lunes, julio 27, 2009

THE DEATH NOTE; o como matar de un plumazo


Uno no es que sea muy aficionado a los cómics en general ni a los mangas en particular, pero me gusta una buena historia, independientemente del formato en el que se me ofrezca.
Probablemente influenciado por las muchas series de anime que se pasaban en televisión cuando era más joven, es probable que mi idea general sobre los manga esté un tanto pervertida y, tal vez por eso, rechazo en muchas ocasiones acercarme a ellos porque no me apetece demasiado leer sobre jovencitos escolares enamoradizos, guerreros con superpoderes sin límite o cosas por el estilo.
Sí, un cliché, sin duda. Lo admito.
De hecho, cuando me aproximo a algo surgido de un manga es por recomendación ajena (gracias, Dude) o sencillamente por desconocimiento (cuando vi “Crows” no sabía que procedía de un cómic).
Por eso, el que una película como “The death note” me haya causado una buena impresión, me ha hecho pensar en cuantas historias buenas no estaré dejando pasar tan solo por tener una idea equivocada sobre qué se cuece en el mundo nipón de las viñetas. Prometo enmendarme. De hecho, ahora estoy leyendo “20th century boys” (gracias, señorita Milton) y me está resultando de lo más interesante.
Y digo que me ha causado una buena impresión siendo totalmente consciente de las muchas carencias del film pues, analizándolo cuidadosamente, no tardas en darte cuenta de que cinematográficamente se trata de una producción bastante pobre que se aguanta, fundamentalmente, gracias a la originalidad de su propuesta.

Pero vayamos a la película, o mejor dicho, las películas. Y es que la adaptación de “The death note” se articula como un díptico en el que, durante cerca de cuatro horas, se nos narra el ascenso y la caída de un ambiguo personaje, Kira, creación de un joven de instituto en cuyas manos cae la “death note” que da título al film.
Este objeto (mágico por supuesto) es una libreta que está vinculada a una especie de demonio llamado “shinigami” y que tiene el poder de matar a cualquiera cuyo nombre sea escrito en ella.
Si en la adaptación de Spiderman a la gran pantalla por parte de Sam Raimi se nos decía aquello de que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, dicha frase se ajustaría como un guante al tema de fondo de esta película.

Un día como cualquier otro, un jovencito angustiado por el aumento de la delincuencia en su ciudad, recoge del suelo una libreta que parece haber caído del cielo. La libreta está en blanco pero contiene una serie de puntos que explican para qué sirve. El muchacho, apenas conoce que tan solo necesita escribir un nombre en una de sus hojas para que dicha persona muera, decide utilizar dicho poder para hacer la justicia que La Justicia no hace. Me explico: Kira se dedica a matar a todos aquellos delincuentes especialmente brutales que consiguen eludir su castigo gracias a los resquicios legales.
Por supuesto, este poder se le irá yendo progresivamente de las manos y acabará utilizándolo contra personas que probablemente no se lo merecían o haciendo matanzas indiscriminadas de personas que, sencillamente, se oponen a su forma de impartir justicia.
En el otro lado del ring encontraríamos a un siniestro personaje, “L”, un muchacho inteligentísimo que tiene que estar constantemente comiendo dulce para alimentar a su hipertrofiado cerebro. “L”, se convertirá en el principal enemigo de Kira al ofrecer su talento y su inteligencia a la policía en la búsqueda y captura del misterioso asesino.

La principal baza de la producción recae, como ya os podéis imaginar, en la historia. Sus giros y trampas (sobretodo en la segunda parte) convierten su premisa argumental (un tanto grotesca, tampoco nos engañemos) en un carrusel de sorpresas en el que no faltan además momentos de tensión, intriga y hasta humor (casi todos ellos gracias a las intervenciones del shinigami).
Lamentablemente, la capacidad de sus responsables para condensar la historia en una película no es lo bastante alta y, las más de dos horas de la segunda parte pesan como una losa, especialmente los últimos veinte minutos cuando ya está resuelto todo el pastel.
Los efectos especiales tampoco son una de sus mejores bazas. Tanto los efectos de transparencias y fundidos del montaje como las propias criaturas (CGI) que aparecen en el film resultan demasiado caseras… televisivas, al menos. Digamos, por entendernos, que el conjunto no desmerecería de un episodio especial de “Xena, la princesa guerrera”.

Tampoco destacan excesivamente las interpretaciones de sus protagonistas. Si bien hacen un trabajo correcto, el muchacho que interpreta a Kira aprovecha demasiado su rictus circunspecto con la excusa de que está ocultando una segunda identidad a sus padres y compañeros pero, al final, da la sensación de que carece de muchos más recursos interpretativos. Algo parecido ocurre con “L” quien, una vez entendemos que se trata de una especie de friki superdotado, abusa excesivamente del careto con ojos abiertos de par en par para tratar de transmitir esa frialdad inteligente que le ha hecho famoso.

No obstante y, a pesar de estos incovenientes, “The death note” cuenta una historia interesante con dilema moral incluído que invita, cuando menos, a echarle un ojo al material de partida.

jueves, julio 02, 2009

SITGES 2009 ; AVANCE


Esta mañana tuvo lugar la presentación o, mejor dicho, la primera toma de contacto entre los responsables del Festival de Sitges (este año “42 Festival Internacional de cinema Fantàstic de Catalunya”) y la prensa especializada y, si tuviera que resumir en una sola palabra la impresión que me ha causado este encuentro sería “Cautela”.
No se si por un cambio de filosofía por parte de la dirección del Festival o a resultas de los “problemas” que tuvieron lugar en la edición del año pasado, Angel Sala (director del evento) no ha querido mojarse demasiado, especialmente en el tema de invitados. No obstante, y como no podía ser de otra manera, ha tenido que hacer frente a la crítica en forma de pregunta acerca de si este año volveremos a padecer “cacheos electrónicos” a la entrada de las salas o situaciones lamentables similares con las que diversas distribuidoras intentaron protegerse de la piratería (o llamar más la atención, eso que cada uno piense lo que le parezca).

Pero entrando en materia y, con la documentación suministrada por el propio festival, ya podemos hablar y mucho de lo que nos encontraremos este octubre en la capital gay de Catalunya.
Para empezar, el leit motiv de este año será la película de Ridley Scott “Alien”, a la que se homenajeará durante todo el Festival y que será objeto de una retrospectiva que contará, según el propio Angel Sala, con la presencia de alguno de su responsables, ya sea del reparto o del apartado técnico. Sobre esto no hay mucho más que decir puesto que aún no se ha concretado nada. Entendemos que pese a dicha inconcreción dicha presencia está garantizada, no así la de “Los cazafantasmas”, película que también se mencionó como objeto de retrospectiva para esta edición en la sesión de cierre de la pasada y que, a día de hoy, ni siquiera aparece dentro del programa. No obstante los responsables del Festival aseguran que dicha película no se ha caído del cartel pero que hasta que no se confirme la presencia en Sitges de alguno de sus responsables no se asegurará su pase.
Junto a estas dos películas todo el cine fantástico de los 80 estará sobre la mesa en forma de homenaje a una década prodigiosa (sic) para el género con pases de diversas películas claves, entre ellas la edición americana e inédita en nuestro país de “El resplandor” de Stanley Kubrick o “Pesadilla en Elm Street” de Wes Craven que cumple 25 años de su estreno y que contará con la presencia de John Saxon (el actor que hacía de sheriff y padre de la protagonista).
También recibirán homenaje en forma de retrospectiva una serie de directores españoles que, sin ser habituales del género, acudieron al fantástico en alguna ocasión con interesantes resultados, como son Pedro Olea (La casa sin fronteras), Antonio Isasi Isasmendi (El perro), Vicente Aranda (Las crueles) o Victor Erice (El espírtu de la colmena).

Otro de los homenajeados este año será el escritor, director de cine y artista Clive Barker quién recibirá “La máquina del tiempo” y presentará además dos películas basadas en dos de sus relatos más conocidos; “Book of blood” y la no apta para estómagos sensibles “Dread”.

Aparcando a un lado el tema de los homenajes y entrando ya en la sección oficial del Festival, no faltarán a la cita algunos de los directores habituales del certámen. Así pues tendremos la ocasión de ver la última película de Park Chan-wook, Thirst, con trama vampírica o la secuela de “Crows” de “Takeshi Miike” que asistirá al festival para presentar además una segunda película, Yatterman, basada en el cómic del mismo nombre.
Paul Solet nos traerá su “Grace”, presentada este año en Sundance donde causó un gran revuelo debido a su durísima versión de la maternidad. El ganador del premio a la mejor dirección en Cannes, Brillante Mendoza, será el encargado de rizar el rizo dejado el año anterior por “Martyrs” ya que su película, Kinatay, promete ser, en palabras del director del festival, un auténtico infierno debido a su hiperrealista violencia. Siguiendo con los premiados en Cannes, el griego Georgios Lanthimos nos mostrará su “Kynodontas”, especie de híbrido entre las películas más salvajes de Haneke y las más duras de Von Trier (sic).
Además y, como cosa novedosa, también habrá un anime en la sección oficial; Musashi de Mizuho Nishikubo, que ya estuvo presente en la anterior edición con la premiada “The sky crawlers”. Igualmente también podremos disfrutar de la película animada sueca “Metropia” con una historia de ciencia ficción en blanco y negro y un estilo de animación muy alejado del anime.

Dentro de la sección oficial pero fuera de concurso podremos disfrutar también de la última gran producción de ciencia ficción norteamericana; “Surrogates”. Su responsable, el director de la fallida “Terminator 3”, nos trae su propia visión de un futuro en la que el hombre ha dejado demasiadas cosas en manos de las máquinas.
Y por si todo esto fuera poco también se presentará una de las películas más prometedoras de todo el presente año: “Moon”, de Duncan Jones. Una película en la línea de “Naves misteriosas” o “Solaris” que ha resultado vencedora en el Festival Internacional de Edimburgo.

Pero después de todo esto, el director del Festival no se corta en comentar que la película más esperada de todo el certamen es en realidad de factura nacional. Efectivamente “[Rec]2”, la secuela del gran éxito de Jaume Balagueró y Paco Plaza tendrá el honor de abir la edición de este año.
Las aportaciones españolas contarán también con “Orphan” de Jaume Collet-Serra, aunque en este caso se trate de una producción americana dirigida por un cineasta español, y con “Ingrid” de Eduard Cortes.

Si el año pasado fue precisamente el cine europeo el que más y mejor impresión causó entre público y crítica (no nos olvidemos de “Déjame entrar”, por ejemplo), este año la apuesta europea no podía faltar. Por un lado tendremos “The countess” dirigida por la actriz Julie Delpy que explorará la biografía de Elizabeth Bathory, más conocida como la condesa sangrienta y en cuyo reparto aparecen Daniel Bruhl y William Hurt. Por otro lado Monica Bellucci y Sophie Marceu se verán las caras en “Ne te retourne pas”.

