos interesantes que también contiene; el desenlace de la trama del personaje que interpreta John Leguizamo, la ya célebre secuencia de los obreros de la construcción precipitándose al vacío (magnífico el uso de sonido), la visita de los protagonistas a la casa en la que se han aparapetado un grupo de desconocidos armados y de gatillo fácil,…

domingo, junio 01, 2008

LA NIEBLA, de Frank DARABONT, de H.P. LOVECRAFT y de un tal Stephen KING


Cualquiera que siga la obra de Stephen King y, por extensión, la de las adaptaciones de sus películas al cine, está acostumbrado a las decepciones.
Las novelas del “maestro del terror” son cada vez más infumables y su pase a la gran pantalla desastroso. Probablemente sonará a tópico pero desde que, hace ya muchos años, dejara a un lado sus adicciones, se mudara de una caravana a una lujosa casa y dejara de ser un paria tratando de colar cuentos en publicaciones especializadas para convertirse en la niña bonita de las editoriales, Stephen King no ha levantado cabeza. Sus obras han dejado de causar asombro y se han convertido en material de consumo masivo por su lectura fácil (aunque a veces reiterativa y plomiza) y por su cohorte de seguidores que, según parece, son capaces de perdonarle hasta el mayor de los bodrios.
Pero como decía, si malas son sus últimas novelas, peores aún las películas que de ellas proceden. Lejos, muy lejos, quedan ya Carrie (Brian de Palma), La zona muerta (David Cronenberg), El resplandor (Stanley Kubrick) o El misterio de Salem’s Lot (Tobe Hopper). Una época en que su pluma atraía a los mejores directores de cine, deseosos de plasmar en imágenes la imaginación del escritor.
Ahora, en cambio, mencionar a Stephen King es hablar de telefilms, de miniseries de dos capítulos en antena 3, de lanzamientos “direct to dvd” o de algún guión colado en la serie de moda sobre fenómenos paranormales del momento.
Pero por suerte, un admirador de la obra de King, talentoso guionista además y con buen ojo para la cámara, ha conseguido que sus únicas tres películas (hasta el momento) se hayan basado en obras del escritor de Maine y además sean grandes y hermosas producciones dignas de ser apreciadas, mucho más allá que como películas de género.
Frank Darabont, no solo consiguió convertir "Cadena Perpetua" en una de las mejores (si no la mejor) película carcelaria de la historia del cine, sino que repitió proeza con "La milla verde" (que además tenía la dificultad adicional de introducir elementos sobrenaturales en la trama) colocando a ambas películas en la carrera por los más prestigiosos premios de su año.
Probablemente por eso, Frank Darabont haya tenido que ser quien resucite de nuevo lo mejor del terror creado por King adaptando al cine uno de los relatos que se incluían en "Skeleton crew", un conjunto de cuentos inédito en nuestro país y publicado en Estados Unidos a mediados de los años ochenta.
Si estás interesado en ver La niebla, lo mejor que puedo recomendarte es que dejes de leer aquí mismo. Cuanto menos sepas sobre de qué trata más la disfrutarás. Me temo que incluso una foto rebuscada en Internet podría aguarte un poco la fiesta.
Sí debes saber, no obstante, que poco o nada tiene que ver esta historia con la que llevarA al cine John Carpenter bajo el mismo título en castellano, “La niebla”, a pesar de que en ambos casos este fenómeno atmosférico tenga, obviamente, una importancia capital en el desarrollo de la película.