Del resto de secciones también se conocen ya varias de las películas que acudirán a concurso como es el caso de la francesa “Lascars” en la sección de animación “Anima’t” y que tratará el polémico tema de los suburbios en París.
En la sección dedicada a las películas más innovadoras, “Noves Visions”, se nos ha anunciado la australiana “Van Diemen’s land” que en palabras de Angel Sala podría definirse como una mezcla entre el cine de Terrence Malick y el de Werner Herzog, así como la impactante película indonesia “The forbidden door” o el falso documental británico “Bronson”, que sigue las correrías de un brutal y desagradable psicópata.
En una de las secciones más mimadas por el Festival, “Orient Express”, también hay confirmadas ya “Goemon”, película fantástica sobre samurais llena de secuencias epatantes a cargo del director de “Casshern”, o “Ip Man”, film de Wilson Yip que cuenta como protagonista con el número uno mundial de artes marciales Donnie Yen.
En la sección de la crítica “Seven Chances” podremos ver nada menos que un film inédito en España de Francis Ford Coppola, “Youth without youth” y también la película de Raoul Ruiz “La maison Nucingen”, relato de fantasmas basado en la novela de Balzac.

Tampoco faltarán los espacios más gamberros y cachondos del Festival con sus películas más freaks, como son la sección “Midnight X-treme” o el “Brigadoon”. Entre las muchas lindezas que podrán verse por aquí podemos anotar ya “Best Worst Movie” (el título lo dice todo), “Dead Snow” (con zombies nazis en un paisaje helado), “Lesbian vampire killers” (sobran comentarios), “Black Dynamite” (especie de blaxploitation actualizada) o “Smash cut” (que nos devolverá al rey del gore, Herschell Gordon Lewis).

Y por si todo esto no fuera suficiente para desquiciar a cualquier persona que quiera pasar en Sitges una semana de cine, este año habrá también proyecciones en 3D para las que también se contará con dos estrenos: por un lado la versión 3d del clásico de Pixar “Toy Story” y, por el otro, la última secuela de “Destino final” que también se ha rodado para ser proyectada en este formato.

Osea, que ahora tan solo hay que esperar y empezar a buscar por Internet todos estos títulos para tratar de sortear los escollos y no perderse las joyas.

domingo, junio 07, 2009

LOS MUNDOS DE CORALINE; Fantasía siniestra en la línea de Alicia


Hoy dia, y sobretodo después de “Pesadilla antes de Navidad”, cuando se menciona la técnica de animación stop-motion, en seguida se nos vienen a la cabeza películas destinadas a un público más o menos infantil con muñecos parlantes y cantantes saltando y corriendo en un escenario de cartón piedra. Sin embargo, si rastreamos en los inicios de la stop-motion nos sorprenderemos al comprobar que dicha técnica se utilizó por primera vez a principios del siglo XX en la película "The haunted hotel" y que dicha forma de animar es la misma con la que Ray Harrihausen dio vida a King Kong y, con algunas variaciones (go-motion), también la misma que sirvió a George Lucas para animar algunas de sus criaturas en "El retorno del Jedi".
Así pues, se pueden decir muchas cosas de la stop-motion menos que se trate de algo anticuado. Sencillamente es una forma alternativa de realizar animación y, en definitiva, una elección artística que puede ser la más idónea dependiendo de qué tipo de película tengan sus responsables en mente o que sensaciones deseen transmitir a los espectadores potenciales de la misma.

La stop-motion, por su natualeza discreta o discontínua (el movimiento de los personajes está construido a partir de pequeñas variaciones en la posición de cada una de sus partes) tiene sin duda algo de expresionista. De la misma manera que los actores del famoso movimiento de vanguardia alemán recurrían a contorsiones y gesticulaciones bruscas para moverse y desplazarse por la escena rompiendo la continuidad natural del movimiento humano para trasladar inquietud al espectador, los muñecos de la stop- motion parecen también estar poseídos por un cierto espíritu siniestro que los desconecta de alguna forma de lo que entendemos por realidad.
Es por esto, principalmente, que la stop-motion se convierte en el vehículo ideal para explicar historias ambientadas en lugares tétricos o que contienen personajes desequilibrados o enfermizos. Si echamos un ojo a los últimos largometrajes realizados con esta técnica, todos ellos a cargo de Henry Selick, “Pesadilla antes de navidad”, “James y el melocotón gigante” y la más reciente “Los mundos de Coraline” no tardaremos en comprobar que todos ellos tienen como fuente de inspiración la obra de unos autores muy dados a esta tenebrosidad de la que hablaba antes. En el primero de los casos es el bizarro Tim Burton quién aportó la idea, la historia y casi todo el diseño de personajes. En el segundo nos topamos con Roald Dahl, autor de no pocos cuentos “infantiles” en los que no se escatiman circunstancias y personajes horribles ("Las brujas", "Matilda", "Charlie y la fábrica de chocolate" …). Y para el tercero nada menos que la pluma de Neil Gaiman, a quien se le suele comparar siempre con Clive Barker y que es el conocido autor de la saga de cómics “Sandman” y de la premiada novela “American gods”.

Los mundos de Coraline explica la historia de una jovencita que, como muchas otras, siente que sus padres no le prestan la atención debida al encontrarse demasiado pendientes de su trabajo. Sin embargo su vida dará un giro de cualitativo cuando, al mudarse con su familia a una casa de apartamentos en el campo, descubra una puerta secreta que la lleva a una dimensión paralela en la cual sus padres son extremadamente atentos con ella, sus vecinos son artistas fabulosos y ella misma puede realizar cualquier fantasía que se le ocurra. El único problema, por supuesto, es que ese mundo alternativo es en realidad un reflejo deformado del real y esconde un siniestro secreto que ella misma anticipa el primer día que lo visita al contemplar que todos los que viven en él carecen de ojos y tienen, en su lugar, botones cosidos en las cuencas oculares. Un detalle sin importancia al principio, según cree, pero al que tarde o temprano tendrá que enfrentarse.

Con una historia como esta sería absurdo pensar que nos encontramos ante una película para niños. Se que hay críticos que no están de acuerdo a la hora de utilizar esta terminología (“para niños”) ya que no consideran que las películas sean para un grupo de espectadores concretos o para otro. Es cierto, pero lo que no se puede negar es que cuando un productor plantea una película tiene en mente un público potencial y se intenta colmar las expectativas de ese tipo de público principalmente durante la realización.
En Los mundos de Coraline, como suele suceder muchas veces, es posible que el formato (son muñecos, al fin y al cabo) invite a muchos padres a llevar a sus hijos al cine. Me parece buena idea siempre y cuando tengan ya algunos añitos. La siniestra idea que se esconde en la trama principal de esta película así como el diseño de ciertos personajes creo que pueden incomodar a algunos niños pequeños que, seguramente, podrán disfrutarla cuando tengan la edad adecuada. ¿Cuál es? No lo se. Que lo juzgue cada padre en función de sus hijos.

Recomendaciones paternales aparte considero que Los mundos de Coraline es la mejor película que se ha rodado en stop-motion desde Pesadilla antes de navidad y una de las mejores películas que he visto este año. ¿Por qué? Porque a pesar del aspecto caricaturesco del diseño físico de los personajes, todos ellos resultan creíbles y poseen interés por si solos. Porque en apenas dos o tres escenarios se desarrolla toda la historia sin que por ello se tenga en ningún momento la sensación de bajo presupuesto o de escasa ambición y sí más bien la de una cierta claustrofobia que encaja perfectamente con el ambiente y la historia. Porque desde que ves los créditos sabes que lo que te espera por delante te va a recordar a los tiempos en que no querías dormir con el armario ropero abierto. Porque la banda sonora es una delicia. Y por sus obvias similitudes con las historias de Alicia (Alicia en el pais de las maravillas y A través del espejo) que están presentes en todo momento con esa pequeña puertecita, el gato negro que actúa de forma similar al de Chesire, el espejo atravesable,… convirtiendo esta delicia de cuento en una versión siniestra de aquél que tan solo podría ser superada si algún dia se llegara a plasmar en cine la bizarra imaginación con que American McGee diseñó el contenido del videojuego "Alice". Hasta entonces y, asumiendo que Tim Burton no nos sorprenderá demasiado con su inminente versión del cuento clásico, "Los mundos de Coraline" es una cita a la que no debemos faltar. Y si puedes verla en 3D, mejor que mejor.

miércoles, mayo 13, 2009

STAR TREK; un simple divertimento (y justito)


Se suele decir que los aficionados a la ciencia ficción (en cine) se dividen entre los fans de Star Wars y los fans de Star Trek (o trekies).
No estoy de acuerdo.
Lo cierto es que la gran mayoría de personas (obviamente me baso en todas aquellas que conozco y con las que he hablado de cine alguna vez, que son muchas) a las que les gusta Star Trek también son unos apasionados de Star Wars, no dándose en tantos casos lo contrario. Por dejarlo claro, Star Wars aglutina un mayor número de simpatizantes (no necesariamente fanáticos) sencillamente porque sus películas son mucho más disfrutables a nivel entretenimiento que las de la saga Star Trek, serie incluida. Aterrizar en el universo de Star Wars consiste básicamente en dejarse llevar por unos personajes atractivos que viven aventuras constantemente en un mundo de fantasía donde impera la irrealidad y lo imposible y, lo que es más importante, donde el espectador no se cuestiona nada porque asume que en ese universo de ciencia ficción lo que realmente pesa es la ficción y no la ciencia.
En Star Trek no sucede así. A pesar de haber muchísima ficción en sus historias, el punto de partida de base es prototípico de la ciencia ficción clásica; los personajes principales son humanos, terráqueos, y forman parte de una federación estelar que dispone de una nave, el Enterprise, destinada a explorar nuevos mundos. Esta es una premisa que podría llegar a darse en el futuro y que permite emparentar el mundo de Star Trek con las novelas de Jack Vance, de Arthur C. Clarke o de Ray Bradbury, por mencionar algunos.
Es decir, que mientras Star Wars es asequible y disfrutable por la inmensa mayoría del público potencial, Star Trek está más destinado a un sector de ese público, un sector más adulto en su mayoría y, en gran medida, aficionado desde siempre a la literatura (y también al cine) de ciencia ficción. Es por ello que en Star Trek (la serie) abunda la terminología científica o pseudocientífica, las referencias a novelas y películas de ciencia ficción, y que nunca ha necesitado programarse en prime time ya que, su público, no es ocasional ni esporádico sino fiel y, sí, fanático.

Dicho todo esto adelanto ya que no soy trekie y que prefiero revisar cualquier película de Star Wars antes que una de la saga Star Trek. He visto algunos episodios de “La nueva generación” y algunas de las películas también, incluída la primera de ellas “Star Trek, la película” de Robert Wise y algunas de sus secuelas así como alguna de las que ya tenían como protagonistas a los personajes de “La nueva generación”.
Es bien cierto que aquellas películas, al menos las que yo vi, resultaban bastante pesaditas. Tenían un problema de ritmo y, en definitiva, no podían esconder su auténtica naturaleza; episodios de la serie alargados hasta la hora y media o más. Sin embargo, cuando uno se disponía a ver una de aquellas películas, o un episodio de la serie, tenía muy claro que era lo que se iba a encontrar.
J.J. Abrams ha destruido esa expectativa y, apropiándose de los nombres y conceptos de la serie como si de simples etiquetas se tratara, ha montado una historieta de luchas en el espacio y enfrentamientos entre la tripulación de una nave beneficiándose del nombre de una conocida marca: Star Trek. ¿Pero es éso Stark Trek? Antes de escribir esta crítica he leído muchas otras y, aunque la inmensa mayoría de los que han publicado algo ya sea en Internet o en prensa alaban el trabajo de su director, también son muchos los que destacan que la película no se parece en prácticamente nada a una de la saga trekie. Y si esto es así, digo yo, ¿qué necesidad hay de traicionar el espíritu de dicha saga aparte del de hacer mucho, pero que mucho dinero? Si el señor Abrams quería explicar una historia de teenagers en el espacio, ¿por qué no creó una nueva franquicia que se llamara por ejemplo Star Teen? ¿O por qué no se hizo cargo de adaptar al cine el videojuego “Mass effect” que está muy en la línea de Star Trek pero sobre el que no existe un material fílmico anterior con el que limpiarse el trasero?
No deja de sorprenderme que este puro ejercicio de pirotecnia que es el Star Trek de Abrams haya caído tan bien incluso entre la crítica especializada cuando películas de la misma o más enjundia (que es poca) de este mismo género y con intenciones tanto temáticas como formales muy similares estrenadas algunos años antes fueron en cambio azotadas sin piedad; me estoy refiriendo a “Las crónicas de Riddick”, “Serenity” o “Guia del autoestopista galáctico”.
Un servidor no puede más que constatar el hecho de que Abrams se ha limitado a hacer caja sirviendo un producto comercial al uso según lo acostumbrado hoy en dia, para nada alejado de naderías como “Crepúsculo” o de superproducciones tipo “Transformers” donde únicamente cuentan tres cosas: unos efectos especiales impecables, carne adolescente para calentar al personal y un humor de trazo grueso que no nos haga pensar demasiado. Las tres cosas están presentes en éste Star Trek y de ellas se nutre de forma voraz aparcando a un lado las tramas con trasfondo científico, la especulación futurista y demás sellos propios de Star Trek. Una operación muy parecida a la que Spielberg realizó con su último Indiana Jones, lo cual me lleva a hacerme otra pregunta más. ¿Es que el público de hoy es incapaz de identificarse con un protagonista que tenga más de veinte años? Creo que tanto mi generación como todas las que la precedieron pudieron disfrutar del cine de aventuras y de ciencia ficción cuando éramos críos sin que los personajes protagonistas tuvieran que tener nuestra misma edad. ¿En qué cabeza cabe que la persona al mando de una nave estelar sea un criajo que ni siquiera se ha graduado? Solo en dos, en la de Paul Verhoeven cuando realizó la magnífica “Starship troopers” y en la cual la juventud de su reparto estaba justificada como crítica feroz al militarismo, y en la de J.J. Abrams, que sabe que una oficial jovencita y en minifalda vende muchas más entradas que una actriz a la que un adolescente pueda equiparar con su madre.
Lo más curioso de todo es que, a pesar de tratarse de un simple divertimento (y justito), Abrams hace un buen trabajo con las escenas de acción y me quito el sombrero ante la, ya célebre, secuencia de la incursión sobre la perforadora. Incluso parece que, con toda esa historia de la singularidad y el agujero negro y el viaje en el tiempo, quiera mantener un cierto aroma al Star Trek de siempre. El problema es que dicha trama se vuelve confusa y hace aguas a poco que uno rasque porque, ¿cómo se explica que el personaje de Eric Bana esté obsesionado con destruir a las naves de la federación cuando podría estar tratando de evitar la destrucción de su propio planeta? Y ya que estamos ¿desde cuándo una nave minera esta equipada con semejante armamento? De acuerdo en que viene del futuro pero… ¡es una nave minera!
Tampoco son pocos los que hablan de que se trata de una revitalización de la saga. Bueno, me parece bien pero… ¿tiene que hacerse según los parámetros expresados en los párrafos anteriores? Creo que Christopher Nolan ha revitalizado la saga de Batman y no ha tenido que utilizar a un púber de protagonista ni llenar el guión de chistes propios de Scary movie.
En fin, si querían revitalizar la saga lo han conseguido. Le han dado nueva vida y podrán hacer muchas más películas y recoger muchos dólares y euros, pero lo que han devuelto a la vida no es Star Trek. Es como si algo hubiera poseído al cadáver de Star Trek. Ahora ya no huele a naftalina ni a rancio, como dicen por ahí, pero ni siquiera en cine el hábito hace al monje. Abrams nos ha dado gato por liebre.
Al principio de “La invasión de los ultracuerpos”, el protagonista entra a inspeccionar la cocina de un restaurante (es inspector de sanidad) y recoge con sus pinzas un pequeño grano negro del interior de una olla. Enseñándoselo al maitre le indica que se trata de excremento de rata a lo que éste responde que no es así, que lo que ha sacado de la olla es una alcaparra. El inspector insiste en que es mierda de rata pero el maitre repite que es una alcaparra. Así pues el inspector, por tal de zanjar la discusión, le dice al maitre: ¿una alcaparra? Muy bien. Cómasela. Obviamente no lo hace.
Star Trek también parece una alcaparra pero… ¿qué es?
Yo lo se. Lo se muy bien. Porque me la he comido.

lunes, abril 27, 2009

ESPECIAL; el título perfecto tanto para la película como para su público



Este fin de semana tuve ocasión de ver una película cuyo trailer encontré por causalidad en un DVD de hace un par de años. Que yo sepa, la película no llegó a estrenarse en nuestro país y, entre la falta de publicidad y el tiempo pasado, olvidé que existía y que aquel trailer me había llamado mucho la atención.
Como en una especie de flashback, hace un par de semanas me topé con la película casualmente en una tienda de DVDs y aquel trailer volvió a mi mente. Tenía que verla.

En pleno auge de las adaptaciones a la gran pantalla de los cómics de superhéroes, vio la luz un film pequeño e independiente que, al rebufo de la tendencia, construía una historia sencilla pero eficaz sobre un triste perdedor que se cree imbuido de superpoderes gracias a su participación en la prueba de unas pastillas para una industria farmacéutica. El título de una película nunca se ha ajustado tan bien a sus características: Especial
El protagonista del film es un joven, interpretado por Michael Rapaport, que tiene mucho más del William H. Macy de “Edmond” que de ningún superhéroe que hayamos visto recientemente en el cine. Ni siquiera con aquellos cuya aproximación al género se hacía desde una postura crítica, caso de “El protegido” o de la más reciente “Hancock”.

“Especial”, además del título el film es también el nombre comercial que el laboratorio farmacéutico quiere darle al medicamento que prueba el protagonista. Los efectos concretos que ese medicamento debería producir en las personas apenas son definidos en la película, y cuando se refieren a ellos únicamente se habla de un bienestar o de sentirse mejor, sin embargo el protagonista, presa de la mediocridad que envuelve su vida, interpreta esos efectos de forma exagerada hasta el punto de creer que, realmente, las pastillas “Special” le han hecho especial.

El desarrollo del film, con las limitaciones que puede tener una producción de estas características, es el de una típica película de superhéroes. El héroe descubre que tiene poderes, decide enfocarse hacia la lucha contra el crimen, viste un traje de superhéroe con el que se enfrenta a varios criminales, crea incertidumbre entre la gente y sentimientos de rechazo entre la policía al comerles el terreno, encuentra a su archienemigo que pretende acabar con sus poderes y, finalmente, en una lucha cruenta, vence al mal.
El único problema, y que es el que convierte a esta película en algo especial (nunca mejor dicho), es que el héroe no es más que un vigilante de aparcamientos (interesante paralelismo con el personaje que interpretaba Bruce Willis en “El protegido”, vigilante en un estadio deportivo), que en realidad no tiene superpoderes sino el cerebro perturbado por los efectos de un fármaco de dudosa calidad, que el traje se lo ha hecho él mismo y es tan ridículo que incluso sus amigos frikis de la tienda de cómics (otro paralelismo con “El protegido”) se ríen de él, que los criminales a los que ataca puede que tan solo sean ciudadanos que miran con curiosidad la caja registradora de una tienda, que la policía no teme por sus puestos de trabajo sino por las denuncias que comienzan a haber a propósito de este Don Quijote (nadie ha visto nunca más “molinos” juntos que el protagonista de esta película), y que sus supuestos archienemigos (a los que se refiere como “los trajeados”) no son otros que los creadores de las pastillas de las que tanto depende para mantener sus poderes.

A pesar de las escasez de medios, la película se aguanta bien tanto en las escenas en las que hay que tirar de efectos especiales (levitaciones, paredes que se atraviesan, invisibilidad,…) como en las peleas o secuencias de acción. Sin embargo, la textura de la imagen, los encuadres, la iluminación y hasta los movimientos de cámara acusan esta falta de gran presupuesto que, como en otras producciones de género fantástico (“La matanza de Texas”, “Posesión infernal”,…) acaban jugando a su favor, ya que hacen de la película un relato mucho más íntimo y cercano para el espectador, lo cuál contribuye, como ya comentaba al principio a hacer de este film algo mucho más próximo a la cruda Edmond que a una película de superhéroes.
Este enfoque hace que la película funcione a dos niveles, por un lado como una comedia esperpéntica (con momentos realmente de un patetismo desternillante) y por otro como un drama igualmente patético, que se nutre del buen hacer de su protagonista. Entre sus momentos más destacables señalaría el de la primera conversación telepática con su doctor y el de la demostración de los poderes en la tienda de cómics, ambos realmente divertidos, así como la pelea con los “trajeados”, tan violenta como triste en su desenlace.

En definitiva, una rareza digna de, como mínimo, un visionado por parte de todos los aficionados a las películas de superhéroes, de los cómics, de la comedia, del drama, del cine independiente… de todo el mundo.

THE INTERNATIONAL; Otra de corporaciones corruptas


Antes de que el mundo occidental se sumiera en la crisis que actualmente vivimos, en el cine ya comenzamos a ver una serie de películas que se cebaban en las grandes empresas y corporaciones que, en la sombra y amparados por la corrupción de los gobiernos, se enriquecían gracias a turbios negocios. Estoy hablando de "El jardinero fiel" o de "Michael Clayton" y la industria farmacéutica, de "El señor de la guerra" y la industria armamentística, de "Siriana" y las corporaciones petrolíferas, de "Gracias por fumar" y las tabacaleras,…
The international aporta su granito de arena a esta tendencia atacando directamente a los bancos. Cierto que, a un banco concreto y ficticio pero que, en realidad, y según confirma el personaje que encarna al director del mismo, es un banco tan importante que cualquier banquero daría lo que fuera por ocupar su puesto. Lo cual no dice mucho en favor del gremio, ¿no?
"The international" nos explica la historia de dos agentes americanos obsesionados con la idea de llevar a la justicia a los responsables del IIBC, un banco internacional que pretende, según sus investigaciones, controlar los conflictos mundiales a través del control económico del negocio de las armas con la única finalidad de lucrarse. Para tan beneficioso negocio no dudan en tratar con sicarios y delincuentes, sobornar a autoridades y cuerpos policiales e incluso asesinar a los opositores o a aquellos que husmean más de la cuenta.
El desarrollo de la película es el de un thriller de lujo que pasea a su pareja protagonista, Clive Owen y Naomi Watts, por distintas ciudades europeas utilizando sus calles como exquisito marco para conversaciones, persecuciones y tiroteos. De hecho, es precisamente gracias a esa internacionalización de la investigación que la película se hace amena e interesante y no se convierte en otro film de despachos y teléfonos. En esto, se agradece la impronta que han dejado las películas de la saga Bourne y que de alguna manera quedan patentes en la excepcional secuencia del tiroteo en el Guggenheim de New York y en la no menos interesante persecución por las calles y los tejados de turcos hacia el final de la película.
Es destacable también el control del tiempo y del suspense en la película que, aunque roza las dos horas, no permite que la tensión decaiga en ningún momento lo cual es un gran mérito si tenemos en cuenta que las secuencias de acción son muy poquitas. Para ello, el director se sirve de los escenarios internacionales y muy especialmente de determinados edificios emblemáticos que, encuadrados en gran angular y con los personajes en segundo término, ayudan a introducir en el espectador la idea de que los protagonistas se encuentran perdidos ante algo mucho más grande que ellos y que les sobrepasa.
No me olvido del personaje que interpreta Armin Mueller-Stahl, ese actor que muchos descubrimos en "La caja de música" y que parece condenado a los papeles de burgués corrupto o, cuando menos, siniestro y que aquí nos ofrece una nueva interpretación contenida y eficaz.
Obviamente los responsables del film nos están enviando un mensaje muy claro y muy pesimista sobre nuestra civilización, sobre nuestros políticos, nuestras empresas y nuestros cuerpos policiales. Lamentablemente y, como ya comentaba al principio, dicho mensaje parece estar convirtiéndose más en un eslogan de moda que en un removedor de conciencias, de la misma manera que hoy día llevar un pañuelo palestino al cuello ha dejado de ser un símbolo político para convertirse en un complemento que además se puede adquirir en colores surtidos.