Sin ahondar demasiado en las causas de la aparición de esa extraña niebla (ni falta que hace), la película busca colocar a un grupo heterogéneo de personajes en un espacio cerrado y esperar a ver qué sucede aplicando una presión constante desde el exterior a base de ataques inesperados y una temperatura interna en aumento merced a las tensiones que se establecen entre distintas personas, grupos y, finalmente, facciones.
Si en "Amanecer de los muertos" (Zack Snyder) un reducido grupo de personajes se encerraban en un espacioso centro comercial mientras eran asediados por zombies caníbales, aquí, el pequeño supermercado da cobijo a muchos, demasiados personajes, que además ni siquiera pueden ver exactamente de qué se están ocultando o contra qué se enfrentan. Precisamente porque esa niebla que da título a la película tan solo nos deja entrever el horror, realizando así la doble función de cortina material y mental, salvaguardando la integridad física y la cordura de los que no quieren averiguar qué se oculta en su interior.
Frank Darabont hace un excelente trabajo con los actores a excepción, tal vez, de con el protagonista que aparece con la misma expresión cinrcunfleja durante prácticamente toda la película. Mención aparte se merece el trabajo de Marcia Gay Harden quién tiene que levantar al personaje más polémico y problemático de la película. Personaje que además suena mucho a sospechoso habitual en las novelas de Stephen King.
En los aspectos técnicos, destacaría sobretodo las tomas de lo que hay en la niebla, especialmente cuando no se ve claramente, pues sin duda esta película es una de las mejores muestras de que en el terror, es mucho mejor sugerir que mostrar. Como ejemplo, funciona mucho mejor la secuencia del motero que decide adentrarse en la niebla atado con una cuerda que la expedición, narrada de forma mucho más explícita, a la farmacia. Y como colofón a todo ello, no me gustaría olvidar la fantástica y sobrecogedora imagen de esa entidad primigenia e indescriptible que aparece hacia el final de la película y que sin duda surgió de la ávida lectura de relatos del genio de Providence, H.P. Lovecraft; un plano, para la historia del cine fantástico.
Por supuesto no puedo olvidarme tampoco del arriesgado y desgarrador final de la película que fue un cambio introducido por Darabont sobre la historia original y que rubrica perfectamente la fatal ironía en que se convierte el film.
Y dejo aquí esta crítica y no entro a valorar los aspectos socio-políticos en los que se incide (sin duda deliberadamente) en la película. No olvidemos que se trata de un film post 11S lo cual, queramos o no, dota de una segunda lectura a, prácticamente, todos los films americanos que nos vienen llegando desde tan triste efeméride. Pero como he dicho, no entro en ello, y me quedo tan solo con la narración esencial de la película, con una nueva vuelta tuerca a las películas de asedio y con una de las mejores adaptaciones de Stephen King que se han hecho en muchos años.

lunes, mayo 19, 2008

SPEED RACER Y EL CINE DEL FUTURO


Parece claro que existe un numeroso grupo de críticos que se niegan a aceptar que la época dorada de Hollywood ya es historia y que el cine, como técnica, continúa avanzando sin tener que pedirles permiso.
Está claro que, estos mal llamados críticos cinematográficos, se dirigen a las salas de cine con su pase de prensa de preestreno con la crítica ya escrita de casa según lo que han oído, lo que han leído o lo que les parece el póster de la película. O mejor aún, según quién se encuentre detrás de la cámara.
Admito, que yo mismo cuando ví el trailer en televisión de Speed Racer me quedé un poco parado. A pesar de que las imágenes que habían pasado ante mis ojos estaban llenas de frescura, aquellas mismas imágenes dejaban claro que se trataba de una imaginería puesta al servicio de una historia enfocada al público infantil. O, para ser justos, enfocada a todos los públicos (lo cual quiere decir que debería poder gustar tanto a grandes como a pequeños). Ese enfoque, que en principio no tendría por qué afectar a mi capacidad de juicio, reconozco que si interviene a la hora de seleccionar qué voy a ver y qué no. Lo que me convenció finalmente fue que tanto los intérpretes como el director(es) no fueran especialistas en ese género sino, muy al contrario, fueran solventes profesionales capaces de adaptarse a cualquier tipo de proyecto.
Es curioso que lo que a mí me llamara la atención para pagar mi entrada, el hecho de que los artífices de esta curiosísima adaptación de un anime al cine sean los Wachowski Bros, lejos de ser tomado como un punto a favor por los críticos de los que hablaba antes, tuvo más bien el efecto contrario en ellos. Así pues, no cuesta nada encontrar en las críticas a Speed Racer puyas hacia la trilogía de Matrix tildándola de pretenciosa, de sobrevalorada, etc,… Los mismos críticos que en su día dijeron de aquella que era mala porque no la entendían, ahora quizá avergonzados, lanzan la piedra como venganza ante su ignorancia y su pasmo ante lo nuevo.
Pero esto ya no hay quien lo detenga. Los Wachowski bros, Peter Jackson, David Fincher, Zack Snyder y sobretodo Robert Zemeckis (que tiene mucho más mérito por ser alguien de una generación anterior a la de los otros) ya han sentado las bases de lo que será el cine del futuro. Sencillamente se trata del fin de la artesanía. La desaparición de los oficios cinematográficos tal y como los entendemos hoy. Se trata del ordenador como único instrumento para diseñar, rodar y montar una película.