jueves, abril 09, 2009

SURVEILLANCE; La ganadora de Sitges 2008


Aunque bastante más tarde de lo que me hubiera gustado, al final conseguí ver la película que se alzó con la victoria en el pasado Festival de Sitges. Los problemas para seleccionar películas en una parrilla tan repleta tienen estas cosas. Pero en fin, vamos allá.

Es Surveillance una de esas películas que, cuando se han acabado de ver, dejan la sensación de haber creado una expectativa que después no ha sido colmada por completo.
Más allá de que algún miembro del jurado del Festival de Sitges justificara el premio a la mejor película del certamen escudándose en que se trata de una crítica al estamento policial y a la corrupción que lo socava, lo cierto es que la película de Jennifer Lynch atesora momentos de gran potencia fílmica e incluso alguna idea interesante en cuanto a planificación y desarrollo de la historia, la cual podríamos resumir así:

Dos agentes del FBI llegan a una comisaría de sheriff en un pueblo remoto con la intención de llevar a cabo unos interrogatorios a diversas personas que allí se encuentran a propósito de un suceso del que aún no sabemos gran cosa. Las personas a interrogar incluyen a un agente de policía de la propia comisaría, una jovencita de mirada alucinada y una niña.
El procedimiento del interrogatorio se lleva a cabo de forma simultánea, separando a cada uno de los individuos en una sala distinta en las cuales se ha dispuesto una cámara y un altavoz, de tal manera que oyen las preguntas que el agente del FBI les hace desde una sala separada mientras vigila a cada uno de ellos a través de monitores (de ahí el título, “Vigilancia”).
A partir de aquí la película se desarrolla a través de lo que cada uno de estos testigos relata acerca de lo que pasó el día anterior, el de los hechos, y que incluye a asesinos enmascarados, policías corruptos, accidentes de tráfico, drogatas, humillaciones,…

El valor narrativo del film se encuentra en la forma en que Lynch nos presenta cada uno de estos testimonios, en un contraste satírico entre lo que los testigos cuentan y lo que realmente sucedió, dejando a la imaginación del espectador quién miente y quién dice la verdad si es que alguno la dice. Obviamente los testimonios de unos involucran a otros y se contradicen entre ellos aunque, al estar separados, unos y otros desconocen las versiones que cada uno está ofreciendo sobre el mismo suceso. Estos relatos están planteados de forma que el espectador contempla una escena (lo que realmente pasó) mientras oye en off lo que cuenta el testigo (que no se corresponde demasiado bien con lo que estamos viendo).
A nivel de puesta en escena, destaca la fotografía en gran angular de los exteriores en esa carretera perdida en mitad de la nada donde tiene lugar la mayor parte de la acción, así como los encuadres dentro de los encuadres que, de alguna manera, justifican el título de la película; los personajes se vigilan unos a otros ya sea a través de monitores de televisión, de ventanillas de automóviles, de miras telescópicas,…

Quizá el problema fundamental de la película radique en su desenlace que consiste en una pretendida sorpresa final que, lamentablemente, o se intuye o no colma las expectativas de lo que parecía una trama con más enjundia.
Uno de los inconvenientes, a mi entender, de la película se encuentra en el trabajo de sus actores que, a pesar de ser profesionales solventes, no parecen dar lo mejor de si mismos en este film. Bill Pullman exagera su habitual pose taciturna y Michael Ironside apenas tiene papel con el que trabajar. Unicamente Julia Ormond consigue llamar la atención después de bastante tiempo sin verle la cara en pantalla grande.

Dudo acerca de si la película pretende realmente enviar un mensaje de crítica acerca del comportamiento de la policía (que en el film es realmente censurable), pero aunque así fuera estoy seguro, como parecía querer decir Alex Gorina con sus mohines ante las insidiosas preguntas en el Festival acerca de la elección como ganadora de esta película, de que contiene valores cinematográficos dignos de ser tenidos en cuenta más allá de dar palos a la policía.

domingo, abril 05, 2009

DRAGONBALL EVOLUTION; ¿seguro que no la ha dirigido Uwe Boll?


Cuando hace ya bastantes años se estrenó “Dragones y Mazmorras” me sentí profundamente decepcionado. No en vano considero dicha película la peor que he visto en toda mi vida y eso, a sabiendas de que las he visto peores. ¿Por qué? Por la profunda decepción que me supuso que lo que podría haber dado para una auténtica saga de películas de aventuras acabara yéndose por el sumidero en un fiasco absoluto del que prefiero ni acordarme.
Pero es que en aquel entonces yo no conocía tanto sobre el negocio del cine como se ahora. Por eso, ya sabía que esperarme de esta adaptación del manga de Akira Toriyma llamado “Dragoball Evolution”.
Desde que comenzaron a oírse rumores de trasladar a la pantalla las aventuras de SonGoku y sus amigos empecé a interesarme por localizar información, a lo cual contribuyeron otros amigos más fanáticos que me fueron teniendo al día sobre selección de actores, primeras imágenes promocionales y teaser-trailers. No hizo falta demasiado material para convencerme a mi mismo de que el film que resultaría de todo aquello poco o nada tendría que ver con la serie de Toriyama y sí mucho con una estrategia comercial Hollywood style para conseguir muchos dólares con una inversión mínima.
Como decía la histérica de “Granjero busca esposa”: ¿Qué pasa, que no lo entiendes? ¡Te lo voy a explicar!
Se coge un producto afianzado en el mercado y que mueva por si solo a millones de fans en todo el mundo. Es lo que llamamos una franquicia y puede ser un videojuego como “Resident Evil” o unas novelas de éxito como la saga “Crepúsculo”, por decir algo. Eso ya lo tenemos, los cómics manga de "Dragonball". Ahora cogemos a un puñado de actores jóvenes y desconocidos para los papeles principales a los que prácticamente no hay ni que pagarles, basta con decirles que son jóvenes promesas y que de aquí al estrellato. De momento nos hemos gastado algo de dinero en comprar los derechos del cómic pero nos hemos ahorrado una pasta gansa con el reparto. No obstante queremos que en el póster hay algún nombre que a la gente le suene. Para dar algo de solera al reparto incluimos en él a uno o dos actores veteranos que aporten alguna cara conocida que ayude a que los más desvinculados con la temática puedan verse interesados en pagar su entrada. Aquí es donde entra Chow Yun Fat. Añadimos unos cuantos efectos digitales de segunda B y los juntamos todos en un trailer para que parezca que en realidad todo serán explosiones, rallos, acción y persecuciones. Gracias a la tecnología digital ahora no es difícil llenar una película de efectos sin tener que rascarse mucho el bolsillo. ¡Y ya lo tenemos! Empaquetado y listo para venderse.
¿Qué pasa con la fidelidad a la historia? ¿Qué pasa con el compromiso de realizar una película que contente a los fans? Pues muy fácil; estamos seguros de que millones de personas irán a verla porque el producto que hemos fabricado se llama “Dragonball” (por la misma razón por la que miles de personas fueron a ver “Alatriste” o yo vi “Alone in the dark”), así que ¿por qué darles la película que esperan ver si la entrada ya nos la han comprado por el mero hecho de haber adquirido los derechos del cómic? Lo que a nosotros nos interesa (nosotros = productores de Hollywood) es que además de todos esos frikis incómodos, vayan al cine otras personas que pasan del cómic de Dragonball pero les gustan las películas de artes marciales, o les gustan los efectos especiales, o lo guapo que es el actor que hace de Goku, o lo buena que está la chica que hace de Bulma,… ¿lo entiendes ahora? El cómic no nos importa y las esperanzas que tú tuvieras puestas en la adaptación tampoco. Sólo nos interesa tu dinero. Dánoslo si es que no nos lo has dado ya.

Ignoro si se podría haber llegado a hacer una buena película con el material de base pero estoy seguro de que se podría haberse hecho algo bastante mejor. El problema, como ya he explicado arriba, es que no había interés alguno. Es la diferencia entre darle las riendas a un director como Zack Snyder, por ejemplo, o cumplir con la papeleta con el primer papanatas asalariado del estudio. Es la diferencia entre tomarse en serio una historia o querer hacer caja y nada más. Si fuiste a ver “Eragon” y te gustaron los libros supongo que ya sabes de qué te hablo.
Más allá de que nos gusten o no las peripecias de Goku en la serie de televisión o en el manga original, lo que es inapelable es que todas esas aventuras suceden en un mundo increíblemente rico visualmente; un planeta tierra alternativo en el que conviven pasado y futuro y en el que la tecnología ha llegado a metas en las que resulta difícil distinguirla de la magia. En el mundo de Dragonball no es extraño huir en una mininave espacial porque te persigue un dinosaurio, o asistir a un combate de artes marciales entre un humano troglodita y una bestia alada de cuatro brazos. Todo es posible.
En la película “Dragonball Evolution” no hay absolutamente nada de esto. El mundo en el que se desarrolla la historia es el mismo que conocemos tú y yo y, el único parecido que tienen sus personajes con los de la serie es que se llaman igual. La inocencia de Goku brilla por su ausencia, la frivolidad de Bulma también. El uno está loco por meterle mano a Chichi cuando en el cómic ni siquiera sabía lo que era una mujer y la otra pretende pedirle al Dragón Sheron no se qué narices para el bien de la humanidad en lugar de un novio, como era en el original. Yamsha es un ladronzuelo torpón y payasesco en lugar de un hábil luchador y el maestro Mutenroshi parece un híbrido entre Obi Wan Kenobi y Pat Morita en Karate Kid en lugar de un viejo verde maestro de las artes marciales. Aunque en defensa de este último debo admitir que es el único personaje que al menos conserva un rasgo destacable del original (su afición por las mujeres).
De los enemigos no vale la pena casi ni hablar. Apenas tienen un papel y en ningún momento se les percibe como una amenaza. Son totalmente inocuos y su final está tan claro que ni la transformación de Goku (curiosamente injustificada para todos los que no conozcan el cómic e incluso para éstos, pues los motivos del cambio se los han sacado de la manga) nos hace pensar que los héroes corren peligro alguno. Y ya para terminar la aparición del dragón que es de vergüenza ajena y hace quedar a un bodrio como “Dragon Wars” como un prodigio de efectos especiales a su lado.