Cuando las películas tenían que montarse literalmente con tijera y pegamento, la llegada de los ordenadores y los programas de edición de video fue muy bien recibida. Cuando esos mismos ordenadores sirvieron además para que se desarrollara una industria de los efectos especiales que hiciera más creíble algunas secuencias en la gran pantalla, hubo algún rumor de fondo pero en general se permitió su entrada como una concesión al espectáculo. El avance digital, no obstante, no había hecho más que comenzar. Porque ahora cualquiera con un ordenador y una cámara digital graba y monta sus cortometrajes y esa universalización tecnológica ha conseguido que se reduzcan los tiempos y los presupuestos de rodaje del cine de hoy. Así pues ¿cuál es el problema?
El problema está en que hasta hace poco esa tecnología no había suplantado a los conceptos artísticos del cine. No había suplantado al diseño de vestuarios, ni al de decorados, ni a los cámaras, ni al director de fotografía, ni por supuesto a la interpretación.
Pero eso ya se ha acabado.
Sin los ordenadores sería imposible imaginar hacer una película como El señor de los anillos. Una adaptación de semejante obra tan solo era viable en forma de dibujos animados. Determinados movimientos de cámara que un director puede considerar la mejor forma de expresar el tono de una determinada secuencia no podrían llevarse a cabo si no fuera simulándolos con un ordenador. Pero, y he aquí la cuestión, ¿es necesario tener un motivo para hacer cualquiera de estas cosas ayudándose de la tecnología digital? ¿No basta con considerarla el medio más idóneo o aquél con el que se encuentra más cómodo un director?
Hoy por hoy a nadie se le ocurriría coger una vieja cámara de los años cuarenta y tratar de rodar al estilo de Von Steinberg. Quién lo hiciera sería tratado de bicho raro o tendría que enmarcar su película dentro de eso que llaman homenajes. Ahí está el ejemplo del fracaso de crítica y público de El buen Aleman. Entonces, si está claro que el progreso ha dejado aquello atrás, por qué nos negamos a asumir que dicho progreso continúa sin detenerse.
Una de las mejores películas que he visto en los últimos meses no es sino la recreación infográfica de la inmortal leyenda de Beowulf. Me refiero a la adaptación a la gran pantalla que llevó a cabo Robert Zemeckis y que se estrenó hace apenas unos meses. En ella, incluso los actores han sido digitalizados para estar acordes con el mundo en el que tenían que moverse. ¿Por qué hacerlo así? ¿Por qué no rodar la película con los actores reales y en localizaciones reales? Y yo contesto. ¿Y por qué no hacerlo?

Speed racer no es una película convencional. Desde la entradilla de los logos de productora y distribuidora ya nos damos cuenta de que sus responsables han tratado de sumergirnos desde el primer segundo en un mundo muy peculiar. Básicamente, se trata de un auténtico chapuzón en un anime colorista y luminoso, en un dibujo animado, como cuando éramos niños y veíamos aquella series e imaginábamos que éramos los protagonistas (no en vano en la película el hermano pequeño del protagonista y su mascota protagonizan una secuencia en la que imaginan que están dentro de la serie de dibujos que ven).
Por eso la película tiene un tono decididamente infantiloide que la hace asequible a todos los públicos (a pesar de contener una secuencia un pelín dura para los críos como es la de la tortura al piloto asiático a manos de los mafiosos).
Cierto es que, tanta infografía y tanta cámara inquieta, satura al espectador y que las carreras de coches podrían estar mejor rodadas. Son tan vertiginosas (especialmente las que tienen lugar en circuito cerrado) que los coches parecen patinar en lugar de rodar y la pista se retuerce como una serpiente haciendo que perdamos por completo el sentido de la orientación sumergiéndonos en una espiral de color y luz que probablemente nos coloca más cerca de una experiencia alucinógena que cinematográfica.
Pero aun con sus pegas, que las tiene, uno no puede apartar de si la idea de que se encuentra ante algo fresco y especial. Por decirlo claramente. Ante una película con un look que no había visto en ninguna otra. Algo de lo que pueden presumir muy pocos films (Matrix, 300 o la más antigua y pionera Tron, son algunos ejemplos).

No quiero terminar este artículo sin pasar por alto que la mayoría de críticos han hecho especial hincapié en que todos esos efectos están al servicio de una historia muy simple o de un guión poco sólido. Sin embargo, la cartelera está llena de historias simples y guiones absurdos y no parece importarles demasiado. Es como si, ante la nueva ola, buscaran un parapeto y lo encontraran en el argumento. ¿Lo hacen mal los actores? No… ¿Está mal planificada? No, pero… ¿El montaje está mal? Al contrario es brillante y novedoso utilizando esos primeros planos de los actores como cortinillas pero aun así… ¿Bueno pues qué le pasa? La historia, que es muy simple.
Ellos son simples. Ellos son historia.

jueves, abril 17, 2008

Uwe Boll no es nuestro Ed Wood

No tengo por costumbre utilizar el copy-paste en esta casa pero, después de haber oído y leído la noticia creo que es mejor citar literalmente la fuente que relatar lo dicho. Ahí va:

Uwe Boll pide firmas de apoyo contra la propuesta de que no dirija más películas
Afirmó que se marcharía del mundo del cine si se recaudaban un millón de firmas



EFE
LOS ÁNGELES (EEUU).- El director de cine Uwe Boll ha reaccionado a las más de 150.000 firmas en Internet en contra de que siga dirigiendo películas y pidió rúbricas a su favor. Además, tuvo tiempo para insultar a otros realizadores de Hollywood desde su porsición de "único genio en este jodido negocio".