Creo que después de todo lo expuesto queda claro que si eres un fan de "Bola de Dragón" no te recomiendo en absoluto que vayas a ver esta película. Más aún, si no eres fan del cómic pero te gusta el cine de acción, las películas de artes marciales, o el cine de aventuras, tampoco te recomiendo que vayas. ¿En qué caso te recomiendo que gastes tu dinero y tu tiempo en ir a ver este engendro? En el de que tengas ganas de desquitarte luego escribiendo una crítica furibunda sobre la película. No puede haber ninguna otra razón para aguantar semejante despropósito.

MENTIRAS Y GORDAS; Fiasco y gordo


“Mentiras y gordas” trata de las vivencias nocturnas de un grupo de jóvenes cuyas vidas están más o menos conectadas entre si. Dos de ellos, los que podríamos considerar los protagonistas, son una pareja de chicos preuniversitarios que se plantean el dedicarse al tráfico de pastillas para sacarse unas pelas y poder ir al Festival de Benicassim. Si esto te ha recordado a “Requiem por un sueño” olvídalo, nada más lejos de la realidad. Aquí lo que importa es que uno de ellos ignora que el otro ha descubierto que es homosexual y que está enamorado de él. Por otro lado, la compañera de piso de este chico gay también acaba de descubrir su lesbianismo gracias a haber conocido a una chica en la discoteca que se ofreció a comerle “lo de abajo”. Esa discoteca está frecuentada por una señorita que es algo así como la camella oficial y que será la encargada de proporcionar las pastillas a los dos chicos de los que hablaba al principio, pero esta chica tiene sus propios problemas ya que su novio está en la cárcel y en realidad trapichea para sacar dinero para su fianza. A la pobre le pierde que es muy ligera de cascos y no sabe esconder el dinero. En esa misma discoteca se suele poner hasta arriba de todo un aspirante a estrella de la música que acaba de cortar con una chica porque se ha engordado más de lo que a él le gustaría, lo cual ha servido para que se enrolle a tope con la mejor amiga de ésta a sus espaldas… y en fin, por qué seguir.
“Mentiras y gordas”, a pesar de estar tocando constantemente el tema de la homosexualidad, de las drogas, de los hábitos nocturnos de los jóvenes, del sexo, de la mórbida preocupación por el peso de nuestras jóvenes y hasta de la amistad, en el fondo, no pretende ahondar en ninguno de esos temas y si lo pretende puedo asegurar que no lo consigue. La idea parece más bien la de subir al espectador en un carrusel de relaciones a cual más patética en la que todo el mundo engaña a todo el mundo, casi todos esconden algo y la mayoría se odian por lo que son o lo que acaban de descubrir que son (tragones compulsivos, mariquitas, traidores, drogadictos, camellos,…). Si los responsables de la película se hubiera decantado con firmeza por el drama, podrían haber sacado un producto interesante en la línea de “Historias del kronen” o, si hubieran reducido el número de personajes y se hubieran centrado en uno de los muchos temas que tocan quizá tendríamos una lectura apasionada, ya fuera a favor o en contra, de la problemática del consumo y/o el tráfico de drogas en los centros de ocio, por ejemplo. Sin embargo optan por trufar todo el relato y la mayoría de los acontecimientos con momentos de humor que confieren al relato una ligereza tal que no hace más que alejar al espectador de cuánto sucede en él y, si no fuera por la cantidad de tetas, culos y escenas de sexo incluídas en la película, se diría que lo que nos están pasando no es sino un capítulo largo de “Al salir de clase” o alguna serie por el estilo.
A esto contribuye enormemente la elección de los actores, la inmensa mayoría de los cuales proceden de series de tv actualmente en vigor. No es que hagan mal su papel, probablemente su trabajo sea lo más destacable de la película, pero se tiene la sensación de que han sido seleccionados más por su ambición y sus ansias de dar el salto al cine que por ser los más idóneos. Tal vez por eso, la gran mayoría, tiene que acabar mostrando anatomía en pantalla; mención especial para Ana de Armas quien parece emular a Penélope Cruz en “Jamón Jamón” pidiéndole a Hugo Silva que le coma las tetas y le chupe los pezones. Pero, sintiéndolo mucho por ella, Albacete y Menkes no son Bigas Luna.

Al final, lo más llamativo de esta mediocridad de película es la enorme taquilla que ha conseguido hacer en su primer fin de semana y la decepción enorme que se ha llevado la inmensa mayoría de los que pagaron por verla (rastread la red y buscad algún comentario positivo). ¿Qué ha empujado a todas esas personas, jóvenes en su mayoría, a seleccionar esta película de entre la oferta actual? ¿Es el tirón de sus actores? ¿Es la seguridad de ver sexo en pantalla? ¿No circula ya bastante sexo, y más explícito, por Internet? Si el cine americano puede asegurar la taquilla incluyendo una buena artillería de efectos especiales en sus películas, parece que el cine español siempre contará con la carne de sus jóvenes actores para lograr la misma meta. No veo otra explicación que la del puro morbo.
Quien quiera pensar que en el fondo estamos ante una película que refleja la realidad de nuestra juventud y que nos está haciendo partícipes de un mundo nocturno del que muchos estamos ya bastante alejados, adelante. Yo prefiero pensar que ese mundo que se nos muestra en “Mentiras y gordas” no es sino el propio mundo en el que se mueven sus responsables, el mismo que ya nos enseñaron en su no menos fallida “Mas que amor frenesí”; un mundo de drogas a todas horas, de sexo con cualquiera, de irresponsabilidad, de petardeo y de frivolidad. Y si no que me expliquen como justifican éticamente que la gordita sea rechazada por su novio y solo pueda tener sexo con otro chico después de que éste haya sido drogado previamente y sin su consentimiento. Creo que es un momento que solo en ese “mundo” en el que ellos se mueven podría verse como cómico en lugar de cruel.
El cine español ya se sabe, tiene un sanbenito. O hacemos películas de la guerra civil o postguerra, o hacemos dramas sociales o hacemos comedias de humor más bien grueso con carne de por medio.
“Mentiras y gordas” vendría a encajar dentro del tercer grupo, si bien no lo hace de una forma demasiado cómoda sino que, tenemos que retorcerla un poco para que se haga el hueco y no se nos desparrame hacia la segunda categoría. Ni es “Barrio” ni es “Boca a boca”. La película de Albacete y Menkes tiene aspecto de comedia pero fondo de drama, o dicho de forma menos poética, construye una comedia sobre acontecimientos dramáticos, y aunque en principio eso podría haber dado para un híbrido interesante, lo que en realidad han conseguido es que los momentos dramáticos den risa y los cómicos pena. Quién sabe, tal vez han inventado un género nuevo.

lunes, marzo 30, 2009

UNDERWORLD, RISE OF THE LYCANS; A buenas horas...


La razón por la que acabé viendo esta película, después de haber dicho por activa y por pasiva que no lo haría, merece una explicación, así que allá va.
Hace ya unos cuantos años que estrenaron “Underworld”. En aquel entonces, recuerdo que entré en la sala de cine con mi mujer sin pensar demasiado en que película estaba a punto de ver. La seleccioné sencillamente porque el cartel me llamó la atención y la sinopsis me recordaba en cierta medida al “Mundo de Tinieblas” creado por “White Wolf” y que, en aquellos años, todavía me comía un poco la cabeza. Desconocía quién era su director y, de su protagonista, Kate Beckinsale, apenas hubiera podido decir nada más allá de que parecía estar bastante buena.
El resultado de aquella experiencia fue una gran decepción y un dolor de cabeza no menos grande. No es que la película me pareciera un auténtico bodrio pero estaba claro que a los responsables del film les interesaba mucho más hacer una película de acción al rebufo de “Matrix” que de narrar los entresijos del oscuro mundo que se esconde en las góticas ciudades del “Mundo de Tinieblas”, con las que, aclarémoslo ya, poco o nada tenía que ver más allá de la convivencia de vampiros y hombres lobo librando una batalla secreta al margen del conocimiento de los humanos.
Fue curioso pero, años después cuando se estrenó Underworld 2, se produjo una situación muy similar y, aunque tanto yo como mi señora esposa estábamos convencidos de que la primera no nos había gustado, pagamos la entrada y volvimos a la carga. El resultado no pudo ser peor. Realmente aquella infame (esta sí que sí) película, nos convenció de que la franquicia creada por Len Wiseman no era sino un puro espectáculo vacío sin absolutamente nada interesante que contar.
Así pues, cuando se estrenó hace un par de semanas esta “Underworld: Rise of the Lycans” ni se nos ocurrió hablar de ir a verla. Estaba claro que no lo haríamos. Pues hete aquí que los pocos conocidos que la fueron a ver empezaron a decirnos que no estaba mal, que las críticas que circulaban por Internet no la dejaban del todo mal y, ya el colmo, hasta mi revista de cine de cabecera la ponía medio bien. ¿Qué podía hacer? ¿Tenía que verla o mantenerme en mis trece? En fin, pues llegué a una solución de consenso conmigo mismo: la veo pero no pago por verla. Y aquí estamos.

“Underworld: rise of the lycans” funciona como una precuela de las anteriores películas y en ella se narra la historia de Lucian y Sonja, un licántropo y una vampira que desencadenan la guerra entre las dos especies al no renunciar al amor que sienten el uno por el otro.
Es curioso que algo tan simple y tan manido como pueda ser la premisa anterior sirva para plantear la que es, sin duda, la mejor de las tres películas de la saga. Y todo ello renunciando al que era el principal atractivo de las otras (sin mencionar a la Beckinsale, claro), el que la acción se desarrollara en la actualidad con la mezcla entre goticismo, tecnología y tribalismo que conllevaba.
Por desgracia, decir que “Underworld:Rise of the lycans” es la mejor de las tres películas tampoco es que sea decir demasiado. Como sus predecesoras, la cinta adolece del mismo mal. Se prima en demasía el espectáculo a costa de un desarrollo mucho más profundo de las tramas y de los personajes que quedan reducidos, en su mayoría, a unos pocos esbozos que los convierten en poco menos que caricaturas. Se desaprovechan así interesantes líneas de guión como pueda ser todo lo relacionado con la nobleza vampírica y sus siniestras relaciones con la nobleza humana, las traiciones entre los clanes representados en el consejo vampírico y hasta el horror de los humanos que son secuestrados para ser convertidos en bestias esclavas (resulta realmente desconcertante la calma con la que todos ellos asumen su destino después de haber sido mordidos).
Si toda esa espectacularidad se tradujera en un delirio de efectos especiales de primera categoría o en sensacionales secuencias de acción a lo John Woo pues a lo mejor valdría la pena haber pasado de trabajar más el guión pero… es que tampoco es así. Los combates entre vampiros y bestias se desarrollan con tal frenesí que apenas se entiende nada. Cámaras lentas se alternan con montajes aceleradísimos de planos y más planos en los que tan solo se ven miembros cercenados, chorros de sangre, relucir de espadas y garras peludas. Y por supuesto todo ello pasado por el omnipresente filtro azul que acompaña todos y cada uno de los planos y que, de tan repetitivo, deja de cumplir con su supuesta función (transmitir la frialdad del ambiente en el que se desarrolla la mayor parte de la historia; el castillo de los vampiros).
Dicho todo esto aceptemos que la película mantiene un ritmo agradecido en el que cuesta encontrar un minuto de aburrimiento, que se beneficia además de una duración muy ajustada y razonable ante el escaso empaque de lo que se narra (ochenta y pocos minutos), que sus actores realizan un trabajo aceptable a pesar de que no haya demasiado con lo que trabajar y que Rhona Mitra ya se las hubiera visto recientemente con hombres lobo en la muy prescindible “Skinwalkers” (que parece que le ha cogido gusto al tema) y dejara clara sus limitaciones para esto de la interpretación. Aceptemos también que la película cuenta con al menos un par de momentos de cierta densidad dramática; el de la ejecución de la vampiresa (que le debe mucho a “Entrevista con el vampiro”) y el de la huída final de los licántropos con ese Víctor desafiante desde una almena al límite de ser carbonizado.