En un vídeo publicado en la página web de su próximo filme, 'Postal', el realizador alemán aparece explicando los motivos de su comparecencia, apenas unos días después de que dijera que dejaría de dirigir películas si alguien recababa un millón de firmas para apoyar la propuesta de que no esté más detrás de las cámaras.

Ahora, al probar la buena acogida que tuvo el reto, ha decidido contraatacar. "Espero otro millón de firmas a mi favor", dijo Boll. "Espero que alguien ahí fuera la haga (la petición) y que todos la firmen".

Después de esa pequeña explicación, el director no duda en atacar sin piedad a otros compañeros suyos de la industria del entretenimiento, a quienes considera que realizan una labor "de mierda". "Miren, no soy un jodido retrasado como Michael Bay y otras personas involucradas en el negocio, o como Eli Roth, que hace las mismas películas de mierda una y otra vez", afirmó el director.

"Si realmente se fijan en mis películas, verán mi verdadero genio", agregó Boll, que no dejó pasar la ocasión para publicitar su próximo trabajo: "Si van a ver el 23 de mayo 'Postal' comprobarán que ofrezco una película que nadie ha entregado en los últimos diez años".

Boll, dos veces candidato al Razzie (el anti-Óscar) como peor director, por 'Alone in the Dark' y 'BloodRayne', consideró que 'Postal' es "mucho mejor que toda esa mierda de crítica social de George Clooney que llega a los cines cada fin de semana".

"Debéis despertar y ver lo que soy en realidad. El único genio en todo este jodido negocio. Adiós", concluyó.


Así que ya lo sabeis. Acabemos de una vez con este tipejo que, no solo es uno de los peores directores de la historia del cine que está arruinando adaptaciones de juegos que podrían dar mucho de si, sino que además se ha revelado como un faltón y un fanfarrón que no merece más que mi desprecio.

Si quieres añadir tu firma para que deje de rodar películas pincha aquí.

viernes, abril 11, 2008

Valorar el cine aunque no nos guste


Hace mucho tiempo que quería escribir una entrada como ésta. Y ahora que ya lo he hecho, viendo el resultado, no es que me sienta del todo satisfecho pero probablemente, para quedar en paz conmigo mismo, debería llenar varias hojas y seguramente nadie se aventuraría a leerlo.
El por qué me he decidido finalmente quizá haya venido provocado por haber mencionado en mi post anterior a Michael Moore, lo cual me ha hecho recordar los dias de Farenheit 9/11. No lo se. En cualquier caso allá va:

Es buena. Es mala. Me ha gustado. No me ha gustado. Le doy cinco estrellas. Le doy una bolita. Es una obra maestra. Es un bodrio infumable. Es buenísima. Es una puta mierda. Etc.
Todas estas expresiones y muchísimas más se utilizan para valorar la calidad de una película. Sin embargo, no todas son válidas. Lamentablemente en esto del cine se tiende a confundir lo que nos gusta o lo que no nos gusta con lo que es bueno o malo, algo que no se hace en ningún otro orden de la vida. A mí, por ejemplo, los vehículos que fabrica la marca Mercedes no me gustan especialmente pero, no puedo negar que son buenos coches. Coches de calidad. Cualquier experto en motor me lo diría.
Calificar las películas como buenas o malas según si nos han gustado o no es pasarse por el arco del triunfo todos los criterios de calidad que seguiríamos al analizar cualquier otro producto. Pongamos por caso alguien a quien no le gusten las películas de terror. Automáticamente consideraría malas cientos de películas entre las que se incluyen algunas auténticas joyas del séptimo arte (El exorcista, El resplandor,…). Más aún, pensemos en alguien a quien no le guste ver violencia en el cine, o alguien a quien solo le gusten las comedias románticas…
El gusto es subjetivo pero no tiene nada que ver con la calidad de un film que puede medirse de una forma objetiva como un todo, pero también como la suma de sus partes. No admito discusión en esto y no me sirve lo de recurrir a que “estamos hablando de arte”. No. No todo el cine es arte ni pretende serlo. De la misma manera que no todo lo que se escribe es literatura ni lo pretende.
Gran parte del problema de valoración la tienen también los premios que, mal que me pese, muchas veces no responden a criterios puramente cinematográficos sino al momento político o social que se vive en el mundo en el momento en que se celebra el certamen en cuestión. Esto es especialmente apreciable en los festivales no especializados. ¡Cuántas veces ha pasado que una película que gana chorrocientos premios es después olvidada mientras que, las grandes perdedoras de ese mismo año perduran en el tiempo!
Ejemplos: Fahrenheit 9/11 no es una buena película. No aporta nada nuevo al lenguaje cinematográfico ni utiliza sus recursos con gran habilidad ni es un derroche de estilo. Ni siquiera es un buen documental. Es tendencioso, panfletario y sensacionalista. Sin embargo, a mí y a mucha gente nos gusta y además ganó en Cannes, probablemente el certamen cinematográfico de mayor prestigio en todo el mundo. Los motivos de esta victoria y del por qué mucha gente la considera una buena película son obvios: atacaba directamente a Bush, un personaje al que medio mundo odia.
Esta misma reflexión podría hacerse sobre Una verdad incómoda.
Pero no nos detengamos en los documentales. Vayamos a por una película y además una película nuestra: Mar adentro.
Premiada, taquillazo, tenida por lo que en España se puede considerar buen cine y comprometido. Pero en el fondo, no es una buena película. En realidad, probablemente sea la peor película que ha dirigido Alejandro Amenábar. Carece del nervio y del riesgo de sus anteriores producciones. Su planificación se reduce a plano y contraplano en conversaciones interminables que pretenden ser trascendentes, apoyadas en los poemas en off del protagonista y en una música que no deja de subrayar cada escena con grandilocuencia, como si se nos estuviera explicando la mayor tragedia jamás contada. No obstante, como indicaba antes, una película no es solo un todo sino también la suma de sus partes y, Mar adentro, tiene también sus virtudes; los actores están estupendos (aunque como dijo Gasset, lo del acento gallego de Bardem era un poco ridículo). Probablemente funcionaría mejor como obra de teatro que como cine.
Es precisamente esa valoración por partes lo que nos permite leer el cine a distintos niveles y llegar a concluir que, films como 30 dias de oscuridad, lejos de ser una obra maestra, sí contienen momentos de buena realización, por ejemplo. Y no necesitan tratar de ninguna cuestión social trascendental ni de hacer crítica expresa al momento político actual para ser valorada en justicia. En justicia cinematográfica. En montaje, en puesta en escena, en interpretación, en uso de la luz, en planificación,…
Otro gran error a la hora de valorar una película es hacer hincapié únicamente en la historia que se nos narra.
La historia es tan solo una parte más. Una parte de una parte (el guión).
Pensemos en otro film de éxito; Matrix. A muchos de sus fans les pareció original la historia pero, en realidad, la historia es lo menos original de la película; trama mesiánica (lo del elegido redentor está ya en la Biblia además de en mil películas como puedan ser Dune, Mad Max más allá de la cúpula del trueno, etc), relación discípulo-maestro (que sin ir más lejos lo tienes en Star Wars, en El nombre de la rosa y en mil películas más), chico conoce chica (sin comentarios) y el bien contra el mal (aquí los hombres contra las máquinas, que tampoco tiene nada de original y sino que le pregunten a Kubrick o a James Cameron).
Lo que vende Matrix, lo que la convierte en una película fundamental del cine moderno (de la postmodernidad, en realidad) es su uso de los recursos cinematográficos, entre ellos el haber utilizado una nueva y prodigiosa forma de rodar escenas de acción y lucha (el ya célebre bullet-time) así como el uso del color para distinguir realidad de realidad virtual, el ritmo, el montaje, la ingeniería de sonido,…
La historia es tan solo una parte más.
Si cuando vamos al cine solo nos interesa la historia es que no hemos evolucionado mucho desde que oíamos a nuestra mamá cuando nos contaba un cuento para dormirnos.
O quizá sea que en realidad no nos gusta el cine.
Tan solo ver películas.