Resumiendo, que sí, que de acuerdo. Que no está mal, pero que se puede hacer mucho mejor a poco que haya un poco de ganas de huir de la fórmula. No olvidemos que el goticismo ha dado películas geniales sin tener que prescindir de las escenas de acción como parte fundamental de la narración. Ahí está “El cuervo”. ¿O no?

domingo, marzo 15, 2009

SLUMDOG MILLIONAIRE; ¿Quién quiere ser desgraciado?


Al principio se llamaba “50x15”, en alusión a los cincuenta millones que te podías llevar si contestabas quince preguntas correctamente. Más tarde, pasó a llamarse “¿Quién quiere ser millonario?” que era el nombre con el que se conocía al concurso en todo el mundo aunque, las reglas seguían siendo las mismas; contesta quince preguntas tipo test (con cuatro respuestas posibles) y con la única ayuda de tres comodines, el de la llamada de teléfono, el del público y el del cincuenta por ciento.
La historia que se nos cuenta en “Slumdog millionaire” (literalmente “Perro barriobajero millonario”) es la de un pobre miserable nacido en los suburbios de Mumbai que, después de una vida llena de penurias, delincuencia y desgracias, consigue un trabajo de escasísimo nivel y mal pagado pero que, por un azar del destino, le permite participar en el famoso concurso televisivo y, lo que es más asombroso, ganarlo.
Cuando me enteré de que esta película la dirigía Danny Boyle en seguida me hice mis propias cábalas; se tratará de algo interesante en su planteamiento, entretenido en su desarrollo y fatalmente resuelto. Al menos así es como habían funcionado las películas del director británico hasta la fecha. Ahí están “28 dias después”, “Sunshine” y, sobretodo, “La playa”. Por si esto fuera poco las primeras críticas que escuché sobre la película la atacaban directamente aunque por otros motivos. Al parecer, Boyle presentaba una imagen idílica de los poblados y suburbios pobres de la India, algo en plan “que pobres somos pero que felices”. Y yo ya me estaba esperando ver un montón de gente bailando a orillas del Ganges con sedas de colores y cantando “del pita pita de” o como demonios se escriba.

Por suerte nada de eso hay en la película (salvo en los créditos finales). Puedo asegurar después de haber visto la película que no entiendo a la gente que llegó a esa conclusión a no ser que haya estado allí y la realidad sea aun más espantosa de lo que ya muestra el film.
Estamos acostumbrados a ver películas que se desarrollan en ambientes parecidos aunque casi siempre en América del sur. Me refiero a “Ciudad de Dios”, a “Rosario Tijeras”, a “Tropa de Elite”, a “La vendedora de rosas” o a “La virgen de los Sicarios”, por mencionar algunas. Todas ellas tienen en común, más allá de la historia que explican, la de mostrarnos una realidad tremenda, la que viven miles de personas cada día, desde que nacen y hasta que mueren, envueltos en la miseria, las drogas baratas y mortales, las armas como juguetes, el hambre, la mendicidad, las agresiones, peleas y altercados constantes, la prostitución infantil, las violaciones, la policía corrupta y brutal,… Ahora, gracias a esta película, sabemos que en la India las cosas no están mucho mejor. Más allá del Taj mahal, del poderío nuclear y de la prolífica industria cinematográfica, se encuentra un país devastado por la miseria, por los niños mendigos o trabajadores, por las escuelas superpobladas y por horrores inenarrables.
Si tal y como había oído, toda esa realidad se hubiera enmascarado a lo Bollywood con canciones, colorido y demás parafernalia, es muy probable que yo mismo me encontrara ahora mismo echando pestes de esta película a la que le tenía ganas por haber arruinado las posibilidades de encumbrar este año a David Fincher, por el que siento una simpatía mayor que por Danny Boyle. Pero no es así. “Slumdog millionaire” muestra una realidad dura y sombría en la que no faltan algunos detalles de humor que son más fruto del patetismo (ese niño cubierto de mierda de arriba abajo en busca de un autógrafo) que de felicidad pero, sobretodo, bastantes momentos de una sordidez y crueldad que cuesta ver en Hollywood y mucho menos recibiendo premios.

La película, que está contada a base de flashbacks a partir del momento en que el protagonista lleva catorce preguntas acertadas y es detenido por la policía al ser sospechoso de estar haciendo trampas, plantea sobre el espectador una cuestión a la manera del propio concurso: ¿cómo es posible que un tipo como este pueda estar a tan solo una pregunta de ganar los veinte millones de rupias a los que otros muchísimo más listos que él ni se han acercado?
Probablemente esta sea el interrogante más intrigante de la película y sobre el que muchos se lanzarán cuestionando su verosimilitud: ¡un pillo sin oficio ni beneficio no puede ganar un concurso de preguntas! ¡pero si ni siquiera fue al colegio! ¿Qué puede saber? Se trata de acabar con toda su desdicha de un plumazo para proporcionar el típico “happy end” a la película, etc,…
La respuesta podríamos encontrarla en la propia versión española del concurso. Recuerdo que, la persona que consiguió los cincuenta millones (no se si ha habido más ganadores) se enfrentó en una de las últimas preguntas a la siguiente cuestión: ¿Qué son los “otentotes”? El concursante se rió ante aquella pregunta y dio la respuesta sin tener que usar ningún comodín. Cuando el presentador, Carlos Sobera, le preguntó como es que sabía la respuesta a algo así (por los estudios que tenía no parecía probable que pudiera conocerla sin recurrir a algún comodín), su explicación fue que conocía la solución gracias a los tebeos de “Mortadelo y Filemón” ya que, en uno de ellos, los conocidos agentes de la TIA deben pronunciar una clave secreta para entrar al cuartel general y dicha clave era: “Esos tíos con bigote tienen cara de Otentotes”. Dicha rima le sirvió para atar cabos y llegar a la respuesta correcta. Aquí podeis ver el momento en que acierta la última pregunta. Y si algo tan casual le permitió conseguir los cincuenta millones… ¿por qué no le iba a pasar lo mismo al protagonista de la película? En definitiva, que ante la pregunta que se le hace al público, la única respuesta posible es:
d) estaba escrito

Tampoco nos llevemos a engaño. Para mí, “Slumdog millionaire” ha sido una sorpresa agradable pero no es sino la película que ha ganado los oscars este año. Como en tantas otras ocasiones, la vida comercial y el recuerdo que dejará en nosotros se desvanecerá poco a poco y dentro de un par de años ni siquiera tendrá cabida dentro de una conversación cinéfila sobre las mejores películas de los últimos tiempos. Su destino es el de “Chicago”, “Traffic” o el de “Crash”. Los mismos premios que las encumbraron las acabaron enterrando. ¿Quién se acuerda hoy de ellas?

domingo, marzo 08, 2009

WATCHMEN; Superhéroes sin glamour



Charlando con un compañero de trabajo acerca del look de “Watchmen” después de haber visto el trailer, ambos coincidimos en que era realmente atractivo pero, al mismo tiempo, que tenía algo raro. Aunque, en efecto, por lo que el trailer enseñaba parecía que estábamos ante una película de superhéroes, también quedaba claro que no era una película de superhéroes cualquiera. Huelga decir que ninguno de los dos habíamos leído el cómic ni sabíamos prácticamente nada sobre la historia que en él se cuenta.
Después de haber visto las dos horas y media de alucinantes y, en ocasiones hasta hipnóticas imágenes, que dura dicho film, puedo certificar que se trata, sin lugar a dudas, de la película sobre superhéroes más peculiar y personal que se ha rodado hasta la fecha. Su especial estilo narrativo, sus personajes y la historia en si, no admiten comparación con ninguna película del género que se haya estrenado en cine o en dvd. Sencillamente "Watchmen" es… distinta.
Esta peculiaridad, o rareza si lo prefieren, le valdrá un buen puñado de críticas (en el sentido negativo de la palabra) y probablemente una corta carrera comercial en nuestros cines pero, a pesar de ello, conseguirá convertirse en una película de culto que, a buen seguro, la situará finalmente entre los mejores ejemplos de traslación de unas viñetas al celuloide. Lo cual no es nuevo para su director, Zack Snyder, pues ya hizo lo propio con la obra gráfica de Frank Miller, “300”.

"Watchmen" se sitúa en un pasado alternativo que se bifurca de la realidad que conocemos aproximadamente en los años treinta. Es entonces cuando, fruto de un aumento de la criminalidad y de la violencia de esos delincuentes, un grupo de policías decide combatir el fuego con el fuego, usando la misma (o más) violencia que los infractores de la ley al amparo de unos disfraces que les convierten en algo parecido a lo que hoy conocemos como superhéroes.
¿Pero lo son realmente? ¿Pueden hacer honor a ese título personajes que no dudan en asesinar a esos delincuentes en lugar de detenerlos? ¿Pueden presentarse orgullosos ante el público y los medios de comunicación quiénes hacen de la tortura la mejor manera de conseguir una pista? ¿Podemos respetar y admirar a una gente que, en pos de hacer (su) justicia acaban provocando el caos y una destrucción sin precedentes?
Los superhéroes de Watchmen carecen de glamour. No son atractivos, ni su comportamiento es admirable. Su ética es más que cuestionable y las relaciones que se establecen entre ellos mismos, en principio miembros de un mismo grupo, están llenas de tiranteces, infidelidades y encontronazos. En realidad, algunos de los superhéroes de Watchmen no son sino supervillanos a los que una sociedad decadente y corrupta ha acabado por convertir en el mejor ejemplo de la justicia, en lo que no es sino una ironía del destino, una broma de mal gusto como bien sabe "El comediante", uno de los integrantes mas deleznables del grupo, que siempre luce en la solapa una chapa con una carita sonriente (un acid).