domingo, abril 06, 2008

Muerte de cuatro genios

Hace pocos años, cuando estaba en radio, me sorprendió al regreso de unas vacaciones la muerte del músico y compositor Michael Kamen. Recuerdo que en aquel momento sentí una extraña mezcla de sensaciones; por un lado tristeza y por otro una especie de rabia. Ello se debió a que me había enterado de la noticia bastantes dias después de que sucediera debido a la escasa trascendencia que, para los medios generalistas, tenía este personaje.
El pasado mes de marzo he estado de vacaciones y, a mi regreso, me he enterado de la muerte de tres genios, al que hay que sumarle la muerte de Charlton Heston ayer. Debido precisamente a que no estuve en mi casa y que desconecto bastante cuando voy de vacaciones, ignoro si la noticia de los otros tres fallecimientos ha sido sonada o no, pero en cualquier caso me gustaría tener aquí un pequeño recuerdo para cada uno de ellos.
En primer lugar, Anthony Mingella. El director y productor que se hallaba detrás de clásicos modernos como son "El talento de Mr. Ripley" y, sobretodo "El paciente inglés". Un director de corte clásico que recuperó para mi generación el aroma de los dramas eternos al estilo "Memorias de Africa".
En segundo lugar Rafael Azcona. Un grande de nuestro cine. Un guionista en cuyo currículo figuran tantas y tan buenas películas que parece mentira que todo surgiera de la pluma de un solo hombre. Desde "El verdugo" hasta "Belle Epoque". Su vida es la historia del cine español.
En tercer lugar, y la más sentida para mí, la del escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. El hombre tras "2001 una odisea del espacio" y con cuya muerte nos quedamos ya prácticamente huérfanos todos los amantes de la literatura ci-fi. Sin Frank Herbert, sin Philip K. Dick, Asimov y a hora sin Arthur C. Clarke tan solo nos queda Bradbury de aquella fantástica generación de escritores del futuro y lo extraterrestre.
Desconozco si la muerte de Clarke dará un impulso o enterrará definitivamente la idea de David Fincher de adaptar su novela "Cita con Rama"; un proyecto del que lleva hablándose demasiado tiempo.
Y, como decía al principio, aquí debería terminar esta entrada pero, lamentablemente, la parca se nos ha llevado a otro grande: Charlton Heston.
Por desgracia mucha gente joven recordará a este estupendo actor por su aparición en "Bowling for Columbine" y su defensa de la enmienda americana que otorga el derecho a poseer armas a sus ciudadanos. Sin embargo, y más allá de su postura política, Heston forma parte de la historia del cine moderno gracias a interpretaciones inolvidables en películas de toda índole. Desde "Los diez mandamientos" hasta "El planeta de los simios" pasando por "El ultimo hombre vivo", "El cid", "Sed de mal", "Ben Hur", "Cuando el destino nos alcance" y hasta "En la boca del miedo".
En la famosa película de Michael Moore se recogía un corte de Heston blandiendo un rifle y citando al presidente Abraham Lincoln cuando dijo que solo se lo arrebatarían de sus frías manos muertas. Todos los que encontraron en él al malo de la película supongo que estarán contentos.

lunes, marzo 17, 2008

LA CRIATURA PERFECTA Y RISE; Vampiros de pacotilla



Es curioso que, habiendo visto recientemente dos auténticas joyas cinematográficas como son "Pozos de ambición" y "No es país para viejos" acabe dedicando el post de esta semana a dos bodrios como "La criatura perfecta" y "Rise, cazadora de sangre", pero así es. Supongo que resulta más fácil o seductor hacer una crítica para despellejar que para alabar. O quizá es que sencillamente estoy contagiado por la semana vampírica que Dude ha puesto en marcha en su blog.
Entremos en materia.

La criatura perfecta trata de un mundo alternativo ambientado en clave retrofuturista en el que vampiros y humanos conviven en armonía. Los vampiros son tratados como seres místicos y forman lo que llaman "La hermandad" y los humanos los adoran como ángeles y les ceden amablemente su sangre vía transfusión. Todo se tuerce cuando uno de estos hermanos decide beber directamente de la botella, quiero decir del cuello, sucediéndose una serie de crímenes por toda la ciudad que La hermandad no desea que tengan demasiada publicidad.
Hasta aquí tenemos un argumento no carente de cierto atractivo a pesar de estar ya visto en la aceptable "Legado de sangre", con la que además comparte la trama detectivesca en clave de buddy movie con policía humano que tiene que aceptar de compañero a un vampiro.
Acepto que las pocas imágenes de ese mundo retrofuturista con el que se adorna la película son atractivas (coches de los años cincuenta, zepelines que cruzan el cielo nocturno, edificios góticos mezclados con barrios que parecen salidos de la pluma de Chales Dickens...) pero no bastan para lavar la pobre producción que envuelve el film. Los actores, pese a no hacerlo del todo mal, carecen también de todo atractivo. No ya porque no sean primeros nombres (tan solo Safren Burrows destaca algo en ese aspecto) sino porque los personajes apenas tienen algo que decir en una película que no se sabe si pretende ser de acción con cierta inspiración en "Underworld" o si persigue cierta profundidad con un discurso sobre la aceptación del diferente en la sociedad y bla, bla... En cualquier caso, no encuentra su sitio y resulta ineficaz en ambas vertientes.
En fin, la recomiendo ver de noche. Sobretodo si os cuesta coger el sueño.

Sobre Rise cazadora de sangre... pues nada. Una gran decepción. Películas como ésta son las que hacen que "30 dias de oscuridad" destaque a pesar de sus muchas carencias.
Aunque la historia de la periodista que se mete donde no debe y acaba convertida en vampira vengadora contiene algún plano de cierta intensidad (como el de su renacer vampírico o el de su primera alimentación con víctima, el vagabundo)la trama se desarrolla de un modo mecánico estilo videojuego. Lucy Liu se pasea por la película yendo de malo en malo a los que se despacha con tanta facilidad que cuesta imaginar como vampiros tan incompetentes llevan tanto tiempo sobre el mundo sin haber sido eliminados por su propia torpeza.
Para colmo, al director de la faena no se le ocurre otra cosa para dar cierta intensidad visual al montaje que incluir flashes de tanto en tanto en plan visiones de la protagonista, probablemente el recurso más utilizado en el cine de terror de estos últimos cinco años. Y no contento con eso se lanza a las referencias, guiños, homenajes o como queráis llamarlos a otras películas como son el poncho que luce la Liu en plan spaguetti western o las pequeñas cuchillas con las que los vampiros deguellan a sus víctimas igual que en la magnífica "El ansia".
Lo peor, no obstante, está aún por llegar en forma de final, en el que imagino que se pretende dejar abierta la posibilidad de una continuación. No me quiero ni imaginar lo que puede ser hacer de Rise una franquicia. Como si no tuviéramos ya bastante con Guardianes de la noche y Blade.

Si a pesar de lo explicado seguís teniendo ganas de ver una película de vampiros recordad que siempre nos quedará "Cronos", "La adicción" o la ya mencionada "El ansia". Por decir algunas.


PD: Si aun no conoces The last ones pásate y únete a nosotros en esta aventura en forma de novela-blog. Ya hemos completado el primer capítulo y nos embarcamos en el segundo.

lunes, marzo 03, 2008

PELICULAS DE CARRETERA

No se en qué momento o con qué película se abrió la veda, pero lo que está claro es que el primero a quién se le ocurrió ha creado toda una tendencia que se ha explotado desde diferentes perspectivas. Me refiero a las películas que comienzan con un viaje por carretera que acaba convirtiéndose en una auténtica pesadilla para sus protagonistas, ya sea por elegir el camino incorrecto, por toparse con quien no debían o como simple castigo por su prepotencia, su inconsciencia o su moralidad.

La mayoría de las películas de viajes por carretera (road movies) son americanas. Y hay una razón de peso para que así sea. En Estados Unidos las distancias por carretera son muy largas. Realizar un viaje por carretera atravesando varios estados lleva días y, a menudo, se recorren largas distancias por paisajes áridos o boscosos pero con poca o ninguna presencia humana. Un viaje por carretera atravesando la profundidad de América puede ser, en realidad, una auténtica aventura. Parajes desolados o desérticos, bosques sin fin, gasolineras herrumbrosas sin combustible para servir, pueblos desvencijados y abandonados, carreteras secundarias que no conducen a ninguna parte, moteles de mala muere con hoscos recepcionistas, autoestopistas siniestros, camioneros sospechosamente amables, moteros con ganas de bronca y paisanos poco amigos de forasteros. Esta es la flora y la fauna que brota y se desliza por los fotogramas de estas películas. Desde Giro al infierno hasta Breakdown, desde Nunca juegues con extraños hasta Jeepers Creepers.
Es por ello, que quienes se embarcan en esa odisea, ya sea volviendo al hogar o a su universidad o con un concierto de rock como meta, abandonan la seguridad de su mundo y se adentran en un inhóspito terreno del que resurgirán (o no) cambiados. Puede que pasen de la tristeza a la alegría (Thelma & Louise), del egoísmo a la generosidad (Rain Man), de la debilidad a la fortaleza (El diablo sobre ruedas), del enamoramiento a la separación (Dos en la carretera) o, sencillamente, de vivos a muertos (La matanza de Texas).