En el pasado alternativo de "Watchmen", los Estados Unidos han vencido en la guerra de Vietnam, Nixon ha sido reelegido tres veces presidente del país y la guerra fría con Rusia (con Cuba como aliada) está en su punto más álgido, con desplazamiento de tropas a las fronteras y misiles nucleares a punto de ser disparados. En este mundo caótico y paranoico un accidente tecnológico ha provocado la muerte y el renacer de un superhombre, que ha sido rebautizado como Dr. Manhattan y, cuyo advenimiento, es en gran medida el responsable del cambio en el curso de la historia tal y como la conocemos. Este ser, que maneja el tiempo (puede ver el futuro y el pasado) y el espacio (puede teletransportar personas, objetos o a si mismo a cualquier rincón del universo), que modifica la materia a voluntad y que además goza de una inteligencia privilegiada, es utilizado por el gobierno como un arma.
En lo que podría interpretarse como una parodia de acontecimientos mucho más recientes, este arma estadounidense acabará por provocar una gran masacre en territorio propio y, con ella, el nacimiento de una nueva era para el país y para el mundo.

Las lecturas de “Watchmen” tanto a nivel político como social son numerosas y cada espectador tendrá su propia opinión sobre lo que subyace bajo el espectáculo que nos sirve su responsable. Cualquier comentario a la salida del cine es posible después de verla salvo... “ha estado entretenida”.
"Watchmen" no es "300", ni Batman, ni nada por el estilo. Las dos horas y media de película pesan y el ritmo no está lo bastante ajustado como para que no haya momentos de cierto tedio. Si a ello le suamamos el concepto de “multiprotagonista” que ralentiza aún más la progresión de la historia en beneficio de ahondar en el historial de cada uno de los personajes (auténtica razón de ser del film), tenemos ante nosotros un film de difícil visionado, que acabará rápidamente con las expectativas de quiénes andaran buscando un simple espectáculo pirotécnico a lo "Transformers". Fans de "Hulk" y de "Spiderman", ahorráos vuestro dinero.

En el apartado técnico destacan los ticks de Snyder que comienzan a ser ya marca de fábrica; violencia exacerbada con mutilaciones incluídas en primer plano, salpicaduras y chorros de sangre, miembros humanos fuera de sitio, secuencias de lucha y acción montadas en una alternancia de cámaras lentas y rápidas, unas gotitas de sexo más o menos explícito,…

La conclusión que he extraído ante todo lo visto se resume en la inscripción grabada en el pedestal de una estatua que aparece en el escenario en el que tiene lugar el desenlace de la película, y que no es sino la cita de unos famosos versos del poeta Percy B. Shelley:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
Contemplad mis obras, oh poderosos, y abandonad la esperanza!”


Somos insignificantes en el universo y nuestra existencia no es sino una broma de mal gusto. Así que… ¿por qué no sonreir?

viernes, febrero 27, 2009

GRAN TORINO; La vejez de Harry Callahan


Si alguna vez se había preguntado qué fue de aquel policía de métodos expeditivos y mueca de repugnancia constante en el rostro llamado Harry Callahan (aka Harry, el sucio) acérquese a ver “Grand Torino” y lo descubrirá.
Cierto es que la última película de Clint Eastwood no continúa la saga iniciada por Don Siegel en los setenta y, en realidad, poco o nada tiene que ver “Grand Torino” con el género policíaco pero resulta casi imposible desvincular el personaje construido por el propio Eastwood con el de aquel mítico polizonte del magnum 44.

No creo que me equivoque si digo que, gracias al trailer promocional, muchos de aquellos que antaño eran el público más fiel de Clint van a acudir en masa al cine en busca de un reencuentro que les aleje de mediasnoches en jardines, puentes de Madison o nenas del millón de dólares y les devuelva a su añorado tipo duro.
Y a fe que no se van a ver defraudados pues el personaje que interpreta Eastwood en Grand Torino tiene todos los ingredientes de aquel elemento del que hablaba al principio; malencarado, rudo, violento, racista y con cierta chispa en sus hirientes comentarios.

No obstante, el Eastwood que dirige no pretende en realidad volver sobre aquéllos personajes de la misma manera. Más bien busca que sea su público el que regrese allí y, que de alguna manera, los que le han descubierto con sus últimas películas conozcan su otra cara. ¿Para qué? Para demostrarles a todos que, en el fondo, aquellos que le tachaban de reaccionario por interpretar a policías fascistoides lo son casi tanto como el mismo Harry Callahan. Para conseguirlo, Clint Eastwood plantea una historia bien sencilla.
Un hombre mayor está siendo el centro de todas las miradas en el funeral de su propia esposa. Además de la pérdida tiene que aguantar que todo el mundo parece haber perdido el respeto y las formas; el cura que lo oficia es un jovenzuelo que no le cae bien ni le inspira confianza alguna como párroco, sus hijos parecen más preocupados por saber si podrá valerse sólo que por reconfortarle (y de hecho no pierden tiempo en recomendarle un asilo), sus nietos se presentan en la iglesia vestidos como si fueran de marcha y, para colmo, la casa que hay junto a la suya acaba de ser ocupada por unos inmigrantes asiáticos que están de celebración, añadiendo un grupo más de inmigrantes a los muchos con los que ya tiene que convivir.
Este viejo cascarrabias llamado Walt Kowalski que interpreta el propio Eastwood no inspira compasión ni lástima, si acaso lo contrario. Su actitud para con los demás, sean de la familia o no, es siempre altiva cuando no directamente grosera. De hecho, la interpretación que hace Eastwood del personaje es prácticamente una caricatura, pues se pasa buena parte de la primera mitad de la película gruñendo y haciendo muecas de desagrado a cual más exagerada.
Las cosas cambiarán cuando, fruto de un intento de robo frustrado al coche (modelo Grand Torino) que guarda en su garaje, el viejo acabe relacionándose cada vez más con sus nuevos vecinos y, sin proponérselo surja una amistad, algo que no será bien visto por otros miembros de dicha comunidad y que acabará finalmente en una escalada de violencia, en gran parte provocada por el propio viejo.

Eastwood maneja perfectamente el tiempo de la película y, aunque nos presenta a su protagonista como un veterano de guerra, racista y malencarado, el viaje hacia posiciones más moderadas se lleva a cabo de forma suave, lo que se traduce en una agradecida credibilidad.
Dicho viaje se solapa con el aumento del nivel de violencia en la película. Se empieza con malas caras y gruñidos, luego pasamos a insultos y amenazas (atención a ese gesto característico de disparar simulando una pistola con los dedos), después a los golpes y finalmente a los disparos y cosas peores.
El personaje interpretado por Eastwood, cree haber dejado atrás todo lo que vio y vivió en la guerra. Escudado en su vejez, que de algún modo le protege porque nadie le considera una amenaza real, y en su propia bravuconería, se pasea por el barrio como si se tratara del dueño de la ciudad y, de alguna manera, actual como si de un justiciero se tratara. Da lecciones a los jóvenes sobre como deben comportarse o actuar, consejos sobre como cortejar a mujeres e insulta a aquellos que no parecen saber como se defiende a una chica (aunque estés en desventaja de tres contra uno).
Como buen republicano (se sobreentiende) lleva un arma consigo pero, he aquí el detalle, nunca se le ve usarla más que con fines disuasorios. Ni siquiera dispara un solo tiro; cuando lo hace es con sus inofensivos dedos formando la imaginaria pistola antes mencionada.
Sin embargo, cuando las cosas llegan demasiado lejos vuelve a aparecer el hombre que fue antaño, el soldado que tuvo que realizar cosas horribles (de alguna manera es como cuando William Munny se entera de la muerte de su compañero en “Sin perdón”). Al saber que debe involucrarse en una nueva guerra, a sus años, el viejo toma una decisión. Eastwood fotografía este momento con una luz tenue que apenas puede rasgar la oscuridad total en la que su personaje se ha hundido. De ella emergerá lo que todo el público estaba esperando, un héroe, un vengador, un vigilante del barrio que ponga las cosas en su sitio. Antes de darnos cuenta todos estamos deseando que el viejecito desempolve un magnum 44 y la emprenda a tiros con todos los hijos de puta que se han instalado en los alrededores. Todos queremos que vuelva Harry.
Pero Harry no vuelve y Eastwood nos da una lección a todos. Los años de juventud han pasado y tan solo es un viejo, cansado y enfermo. Su actitud y su forma de ser no han traído sino problemas a todos.
El Grand Torino, que el viejo cuida y mantiene impecable a pesar de no utilizarlo nunca (se desplaza en un cacharro casi tan viejo como él), representa la juventud perdida y la libertad. Una libertad, o liberación, que tan solo se alcanzará al final, cuando por fin el mítico coche circule de nuevo por las calles de la ciudad.

lunes, diciembre 08, 2008

CREPUSCULO; Dirty Dancing para melangóticos


El cine de vampiros no es ajeno a este blog, en absoluto. En mi maratón de entradas sobre el Festival de Sitges fue precisamente una película de vampiros la que mejor parada salió, por ejemplo. También hablé en su dia de la interesante 30 dias de oscuridad y de la fallida Rise. Así pues, ¿por qué iba a faltar aquí el nuevo y flamante fenómeno sobre vampiros juveniles?
Vaya por delante que no he leído las novelas de las que procede la película pero, como buen blogger y crítico, me he informado suficientemente sobre el material y, para los fans del libro no hay sino buenas noticias; se trata de una adaptación muy fiel del material de partida en la que prácticamente no se escatima un solo pasaje relevante en lo relativo a la primera de las novelas, que es la que se ha adaptado. Mención aparte será si los guapetes protagonistas cumplen con las expectativas que la imaginación de los lectores hubiera puesto sobre ellos.
Pero claro, aquí no estamos para hablar de una novela sino para hablar de cine. Y si restringimos el análisis a lo pura y estrictamente cinematográfico resulta que nos encontramos con una película en la que apenas hay un solo uso inteligente o creativo del lenguaje audiovisual. Ni la puesta en escena, ni los movimientos de cámara, ni la planificación... nada, a excepción de un par de desenfoques para jugar con la profundidad de campo, destaca en este film que se limita a explicarnos una historia más o menos previsible con la simple artesanía de ir uniendo un plano detrás de otro. Como muestra de la impericia de su directora baste el siguiente ejemplo: al principio de la película una voz en off, la de la protagonista, nos relata como este año se irá a vivir con su padre, el jefe de policía de un pequeño pueblo. En una de las primeras secuencias se la ve a ella con su padre en el coche de policía que él conduce y se aprecia cierta tensión entre ellos. Para romper el silencio, el padre le dice a ella que nunca la había visto con el pelo tan largo, a lo que ella contesta que se lo cortó recientemente. De esta forma tan sencilla el espectador medio ya debería darse cuenta de que padre e hija hace mucho tiempo que no se ven; tensión en las miradas, silencios, una breve charla que hace referencia al cambio de aspecto de uno de ellos... Bueno, pues en cuanto bajan del coche, la directora no puede evitar volver a incluir una voz en off de la chica diciendo: "hacia mucho tiempo que no nos veíamos". En fin, un desastre.
A nivel de guión, y aquí el mérito sería más de la escritora de las novelas (la película apenas si se aparta un ápice de lo que se explica en el libro), tampoco es que aporte nada nuevo a las historias de vampiros. Su juego terror/amor entre adolescentes con oscuros secretos ya fue explorada, sin ir más lejos, en la entretenida "Jóvenes Ocultos" de Joel Schumacher donde, por cierto, la combinación de terror, romance y humor estaba mucho mejor calibrada.
Pero en justicia hay que dejar claro que Crepúsculo no trata exactamente del vampirismo y tampoco está interesada en la mezcla de géneros como una forma de experimentación cinematográfica o narrativa. Su objetivo es el de encandilar a una nueva generación de adolescentes deprimidos por su triste y patética existencia con un relato sobre chicos y chicas hermosas, inmortales y con poderes sobrenaturales. Sobre un amor correspondido y eterno, puro y virginal (no hay una sola escena de sexo y hasta los besos son sin lengua). En definitiva, sobre una realidad que no existe pero a la que todos se rendirían extasiados y suspirando. Nada muy distinto del sentimiento empalagoso que, en mi generación, causaron películas como Dirty Dancing.
Los vampiros de Crepúsculo no duermen en ataudes, no matan gente sino que tienen suficiente con la sangre de los animales, les basta que esté nublado para pasearse a la luz del sol y, en el peor de los casos, si los siempre hirientes rayos del astro rey les tocan, no se disuelven en cenizas sino que brillan como diamantes. Todo ello me recuerda el estudio que se mencionaba en el ensayo "Undead and Philosophy" en el que el profesor de un colegio preguntó a sus alumnos acerca de a cúantos de ellos les gustaría transformarse en un zombie o en un vampiro y, prácticamente toda la clase abrazó el vampirismo. Así ya se puede ¿no?
En fin, si después de leer todo esto te estás preguntando si te recomiendo o no que veas esta película mi respuesta es que eso depende de una simple pregunta: ¿cuántos años tienes?

miércoles, octubre 29, 2008

SOBREVIVIR A UN APOCALIPSIS ZOMBIE



Está claro que hay mucho material sobre el tema circulando por internet, pero este simple test me ha hecho gracia.
¡Que quieres que te diga!

lunes, octubre 13, 2008

SITGES 18- CITY OF EMBER


City of ember fue la elegida para cerrar el Festival de Sitges de este año. Para estos menesteres, para cerrar un festival, suele recurrirse a una película (en principio buena) pero que además tenga un cierto tirón comercial. Viene a ser algo así como la gala de inauguración pero con un poquito menos de caché. Vamos, que para abrir y cerrar un festival muchas veces lo que se pasa es una película mala pero de las que distribuidoras y productoras se encargarán de que todo el mundo sepa que existen (y que acabarán llenando salas comerciales mientras que las que llenan el Festival y van a concurso se pudren dentro de sus rollos).
Como ejemplo de lo dicho en el párrafo anterior City of ember nos viene que ni pintada. Surgida de una novela, la película nos narra la historia de unos muchachos (prepúberes) en cuyas manos acaba recayendo el futuro de lo que queda de la humanidad, que se refugia en una ciudad subterránea llamada City of ember. Tal y como se nos explica al principio del film, cuando la vida en la tierra ya no era posible, los genios mas geniales de entre los hombres construyeron esa ciudad subterránea para salvaguardar a la humanidad de su completa extinción. Sin embargo, y para asegurarse de que en algún momento saldrían de allí, le otorgaron al alcalde de la misma una caja en la que se explicaba como evacuar dicha ciudad cuando llegara el momento (la caja solo se abriría cuando pasaran doscientos años, gracias a un cierre electrónico conectado a una cuenta atrás). Dicha caja fue pasando de alcalde en alcalde hasta que, cuando apenas faltaban cuarenta años la cadena se rompió (no se especifica exactamente el cómo) y la caja se perdió. Con la cuenta atrás terminada y la caja abierta Ember carece ya de autonomía y su generador comienza a fallar, los víveres también escasean pero, a pesar de ello, el alcalde y sus ciudadanos parecen confiar en que todo se solucionará por si solo. Será precisamente el hallazgo de esta caja por parte de los niños protagonistas lo que dispara toda la película.

Toda esta historia de la civilización que, de alguna manera, debe reconstruirse a si misma y que olvida que existió en algún momento un mundo distinto del de la pequeña ciudad en la que viven, guarda no pocos puntos en común con otras fantasías futuristas mucho más acertadas, como por ejemplo La fuga de Logan.
Pero el director de esta película deja muy claro desde el principio que sus intenciones no son las de elucubrar sobre un futuro tan desalentador ni profundizar sobre las ideas más interesantes de la historia, como el hecho de que el destino profesional de los habitantes de Ember lo fije el azar, o que algunos de sus habitantes ya hayan intentado averiguar qué hay más allá (como en El bosque de Shyamalan), o sobre el por qué de las mutaciones que se han producido en algunas criaturas comunes (Polillas gigantes, ratas con tentáculos faciales,…).
Los responsables de la película se limitan sencillamente a utilizar todos estos elementos y el interesante entorno en el que se mueven sus personajes para explicar una aventura de niños y para niños. Una aventura a la que no le faltan ni las buenas intenciones, ni los padres buenos y comprensivos, ni las abuelitas que han perdido el juicio pero no el buen corazón ni, por supuesto, las atracciones de feria destinadas a ocupar un sitio privilegiado en algún parque temático de Orlando. Es decir, que toda la propuesta se convierte en un puro artificio que funciona adecuadamente gracias a que el ritmo no decae a pesar de que constantemente nos estemos preguntando por qué se ha desperdiciado de esa manera una idea de la que un director más sensible para el material de base (como Tim Burton, por ejemplo) podría haber sacado oro puro. O plata, por lo menos.

SITGES 17- ANAMORPH


El thriller con asesino en serie hace tiempo que dejó de ser atractivo. Tal vez porque durante los noventa surgieron demasiadas peliculillas a la sombra de El silencio de los corderos o tal vez porque Seven arrasó como un tsunami con lo que pudiera quedar por contar sobre estos sistemáticos homicidas.
Desde entonces, con un flujo mucho más escuálido, nos han seguido llegando películas de este estilo pero prácticamente ninguna digna de mención. En realidad, quizá la última gran película sobre asesinos en serie sea precisamente Zodiac, con la que David Fincher demostró que después de Seven el único que podía aportar algo a ese subgénero era él mismo.
Por eso Anamorph no pasará a la historia tendrá que conformarse con ser otra más de asesino escurridizo que monta retorcidas escenas del crimen mientras atosiga al policía (con desorden mental incluido) que le persigue.
¿Se acuerdan de Copycat? Era aquella película con Sigourney Weaver de protagonista en la que interpretaba a una doctora especialista en asesinos en serie que sufría de agorafobia y que, debido a la aparición de una serie de asesinatos, debe ayudar a la policía a descubrir quién los comete ya que el modus operandi resulta muy parecido al de un tipo al que ella ayudó a encerrar.
Pues Anamorph viene a ser lo mismo. Aquí no hay doctora pero si hay un profesor de criminología y además policía (interpretado por Willem Dafoe) que dio por cerrado un caso sobre un asesino en serie cuyos crímenes parecen haber vuelto a hacer presencia en la ciudad, y como en Copycat, él mismo se ve involucrado en ellos al encontrar en las escenas del crimen algo así como notas que solamente él puede identificar.

Ante tan conocido derrotero narrativo lo único que salva a Anamorph de formar parte de la legión de films con idénticas credenciales es precisamente su puesta en escena. Gracias a la buena labor de su director y a su gusto malsano a la hora de diseñar las escenas de los crímenes (realmente impresionantes) la película deja un poso de autenticidad que la hacen merecedora de al menos un visionado.
Baste decir, y no revelo nada, que muchas de esas notas que el personaje al que da vida Willem Dafoe va recogiendo, debe de extraerlas interactuando con la propia escena del crimen, la cual siempre funciona como una obra de arte que debe ser contemplada desde un punto de vista distinto al que parece normal.

No es demasiado pero al menos nos da esperanza sobre la posibilidad de volver a ver alguna película de peso sobre esta misma materia. Total, si Surveillance, de Jennifer Lynch, ha acabado ganando el Festival de Sitges de este año, será que tal vez aun se puede exprimir más esa teta.

SITGES 16- DEAD SPACE (PERDITION)


Me cuesta hablar de Dead Space (perdition) como si se tratara de una película, la verdad. Meterla en este saco del Festival me resulta un tanto incómodo porque de alguna manera es como si la equiparara con el resto de films presentados en el certámen y, sinceramente, por malos que hayan sido algunos todos ellos son películas con todas las letras, algo que dudo que pueda aplicársele a Dead Space (perdition).
El por qué se incluyó este film entre los pases de prensa del Festival todavía es un poco extraño. El director del certamen vino a comentar justo antes del pase que se trataba de algo así como una experiencia pionera para el Festival de cara a unir cada vez más dos mundos que, en definitiva, estaban muy próximos entre si; el del cine y el de los videojuegos de última generación.
Sin contradecir esto último, que creo que hay mucho de verdad en ello, lo cierto es que todo el tinglado sonaba más a una estrategia promocional de la que tanto el Festival como los responsables del juego en España iban a salir beneficiados, que a una intención verdadera de crear una sección paralela o algo semejante de cara al futuro.

Para los que no lo sepan, Dead Space es un videojuego para consolas y para PC que se comercializará a partir de finales de este mes de octubre. Dicho juego bebe en gran medida de algunas de las mejores películas de ciencia ficción de las últimas décadas, como puedan ser Alien, Horizonte final, Atmósfera cero o La cosa, lo cual lo hace tremendamente atractivo para todos los que somos fans del cine en general y del cine de ciencia ficción en particular.
Así pues, a los señores responsables de dicho producto, se les ocurrió la brillante y lucrativa idea de crear expectativa (y más dinero) creando un cómic y una película que sirvieran como precuelas para el videojuego en si. Y así es como llegamos al pase de prensa del que hablábamos.

La película, si es que la podemos llamar así, resulta bastante incomprensible para alguien que no esté ya familiarizado con los conceptos del videojuego y no por que no se entienda, que no es eso, sino porque se nota que forma parte de algo que no se ha visto (el cómic) y carece de desenlace porque para conocerlo hay que jugar el videojuego. Es en definitiva, un vídeo sin principio ni fin en el que seguimos a una especie de aguerrida cosmonauta eliminando a una especie de zombies mutantes del espacio por el interior de una nave espacial durante, algo así como una hora.
Con este guión (si es que se le puede llamar así) y unos dibujos bastante toscos (propios de cualquier serie de anime que estén pasando actualmente por la tele) el resultado final ni siquiera invita a jugar al videojuego, de hecho, flaco favor le hace a aquellos que nunca hubieran oído hablar de él porque si su primera toma de contacto es haber visto la película, creo que se les quitarán las ganas de ir a la tienda a comprarlo. Osea que, como película mal y como campaña de promoción fatal.

¿Si no supiéramos que se trata de un producto ideado para vender un segundo producto lo hubiese mirado con otros ojos? Lo dudo. Vaya por delante que la película no se estrenará en cines en nuestro país (ni creo que en ningún otro) y que saldrá al mercado directamente en Blu-ray y DVD aunque comercializándose por separado del videojuego, lo cual resulta bastante extraño dada la bajísima calidad de la producción. Lo cierto es que, después de todo, si que han conseguido generarme una expectativa con todo esta campaña de marketing: ¿cuántas copias de la peliculita serán capaces de vender?