En cualquier película de carretera, ya sea de terror o no, hay tres elementos que no pueden faltar y que son fundamentales para comprenderla. Por un lado están los viajeros, que son los sujetos sobre los que se obrará el cambio. En segundo lugar está el vehículo, herramienta que les conducirá del estado inicial al estado final. Y en tercer lugar estaría el “otro”, que en este tipo de películas funcionaría como punto de giro inicialmente, es decir, desencadenante del cambio de rumbo que tomará la historia en sus primeros compases y, a la postre, como catalizador de la metamorfosis de los viajeros.Utilizando algunos de los ejemplos de arriba lo comprobaremos.
En "Thelma & Louise" las chicas protagonistas son una camarera incapaz de comprometerse y una ama de casa mujer de un memo machista. Ambas emprenden juntas su viaje en un Thunderbird verde descapotable (no por casualidad), un coche cuya línea y color huelen a libertad (destino final de la pareja). El “otro” en esta historia sería Harlan, el tipo que intenta violar a una de ellas y que desencadena el cambio de rumbo del viaje; las chicas pasan de tomarse un respiro de sus lúgubres vidas de amas de casa a huir por completo de ellas y recuperar su independencia (a un alto precio).
En Rain Man, los protagonistas son dos hermanos muy distintos que no se veían desde que eran niños. Uno es autista con graves problemas de comunicación y el otro es un vendedor de coches cuya principal herramienta de trabajo es su labia, por lo que se siente frustrado ante la imposibilidad de usar su mejor arma con su compañero de viaje. El coche en esta ocasión es un símbolo, ya que fue en gran medida el causante de la separación de ambos (lo que entonces les separó, ahora les une). El “otro” en este caso se manifiesta en las limitaciones de Raymon (Dustin Hoffman), el autista, y en su miedo a volar, lo cual obliga a que el viaje se desarrolle por carretera dilatando el tiempo lo suficiente para que el personaje que interpreta Tom Cruise aprenda a apreciarle y a aceptarle como es.
En El diablo sobre ruedas, el protagonista es un comercial (¿?) aburrido y pusilánime que se ve obligado a realizar un viaje de negocios por carretera con su barato utilitario. En esta ocasión, el coche simboliza el escaso empuje del protagonista y su estatus, cobarde, huidizo e impotente (el coche comienza el viaje con un problema mecánico al que el protagonista no da importancia hasta que es demasiado tarde). Aquí el “otro” es ese camión que pone a prueba los nervios del protagonista y le obliga a coger las riendas de su vida y enfrentarse a sus problemas y miedos en lugar de huir de ellos.
Por último, en La matanza de Texas, los protagonistas son unos jóvenes típicos de la época en la que tiene lugar la película (hippies y liberales) que viajan en una furgoneta (símbolo también de la época y que además da cohesión al grupo, pues es un vehículo que permite hacer vida dentro de él). El “otro” es ese autoestopista que recogen, fieles a sus ideales de bondad y felicidad y que, a la postre, acaba resultando la condena a muerte para la mayoría de ellos. Sus ideales son aplastados y la única superviviente deberá renunciar a ellos para sobrevivir.

Aunque como hemos podido comprobar no solo las películas de terror se nutren de las historias de viajes por carretera (Pequeña Miss Sunshine, Paris-Texas o Una historia verdadera serían más ejemplos), sí que es éste género (y el del thriller con asesino) el que con más asiduidad ha echado mano de este tipo de tramas: Km 666, Wolf Creek, Death Proof, Kalifornia, La casa de los mil cadáveres,…
Su estructura de viaje interrumpido o reconducido por un elemento externo ajeno a la cotidianeidad de los protagonistas, la hace ideal para construir historias terroríficas de superación y supervivencia. Sin embargo, la fórmula parece agotada y los mejores ejemplos de este tipo de cine que nos llegan son remakes de películas de hace veinte o treinta años (los casos de Las colinas tienen ojos o de Carretera al infierno, por ejemplo).
Las excepciones las encontramos en películas que hibridan géneros y que rompen con esta estructura, pero los casos se cuentan con los dedos de una mano. Los más significativos, en mi opinión, vendrían de la mano de David Lynch que en Corazón Salvaje consiguió dar una nueva vuelta de tuerca a las road movies y, aunque de una manera mucho más retorcida y antiestructura. También citaría Carretera perdida, aunque aquí la carretera se nos manifieste como una forma de representar la psique del protagonista y sus demonios interiores.

Mientras continúa el incansable goteo de películas de horror (y horribles, a tenor de la calidad que exhiben la mayoría de ellas) sólo nos queda esperar el resultado de la última adaptación de una novela de Cormac McCarthy cuyo título es, precisamente "La carretera", en la que un padre (Viggo Mortessen) y su hijo, recorrerán un paisaje post-apocalíptico a bordo de un coche que será asediado por ¿humanos? hostiles. Que la película se base en la novela del, muy de moda, autor de "No es pais para viejos" parece una garantía. Veremos si vale la pena la espera.